INICIO

11 marzo 2017

GIYA KANCHELI Miniatures for violin and piano

GIYA KANCHELI
MINITURES FOR VIOLIN AND PIANO
Andrea Cortesi violín, Marco Venturi piano. 
Italia, octubre de 2015. Brillant Classics 2016


Sorprende la naturaleza íntima y descriptiva de este trabajo del compositor georgiano. Un disco que reúne 18 piezas breves para violín y piano que, si bien, en un primer momento dejan un efecto epidérmico, tienen, pese a su escritura abreviada, un calado sensitivo mayor. Es música queda, fluida y animada, un ciclo de bagatelas que contradicen el carácter apesadumbrado y explosivo, sujeto a extremos anímicos, de sus obras orquestales.

Es música queda, fluida y animada, un ciclo de bagatelas que contradicen el carácter apesadumbrado y explosivo, sujeto a extremos anímicos, de sus obras orquestales

“A pesar de los avances, nuestro planeta está envuelto en sangrientas contradicciones. Y ningún progreso en el arte puede soportar la fuerza destructiva que anula con facilidad el frágil proceso de construcción. Yo escribo para mí, sin albergar ninguna ilusión en que la belleza salvará al mundo”. Esta cita está extraída de uno de sus discos en ECM New Series. Giya Kancheli (1935) vive, como dice, en su espacio interior.



“Cuando una persona entra en una iglesia y aún no hay ningún servicio religioso, se produce un silencio especial. Yo quiero convertir ese silencio en música”

Su civilización cristiana en el Cáucaso, los bloques culturales que le rodean, hacen que su música se vea cargada de pesimismo y soledad. Este disco de “miniaturas” es una especie de epistolario bucólico-amoroso compartido en verano. Tiene una impronta afrancesada, impresionista pero también con la  ligereza de la "espuma de los días" de Boris Vian, donde caben formas clásicas, folclore, music hall, ragtime y, por su poder evocativo, cine. 

Son postales cargadas de sensibilidad y afectos que van de lo íntimo a lo luminoso evitando lo superficial. Es el descubrimiento de ese mensaje de escucha interior lo que da valor a estas pequeñas pero hermosas piezas: “Cuando una persona entra en una iglesia y aún no hay ningún servicio religioso, se produce un silencio especial. Yo quiero convertir ese silencio en música”. Ajustada al ánimo y a la luz la interpretación de Cortesi y Venturi



07 marzo 2017

JÓHANN JÓHANNSSON Arrival o la llegada del sonido-ficción

Jóhann Jóhannsson
sonido-ficción
Era uno de los candidatos más sólidos a llevarse el Óscar de este año a la mejor banda sonora por su trabajo en Arrival. El tema central, On the Nature of Daylight, de un autor coétáneo y cercano estéticamente como Max Ritcher también. Al final La La Land y su compositor Justin Hurwitz consiguieron ambos premios. No obstante, el autor finés suma ya tres obras de gran calidad que se adaptan a la perfección al cine de Denis Villeneuve, siendo la mejor de ellas ésta última. La siguiente será un reto aún mayor, poner música a Blade Runner 2049, donde repite tándem con el director canadiense.

Finalmente, Arrival se hizo un galardón que refleja en cierto modo la complejidad exuberante e imaginativa del tratamiento sónico del film: Óscar al mejor diseño de sonido. Y es la imbricación con la banda sonora en un planteamiento que describe algo nuevo, un contacto extraterrestre, lo que refuerza la idea del soberbio trabajo en sonido. Jóhannsson (Reikaivik, 1969) es un autor versátil pero con personalidad, un compositor de nuestra época, esquivo al término clásico, que aún teniendo formación académica y perspectiva histórica opta por armar un lenguaje que parta de una narrativa musical/visual y de la incorporación, digamos orgánica o seudo analógica de la electrónica.
De hecho, Jóhannsson se considera un creador analógico, aunque su música denota un grado de sofisticación en el tratamiento y equilibrio con el material acústico que parece desmentirlo. La cuestión quizá habría que buscarla en su fascinación por los aparatos y la tecnología anticuada o en desuso, las ondas de radio, la sintonización del dial, el mundo de la cinta magnetofónica en estudio... 


Arrival narra los contactos que se establecen con seres extraterrestres en distintos escenarios del planeta. Los esfuerzos por comunicarse empujan una historia en la que la música se acerca a la fonética y a la simbología del lenguaje

Estilísticamente su música que se sitúa en un cruce de caminos interesante aunque resulte evidente para alguien de su generación. Su estilo es post casi todo pero original. El minimalismo británico, con la suavidad oscura de perfiles ambient y gusto por la voz, es uno de esos senderos. Gavin Bryars, que también es narrativo o programático, recordemos The Sinking of the Titanic, sería uno. En otro sentido no muy alejado, habría otro compositor ineludible: el polaco Henryk Gòrecki y el turbador uso de cuerdas, sobre todo en los registros graves, de su Tercera Sinfonía. Idea que se evidencia en su último trabajo no cinematográfico sobre el mito de Orfeo para Deutsche Grammophon: Orphee (2016). Citado el elemento electrónico-analógico, cabe hablar de la elaboración de texturas, que alcanza su brillantez máxima en la banda sonora de Arrival y que el autor considera deudora del Espectralismo francés (Grisey, Murail).

