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19 febrero 2017

CINE La La Land (La Ciudad de las Estrellas)


Bajo el signo del éxito

La La Land arrasó. La segunda película del joven cineasta Damien Chazelle tras Whiplash, la historia de un joven estudiante de batería de jazz que aprende bajo las órdenes de un despiadado profesor, es un luminoso musical romántico llamado a tocar las estrellas. Los sueños e ideales de sus dos protagonistas alimentan esta historia de amor y éxito. 
Hay varias coincidencias entre esas dos películas que nos desvelan los intereses de su creador. La más llamativa, sin duda, es la presencia de la música como vehículo narrativo, eje repleto de tópicos entorno al jazz en el caso de Whiplash. Otra coincidencia vendría dada por la personalidad de sus protagonistas. Jóvenes decididos a alcanzar su meta, mucho más ambicioso el ejemplo del aprendiz de baterista que esta pareja de enamorados. Y es por ello que La La Land sea menos obvia (roza el esperpento Whiplash, como dejamos escrito aquí), más rica en la construcción de sus personajes, en sus matices y credibilidad, pese a la idealización “de cuento” en la que se desenvuelve.

Preciosista y nostálgico, La La Land es un musical romántico que no pretende aportar ni profundidad dramática ni novedades. Al contrario, su interés reside en idealizar valores del pasado bajo tonos pastel y una mirada naturalista que lo hace emocionante y creíble

La voluntad de su joven realizador, Damien Chazelleeducado en Harvard, parece también decidida a tener un lugar entre las estrellas de Los Angeles. Chazelle estudió batería de jazz (“siempre lo tendré presente, en cierto modo como algo traumático”) mientras estaba en el instituto, en la Princeton High School. Conoce pues el mundo de la música. Y ama el jazz. Lo ama tanto que en su particular cruzada por reivindicarlo como género vivo parece darlo por muerto o en peligro de extinción. Esto se veía con claridad en Whiplash, haciendo alusiones continuas a un pasado glorioso frente a un incierto futuro y en un presente regido por la indiferencia. 

Ahora vuelve sobre un personaje-músico de jazz interpretado por un siempre solvente Ryan Gosling (ver Drive), que aunque no se le dé muy bien la danza nos sorprende tocando el piano y viviendo esta música como lo haría un verdadero músico de jazz: comprometido con el análisis del lenguaje y con una verdad artística que se resiste a venderse a cualquier precio. Su canción, cantada y silbada a piano, es posiblemente la melodía que dejará en la memoria el espectador.


Sus números musicales brotan de la acción misma, de la vida cotidiana, de pequeños pero reveladores momentos que evitan la previsibilidad propia del género

Sebastian Wilder es un músico de jazz que sobrevive como puede amenizando al piano el ambiente de un restaurante. Se le ve dentro en su coche atrapado en un atasco escrutando unos complejos acordes de un tema de jazz, dándole al reproductor hacia atrás para seleccionar y escuchar una y otra vez el momento que le interesa. El arranque de la película del atasco es fascinante, desarrolla un número musical en el que todo el mundo sale de las filas coches bailando y cantando. Allí se cruza con en el que está Mia Dolan, la joven actriz interpretada por Emma Stone de la que se enamorará tras coincidir milagrosamente con ella varias veces. Una de las claves de la película ya aparece en este maravilloso preludio. Sus números musicales brotan de la acción misma, de la vida cotidiana, de pequeños pero reveladores momentos que evitan la previsibilidad propia de los musicales.

La La Land es un musical que hace alusiones  a clásicos como West Side Story, aunque parte de un referente francés: Los paraguas de Cherburgo

No es fácil encontrar producciones recientes del género musical. De memoria vienen propuestas tan dispares como Los Miserables (interpretada en vivo durante la filmación), Moulin Rouge (pop barroco) Bailando en la Oscuridad (atrevido drama por el uso sonidos concretos y la voz de Börk). Pese a que La La Land hace alusiones a musicales clásicos como West Side Story o un Americano en París, aunque parte de un referente del musical francés hecho al calor de la neuvelle vague y citado por el propio director como inspiración: Los Paraguas de Cherburgo. Esta película fue dirigida por Jaques Denny en 1964, interpretada por Catherine Deneuve y con la excelente música de Michel Legrand, es un film totalmente cantado. La naturalidad en la expresión de los números, la gotas de realidad en las situaciones “domésticas” en las que se desarrollan coinciden con el enfoque actualizado de La La Land.


