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09 febrero 2016

FRANK ZAPPA El gran bazar contemporáneo

FRANK ZAPPA
EL GRAN BAZAR CONTEMPORÁNEO

En diciembre de 2015 se celebró el 75º aniversario de un autor irrepetible que borró las fronteras entre el rock, el jazz y la música culta. Actitudes críticas y bienhumoradas como la suya han servido también para acercar la exigente música contemporánea a los gustos más populares. Admirador de un autor tan personal y minoritario como Edgar Varèse, en su última gran obra, The Yellow Shark, hizo posible que un concierto sinfónico se convirtiera en espectáculo.


Por Jesús Gonzalo @noiself

De procedencia italiana por parte de padre e italofrancesa por parte de madre, Frank Vincent Zappa (Baltimore 1940-Los Angeles 4 de diciembre de 1993) crece en los EEUU absorbiendo la cultura de la sociedad de consumo -que luego satirizó- sin perder el vínculo con la europea. Empezó a estudiar música con 13 años, cuando se cansó de jugar con las máscaras de gas y otras sustancias explosivas que guardaba en casa un químico como su padre. Formó su primer grupo de rhythm & blues The Black-outs en el instituto en el que aún tocaba la batería antes de hacer de la guitarra eléctrica su instrumento. Siempre se sintió atraído por la música contemporánea de autores que se vieron obligados a emigrar de Europa como Igor Stravinsky, Bela Bartók y, sobre todo, Edgar Varèse.

Zappa junto a sus padres y gato

“Si hay algo que me enoja de verdad es la exaltación de la ignorancia”... Esta frase resume la personalidad inquebrantable de un compositor cuyo 75º aniversario se ha celebrado el año pasado en revistas especializadas de jazz,  rock o música clás¡ca


Casi desde el principio hubo consenso sobre su talento, voracidad creativa y originalidad. Resulta una tarea absolutamente inútil pretender encasillar su obra. La razón de la misma hay que encontrarla, precisamente, fuera de toda limitación. Tenía una facilidad innata para las artes, incluidas las visuales o las plásticas. Cuando no estaba de gira no salía en Los Angeles, ciudad en la que vivía y aborrecía. Fue padre hogareño de cuatro hijos cuya educación cuidaba con celo junto a su mujer y albacea de todos sus derechos tras su muerte, Adelaine Gail Sloatman, que falleció el pasado 7 de octubre de 2015. 

Detestaba la droga como dependencia que hace sumisa y manipulable a la juventud, y por ello llegó a echar a los miembros de su grupo que la consumían. Dicen que siempre parecía estar trabajando o pensando en algo nuevo. Le gustaba experimentar y documentarlo todo. Pese a morir con 52 años, la producción es tan grande como su influencia. Nadie consiguió seducir y convencer a tanto público allá donde iba y durante décadas con una propuesta tan original, divertida y también exigente. Nos tememos que en estos días de mediocridad y desaliento su éxito no estaría nada asegurado.

Ionization, obre de Varèse con la percusión como protagonista 

Por un revoltijo de tambores


A estas alturas del artículo pueden hacerse una idea de lo especial que era nuestro protagonista. Imaginen su infancia, rodeado de productos químicos, expulsado de algún que otro instituto y con un interés insano por un autor desconocido, un compositor que había llegado a los Estados Unidos procedente de Francia, un pionero de la electroacústica: Edgar Varèse. Fascinado por su música, se hizo con la poca discografía que pudo encontrar, la que no la buscó en las bibliotecas. 



En aquellos años, siendo adolescente, apareció en el programa televisivo de Steve Allen. El presentador le pregunta atónito cuánto había tardado en aprender su instrumento, el joven Frank le contesta serio: “dos semanas”...Se  trataba de una bicicleta cuyos radios y ruedas se percutían mientras giraban. Por su 15º cumpleaños su madre no le regala otra bicicleta, le da unos cuantos dólares que decide gastárselos -sin dudar- en una llamada a Nueva York. El compositor Edgar Varèse se encontraba en Europa en ese momento. No pudo hablar con su admirado y misterioso autor cuya música llevaba dos años escuchando.

