INICIO

04 septiembre 2016

GIOVANNI GUIDI, GIANLUCA PETRELLA, LOUIS SCLAVIS, GERALD CLEAVER, Ida lupino


Giovanni Guidi (piano), Gianluca Petrella (trombón), Louis Sclavis (clarinetes), Gerald Cleaver (batería)
 Grabado en febrero de 2015 en Lugano 

ECM Records 2016, distribuido en España y Portugal por Distrijazz 


La unión de estos nombres no pasa inadvertida. Siendo una combinación apetecible, de ese gusto indagador de Manfred Eicher, podría recordarnos los históricos encuentros en los estudios de Oslo en los 70, donde se daban cita músicos de éste y del otro lado del Atlántico. Estamos, pues, ante una producción de "concepto" antes que de "sonido" ECM y frente a un grupo que se ha reunido en el estudio pero que no lo hará en directo. 

El factor diferencial de un proyecto curtido en los escenarios da la clave de quién lleva las riendas de este trabajo. Son los italianos Petrella y Guidi, reunidos primero por el maestro Enrico Rava en quinteto para Tribe y luego por interés mutuo, los que sostienen el corazón y el músculo de esta publicación. Pese a su participación acústica con Rava, trombonista y pianista habían visitado proyectos de fusión eléctrica. Petrella en sus dos primeros trabajos para Blue Note con Indigo 4 y luego, con Guidi, en la Cosmic Band. Más tarde llegaría el dúo.
Giovanni Guidi y Gianluca Petrella  coincidieron en el grupo de Enrico Rava y luego formaron un dúo propio, cerebro y músculo de este encuentro
Ida lupino, tema escrito por Carla Bley a finales de los 60 dedicado a la directora de cine e inmortalizado por Paul Bley, es un disco acústico de relieves profundos, pasajes quedos que crecen en intensidad y que trazan figuras melódicas muy contrastadas. La configuración aditiva de personalidades que definen este encuentro determina, finalmente, la encrucijada expresiva. 


Giovanni Guidi y Gianluca Petrella  coincidieron en el grupo de Enrico Rava y luego formaron un dúo propio, cerebro y músculo de este encuentro, incitador del diálogo

Louis Sclavis no es músico de colaboraciones, su acentuada personalidad, de indudable valor y rigor creativos, parece estar hecha para brillar en proyectos propios. Su posición aquí es la de invitado, la mediterranía que ofrece su saber refinado con tonos arábigos  

Gerald Cleaver es uno de los bateristas más sólidos e inventivos del jazz actual, su arte austero y constructivo evita el virtuosismo gimnástico: es paciente, detallista y estructurado

En un trabajo rico en matices que no adolece de ser dubitativo pero sí de estar descompensado, encontraremos momentos de una riqueza tímbrica y de tonos encomiable. Es, decimos, el contraste entre volúmenes e intensidades, el dibujo gaseoso de Petrella y el lirismo mediterráneo de Sclavis, lo que fija su verdadera personalidadVolviendo sobre lo apuntado del modelo de producción de los 70 en ECM, que afecta sobre todo a las presentaciones y despegue improvisatorio, hay reminiscencias melódicas y de esquema del cuarteto nórdico de Keith Jarrett en Per i morti di reggio Emilia, y de Jan Garbarek en la introducción de No more calypso?  
Llamativo y apetecible por los nombres que reúne, intenso y extenso por detalle y duración, estimable y descompensado, este disco es, al mismo tiempo, una encrucijada expresiva sustanciosa y una idea incompleta

Guidi sorprende con su poderoso toque percusivo en Just tell me who it was. En La Terra se evidencia el liderazgo compositivo y melódico de los italianos, que incluyen un homenaje al fallecido Gato BarbieriThings we never planned supone una ampliación del núcleo a trío con la batería de Cleaver -algo que sucederá en más ocasiones- y en donde se da una típica construcción ascendente en trémolos de ambientes inestables, pero también de un interesante cromatismo variable.

Este disco generoso, que se extiende hasta 14 cortes, llega a un final que parece ser cuidadosamente preparado. En The Gam Scorpions se da una síntesis del encuentro, una expresión melódica esculpida al detalle y robada al silencio, con una amplitud lírica que busca alturas entre abismos corpóreos.  A tenor de lo ofrecido, pese a las siempre personales y estéticas líneas dibujadas por un Sclavis que parece funcionar como invitado, el trío de los italianos con Gerald Cleaver podría consolidarse como grupo.  

ECM PLAYER    



02 septiembre 2016

GLENN SPEARMAN Blues for falasha

 Glenn Spearman y Larry Ochs (voz y saxos), Chris Brown (piano y piano preparado), William Winant y Donald Robinson (baterías y percusión), Lisle Ellis (contrabajo). Tzadik 1999-2016

Hijo de padre afroamericano y madre judía, poco antes de morir de cáncer en octubre de 1998, el saxofonista free jazz Glenn Spearman se sumerge en un periodo de recogimiento y de autoexploración tanto espiritual como cultural. En esa "búsqueda de lo inevitable",  el autor se reconcilia con su ser y su pasado. Se pregunta quiénes eran ese legendario y arcaico pueblo de los judíos etíopes o falashas.  Esa recreación de ancestros, de imágenes y sonidos tribales queda reflejada en esta despedida.



Sublime obra póstuma basada en la demarcación narrativa de una voz que abre espacio a la confrontación de texturas y respiraciones colectivas antes que a melodías 

Neoyorquino afincado en el área de San Francisco aunque con largas estancias en Europa y Canadá, Spearman siempre se sintió atraído por estilos del free jazz como los de Cecil Taylor y Albert Ayler, cuyo magisterio luego serçia reconducido por Frank Wright. Estos saxofonistas citados, como él mismo, adoptan una expresividad hecha de una energía que ha sido madurada desde el paroxismo lírico y desde un desbordamiento anímico que mezcla sentimientos de protesta y de júbilo.

Un doble trío de saxos tenores y percusión, basculado por un solo contrabajo, más un piano (formula inspirada en su Double Trio, del que formaban parte algunos de los músicos de la sesión) define el esquema instrumental arcano y moderno de Blues for Falasha. Una sublime obra póstuma basada en la demarcación narrativa de una voz que abre espacio a la confrontación de texturas y respiraciones colectivas antes que a melodías. 


Música despojada de toda retórica, en este epílogo el autor se reconcilia con su pasado, el legendario de los judíos etíopes o falashas.  Desde la pulsión acuciante de un sonido arcano, a la vez místico y avanzado, Spearman deja su testamento 
Conducidos por una motivación orgánica, el grupo, afincado en la Costa Oeste y definido por los estrechos márgenes de la música improvisada, entre la new music californiana (Alvin Curran, Rova Saxophone Quartet) y el jazz de vanguardia, extiende en largos desarrollos motivos solistas que se hacen unidad basándose en complejas dinámicas y en un juego de tejidos e intensidades de conjunto. 

Música despojada de toda retórica, en este epílogo el autor se reconcilia con su pasado, el legendario de los judíos etíopes falashas, llamados “extranjeros o errantes”. Desde la pulsión acuciante de un sonido arcano, a la vez místico (el último Coltrane) y avanzado, Spearman deja una obra enorme como testamento.