El realizador de Whiplash vuelve a contar con un personaje que es músico de jazz, aquí interpretado por un siempre solvente Ryan Gosling, que nos sorprende tocando el piano y viviendo esta música como lo haría uno verdadero

Técnicamente virtuosa, con ese prodigioso plano secuencia inicial o la pictórica escena de baile al amanecer, La La Land es un musical romántico cuyo perfil naîf en los colores pastel en fotografía sirven de decorado al romance que viven sus protagonistas. Preciosista y nostálgico, no pretende aportar ni profundidad dramática ni novedades, más bien idealizar valores del pasado. 

Ha arrasado en taquilla y posiblemente lo hará en los Óscar. Pese al éxito que ya cosecha es una película para ahondar no tanto en ella sino en los sentimientos personales y en los giros que deja el tiempo a su paso. No se la pierdan.

La La Land
Año: 2016
Dirección y guión: Damien Chazelle
Música

Justin Hurwitz
Fotografía: Linus Sandgren. Reparto: Ryan Gosling (Sebastian Wilder), Emma Stone (Mia Dolan)






06 febrero 2017

FRANÇOIS COUTURIER/TARKOVSKY QUARTET Nuit Blanche



"Cuando una película no es un documento, es un sueño. Esa es la razón de que Tarkovsky sea el más grande de todos. Se desenvuelve con naturalidad en la habitación de los sueños"

Ingmar Bergman


Juntos, en el recomendable Moderato Cantabile o con la cantante Maria Pia de Vita en Pergolese, o por separado en proyectos afines de este sello, Françoise Couturier y Anja Lechner llevan siendo un referente estético para ECM en su combinación de música extra-académica e improvisación. El sonido que se persigue parte de una refinación melódica cargada de existencialismo y, no pocas veces, dramaturgia. La violonchelista ya había participado en experiencias análogas con otro pianista de facultades clásicas y de improvisador como el griego Vassilis Tsabropoulos. Llamar Tarkovsky a un grupo, después de recorrer el mundo greco-bizantino de Gurdieeff o incluso el más sombrío de Dino Saluzzi en el caso de Lechner, o el más visual de Anouar Brahem (Khomsa y Le Pas du chat noir) en el de Couturier, no deja de ser un principio estético que ahonda en la transcendencia. En este caso, bajo el título de "noche en blanco", en una poética sobre los sueños. 
TARKOVSKY QUARTET
François Couturier (piano, composición), Jean-Marc Larché (Saxo soprano), Anja Lechner (violonchelo), Jean-Louis Matinier (acordeón). 
Abril de 2016, Lugano. ECM 2017-Distrijazz 


Sin eje temático ni decurso narrativo, la escucha depara una sensación inconclusa, de pinceladas aisladas: estructura en bocetos, mucha improvisación, trabajo tímbrico hecho de respiraciones y texturas armónicas, en resumen, una idea entre lo fijado y lo imaginado en el que se cuelan citas repetitivas a Philip Glass (Fantasia) o figuras del pasado de Pergolese (en la recreación del Cum dederit... de Vivaldi).
"Noche en blanco" trascurre con la sensación que deja el insomnio en la oscuridad...Un sonido fragmentado y vaporoso se mezcla con imágenes que brotan entre brumas, en el espacio sin tiempo de Tarkovsky
Luego, al leer las notas que se incluyen como la cita que abre este comentario, se descubre la justificación del tercer encuentro en el catálogo de ECM tras Nostalghia -Song for Tarkovsky (2006) y el previo de título homónimo (2011). Y se habla en el libreto justamente de una obra sin fin ni principio, de "noche en blanco", de la sensación que deja el insomnio en la oscuridad...Así, el sonido fragmentado y vaporoso se mezcla con imágenes que brotan entre brumas, contenidas en el espacio sin tiempo de Tarkovsky. 

Fiel a esa sensación incómoda del insomnio, de pesadez, voluptuosidad y desasosiego, este trabajo se ajusta a la cita inicial de Bergman. Un no-sueño que pasa sin dejar otra sensación que la de estar en blanco. 





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