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08 septiembre 2015

CHARLIE HADEN LIBERATION MUSIC ORCHESTRA- Las canciones de la Guerra Civil Española


Dentro del coche, la radio emite un comunicado en el que informa de nuevos bombardeos de las fuerzas armadas estadounidenses. Esta vez no es en Vietnam sino en la vecina Camboya. La guerra, larvada durante toda la década, estalla con toda crudeza ahora con Nixon en el poder. Charlie Haden escucha la noticia al volante. Se siente inerme en su condición de ciudadano, pero no como músico. Al llegar a casa llama a Carla Bley y le dice: “Tenemos que hacer algo contra este gobierno, tenemos que denunciar la barbarie que esta administración está cometiendo en el mundo”...


La última guerra romántica

"Poeta en el frente del mundo, ¿qué escucha tu corazón? ¿Qué poemas despliegan brillantes estandartes hechos de palabras y alas rojas para volar sobre las trincheras, y sobre las fronteras, y sobre todas las barreras del tiempo, a través de los años, para cantar esta historia de España desde las murallas del mundo?" Langston Hughes


Hizo una mañana fresca ese día. El domingo 30 de marzo de 2008 apareció cubierto de una espesa neblina. Sobre las 11 el cielo californiano se abrió paso y una luz brillante inundó el célebre Embarcadero de San Francisco, donde una hora más tarde iba a tener lugar un acontecimiento muy especial. Era la primera vez que se inauguraba un monumento oficial dedicado a los veteranos de la Brigada Lincoln que lucharon en la Guerra Civil española. Antes de que llegaran las autoridades, con el alcalde acompañado por el embajador español, entre amigos y curiosos, allí estaban sentados unos viejecitos esperando pacientemente en sus sillas de ruedas, con sus bastones y sus boinas. Como es costumbre en las cenas anuales que vienen haciendo desde hace décadas, las canciones españolas forman parte del menú y mantienen vivo el recuerdo. 

Miembros de la Abraham Lincoln Brigade

La banda de metales Musicians Action Group, dirigida por Bruce Barthol, había interpretado primero El Quinto Regimiento y luego Si me quieres escribir antes de cerrar su intervención con La Internacional. Los veteranos ocupaban el lugar de honor en el palco de invitados. Vinieron 11 de los 39 que aún vivían, 11 de los 2000 supervivientes, 11 de los 2800 que se entregaron a una causa lejos de sus casas, en la Guerra de España del 36. Estaban Abe Smorodin, Carl Geiser, Abe Osheroff (que moriría semanas después con 92 años), Virginia Malbin, Hilda Roberts (enfermera en la guerra), Dave Smith, Hank Rubin, Del Berg, Clarence Kailin, Warren Billings y Matti Mattson. Luego vinieron los discursos. Al finalizar el protocolo, después de un paseo de  20 minutos a pie desde el Embarcadero, llegaron al lugar de celebración, el Post Street Theatre.

Meses más tarde, el 2 de noviembre, conocida la victoria de Obama, la Liberation Music Orchestra (LMO: formación que marca el punto de partida que une al jazz con las canciones populares de la Guerra Civil española) actuó en la Bahía de San Francisco, en el Herbst Theatre, muy cerca del lugar donde quedaba instalado el monumento a la  Brigada Lincoln. El padre de Charlie Haden tuvo amigos que habían sido voluntarios en ella. Las historias que rodean a este hecho y algunas canciones de su colección fueron transmitidas de padre a hijo y de hijo a nieto. 


Es probable que durante su residencia en Nueva York (donde está uno de los dos centros que la Lincoln tiene en los EEUU) el bajista entrara en contacto con algún veterano. Haden funda la LMO en esa ciudad al final de una década convulsa, la de 1960, marcada por magnicidios, cambios profundos en la sociedad americana y guerras. Precisamente contra la de Vietman, y para honrar la memoria de una causa perdida como la de II República, toma como repertorio las canciones que se entonaron en defensa de ésta.


Música de protesta para tiempos difíciles

Como testigo vigilan­te del fin de un siglo en el que diluyeron las certidumbres ideológicas en favor del pensamiento único, recuperamos la creación de una banda cuyo manifiesto de vanguardia unía música popular e idealismo combativo y cuyos principios se han ido revelando siempre en tiempos con­vulsos. Unas veces frontalmente enfrentados, en su patriotismo de izquierdas, a las políticas expansionistas de los gobiernos republicanos –Nixon y Vietman en 1969, Reagan y El Salva­dor en 1982, las administra­ciones Bush en Iraq–, otras en defensa de pueblos oprimidos (el apartheid sudafricano), y con el recuerdo a aquéllos que lucharon por la justicia.

