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28 marzo 2016

WADADA LEO SMITH & VIJAY IYER- A cosmic rhythm with each stroke


VIJAY IYER / WADADA LEO SMITH

A Cosmic Rhythm With Each Stroke
Grabado en octubre de 2015
ECM 2016Distrijazz

La asociación plástica música-pintura viene de bastante lejos en la Historia del Arte y a menudo se ha circunscrito a la música clásica y contemporánea en un siglo como el XX donde el jazz ha ejercido de mediador entre las artes. Este proyecto la recupera formando un triángulo entre Wadada Leo Smith (quien ya se fijó en los cuadros de Markus Konttinen para The Great Lakes Suites en 2014), su antiguo discípulo y colaborador Vijay Iyer (perteneciente a una familia de procedencia india asentada en la costa Oeste de EEUU) y la pintora, no por casualidad, también india Nasreem Mohamedi (1937-1990). Una autora de la poco conocida escena abstracta hindú en femenino, que, curiosamente, estrenó hace bien poco una exposición monográfica en el Museo Reina Sofía de Madrid antes de ser trasladada esta primavera al Metropolitan de Nueva York, donde estos dos músicos presentaron luego este mismo trabajo.


Fíjense bien en la portada porque es uno de los cuadros de la pintora. Apreciarán una serie amplia de minúsculas líneas horizontales a las que suceden pequeños cambios que abren al mismo tiempo puntos de apreciación espacial que rompen la geometría cartesiana de la imagen. Se corresponde con la última etapa de la malograda artista, la de 1969-70, cuando le fue diagnosticada una enfermedad degenerativa neuromuscular. Como ven es una obra, aunque hoy se nos asemeje a un trabajo por ordenador, con esa de morfología minimalista y monocroma, muy evolucionada de Mondrian, abarcando del cubismo al constructivismo y la Bauhaus hasta llegar al llamado “arte programado”.

Mohamedi, la pintora, estudio en Londres. Es decir, aunque volvió a su patria y también a Pakistán, su formación es occidental, por eso apenas vemos elementos abigarrados y coloristas que se le presuponen a su cultura. No obstante, si miran el cuadro durante un momento apreciarán en esa red de líneas difusas y cambiantes un fenómeno parecido al efecto de la contemplación. Se trata de un sistema de figuras en sí mismo que trasciende sus límites y muta de forma casi imperceptible. Ahora intenten asociar esta pintura a música. Sistemas de color y sonido.


 Wadada Leo Smith trompeta
 Vijay Iyer piano y electrónica

Toda esta introducción sirve para explicar la propuesta de maestro y discípulo. Smith lleva justo desde que Mohamedi pintó estos cuadros (69-70), tras desvincularse poco a poco de la AACM, elaborando una forma de notación musical propia, muy parecida a lo que puede ser un sistema: “en un folio podrían caber 3 horas de música”, dicen quienes han estudiado con él. Le pasa a Smith algo parecido que a Anthony Braxton, otro pionero emancipado de la AACM con quien colaboró en los 70; tan sólo que, a titulo particular, uno diría que la música de Smith y la de sus discípulos y colaboradores, como Iyer, está bastante más viva y es menos museística y pretenciosa que la que hacen los de Braxton, como por ejemplo Mary Halvorson.

Este trabajo es un discurso a tres dotado de una coherencia plástica y una verdad expresiva sobrecogedoras. Hay silencio, hay espacios de meditación, hay fisuras y planos, sombras y luz

A cosmic rhythm with each stroke es de por sí un título lo suficientemente pictórico. También redunda en el efecto que establece lo más pequeño en lo universal. Es justo aquí donde vienen a nosotros la respiración amplia de dos autores que igual no están visibles como esas líneas, pero cuyo aliento se respira. John Coltrane y A Love supreme nos retrotraen al viaje trascendental sobre Africa y a la esencia del blues que dedicó Smith en solitario en Kulture Jazz (ECM 1993). Coltrane, en su respiración espiritual, siempre estuvo conectado con la India. También Don Cherry, acaso el mayor referente si de trompeta hablamos para Smith.

Una trompeta dibuja líneas alargadas, efusivas y rotas, las mismas que las de Nasreen Mohamedi, que se extienden en un espacio sin fin, como una oración en el desierto sostenida en un plano de silencio. Iyer actúa aquí más como un intermediador que facilita el espacio, que es el lienzo. Su construcción no sólo es cromática y envolvente, también lo es abstracta y fría, desprendiendo su particular red de lazos electrónicos que cuelgan y arropan la luz desprendida por su maestro.

Este trabajo es un discurso a tres dotado de una coherencia plástica y una verdad expresiva sobrecogedoras. Hay silencio, hay espacios de meditación, hay fisuras y planos, sombras y luz. Exigente y duro por momentos, como el cuadro pálido y minimal de Mohamedi, revela por contra una vía de acercamiento basada en la dimensión del silencio y del espacio como  fenómeno contemplativo.




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