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28 abril 2015

MIECZYSLAW WEINBERG-Gidon Kremer/Kremerata Baltica




MIECZYSLAW WEINBERG
GIDON KREMER/KREMERATA BALTICA
La vida y obra de muchos creadores judíos quedó sepultada bajo el régimen soviético cuando no perecieron, tras sobrevivir a Hitler, con las purgas estalinistas. Avanzamos un artículo sobre las publicaciones en ECM New Series con este doble cedé que rescata del ostracismo la obra del compositor polaco.

Dos tendencias se mantenían en equilibrio inestable en Rusia hasta 1930. Eisenstein (cineasta) y Mossolov (músico) habían podido entregar, después de la Revolución de 1917, piezas en las que pervivía cierta vanguardia. Gustavs Klucis (pintor-diseñador de carteles) sorprendía con nuevas formas geométricas en el constructivismo. Incluso Henry Cowell, el compositor norteamericano, hizo una gira por Rusia en 1928 presentando los avances técnicos de clusters. Todo acabó con Stalin. Klusic terminó sus días pintando a los “grandes hermanos” del comunismo antes de ser “borrado” administrativamente del mapa.


El arte se debía al pueblo y a la propaganda, el bolchevismo cultural: nada de veleidades modernistas ni burguesas. Entre los “subversivos” Prokofiev, Mossolov o Kabalevsky, la mayor amenaza del sistema era el más grande compositor ruso del siglo XX, Dimitri Shostakovich (1906-1975), que sufrió en sus carnes la censura y la vigilancia, aunque se las arregló para soterradamente hacer avanzar el lenguaje sobre formas del pasado –una imposición política- a través de Bach. Weinberg fue amigo suyo toda su vida y quizá también permaneció a su sombra creativa.

Mieczyslaw Weinberg

Nacido en Varsovia en 1919, formado en Minks y Tashkent (Uzbekistán), único superviviente en su familia del exterminio en los campos de Polonia, huido, asentado y fallecido en Moscú en 1996, Mieczyslaw Weinberg sufrió la persecución nazi y el yugo comunista. El sello alemán ECM, poco dado a publicar autores judíos aunque  su catálogo sea un referente en la música tardo y post soviética, destapa en este disco doble -de amplio arco temporal- uno de los corpus musicales mejor guardados por la historia oficial comunista. Y lo hace  casi 50 años después de ser terminada su ópera “The Passenger” (1968) en el Festival de Bregenz. 

                      Weinberg con la señora y el señor Kondrachine

La época más productiva del autor se comprende entre las décadas de 1960-70, a ella pertenecen la Sonata nº3 (78) para violín solo, que abre el primer cedé, y la pieza con la que se cierra en el segundo, la Sinfonía nº10 (68). Son estas obras, vértices de esta publicación, piezas de gran exigencia virtuosística del solista y del conjunto. La primera de ellas para violín solo y con dedicatoria a su padre y madre, es tensa, aristada e hiriente en sus perfiles de tonalidad extrema, comparada en dificultad y expresividad con la sonata de Bela Bartók para violín. Mientras que la sinfonía, que comparte de manera más apaciguada esos ataques de explosión y acentos, tiene una dinámica más uniforme aunque su abigarrada morfología le ha hecho ser calificada como “Torre de Babel”.

Pero esta referencia recoge también obras de años de postguerra, entre 1948 y 50. Conviene no etiquetar a Weinberg en la escuela neoclásica o folclorista (ya que no cabe ni por asomo llamarla “nacionalista”) cuando tratamos este periodo. Pudiera ser cierto, en estas obras de cámara que mezcla una intensidad melódica tardoromántica con estructuras dinámicas de Stranvinsky (sobre todo la Sonatina op.46), y en color tímbrico a Debussy (Concertino op 42). 

En esa confluencia de estilos digamos “conservadores”, en medio de la férrea adoctrinación y vigilancia soviética que colocaba en listas negras a la creación “incómoda” con la orden del consejo de ministros de la URSS del 14 de febrero de 1949, Weinberg burla la censura y la apatía con estas piezas estilizadas e impregnadas de cierto códigos que la acercan a Scriabin o a su compatriota Szymanowski, yendo hacia atrás, pero también al folclore judío (tercer movimiento de la Sonatina) que ya pudo evidenciar en sus Six Yiddish Songs de 1944. Es en esas piezas de cámara como el Trío op. 48 para violín, viola y cello donde se da un estilo preñado de las obras para este formato de Alban Berg, que un solista como Gidon Kremer explota y conduce hacia el apasionamiento.