Charlie Haden & Carla Bley
foto Thomas-Dorn 

El compromiso artístico con el que nació la LMO partía de una colección de canciones extraídas del folclore popular -vinculado a los movimientos sociales- que primero se presentaba y luego desarrollaba en grupo. Los imaginativos arreglos de Carla Bley servían para hilvanar los distintos temas y para canalizar unas intervenciones solistas libres y a la vez ajustadas a un motivo temático acentuado tanto en sus perfiles melódicos como emotivos. El planteamiento es claro e incluso simple en su exposición, de ahí que el resultado de conjunto sorprenda por la expresión de color e intensidad que desprende. Segura y desnuda, la melodía se abre paso al comienzo para luego ir disolviéndose en una atmósfera de turbia fragilidad, aupada por las rotaciones en los instrumentos y con apoyos en una base rítmica reducida al latido doliente del contrabajo.

El sentir popular (de la guitarra) y el revolucionario (el político y el intrínseco al free jazz) se concitaban tanto en el repertorio como en la interpretación en su debut. En la portada, como gesto de manifestación bajo un lema, aparecen todos los músicos de la orquesta flanqueados por Carla Bley y Charlie Haden. Ellos son quienes sostienen en sus manos la pancarta con el nombre de la banda, metáfora, antes que pose fotográfica, sobre los pilares de estructura y concepto en los que recae la creación. Don Cherry también aparece en una posición destacada, sentado y tocando dos flautas. 


Esta de la izquierda era la imagen del disco fundacional (renovada en 2005 para Not in our name, a la derecha) con título homónimo Liberation Music Orchestra (Impulse!, 1969), trabajo dividido en dos partes que tendría como eje de inspiración las can­ciones de los milicianos republicanos.

La banda fundacional la componían Perry Robinson (clarinete), Gato Barbieri (saxo tenor, clarinete), Dewey Redman (saxo trnot y alto), Don Cherry (trompeta, flautas), Mike Mantler (trompeta), Roswell Rudd (trombón), Bob Northern (corneta, percusión), Paul Motian (batería), Howard Johnson (tuba), Sam Brown (guitarra), Carla Bley (piano) y Charlie Haden (contrabajo). Con este formato se aseguraba la funcionalidad y energía de los grupos de mediano tamaño de los sesenta, así como la naturalización del sonido de una banda popular.



FUNDACIÓN LIBERATION MUSIC ORCHESTRA

Una bella introducción de Carla Bley, a ritmo marcial lento y sentido, condensa la emoción venidera impregnada de sentir popular. Ella misma al piano conduce la transición hacia el pulso firme de Song of the United Front, marcha enardecida primero y luego matizada. Con las brigadas internacionales se introdujeron no pocas canciones de distinta procedencia. Gran parte de estas fuerzas  contaban con el apoyo soviético y se nutrían de personas que ya habían padecido la persecución fascista en Alemania e Italia. Hanns Eisler, con quien colaboró Bertolt Brecht en la letra de Song of the United Front, fue uno de los autores “importados” a cuya música se añadirían textos adaptados para La Marcha del Quinto Regimiento o La Komintern (himno de la internacional comunista).


El apartado español comienza justo después con un solo de guitarra aflamencado de Sam Brown. La melodía popular entra rotunda y el contagioso balanceo del Vito, Vito se ejecuta con un envidiable sabor hispano. Mientras, la trompeta solista de Don Cherry empieza a desmarcarse de la cadencia de vals colectiva para emprender un viaje insospechado acompañada por piano, bajo y batería. El camino se ve salpicado de adiciones mínimas y puntuales que van  acumulando tensión y presencia hasta liberar espacio, señalado por Don Cherry en un único motivo aéreo con flautas indias, a la guitarra (ahora con arpegios más veloces y palmas). Ya hemos entrado en las trincheras de la LMO. 

Llegan El quinto Regimiento, Los Cuatro Generales y Viva la Quince Brigada [2]. Las dos primeras coplas son el resultado de adaptar sendas canciones populares añadiendo letras que versaban sobre el conflicto o se situaban en determinados lugares del frente. Este tipo de variaciones letra-música eran muy corrientes. En el caso de El Quinto Regimiento el estribillo se corresponde con ¡Anda, jaleo!, el cual, por su parecido, quedaba unido al célebre Vito, vito, aquí cambiado en su última estrofa por “Con el quinto, quinto, quinto, con el quinto regimiento…”.

