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08 mayo 2017

ABE RÁBADE TRÍO Once

 ABE RÁBADE TRIO 
Once
Abe Rábade (piano), Pablo Martín Caminero (contrabajo), Bruno Pedroso (batería) 
Por Jesús Gonzalo @noiself


Unas manos, abiertas como raíces, se hunden suavemente en la arena de una playa. El sonido de las notas es arrastrado por la marea. Tolkien, el autor del Señor de los anillos, sentía devota admiración por los árboles. La Comarca era una región en la que sus habitantes vivían armónica y sencillamente en la naturaleza, rodeados de familia, de cerveza y de amigos. Los árboles eran grandes y frondosos, los hobbits eran pequeños, sencillos y desconfiados. Había una estirpe de árboles que hablaban muy despacio. El sentido del tiempo de los Ents era otro, no estaba en lo efímero de los hombres. Su mundo está ligado a una lengua y a un tiempo. El viaje que propone Abe Rábade también pertenece a una cultura celta.
"Los árboles juegan con el cielo porque entierran bien hondo su tiempo". Este aforismo es una de las "llaves", así lo define el pianista, que impulsan los Once temas que componen un disco lleno de declaraciones de afectos y de poesía. Lo cierto es que Rábade siempre ha sentido la necesidad de acompañar su música de elementos descriptivos, ya sea fotografía (también a trío en Playing Light, sounding Photos, 2006) o como en esta ocasión pensamientos, digamos, con un palpitar poético. Esto no quier decir que los textos-llave de cada uno de los temas tenga una función descriptiva directa sobre la música. Son alegorías que cada oyente deberá interpretar.



Acompañado de Bruno Pedroso y Pablo Martín Caminero, una alianza que está haciendo historia en el jazz hispano, el pianista gallego ofrece un trabajo de gran consistencia y variedad de motivos, en el que posiblemente es su mejor disco. Once penetra y seduce con la firmeza de la tradición jazzística y la voluntad paciente de la verdadera modernidad
Escribí del primero de sus trabajos, Ghu! Le escuché en disco a trío cuando estaba Paco Charlin en el bajo. Y tuve ocasión de verle en directo. Ha pasado tiempo. Para quienes hemos seguido su carrera, apreciamos que la robustez y apasonamiento de su apuesta, enraizada al tronco de Oscar Peterson, se canaliza, crece y diversifica en forma y fondo gracias a un planteamiento profundamente melódico que proviene de distintos espejos del folclore. Propio gallego en A bruxa, algo nórdico llevado a un diálogo jazzístico vigoroso en Tule, cubano en Tránsito 5, flamenco-morisco en Para Paco. Un homenaje a de Lucía construido y llevado por un Martín Caminero que hace una síntesis profunda y sentida de lo que es el "quejío" desde las cuerdas milagrosas de su contrabajo, que luego se funde melódicamente con el piano. 
  
Estos temas, con el muy exigente en líneas y tiempos contrapuestos 11 contra 7, serían mis preferidos y bastaría con ellos para considerar este trabajo entre lo mejor del año. Pero de todos los rincones, que hay muchos, de este disco se descubren senderos. Tomemos dos. Hacia el final hay una muy creativa versión melódica de Con Alma (de Dizzy Gillespie) y la suavidad candente de Smoke in your eyes cierra el disco y revalida el uso, cada vez menos frecuente, de los standards. En medio unas Gotas en el que hay un virtuosístico cifrado que recuerdan las genialidades del gran Hermeto Pascoal.


"La magia sólo se encuentra en la pérdida"
Abe Rábade

Ausente de palabras, su música se abre paso sin necesidad de proselitismo ni condicionamiento anímico, sin pretender contagiar alegría, drama o intelecto. Su discurso es otro, se naturaliza y simplemente sucede. Y lo hace generosamente en un disco que avanza despacio sin ir lento, mientras se degusta cada instante repleto de contenido




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