Lo cierto es que sin romper moldes estéticos ni pertenecer a escuela alguna, tonal o algo dodecafónico en sus piezas últimas, denso, complejo y cargado expresividad, desde su emigración interior, Weinberg se revela como uno de los secretos mejor guardados por la URSS.


CD 1                                                                                                     
Sonata No. 3 op. 126 (1979)                                     

Trio op. 48 (1950)                                           
Sonatina op. 46 (1949)

CD 2
Concertino op. 42 (1948)
Symphony No. 10 op. 98 (1968)


Grabado en noviembre de 2012 y julio de 2013

ECM New Series 2368-69, 2014



24 abril 2015

PEDRO CORTEJOSA- OCHO




PEDRO CORTEJOSA
OCHO 

Pedro Cortejosa (saxos), Carlos Pino (guitarra), Juan Galiardo (piano y teclados), Paco Perera (contrabajo), David León (batería y percusión). 
Conceder la relevancia a Pedro Cortejosa en todo lo que ha sucedido en el jazz andaluz en los últimos años -y ya desde antes, cuando todo estaba más atomizado- es hacer justicia. Por encima de esa presencia focalizada en distintos proyectos, acaso sea su personalidad creativa, inquieta e insaciable, lo que hace de él una figura fundamental y le coloca, pese a su veteranía, en la cabeza de las ideas más nutritivas y avanzadas. 

Incluso para los que creemos saber de lo que es capaz, basta los primeros compases de este disco para desmontar cualquier pretensión preconcebida. “Ocho” es un trabajo exquisito. Y cuando se usa este adjetivo se hace con todas las consecuencias. Es jazz y no es jazz. Es refinación, diría que por encima de todo es destilación de sus trabajos previos y al mismo tiempo da un paso más allá. El cuidado por el detalle, el color instrumental que ha conseguido y esas cadencias envolventes y sugestivas. Y luego, además de ese elemento formal, está la construcción de un estilo con filtraciones del sonido Blue Note.
Foto con Ocho
El grupo de Pedro Cortejosa en “OCHO”, con Paco Perera, David León, Jorge Moreno (Blue Asteroid Records), Pedro Cortejosa, Carlos Pino y Juan Galiardo
Para llegar hasta aquí, haciendo un poco esa labor que nos obliga una profesión hecha más de microscopio que de telescopio, el saxofonista gaditano ha tenido experiencias previas que diría le han conducido, igual de manera puramente intuitiva, a la construcción de este interesante resulrado. Entre el cuarteto acústico y el trío eléctrico de saxo en Simetrías, el músico recupera el formato de quinteto con saxo y guitarraEl esclarecedor título Song Book Trío, en el citado Simetrías, no sólo fue el inicio de una fructífera alianza que sigue en Corleone con el versátil, imaginativo y musculoso baterista y percusionista ceutí David León, también se significó en las melodías un mensaje de canción y en el sonido una búsqueda por la hibridación acústica y eléctrica. Dos conceptos que aquí se presentan de manera más naturalizada e intensa en el emparejamiento de Juan Galiardo y Carlos Pino, reforzado por el sutil y acústico cuerpo terreno de Paco Perera en el contrabajo.
Los números son más que cifras que se amontonan, los números esconden relaciones no visibles…Eso es ”OCHO”, un número que empieza y termina en “O”… Otra Simetría colgada de un amuleto con agujeros ondulantes que al cruzarse hacen un “OCHO”. Una síntesis y un paso nuevo del mejor Cortejosa. Blues, jazz y pop mezclados en su justa medida de sofisticación.

20 abril 2015

ANOUAR BRAHEM- Paisajes mediterráneos desde la melancolía


ANOUAR BRAHEM

Paisajes mediterráneos desde la melancolía

El laúd árabe (ud) es el instrumento de toda una civilización cuya tradición se extiende desde su cuna en Persia hasta el Magreb. La revolución islámica lo propagaría por todo el norte de África hasta los confines de la civilización conocida, ya en las costas del Atlántico. Es la herramienta sobre la que la poesía sufí y la cultura islámica edificarían la rica música clásica árabe, donde los modos sofisticados perviven con la tradición oral y la improvisación. En su camino hacia Europa, introducido en la Península Ibérica, se le llamó laúd. Ziriab, músico cortesano del medievo, cuya admiración recala aún en la memoria, describió el relato de este instrumento a través de su particular odisea de un extremo a otro del Mediterráneo.