“A lo largo de mi vida todos los talentos y habilidades los he desarrollado de forma autodidacta, y cuando llegó el momento de aprender a leer y escribir música también lo hice por mí mismo, apropiándome de todo lo que podía darme la biblioteca del colegio” Carta de Frank Zappa -con 16 años- a Edgard Varese
El propio Frank Zappa lo cuenta en el texto El ídolo de mi juventud (1971). “Tenía unos trece años cuando leí un artículo en la revista Look sobre la tienda de discos de Sam Goody en Nueva York. Alababa la excepcional habilidad de la tienda para vender, mediante algún truco, un álbum llamado `Ionization´ (el verdadero nombre del disco era The Complete Works of Edgard Varese, Volume One). El artículo describía el disco como un extraño revoltijo de tambores y otros sonidos desagradables...” El joven Zappa no podía imaginar que algún día dirigiría Ionization, como hizo. Aunque siguió buscando su música, nunca llegó a conocer a Varèse personalmente, quien se disculpó con otra carta:



"Estimado Sr. Zappa:
Siento no poder atender a su petición. Me voy a Europa la próxima semana y estaré fuera hasta la próxima primavera. Espero en cualquier caso verle a mi vuelta. Con mis mejores deseos. Sinceramente”Edgard Varèse, 12 de agosto de 1957

El mundo de Varèse alimentó su curiosidad por otros grandes nombres de la música contemporánea europea como Schönberg, Xenakis, Ligeti y la americana de John Cage. Zappa siempre reivindicó su influencia e intentó por todos los medios hacer de él un autor más conocido. Como en toda cadena de conocimiento, la historia se repite. El compositor John Luther Adams descubrió al “misterioso” Edgar Varèse en las notas escritas por Zappa para su disco Freak Out! (1966).
El humor, algo muy serio
La personalidad de Zappa hizo de él, además de músico, un referente crítico y mediático. Excelente conversador que jamás eludía una pregunta o un debate, tardó poco en convertirse en una figura polémica por su defensa de la libertad de expresión y su aguerrida postura frente a los poderes establecidos (Joseph McCarthy, fue el gran enemigo a evitar), la estrechez de mentes o la falsa moral. Adoptó siempre una posición sin filiaciones de partido, ejercida desde una argumentación contrastada y salpimentada de sátira respecto a ciertas convenciones asumidas por el patriotismo americano o las religiones. Pese a ser calificado por los sectores republicanos de “anarquista”, se consideraba un “conservador progresista”. Un incomprendido en su época que lo sería aún más hoy.
We`re only in it for the Money 
En sus letras filtraba un humor combativo y mordaz en las que el sexo se abordaba sin complejos. Nunca ocultó su interés por llegar al gran público, apareciendo profusamente en entrevistas y programas de televisión o haciendo uso artístico de los medios audiovisuales del momento, que complementaban el trabajo de las portadas de sus discos. Célebre es la parodia del Sgt. Pepper`s de los Beatles que hizo para We`re only in it for the Money (1968). Si una imagen vale por mil palabras, ahí tienen una.
Divertido, apasionado, extravagante, lúcido, mordaz, creador prolífico y mente inquieta e inquebrantable, fue Zappa compositor contemporáneo y rock star, activista y empresario

Con la dedicación y compromiso con la que vivió su arte, su negocio y su postura intelectual puede que, a primera vista, su imagen algo estrafalaria no encaje con la de un compositor serio. Para contradecir lo que parecería ser fruto de algún error, basta ver el vídeo de 1988 en Barcelona en el que aparece, con su perenne cigarrillo en una mano y batuta en la otra, dirigiendo a su singular orquesta en una versión irreverente y base reggae del Bolero de Ravel a modo pieza de regalo a su generoso  concierto.

Su actitud, no ha habido muchos como él, ha servido para derribar los muros más exigentes que separan el mundo clásico de la contracultura, siendo, además, uno de los primeros ejemplos del músico-ejecutivo que controla toda su producción de principio a fin.

The Mothers of Invention, plataforma de un sello propio 

Rock y contrapunto, el desafío

Maestro del pastiche con dotes performativas, creó un tipo de rock nuevo que se construía y autogeneraba en un largo desarrollo trufado de cambios temáticos en los que unía composición, improvisación colectiva y sonidos concretos, tomando motivos del reciclaje sonoro perfectamente ensamblados en un retablo barroco y dadaísta. Escribía tan rápido como podía, de ahí ese ágil dinamismo de líneas contrapuntadas en las que ritmo y melodía quedaban fundidos en un remolino trepidante hecho tanto de ironía como de virtuosismo. Este sello de identidad aparece en trabajos tan señalados y tempranos como Uncle Meat (1968) junto a The Mothers of Invention, grupo fundado en 1966 del que decía...“sólo somos un tipos feos, vestidos con ropas raras y pelo largo, justo lo que la industria del entretenimiento necesita”.

