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28 septiembre 2015

ANTONIO LIZANA ENTREVISTA- Quimeras del mar


Antonio Lizana


Mares de fantasía  y memoria

En los últimos meses ha recorrido varias veces la península con parada especial en un importante festival de la República Checa. El nuevo jazz flamenco, con  el peso de la tradición que supone nacer en San Fernando y también con el de los arreglos más imaginativos, tienen en el cantaor y saxofonista Antonio Lizana a la figura más estimulante de un estilo que sigue evolucionando. El 2 de octubre publica “Quimeras del Mar”, segundo trabajo en disco que llega acompañado de una semana de conciertos que empiezan hoy en el histórico Café Central de Madrid, ciudad donde ahora reside 


Texto y fotos Jesús Gonzalo 
excepto los directos en Ronda, por Luis Alvarado


Muy cerca del Café Central está su piso. Quedamos allí para realizar esta entrevista. Antonio sigue teniendo el mismo trato cercano y cálido que cuando le conocí hace años en Chiclana, a donde llegue desde los Pueblos Blancos de la serranía de Cádiz para encontrarme con él. Era noche de Jazzambombá, como se le llama a interpretar  villancicos entreverados de jazz y flamenco. Lizana acababa de terminar sus estudios en Musikene (San Sebastián) y ya había visitado por primera vez el “Nueva York latino” invitado por la orquesta de Arturo O`Farrill, mientras colaboraba aquí en Madrid con otra orquesta, la Afrodisian. Hablamos esa noche navideña de música, de celebrados saxofonistas como Perico Sambeat o Jan Garbarek, de jazz flamenco... Me dijo, bastante seguro de sí para alguien tan joven, que su “jazz flamenco” era distinto al de los demás, porque él, además de saxofonista, es cantaor.

“Yo en realidad empecé con el flamenco siendo niño, pero viví de manera muy individual mi condición de músico de jazz y al mismo tiempo flamenco. Ni siquiera en mi grupo se daba eso…Era un rollo espiritual…parecía un poco como un ermitaño... Y creo que esto mismo es lo que da personalidad a mi sonido, precisamente la unión de esas dos voces, la del saxo y la del cantaor”.


Aquella noche navideña entendí que Lizana tenía ya entonces tablas de sobra. El trabajo realizado en los últimos años - y éste ha sido vertiginoso- parece haberle dado una pátina de madurez que, no obstante, se funde con su contagiosa sonrisa y con una serenidad de ánimo que se agradece. La veloz vida de la capital y los continuos viajes por compromisos, como el exitoso que recogió TVE en el festival de San Javier o el señalado que le unió sobre un escenario en Ronda el pasado julio al grupo Gabacho Maroconnection, proyecto internacional al que pertenece y con el que no para de viajar, no parecen haberle hecho mella en su carácter abierto y tranquilo.

                                            

Uno se imagina, entre el intenso sabor a mar que deja al descubierto el mar cuando se retira de la Bahía de San Fernando, a un chaval atraído por el sonido expansivo y espiritual de John Coltrane y al mismo tiempo escuchando al cruzar la esquina la voz desgarrada de ese gran renovador del flamenco que fue el Camarón de la Isla, de su isla... Era una cuestión de tiempo lo que sucedería poco después de aquella noche navideña. Lizana salió de su entorno andaluz y fue artista revelación de la muestra Jazzeñe en 2014 y Grammy ese año al mejor disco de latin-jazz por su participación en el disco The offense of the drum de Arturo O`Farrill.

“Me di cuenta que en mi entorno poca gente podía seguirme en los dos estilos, que tocaran standards y controlaran el tema de la improvisación y al mismo tiempo los palos flamencos. Estaba Chano, pero de mi generación y en ese entorno no había. O estaban en una orilla, o en otra o su acercamiento era pasajero. Desde que salí de Cádiz y me vine a Madrid he encontrado a gente como Pablo Martín Caminero o José María Pedraza (El Petaca) y otros con los que es enormemente fácil que suceda. Esto  me llena de alegría y espero surjan proyectos”.



Portada y contraportada inspirada en Cádiz de Quimeras del Mar, trabajo que se publica el 2 de octubre

La producción de este Quimeras del Mar, en sonido y como producto, es bastante mejor que la del anterior. 10 temas originales lo definen. La portada es una acuarela que hace descansar la vista y volar la mente. Una invitación a realizar un viaje al Sur, frente al océano…

“No sé por qué pero me atraía que tuviera agua el disco. La verdad, no sabría explicarlo...En la portada se va a ver como un mar de fantasía, es algo como surrealista El disco, siguiendo un poco el recorrido por los elementos, toma el nombre de una balada que se anuncia como olas que van llegando a la Bahía. Pensé que tratándose de una balada que podría pasar desapercibida, fuera ella la que diera la identidad y el título Quimeras del mar  

Un momento para el recuerdo. Cita en el Sherry Jazz Festival, octubre de 2013 en Jerez, 400 personas no paran de pedir más y más temas tras el bis final. Creo recordar que llegaste a vender 50 y tantos discos de De viento esa tarde. Aún hay jerezanos que me recuerdan ese día. ¿Qué diferencias encuentras entre tu primer trabajo, que ha adquirido “solera” en multitud de conciertos desde que se publicó en 2012 y éste Quimeras del Mar?