De Túnez a París

Procedente de Túnez -acaso un país que podría verse en la Europa más septentrional-, deudor de la escuela de ud más antigua del mundo árabe (Irán, Siria y Egipto), amante de otras disciplinas artísticas como el cine, el teatro y la danza, Anouar Brahem es uno de los músicos que mejor ha sabido integrar el legado islámico con otras fuentes culturales de la música europea (antigua, clásica y moderna) y la improvisación.

Su planteamiento estilístico conduce el arte musical árabe hacia nuevos rumbos alentados por una sensibilidad creadora que goza del refinamiento cortesano propio de su cultura potenciado por la cercanía de la música barroca italiana y francesa. En los años ochenta, tras escribir importantes páginas para el cine y el teatro tunecido, se trasladó a París compaginando su labor de director en el Ensemble Musical de Túnez. En la capital francesa su búsqueda de un estilo propio le condujo a un sonido compatible con el ideario del sello ECM, que ya había introducido en su catálogo una referencia aislada de oudista libanés Rabih-Abou Khalil (Nafas, 1988).






La Ruta de la seda y el Mediterráneo

En el catálogo de obras de Brahem para ECM podemos distinguir tres líneas argumentales. La primera de ellas está adscrita a la esencia cultural de la que procede y a todo el mapa que ha ido trazando esta civilización a través de este instrumento. Esto incluiría su debut en Barzakh (90), luego en Conte de l’incroyable amour (91), que le catapultó internacionalmente, y también Astrakan Café (2000), trabajo que reforzó su imagen renovadora de un legado que se extendía por la Ruta de la Seda desde Samarkanda. Se trata aquí de trabajos que cultivan y renuevan la tradición de la música clásica árabe entre sus más fieles acompañantes, Barbaros Erköse (muy presente siempre el clarinete en la música de Brahem, con tesituras turcas) y Lassad Hosni (percusiones del Magreb como bendir y darbouka), en la que la improvisación se ejerce dentro de los cánones de la tradición, época y lugares.


En segundo lugar, dentro de un sentido que va un poco más allá de la huella cultural arábiga para abrazar las experiencias que favorece el sello ECM con sus improvisadores, estarían Madar (94), primera puesta en contacto con con el siempre abierto paisajes de Oriente como Jan Garbarek, y, sobre todo, la joya de la corona que es Thimar (98), junto a los británicos John Surman y Dave Holland, como una de las mejores manifestaciones que se recuerdan en el encuentro entre mentalidades del jazz y el mundo musulmán. Se trata de exploraciones donde la improvisación del jazz y las melodías y cantos populares de la mediterranía islámica-sufí se unían sin fisuras ni descosidos para alimentar un diálogo sincero y enriquecedor a partes iguales.



Souvenance, su última entrega como disco doble y con la participación de cuarteto y orquesta de cuerdas sobre un núcleo formado por ud, clarinete, piano y bajo eléctrico, pertenece a una tercera vía de expresión asentada en el piano como instrumento armónico y una escritura más exuberante y descriptiva instrumentalmente que parece estar hecha para imágenes. El primer capítulo de esta vertiente  de música programática fue el pictórico Khomsa (95), instantáneas hechas sonidos que contenían algunos de los mejores nombres del jazz galo, entre ellos el imprescindible -desde entonces- François Couturier en el piano, ya instalado con todo su manto armónico y el trazo delicado y sensitivo que le dedica Brahem desde la escritura para Le Pas du Chat Noir (2002) y Le Voyaye de Sahar (05).

Souvenance tiene los antecedentes de esos dos discos y se enmarca en una creación ligada a composición orquestal para pantalla o espectáculos escénicos (colaboró con Costa Gavras y Maurice Béjart). Pero hay un elemento distintivo que se incorpora de su estimulante y despejado anímicamente The Astouding eyes of Rita (09): el bajo eléctrico de Björn Meyer en el mismo núcleo instrumental formado por ud, clarinete, piano y bajo. Funciona como latido, pulso, golpe que incita al movimiento a la melodía.