Uncle Meat

La versatilidad lingüística ya venía reflejada en esas primeras publicaciones y en ellas hacía uso del muy americano “work in progress” que otras influyentes personalidades afines a él, como John Zorn, han incorporado luego en sus métodos de trabajo. Por esa misma razón constructiva en forma de puzzle, Zappa, siempre alérgico a cualquier catalogación estética y adscripción intelectual, se mantuvo tan alejado de la escena del rock y el pop como de la música académica o el jazz (esa fantasía retorcida llamada Make jazz noise here por la que recibió un Grammy “de plástico” en 91), pero también socialmente del hippismo, la contracultura y la posmodernidad de un literal “corta y pega” que él utilizaba con trozos de partituras y cintas propias.

Frank Zappa, compositor y guitarrista

Guitarrista de condición eléctrica y cimientos de rhythm & blues  evolucionados por la efervescencia del hard rock, el funk y la música negra, traslados a la voz y los teclados, su estilo era directo, sensual y orgánico, avanzado y permeable a la tecnología, pero dentro de cierta tradición (My guitar wants to kill your mama). Pasó por ser un virtuoso del instrumento entre la excelencia del rock como dejaba constancia en sus solos antes un público, aunque como compositor las ideas de Zappa iban mucho más lejos que las de un instrumentista. Por ello pudo revolucionar la música popular desde un instrumento tan popular como la guitarra y a la vez vincular su obra al mundo de la música contemporánea.

En la década de 1950 la atonalidad llevada al jazz sonaba más sensual que su aplicación serial; llevada al rock una década después significaba todo un desafío a los pilares de modernidad establecidos desde Viena a principios del siglo XX. Schönberg quiso con el Dodecafonismo dar un impulso renovador a la música de tradición germánica, pero jamás podría llegar a imaginar que acabaría en el jazz del pianista negro-indio Cecil Taylor y en el rock del extravagante Frank Zappa.


“Si escuchas Freak out!, realmente no había nada parecido en el mundo del rock de entonces. Era una música cruda, fea y a la vez tremendamente sofisticada y divertida”
Matt Groenning, creador de los Simpsons

Siguiendo con su primera etapa, el proceso evolutivo hacia una música cada vez más sofisticada sucede en apenas 3 años y queda reflejada en otras tantas publicaciones antes de terminar la década de 1960. Despega en Freak out!, toma forma en el referencial Uncle Meat y se diversifica en el primer trabajo registrado con su nombre, Hot Rats (1969). Ese año se produce la refundación del grupo The Mothers of invention (luego recuperado como The Mothers a secas) al dotarle, con músicos procedentes de distintos terrenos, de una mayor capacidad expresiva con la que podía pasar del Petrushka de Stravinsky al rock satírico o a formas libres del free jazz, incluyendo bromas inspiradas en el género slapstick o comedia absurda. La incorporación de nuevas herramientas de grabación como la sobre-exposición u overdubbing y la singularidad de añadir un percusionista con vibráfono y marimbas, además de teclados y vientos-metal, situaban esta propuesta art-rock en un espacio único, cerca de Varèse y a un paso  de Dadá.

Zappa supo articular un color tímbrico variado y una funcionalidad a medio camino entre el grupo de jazz-rock y la fanfarria en su pastiche sonoro. Lo primero que hizo fue reunir originales esquemas mixtos de percusión (la familia  vibráfono/marimba), vientos-metales (entre free jazz y banda popular centroeuropea) y electrónica (elemento perturbador ligado a la voz y a una concepción de consumo en la música concreta) que giraban alrededor de una base rítmica de banda jazz-rock con teclados y reforzada en la batería.




Su estilo es inconfundible. Cualquiera de sus melodías y disertaciones tienen su sello particular. Esos ramilletes de veloces notas desplegadas en intricados unísonos (Oh No!) de metales y vibráfono desprenden un mensaje de una urgencia sin tragedia. La dramatización de la música como espectáculo es el gesto con el que el autor norteamericano saca su procedencia italiana, esa mueca grotesca de la Divina Comedia.