Haden se aísla en el contrabajo insistiendo en notas disonantes para apauntar el cambio hacia Los Cuatro Generales, sólo le sigue Motian con descriptivas percusiones metálicas que parecen evocar los aperos de labranza de una tierra de tradición campesina (imagen exterior que se tenía de España en 1936 [3]). El trombón impetuoso de Rudd incita al movimiento desde acentos subterráneos. El cambio se materializada en los metales mayores (tuba, trombón y trompa) y luego se dobla en trompetas y clarinetes; la orquesta se va sumando al canto, con el trombón como impulsor de la disidencia colectiva, antes emprendida por Cherry, y ahora respaldado por un swing abrupto en la base rítmica. 




No sólo Anda, jaleo y el Vito, vito procedían de Andalucía y fueron recopiladas y arregladas por Federico García Lorca, también ése era el caso de Los Cuatro muleros , canción de las milicias populares, que resistieron en Madrid durante diez días, que inspiraría Los Cuatro Generales, dedicada a los sublevados Franco, Sanjurjo, Mola y Queipo de Llano. Quedaba rematada por una copla que describía los escenarios de dicha batalla: “Puente de los Franceses, puente de los Franceses, mamita mía, nadie te pasa. Porque los milicianos, porque los milicianos, mamita mía, qué bien te guardan”. 

Estas coplas surgen como espectros del pasado entre la nube creada por la LMO. Es un recurso por el cual Haden intercalaba, en tiempo real y en medio del despliegue energético del grupo, un pequeño fragmento de la canción original [4]. La orquesta resuelve hacia el silencio deletreando, como puntos suspensivos, los acentos mínimos de la canción. El piano se asoma luego para intercalar frases poéticas, invitando a entrar al saxo de Gato Barbieri con la misma intensidad lírica. Haden toma el arco. Se anuncia de forma tímida, por voces de una grabación añeja, Viva la Quince Brigada.

Brigadas Internacionales

El saxo febril de Gato Barbieri, en su escalada herida, dejará tras de sí una estela lo suficientemente urgente y penetrante, con puntualizaciones alargadas en la trompeta de Cherry, como para colocar al oyente frente al vacío. La tensión es máxima a todos los niveles, la orquesta parece resquebrajarse mientras vuelven a emerger, desde el abismo, voces del pasado…


 “El ejército del Ebro, rumba la rumba la rumba, la. El ejército del Ebro, rumba la rumba la rumba, la, una noche el río pasó, ¡ay Carmela, ay Carmela!”


Con claridad, mientras se apacigua lentamente el saxo de Barbieri, la orquesta va superponiendo la melodía del tema al epicentro free (cuarteto con saxo) de la misma, ya menos abrasivo. Viva la Quince Brigada (en realidad el fragmento extraído del disco corresponde a El Paso del Ebro, ya que las dos canciones tienen la melodía central del ¡Ay, Carmela! pero distinta letra, y donde se decía ¡Ay, Carmela! se pone ¡Ay Manuela!) termina con el pegadizo estribillo y en charanga, con trompeta de plaza de toros y tuba cumplidora. Todo este segmento destila una libertad gozosa y espontánea.

Fallecido dos años antes de la grabación, Haden escribiría en homenaje al comandante cubano Song for Ché, tema vertebrado por el fraseo del bajo. Con éste se abre una segunda parte en la que el compromiso obliga a la autocrítica plasmada, con irónica distracción etílica en el interludio que lo antecede, en Circus 68’, 69’, donde Haden divide a la orquesta en dos bandos que braman sin aparente  ton ni son, como los enfrentados en la convención demócrata de ese año, entre partidarios y detractores (la delegación de California y Nueva York) de la guerra de Vietman.

LA BALADA DE  
LOS CAÍDOS

Pasa el tiempo y la conciencia sigue intac­ta. En The Ballad of the fallen (ECM, 1982-83) Haden incorpora nuevas canciones de la guerra civil y el grupo se regenera mante­niendo el esquema y la función instrumentales, con Cherry, Mantler, Redman, Bley y Motian en sus puestos. Esta vez el punto de mira del escenario político se cierne sobre Reagan y su actitud desestabilizadora en el Salvador[5]



Haden y Bley, acertadamente, deciden que su enfoque debe centrarse en la cultura latina y para ello recuperan temas de la Guerra Civil Española que quedarán hermanados con canciones de otros lugares. Bastante más estructurados y eficaces tanto en su ensamblaje como en las combinaciones de color que en 1969, los arreglos de Carla Bley extienden puentes invisibles entre Els Segadors, The Ballad of the fallen (El Salvador), If you want to write me (Si me quieres escribir), Grandola Vila Morena (Re­volución de los Claveles[6], Portugal) y, después de una transición preclara que anticipa motivos sin citar lo evidente, El Pueblo unido jamás será vencido[7] (Chile). Los solos son menos turbulentos en este segundo encuentro, más claros en su exposición colectiva; el lirismo y el llanto los eleva, la emoción contenida no renuncia a la esperanza de justicia.