Como sucedía en Khomsa (se rescata de él el tema Nouvelle Vague), Souvenance es un largo poema dramático que glosa instantáneas de sonido, en este caso más alargadas en el tiempo que en aquél, envueltas en un dramatismo estático definido sobre una temática repetitiva (el Phillip Glass cinematográfico más cadencioso) como oleadas de melancolía y peso existencial frente al Mediterráneo. Un caminar algo monótono aunque lleno de policromía, que nos recuerda los extensos planos secuencias de Theo Angelopoulos.y las partituras que para él escribió Eleni Karaindrou.

Unos sonidos húmedos de respiración alargada y circular que parecen suspendidos en la unión cultural entre Asia, Europa y África.

  
Anouar Brahem
Souvenance - Music for oud, quartet and string orchestra 

Anouar Brahem oud, François Couturier piano, Klaus Gesing bass clarinet bajo, saxo soprano, Björn Meyer bajo
Orchestra della Svizzera italiana, Pietro Mianiti director

17 abril 2015

TOMATE, TRÍO Y CEBOLLA... Canta a Bola de Nieve



Tomate, Trío y Cebolla
Canta a Bola de Nieve
Javier Galiana (voz y piano), Jose López (contrabajo), Juan Sainz (batería).
Underpool UNDP-05

            
 Javier Galiana,  José López y Juan Sainz en el club Jamboree de Barcelona

Se cuenta por ahí que el Malecón de la capital cubana fue trasplantado del de Cádiz. “La Habana es Cádiz con más negritos, Cádiz La Habana con más salero…” Bola de Nieve (Guanabacoa, 1911, México DF 1971) resucita en la “Tacita de plata” con todo su caudal expresivo. Se diría que riendo antes que llorando con sus canciones de desamor.                 

No ha debido de ser sencillo trasladar a trío de jazz ese particular mundo de un entertainer “chic” de alta sociedad internacional pero de estirpe negra como Bola de Nieve. Ayuda, como nos cuenta Javier Galiana, humorado pianista y cantante que da réplica al personaje y aporta todos los arreglos, tener la impresión de “verle la cara cuando canto”… Y añade “no es cantar la melodía o los acordes, es meterse en la canción. Tiene algo de teatro pero Bola es más músico que actor”… Nos cuenta Javier que cuando era niño, en la ducha, tarareaba alguna de estas letras que ya a su madre le ponía “los pelos de punta”.



Pero esas canciones de “cuando te ha dejado la novia”, como Vete de mí¡Ay amor! o Tú nunca comprenderás, no han sido las elegidas en este repertorio del autor cubano. Aquí se celebran, sería el verbo adecuado, clásicos agraciados con la chispa de la picaresca y de la ternura, del chisme y del chiste, como El botellero, Manué, Babalú, Chivo que rompe tambó o Messié Julián y se han incorporado piezas que no han sido muy versionadas. El trío es el andamio para darle forma, todos aportan en esta revisión de jazz que pone especial énfasis en las formas de bolero y rubato.



Juan Sáinz -a la batería- ayudó a construir rítmicamente un legado que teniendo esencia cubana, modos cultos y de bolero se escapa de los patrones rítmicos alrededor del son. José López al contrabajo tiene aquí una labor fundamental para reforzar el lenguaje jazzístico de esta música, y lo hace no sólo rítmicamente sino también desde la melodía, usando el arco en varios momentos. Aunque bien es cierto que compartir con Galiana una experiencia con el grupo La Canalla hace de este desembarco en el cancionero del músico cubano algo más cercano.

Empezó a estudiar música porque su tía abuela había recibido esa indicación de los Orishas. Pianista de altura romántica, entre Chopin Rachmaninov, cantante y narrador sin igual, negro “social” de corazón y piel… “…Ay que este negro ya no pué viví sin su tambó…”, entre Ava Gardner y los cantos yorubas, mucho arte gaditano, con su ingenio carnavalero, sabor y cimientos musicales amplios, tiene este necesario trabajo que dibuja sonrisas y te hace la vida más sencilla.