Pese a la locuacidad bizarra que caracteriza a sus obras con letras, el Zappa-compositor sentía debilidad por el material instrumental. Esta primera etapa, antes de iniciarse la década de 1970, se completa con una primera obra contemporánea grabada en directo con la BBC Orchestra (toda ella con la cara pintada pero de etiqueta) y con las sesiones que dieron lugar al álbum King Kong. Otra muestra de la rápida propagación que el fenómeno Zappa estaba causando en ciertos ámbitos de prestigio llegó cuando el violinista francés Jean-Luc Ponty (colaboró en alguna de sus giras) le dedicó bajo ese título King Kong, disco catalogado en su día como “jazz de vanguardia”.

El perfecto extraño



“En mis composiciones empleo un sistema de pesos, balanzas, medidas y tensiones en cierto modo similares a la estética de Varèse”


Desde finales de los 60 – el doble In New York de 1976 sería buen ejemplo de unir espectáculo en el primer disco y música instrumental en el segundo- se daba en sus conciertos una activa participación del público. Es justo por ello, por aunar rigor e impostura, que The Yellow Shark, obra póstuma que abordaremos más adelante, se desmarca de dos trabajos previos similares. Uno junto a la muy prestigiosa -en los 80- London Symphony Orchestra (vol. I y II  de 1983) con Kent Nagano en la dirección, y la segunda la colaboración que mantuvo con la mente más ilustrada e influyente del serialismo: la del compositor y director francés Pierre Boulez en Boulez conducts Zappa: The Perfect Stranger, dirigiendo al Ensemble Intercontemporain en el IRCAM de París, el 10 y 11 de enero de 1984. Ese mismo año, tras descubrir a un músico del siglo XVIII con su mismo apellido, en Francesco Zappa reinterpretaría la música barroca desde la era de los sintetizadores.


“Zappa se situó fuera de los rangos del rock porque él mismo así lo quiso. He tenido el enorme placer de orientarle hacia su meta, trabajando con él el material musical, la forma y la movilidad del lenguaje. Pero no, no veo ningún sucesor suyo ni de lejos”
 Pierre Boulez en la revista Diapason, septiembre de 2010


El resultado con Boulez, recientemente fallecido, fue satisfactorio para ambas partes desde el punto de vista creativo, de imagen y humano; de hecho, se dice que Zappa tomó clases privadas de Boulez y éste, tiempo después, incluyó a Zappa en un programa de compositores norteamericanos entre los que estaban Charles Ives y Elliot Carter. En su libro Puntos de referencia (1984), Boulez establecía parámetros de interés musical en los que descartaba los estilos populares del rock y el pop e incluso menospreciaba, aunque algo menos, al jazz. Su colaboración con Frank Zappa debió ser la excepción a esa regla, justificada por el respeto que recoge el testimonio anterior para la revista Diapason.


La dramatización de la música como espectáculo es el gesto  con el que el autor norteamericano saca su sarcasmo social y su procedencia italiana, mueca grotesca de la Divina Comedia

Si bien la actitud autodidacta y de vestuario de Zappa son incompatibles con la de un autor que se toma tan “en serio” a sí mismo como Boulez, las piezas que componen The Perfect Stranger se enmarcan en un lenguaje dodecafónico deudor de Anton Webern, autor a quien seguía la pista desde la adolescencia. Enfundada en el rigor formalista de interpretación y dirección, esta obra se aleja del vigor comunicativo y la frescura que desprenden conjuntos tan desprejuiciados y polivalentes como las versiones de The Mothers of Invention o el Ensemble Modern, grupos capaces de reunir la solvencia técnica y la expresividad que pide un concierto-espectáculo de Frank Zappa.




The Yellow Shark


Zappa nos dejó en 1993 tras serle diagnosticado cáncer de próstata dos años antes. En ese tiempo se encerró en el sótano-estudio de su casa en Woodrow Wilson Drive (Los Ángeles) donde se dedicó a catalogar toda su obra. La enfermedad no afectó a la música que hacía pero ya no componía para que fuera cantada. De hecho, poco antes de que la enfermedad se manifestara, ya en 1988, había dejado de tocar en conciertos, dedicándose exclusivamente a una labor compositiva cada vez más inmersa en el lenguaje contemporáneo mientras renegaba del mundillo del rock tras una gira frustrada por sus músicos. Fruto de esta etapa de recogimiento prematuro antes del cáncer fue la obra por encargo  que realizó para Jacques Cousteau en 1989, partitura que acompañaba su reportaje sobre la catástrofe medioambiental del petrolero Valdez y que incluiría luego en The Yellow Shark.