Els Segadors, en el original, se marca con claridad y rapidez los tiempos entrecortados del fraseo. El juego polifónico de trompetas, trompa y tuba lo entona la LMO en un tiempo más pausado y desnudo, menos trenzado, alargando los motivos melódicos de las frases. Personalísimo comienzo que con el solo inerme del contrabajo de Haden describe una pérdida, un réquiem. La guitarra de Mick Goodrick releva al bajo y el trombón la secunda con el apoyo de la base rítmica. Entran los saxos doblando la frase anhelante de The Ballad of the Fallen. La guitarra retoma el protagonismo y vuelve a cederlo al trombón de Gary Valente, en bello contraste, y al sutil detalle de pandereta de Motian. El piano da unos apuntes a modo de indicación debajo del trombón. La ruptura se está elaborando, está casi lista. Entran los metales repitiendo al unísono con la percusión una frase corta que tienen la rotundidad de una anunciación. 


El escritor Ernest Hemingway en la Guerra Civil Española

Se hace una breve pausa que permite tomar impulso a…“Si me quieres escribir ya sabes mi paradero, en el frente de Gandesa primera línea de fuego”. La melodía, y sobre todo el mensaje, de Si me quieres escribir (original de la guerra de África de 1920, con distintas versiones dependiendo de las líneas de combate) se abrieron paso en los dos frentes españoles. Alegre, impetuosa, ligera de equipaje, así queda escrita la carta de la LMO. Luego se crea otra fractura y entra la trompeta herida de Don Cherry, que cuenta con el acompañamiento oblicuo de Haden y Motian. Bley ornamenta con acordes repetitivos sobre el registro agudo y desciende disonante, Cherry abraza esos motivos. Poco a poco esas puntualizaciones van cobrando coherencia rítmica. Las flautas incitan al resto de la orquesta. Grandola Vila Morena arranca con entusiasmo y deriva en swing tras la hermosa figura rítmica dejada por el piano, al que siguen las flautas y luego engarza con un espectacular solo de trombón de Valente que termina en una nota abandonada. 



El piano va ahora a desempeñar una función esclarecedora para indicar el camino hacia El pueblo…, será el encargado de extender un puente de belleza preclara e inasible, sostenido por flautas y trompetas flotantes. Carla Bley recupera el lirismo dibujando formas circulares que despejan la pista al solo estilizado y sin vibrato de la trompeta de Mantler: es casi una plegaria en una línea. El entregado saxo de Redman parece rescatarlo justo en el momento más apesadumbrado, encendiendo un quejido de esperanza. El descenso desde la fe del tenor vuelve a poner en primer plano al piano elíptico de Carla Bley. La tuba pisa el enunciado para entonar en convencida soledad la melodía de El Pueblo unido jamás será vencido (Sergio Ortega y Quilapayún). Cuando la banda une sus fuerzas, la victoria parece cercana. El final de este relato de canciones sobrecoge por la emoción arrastrada. Réquiem por los caídos.

La solemnidad insistente y fúnebre de Si­lence (tema largamente versionado por Haden en los 80 en distintos grupos) da paso a Too Late, melodía de despedida, casi fúnebre, entre Bley y Haden con apoyo final en coro de la orquesta. Con la guitarra españolizada de Mick  Goodrick empieza La Pasionaria[8] , la aportación de Haden a la lista de canciones españolas. Dice el autor: “este tema está dedicado a Dolores Ibarruri, la Pasionaria, quien durante la Guerra Civil española alentó la defensa de la II República contra el fascismo bajo el lema “No pasarán”[9]. La intención con la que reformulaba los temas populares españoles se pone de manifiesto en esta composición propia agraciada por todos los ingredientes folklóricos que se le podrían pedir. 