15 abril 2015

PAOLO FRESU & DANIELE di BONAVENTURA-"In maggiore"


Paolo Fresu & 
Daniele di Bonaventura
"In Maggiore"
Grabado en Lugano mayo de 2014.  
ECM 2015

Segundo trabajo a dúo para este sello del músico sardo Paolo Fresu  (trompeta, fliscorno), quien ya había entregado el muy recomendable Mistico mediterraneo en 2011 junto a este bandoneonista, arropado por los siempre singulares cantos del conjunto de Córcega A Filetta. Un diálogo que amplía el compartido con el pianista Uri Caine en Things (a nuestro entender sobrado de efusividad) y el que le juntó en 2009 al guitarrista Ralph Towner en Chiaroscuro (más ceñido a la búsqueda de espacios de cámara y silencios con la especifidad del sonido ECM).


Este tipo de fórmula, que recuerda producciones del exquisito sello italiano Egea, viene construida sobre un repertorio que se recrea en canciones populares de aquí y de allá, uniendo una pareja de instrumentos de larga tradición tanto en el folclore y la improvisación como en la música clásica. Con estos protagonistas sólo puede dar como resultado un mensaje imperecedero y emotivo como el ofrecido por Gianluigi Trovesi y Gianni Coscia.

Color, honda respiración melódica y espacio construyen un escenario de intimidad y madurez propio, que conecta con el sonido y expresión tanto de Miles Davis como de Danilo Saluzzi. Las melodías son un retablo ornamental sobre la base de la memoria popular europea y mediterránea, también de la académica del eterno Bach, que vuela más allá, hasta Brasil, Argentina y Chile.


Este trabajo hecho de esencias populares cultivadas contiene temas propios de ambos músicos (maravillosos Kyrie Eleison de Bonaventura o el que da título y cierra el disco de Fresu) y también las espléndidas versiones sobre Giacomo Puccini Quando me`n vó, Chico Buarque O qué será, con preciosa y breve coda final al bandoneón sobre El pueblo unido jamás será vencido de Sergio Ortega, y la delicada y aérea versión de Te recuerdo Amanda de otro autor chileno comprometido, Victor Jara.

In Maggiore -"en consecuencia"- trasmite un mensaje que nos devuelve el regocijo de las músicas con raíces, sin fronteras.

Composiciones: Da Capo Cadenza, Ton Kozh, O que será/ El pueblo unido jamás será vencido, Non ti scordar di me, Sketches, Apnea, Te recuerdo Amanda, La mia terra, Kyrie Eleison, Quando me’n vò, Se va la murga, Calmo, In maggiore.










14 abril 2015

CHARLES LLOYD- Lift every voice & Mirror

LIFT EVERY VOICE
Charles Lloyd tenor saxophone, flute, taragato
Geri Allen piano John Abercrombie guitar 
Marc Johnson double-bass Larry Grenadier double-bass
Billy Hart drums 
ECM 2002-2 CD

El saxofonista y flautista Charles Lloyd (abundando en el título de este trabajo) concentra en sí una amplitud de voces que trasforma y personaliza en un sonido cálido y atmósférico. Con una gran refinación armónica de suaves se diría qeu elásticos movimientos, el clima que exhala su sonido viene dado por un marcado lirismo que se destila desde erhymth & blues y un calor proveniente del free jazz de los 60 apaciguado por el folk. Esta novena entrega para ECM es un disco doble que ya viene encauzado por las sesiones de The water is wide. Hablamos de un perido fértil en le músico.

El saxofonista y flautista Charles Lloyd concentra en sí una amplitud de voces que trasforma y personaliza en un sonido cálido y atmósférico

De este modo, alternando quinteto con guitarra y cuarteto, Lloyd despliega valores ya cultivados en su amplia experiencia con el trío de piano y amplía también no solo un espacio para la guitarra sino también el repertorio. Se dan desarrollos en la línea de Coltrane sobre piezas folk tradicionales (Go down MosesWayfaring Stranger), vuelven estándares de Duke Ellington (I`m afraid) y Strayhorn (Blood count), recupera composiciones propias (Nocturne), incorpora temas del extrarradio del jazz (de Silvio Rodríguez Te amaré Rabo de nube, de Marvin Gaye un contagioso y sensual What`s going on) y se recrea en tonadas patrióticas de fuerte calado en la población afromericana (Amazing grace).