Composición electroacústica 

Su capacidad para adaptarse y también para tomar riesgos le ha permitido afianzar su estimulante y equilibrado vínculo con el cineasta Danis Dilleneve en tres películas tan distintas como Prisioneros (énfasis en un sonido opresivo y al mismo tiempo esperanzado como el de Arvo Pärt, 2013), Sicario (potencia  el arsenal percusivo en contraste con volúmenes amenazadores, en línea con el de Jonny Greenwood para There Will be blood, 2015) y Arrival (síntesis, refinación y variedad de recursos y referentes del autor, 2016). 



La voz humana se transforma y adapta evitando un lenguaje articulado. Sonidos guturales ofrecen un perfil profundo y arcaico reforzado por percusión y cuerdas. El conjunto de Paul Hillier The Theatre of voices y la deformada electrónicamente de Robert Aiki Aubrey Lowe hacen de voces terrenales
La película plantea contactos con seres extraterrestres en distintos escenarios del planeta. La comunicación y el lenguaje son temas principales de su mensaje. Por tanto la voz tenía que hacerse presente de distintas maneras, entrecortada y como sonido que emite señales en morse (The Theatre of voices en segmentos rítmicos a lo Meredith Monk), desfigurada que alarga cada misterioso fonema (Robert Aiki Aubrey Lowe) o emitiendo sonidos guturales (Tibet) que ofrecen un canal de comunicación remoto, como fuera del tiempo. 

Brillante banda sonora que deja abierta grandes expectativas a la secuela de Blade Runner, cuyo compositor, Vangelis, admiraba Jóhannsson.


04 marzo 2017

VELJO TORMIS La voz de los pueblos olvidados


VELJO TORMIS
La voz de los pueblos olvidados

La desnudez y humanidad, el regocijo y el lamento colectivo que rezuma Pueblos Olvidados (Unustatud Rahvad) bastaría para abrir un espacio en la historia de la composición coral al compositor estonio más conocido junto a Arvo Pärt. Apartado de cualquier corriente, sólo Bartók o Janáček estarían en esa línea de investigación y recreación sobre la tradición oral del pueblo llano. Su contribución a ella es inestimable. 


Veljo Tormis, fallecido el 21 de enero, alcanzó el prestigio internacional algo después de su compatriota Arvo Pärt, justo con la caída de la Unión Soviética. Sus obras están catalogadas en sellos como ECM, Chandos, Hyperion y conjuntos famosos como The King Singers, Holst Singers y Hilliard Ensemble le cantaron; aunque nadie trasmitió mejor su mensaje que las voces de su tierra, como el Estonian Chamber Choir o el Estonian Girls Choir, que se fundó para continuar su legado.


Veljo Tormis a la derecha del referente de la música en el siglo XX en Rusia y por extensión en todos sus países satélites: Dimitri Shostakovich sentado escribiendo. Sucedió en Tallin, 1970 

Tormis nació en 1930 no muy lejos de Tallin, en Kuusalu, al nordeste de Estonia. Su padre le enseñó música en el órgano de la iglesia en la que trabaja. La música para coro y órgano sería determinante en sus orquestaciones posteriores. Pasada la II Guerra Mundial, en 1949, entra en el conservatorio de Tallin, donde no pudo cursar los estudios de órgano al estar mal visto este instrumento para las autoridades soviéticas por su relación con la música religiosa. Marcha a estudiar a Moscú entre 1951-56 junto a Vissaron Shebalin, profesor que, pese a la presión comunista, estimulaba los acervos culturales propios de sus alumnos. 

Desde tiempos inmemoriales, la música y el canto han sido esenciales en la pervivencia de la identidad estonia. La tradición de los festivales corales, que se inició en el siglo XIX, sigue siendo uno de los eventos más representativos de su vida cultural. Al igual que otras músicas de raíz, su presencia fue puesta en observancia y censura por el régimen soviético, con el fin de evitar estimular cualquier tipo de insurgencia nacionalista.


Los maestros estonios Arvo Pärt y Veljo Tormispor motivos religiosos el primero y de identidad en el folclore el segundo, sufrieron la vigilancia del sistema soviético

El 11 de septiembre de 1989, alrededor del Festival Tradicional de coros, de hecho ya un año antes tuvo la misma expectación, se reunieron unas 300.000 personas, que durante toda una noche y hasta el alba estuvieron cantando. Entre las canciones estaba el himno nacional de Estonia, prohibido por las autoridades soviéticas. Se le llamó la “Revolución que canta”. Ese mismo año, Tormis concluye su obra más importante. Pueblos Olvidados.  Cancionero arcaico rescatado paciente y discretamente por el autor desde 1970, está compuesto por 51 piezas divididas en seis ciclos que representan otras tantas “tribus” de las regiones bálticas. 