Justo después –en 1990- es invitado a Checoslovaquia por Vaclav Havel, donde hizo una excepción a su retiro del escenario tocando en Praga y Budapest en apoyo de su independencia de la Unión Soviética. Dejó dicho entonces: “es el mejor motivo que he encontrado para tocar mi guitarra en los últimos 3 años”. En este corto periodo que va desde el diagnóstico hasta su muerte, entre curiosas producciones con músicos folk de varias regiones del mundo (era el momento álgido de la world music) y una ardua catalogación de proyectos abandonados o inconclusos, tiene lugar la puesta en marcha de su último gran legado.


El Ensemble Modern en The Yellow Shark

Hacer música contemporánea como si fuera un gran espectáculo rock, eso fue The Yellow Shark



Esta monumental pieza, llena de color, inteligencia, expresión y energía positiva, es el último-gran-bazar “sinfónico” del autor. El disco recoge piezas escogidas de tres conciertos de los cuales Zappa sólo pudo asistir a dos por su grave estado. Se trata de nuevos arreglos para 24 músicos de temas incluidos en trabajos clave como Uncle Meat, Waka Jawaka (1987) y Make a Jazz noise Here. La ambiciosa idea partía de crear pequeñas subdivisiones dentro del conjunto instrumental: dos pianos, cuarteto de cuerda, metales y orquesta al completo. El arsenal  reunido en la sección de percusión se reafirma en su primer referente: Edgar Varèse. Con este vistoso e impresionante formato consiguió una gran diversidad de color instrumental y la capacidad de abordar una estructura móvil para la forma suite-collage.



Zappa dirige al Ensemble Modern en The Yellow Shark

Es por ello que nadie mejor que el Ensemble Modern, conjunto de Frankfurt dotado de una dimensión actante y no sólo musical, como atestiguan sus producciones de teatro musical para Heiner Goebbels o Steve Reich, para poner en marcha la última gran "broma" de Zappa. Como en el lienzo que ilustraba el álbum The Grand Wazoo, esta obra nos ofrece un tapiz caprichoso y cambiante pero al mismo tiempo muy estructurado, que explota frente a un público entusiasta. Su disposición en continuo, compilación de los tres conciertos, y el hilarante contenido narrado le confieren una expresividad teatral más actual que las versiones originales de las que procede el viejo repertorio.

Compuesta para 24 músicos previamente desde un aparato tecnológico propio de la época como el Synclavier, el 17 septiembre de 1992, tras dos semanas previas de ensayo en Los Ángeles con el grupo alemán, tuvo lugar esta fiesta de despedida que es The Yellow Shark. Un mural fastuoso, sin conexión alguna con el título, integrado por 19 temas. Entre ellos, Dog Breath Variations-Uncle Meat-Outrage at Valdez, que van seguidas, Bebop tango y Get Whitey. Debido a un empeoramiento de su estado, Zappa sólo pudo dirigir Overture, Food Gathering in Post-Industrial America-1992Welcome to the United States G-Spot Tornado (de Jazz from Hell), que cierra el concierto con coreografía incluida y también el disco. El resto estuvo en manos de Peter Rundel, del Ensemble Modern. Contrastan los momentos más delirantes y teatrales de Food gathering in Post-Industrial America 1992 con la sobriedad “weberniana” de Time Beach II y III.


Hermann Kretzschmar

“This form must be completed for every no-inmigrant visitor not in possession of a visitor`s visa...if you entry by land enter land in this space. If you enter by ship enter...ah, ah...sea in this space!... 
Uuuuse english!”
Welcome to the United States!

El clímax, con Zappa a la batuta, llega con la interpretación de Hermann Kretzschmar (performancer y pianista del Ensemble Modern) en Welcome to the United States. Pieza hecha a trozos, como debe ser, toma de guión la lectura dramatizada de la cláusula que hay que firmar al entrar en dicho país. En ella se concentran ámbito escénico y musical a través de un léxico amalgamado (citas a canciones o motivos reconocibles) y burlón.

The Yellow Shark, legado último, enciclopedia viva y en directo de la música contemporánea popular que hizo posible una personalidad creativa irrepetible. Un músico en el que se diluyen disciplinas y barreras de estilo.