El conjunto reunido está bien equilibrado (se aprecia en el ingrávido Hymn of the Mother y en cómo sostienen su cadenciosa dinámica en crescendo), es descriptivo y se mueve con soltura dentro de un sonido pulido en los márgenes entre contención e intensidad. Canciones estándares y elementos del folk, el blues y la plegaria como protesta (Lift every voice and sing, tema sentenciado por Max Roach en los conflictivos momentos de principios de los 60) se unen a los lances majestuosos de Coltrane.



Charles Lloyd eleva su voz en solitario desde el misticismo, la experiencia y lo pasajero;su sonido acalla el tumulto cuando interpreta el taragato (instrumento húngaro); es su mensaje más hondo, el que sintetiza la madurez de un sonido.

MIRROR
Charles Lloyd tenor, alto saxophone, voice Jason Moran piano
 Reuben Rogers double bass Eric Harland drums
ECM 2010 

Tras la muerte de Joe Henderson, Charles Lloyd representa por su fraseo y sonido ese toque estructurado, sutil y refinado de los grandes clásicos, y de un estilo, más cálido y atmosférico, deudor de John Coltrane. 


Segunda entrega con su nuevo cuarteto que incide en una exposición más lírica, reposada y descriptiva que con su anterior grupo en Jumping the Creek. Subraya su acercamiento a la canción popular latinoamericana
Segunda entrega con su nuevo cuarteto que incide en una exposición más lírica, reposada y descriptiva que con su anterior grupo en Jumping the Creek, donde subraya de nuevo su acercamiento a la canción popular latinoamericana (La llorona y una Tonada de Luna Llena no citada como inspiración original en Go Down Moses) e incorpora standards propios recientes (bluesy The Water is Wide) y ajenos (Monk sentimental en Ruby my Dear y Monk´s Mood).

Refinación e intimismo definen un lirismo a la vez sofisticado y popular. La ilusionante incorporación de Jason Moran, junto al saxofonista menos incisivo que su predecesora Geri Allen, mantiene la posición de ilustres como Jarrett, Petrucciani, Stenson, Mehldau.

El saxofonista canta desde la serenidad y lo efímero. Mirando al Pacífico.








10 abril 2015

CINE- Buenas noches y buena suerte

BUENAS NOCHES Y BUENA SUERTE

A comienzos de los años 50, el senador Joseph McCarthy inició una persecución comunista que se dio en llamar la Caza de Brujas. El periodista Edgar R. Murrow mantuvo un pulso con él por la transparencia y la credibilidad informativas. El periodismo veraz y combativo, el jazz íntimo de Dianne Reeves y unas imágenes en evocador blanco y negro envueltas en humo protagonizan esta bella y convincente película dirigida por George Clooney.

Con la llegada de la Guerra Fría, justo después de la victoria aliada, Estados Unidos y Rusia se erigen como superpotencias que extienden su área de influencia y presión en dos bloques ideológicos: el comunista y el capitalista, uno oriental y el otro occidental. En los EEUU esta situación de enfrentamiento directo pero no bélico (guerra no declarada, guerra en equilibrio frío) tendría consecuencias tanto en política exterior (creación de dos bloques ideológicos) como interior (restricciones en los derechos y libertades, persecución y paranoia colectiva).


Inmersa en el marco de esta política nacional liderada por el senador McCarthy se desarrolla la historia y los personajes que cuenta Buenas noches y buena suerte, entre estudios de grabación, humo de cigarrillos y jazz ambiental.




En 1953, en los albores de la televisión, la CBS tiene en antena un exitoso espacio titulado See it now, un riguroso programa informativo dirigido por Edgard R. Murrow (David Strathaim) y producido por Fred Friendly (George Clooney). Iniciada ya la pertinaz búsqueda del entramado comunista dentro del sistema americano, uno de los periodos más oscuros de la historia de los EEUU, el interés informativo de estos periodistas se centra en destramar varios casos de persecución sin base acusatoria. Son ejemplos sintomáticos de la vulneración de libertades fundamentales iniciada por McCarthy y El Comité de Actividades Antiamericanas del Congreso (HUAC). Los casos que investiga Murrow con su equipo de trabajo, formado por profesionales decididos a defender la causa de la verdad informativa, afectan a personas que son acusadas de ser comunistas sin pruebas. Una cultura del miedo que pisotea la presunción de inocencia y que se extiende a todos los segmentos sociales. Pronto llegaría a Hollywood.