Veljo Tormis
Estonian Philharmonic Chamber Choir. Tõnu Kaljuste conductor
Recorded February 1990, Tapiola Church, Finland
Produced by Paul Hillier


Forgotten Peoples ("Pueblos Olvidados") fecundo y emotivo ciclo de canciones arcaicas estonias y finesas que cuenta con la excepcional versión de uno de los mejores coros del mundo, el Estonian Philarmonic Chamber Choir 
Muchas de estas canciones tienen distintas temáticas, que van del amor a la agricultura o la guerra, y vienen marcadas por una voz solista que introduce la fórmula pregunta/respuesta con el coro mixto o femenino, sobre la que luego operan diversas dinámicas encadenadas. Ante la dicotomía entre tradición y avance, Tormis se decanta, se diría, por un enfoque antropológico que no pretende ser ni historicista ni cultista.

Brillante por su sencillez, emocionante por la claridad y encanto de la interpretación, hay verdad en estas canciones (especie de runas) que trasmiten escenas y ritos de la vida cotidiana de los pueblos de Estonia, Letonia y Finlandia, y cuyo rastro se extiende a Hungría e incluso a Rusia y Bulgaria. Su tema más interpretado fuera de Estonia es “Maldición hierro” (“Raua needmine”, 1972), que invoca un canto chamánico de los dioses de la guerra.

Escribió más de 500 canciones y también música instrumental y vocal para ópera y cine. Destaca ahí la premiada película “Kevade” (“Spring”, 1969, ver vídeo inferior), donde en formato orquestal se aprecia el tratamiento que dio a los coros de voces. 

Una música  elocuente y turbadora la de Tormis. 



Foto 1 de Veljo Tormis por Kaupo Kikkas.
Foto 2 y 3 archivo Estonian World





01 marzo 2017

MAX RICHTER Solo Piano Music

MAX RICHTER
SOLO PIANO MUSIC
Jeroen van Veen piano. 
Julio de 2016. Brillant Classics 95390-CD

De vez en vez aparecen nombres en el mundo clásico-contemporáneo cuya presencia provoca una mezcla de contrariedad y deseo. Por un lado crean controversia sobre su solvencia artística, por otro se piensa que podrían funcionar como estímulo para la difusión y el mercado. La prestigiosa discográfica alemana de música clásica Deutsche Grammophon lo sabe bien, puesto que los está acogiendo en su catálogo (de Ritcher una serie con título tan elocuente como Sleep). Algunas de estas figuras proceden de Gran Bretaña, se manejan en los contornos de la música repetitiva, la electrónica de evasión o de remezclas (su versión "recompuesta" de las Cuatro Estaciones de Vivaldi) y coinciden en el terreno  cinematográfico. Si se fijan, un ejemplo sería Michael Nyman, aunque él y su generación estaban directamente influidos por el primer minimalismo de los 60 y 70 y estos autores se han formado en los 80: son post minimalistas.

Max Richter (1966) está de moda. Su música la escuchan públicos muy diversos que se deleitan con un sonido envolvente y delicado, hecho de patrones sencillos y repetitivos. No confundir con el colosal pianista Sviatoslav Richter. Sirva esta alusión para marcar distancia entre dos pianos y autores con tan respetable apellido. 


Sucinta, hedonista y sensiblera, su música para piano está más cerca de la envoltura complaciente de Ludovico Enaudi que de las gotas de poesía concentrada de Erik Satie


El Ritcher que nos ocupa, económico, hedonista, sensiblero, romántico sin drama, está más cerca de la atmósfera de un pianista-ambient como Harold Budd o la complacencia de Ludovico Enaudi que de la genialidad concentrada en poesía en una gota de agua de Erik Satie o incluso del sonido más esquivo y enigmático de Hans Otte. Se llega a esta conclusión antes de confirmar que ambos, Enaudi y él, fueron alumnos de Luciano Berio: el maestro  desmentido. 

The Blue of Notebooks es el lejano álbum de 2004 del que se seleccionan varios temas, coloreados y espaciosos en la lectura de Van Veen. Written on the Sky, en sus tres versiones gemelas, es la más afortunada de sus piezas para cine. Tema de arrebatado lirismo para orquesta de cuerdas, se tituló On the Nature of Daylight en la película de Martin Scorsese Shutter Island y ahora ha sido reescrita con ese título para Arrival, poderosa banda sonora donde Ritcher coincide con Jóhann Jóhannsson

Sensibilidad confortable.