El método con el que desintegraba los perfiles melódicos, ahora introducido por Redman en el lugar de Barbieri, se concebía comprimiendo el mensaje instrumental en formato cuarteto con saxo tenor, para desembocar en la voz insatisfecha y solitaria del contrabajo trenzando dos líneas melódicas a la vez. La Santa Espina (himno nacionalista catalán prohibido en 1924) completa el reperto­rio y cierra el disco con el entusiasmo inicial que caracteriza a esta sardana. Género popular que, no por casualidad, invita a Jim Pepper a dirigir el solo central del [10] tema al saxo soprano. Con todo, el tiempo se ralentiza alargando las frases, lo que convierte a la positiva sardana en un réquiem que se quiebra con la entrada de la trompeta de Cherry, mientras el resto de metales emite planos en diferentes registros. La balada de los caídos, obra monumental que rezuma tristeza, esperanza y revelación.



El registro en directo The Montreal Tapes (Verve, 1999), perteneciente a las jornadas que el festival de dicha ciudad dedicó a Charlie Haden entre el 30 de junio y el 8 de julio de 1989, refleja el momento de transición conceptual y de miembros que vive la banda justo al cumplir 20 años. Joe Lovano, Tom Harrell, Ray Anderson o Gari Allen son algunas de las más destacadas incorporaciones. El solo de Lovano marca el discurso del único tema del repertorio que nos ocupa: La Pasionaria. En esos años de finales de los 80 la LMO centró también su mirada en un régimen que se resquebrajaba, el del Apartheid sudafricano, el himno del Congreso Nacional  Africano de Nelson Mandela, Kosi sikeleli Afrika, protagoniza el disco The Dream Keeper, pero esa es otra trinchera...



Notas + vídeos




[1] La LMO volvía renovada para señalar la política de George Bush recuperando a Carla Bley tras veinte años de ausencia y con un repertorio confeccionado (e influido por el disco de ella Looking for America) desde tres perspectivas. Primera: acentuando la tradición afro­americana. Segunda: manteniendo el referente de Ornet­te Coleman. Tercera: se incorpo­ran “nuevos estándares” para la causa popular de Metheny, Frisell y Samuel Barber. El 2 de noviembre de 2008, conocida la victoria de Obama, la LMO actuó en la Bahía de San Francisco, en el Herbst Theatre, muy cerca de donde los veteranos, parientes y amigos de la Brigada Lincoln siguen celebrando su cena anual.

[2] La Quince Brigada se formó en Albacete, el 9 de febrero de 1937.

[3] Con una imagen rural da comienzo uno de los documentos más representativos de la visión externa (e intelectual) del conflicto y de la sociedad. Tierra de España (1937), dirigida por Joris Ivens, contaba con el guión de Ernest Hemingway y la colaboración de John Dos Passos. La música estaba inspirada en canciones populares arregladas por Rodolfo Halffter. Bajo el título Los campesinos se entonaba la siguiente letra: “Somos los campesinos, hoy somos los soldados. ¡Adelante! Gritan nuestros fusiles, gritan nuestros arados. ¡Adelante!”

[4] Charlie Haden se siente orgulloso de su impresionante colección de discos, sobre todo de rarezas antiguas. Este tipo de insertos con canciones españolas no se repetirían. En un contexto distinto, con su Quartet West, en Always say goodbye por ejemplo, sí volvería a hacer uso de este recurso.

[5] The Ballad of the fallen lleva por subtítulo Milonga para un fusilado, título basado en un poema encontrado en el bolsillo de un estudiante asesinado en la universidad de San Salvador.

[6] Durante el último concierto de la gira europea de 1971 con el cuarteto de Ornette Coleman, Charlie Haden fue arrestado y encerrado en prisión por dedicar Song for Ché a los movimientos negros para la liberación de Mozambique, Guinea-Bissau y Angola. Portugal entonces vivía en una dictadura que caería con la Revolución de los Claveles en 1974. Grandola Vila Morena fue la canción que señalaba el inicio de la rebelión militar contra el gobierno.

[7]Frederic Rzewski realizó unas deslumbrantes variaciones a piano sobre el tema chileno a mediados de los 70. Autor comprometido políticamente, fue miembro, como Steve Lacy, del grupo Musica Elettronica Viva (MEV), creado en Roma en 1966.

(8) Responde Don Cherry a la pregunta de si había observado alguna vez una actitud de enfado o de indiferencia en el país de donde procedía la música que tocaba. “Sí, sí, en España con la LMO (no dice fecha pero debe ser antes esta declaración, que es de 1983). La gente se incomodaba, paría querer decir: estamos hartos de escuchar esta mierda, hemos venido a escuchar jazz”. La LMO interpretaría por última vez en España el medley central de este disco, más La Pasionaria, en el festival de San Sebastián de 1994.

(9) Procede del “No passereu!” entonado por el ejército francés contra los alemanes en 1918, introducido luego por los voluntarios españoles que combatieron en la Gran Guerra.





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