Buenas noches y buena suerte está basada en hechos reales, hasta el punto de que por momentos la narración adquiere un planteamiento de documental. Esto es así porque se recuperan, textualmente, el discurso, los mensajes, la gesticulación mínima (un cigarrillo en la mano, semblante serio, seguro y directo en la expresión) que realiza Edward R. Murrow en una genial interpretación de David Strathaim: reflexiva y con la firmeza de ánimo requerida. Hasta aquí el contexto, dos hombres y dos causas enfrentadas. Una se encarga de extender el miedo, la culpabilidad, persiguiendo, acusando y restando libertades. Mientras, la otra persigue la verdad contrastando la información, luchando por la libertad de expresión y contra la demagogia.


Clooney hace un sentido y sincero homenaje a estos hombres que plantaron cara a una política que mermaba derechos fundamentales. La estética en blanco y negro de film noir humeante (no se para de fumar) recupera a la perfección la iconografía de los años 50. Para dar mayor intensidad periodística (el periodismo es el verdadero protagonista de la película), toda la historia se desarrolla en estudios de grabación, en despachos, en reuniones de equipo para tomar decisiones. Llama la atención la unidad del grupo de profesionales de Murrow, no ajena a riesgos y amenazas que dividen. Por la verdad, contra la presión, incluso sin patrocinadores, ellos asumen su causa. El personaje secundario de Clooney, el productor, decide quién, por su perfil humano, debe investigar o cubrir ésta o aquélla información. Inteligente el tempo narrativo de un guión que nunca baja la intensidad y el interés, como una buena noticia.


 La contención estilística es una de las armas usadas por Clooney en Buenas Noches y buena suerte. Un planteamiento en blanco y negro austero, denso y frío por momentos, que se ciñe como un guante al discurso riguroso, directo, seguro y firme, sin retórica alguna (la cortante despedida: “Buenas noches y buena suerte”), de Edward R. Murrow. El contraste de tensiones en un decorado de oficinas, máquinas de escribir, ceniceros, café, amores ocultos, susurros  cómplices y humo, lo pone la voz seductora y reconfortante de Dianne Reeves.



El jazz, por su carácter de creación espontánea, es un recurso musical indirecto, evocador de ambientes, generador de actitudes para un lenguaje cinematográfico que sistematiza tiempos al segundo. Este conflicto entre estructura narrativa visual y gramática musical basada en el presente que conlleva el jazz, en muy contadas ocasiones, excepción aparte de las biografías llevadas a la pantalla (Bird de Eastwood) o John Cassavetes (Shadows), ha podido articular una simbiosis con resultados mutuamente descriptivos. 


En Buenas noches y buena suerte, el jazz de Dianne Reeves y su grupo operan en directo encerrados en un estudio radiofónico. Su aparición en pantalla funciona como un interludio que describe el rastro emotivo dejado por la escena anterior. Es, como decíamos al comienzo, un recurso que describe ambientes, abriendo espacios sonoros aislados del argumento narrativo. La convención narrativa del jazz vuelve a la seducción, la de la noche, la soledad, el humo, el blues. Bien es cierto que sirven como potenciadotes de la acción cinemática.

Dianne Reeves canta desde una habitación, pero su personal mensaje transciende las paredes y la pantalla. Es un jazz clásico que como la película intenta homenajear a los años 50. Lo consigue desde la intimidad y la exquisitez formal y sensitiva, por su empatía con las emociones. El jazz y su actitud liberadora, como el periodismo veraz y combativo, van de la mano. Solos, en su cruzada por el individualismo y la libertad. No es nada gratuito su hermanamiento contra la Caza de Brujas. Por eso funciona.



Al final, no es la censura, las oscuras amenazas, la mordaza que un sistema intenta imponer al periodista lo que vence a Murrow y lo suyos. Es el mercadeo, la televisión que sólo sirve para entretener quien puede con ellos. 

Ficha:

Título original: Good Night and Good Luck. 
Año: 2005
Director: George Clooney
Guión: George Clooney, Grant Heslov
Música: canciones de Dianne Reeves
Fotografía: Robert Elswit (B&W)
Reparto:David Strathairn, George Clooney, Robert Downey Jr., Jeff Daniels, Frank Langella,Patricia Clarkson, Thomas McCarthy.