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04 diciembre 2015

HUGO CARVALHAIS Grand Valis

HUGO CARVALHAIS

GRAND VALIS
Hugo Carvalhais contrabajo, Dominique Pifarély violín
Gabriel Pinto órgano, teclados, Jeremiah Cymerman electronica
 Grabado el 14 de enero de 2014 en Oporto
clean feed 330-CD

Penetrar en el mundo sonoro de Hugo Carvalhais es una invitación de no retorno. Es un viaje a un ciclo cósmico cuya dinámica traduce elementos gaseosos, espacio y materia en sonidos y texturas. El trío formado con los formidables Gabriel pinto y Mario Costa era el eje central de los trabajos previos y de su primera formación. Ahora ya no. Los interludios que tejían el lienzo cósmico en directo del quinteto (con Dominique Pifarèly al violín y el saxo soprano de Emile Parisien) rellenan todos esos espacios interestelares.

 En toda lógica argumental, en su tercer trabajo, tras Nebulosa (en cuarteto con Tim Berne) Particula, diluidas las pulsaciones rítmicas, la música se abandona a la inercia y hacia lo desconocido, en la búsqueda de un alumbramiento. En el viaje del artista plástico y contrabajista desde un ente gaseoso mayúsculo al elemento minúsculo quedaban espacios por rellenar, como sucede en la lógica más íntima de la materia. Espacios, según la teoría cuántica, que son misterios en los que la mente se sumerge buscando respuestas, cual sonda Voyager que abandona los límites del Sistema Solar donde late el patrón gravitatorio del sol y su ritmo orbital. ¿Hay algo más en ese frío e inhóspito universo?


Si entramos en los terrenos de ficción, para un artista plástico como Carvalhais significa componer un lienzo narrativo con poder descriptivo o al menos alegórico. El relato del músico se inspira en la trilogía metafísica Valis del escritor Philip K.Dick, acrónimo de Vast-Active-Living-Intelligence-System. Un obra que busca una respuesta ante la soledad del ser humano. De ella se hizo una ópera electrónica en 1987 que este Grand Valis renueva con un decorado en el que las texturas y los timbres penetran en la oscuridad como una especie de éter, con un movimiento lento y difuso pero continuo.

Suena un órgano. Se eleva y extiende hacia el firmamento como entre las bóvedas de piedra y las vidrieras de cristal en la era de las catedrales. La encarnación del Mesías de K.Dick bien podría ser hoy la energía oscura, la hacedora del espacio, la gran alfombra donde la materia se mueve y extiende mientras se enfría. Una evidencia que desmantela casi todos los avances de la astrofísica. Órgano de iglesia, música de las esferas de Pitágoras, la tradición occidental basada en las matemáticas. Pero los cálculos han fallado, nos dicen.


Nada de geometría. Vayamos a la simbología de los maestros indios, a la representación de sus instrumentos: sitar=firmamento, tablas=tierra, tanpura=tiempo. El órgano es aquí la tanpura, el violín y la electrónica el sitar, el contrabajo las tablas. El espacio-tiempo en el que los sonidos penetran es un mapa de estrellas unidas como en una suite, como en un raga. Situadas en el camino trazado en papel pero imprevisible.

La música de Carvalhais siempre parece anunciar un alumbramiento. Como la luz atraviesa una vidriera gótica en la noche, los sonidos electroacústicos se expanden y  difuminan en un espacio inhóspito y solitario.

Hugo Carvalhais- Particula



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