“Creo que en el anterior algo estaba naciendo, y se me acumulaban ideas, los estilos, las influencias. Aquí apuesto más por palos flamencos. Si hay algo que distinga a mi anterior trabajo de éste creo que es un poco lo que te decía antes de mis dos facetas como músico. Para Quimeras del Mar, durante este tiempo de maduración y espera que ha tenido hasta su publicación, he estudiado mucho cante y palos flamencos. He metido palos que no había en el De viento, son palos más complejos. Por ejemplo, las seguirillas me daban mucho respeto enfrentarme a ese reto. Hay una mayor apuesta por el flamenco, por lo jondo y como cantaor, pero también hay una apuesta por sacarlo un poco del purismo y de la delimitación por ejemplo de los tiempos…uso improvisación en 7 hay un 10. Intento llevarlo más allá de las barreras que delimitan los palos. Eso me motiva a ir más allá…”


De izda-dcha Jose Mawi “de Cái”(baile y cante),  Adriano Lozano (guitarra flamenca), Marcos Salcines (piano y teclado), Antonio Lizana (saxo alto, soprano y cante), Vincent Thomas (batería), Tanasu Santana (bajo elec.) y Epi Pacheco (percusión)

El grupo que acompaña a Lizana estrenando su nuevo disco lleva funcionando desde hace tiempo, tras pasar por importantes escenarios con el anterior De Viento. Su directo más que un concierto es un vibrante espectáculo donde tiene cabida cante, baile e improvisación en igual proporción de expresión e intensidad colectiva. El conjunto lo integran músicos fieles que comparten amistad y trabajo desde su época de estudios en Musikene.

 “Con el grupo llevamos como 5 años tocando. Con De Viento eran meses lo que llevamos juntos. Ahora para Quimeras del mar, tras todo este rodaje, he escrito dirigiéndome a los puntos fuertes del grupo, a las cualidades personales de cada miembro".

La música se hace más fluida, hay más libertad y a la vez precisión…

“Claro, después de tanto tiempo tocando juntos, el grupo está muy compenetrado. No tienes que preocuparte de lo que hace el otro, no hay miedo al silencio, todo el mundo confía, es lo que hace que el grupo esté maduro. Puedes estar concentrado en los detalles que pone uno u otro…algo muy abierto…algo que da fuerza…Es como si yo estoy cantando una seguirilla y ellos detrás empujando como si fuera el grupo de Coltrane, le da una amplitud…suena super orgánico”

El tema de Coltrane viene al caso, puesto que si sus temas eran como oraciones que crecían desprendiendo espiritualidad, los tuyos también envían un mensaje de humanidad, de apertura de mente…

“Me motiva mucho encontrar una vía espiritual…Cuando la gente está tocando, me gusta mucho invitar al trance, a la repetición. La música de raíz lo tiene”.



El grupo que protagonizaba el anterior trabajo repite en Quimeras de Mar. Un conjunto con base jazzistica de quinteto con percusión que se reunió en los tiempos de formación en la escuela donostiarra Musikene. Más tarde fue incorporando elementos propios del flamenco como guitarra, bailaor, coros y palmas 

Algo más que un concierto 


¿Y en qué momento metes las letras?

“Primero tengo la música, la armonía...A lo mejor estoy ensayando un tema nuevo con el grupo y me sale Na nai na nana, na na ná. Y me digo, ese na nai na tiene que desaparecer, y me pongo a buscar la letra que refleje lo que quiero decir y también la estética para que la letra suene flamenca...Cuando usas palabras te metes en los sinónimos y tienes mil, pero sólo uno suena flamenco. Para que se funda con la música y también tenga garra, si lo piensas, no hay tantas opciones a elegir. Normalmente escribo la letra después de la música. Y cuando lo hago no fuerzo nada, ningún tema. Me cuesta mucho imaginar una situación que no siento, no puedo hablar del desamor si estoy bien con mi pareja, por ejemplo. En ese momento en que escribo reflejo lo que siento. Es como una terapia personal de lo que siento, si estoy con ansiedad o estoy contento”.

Antonio Lizana regalando "airegrías" de Cái



“Cuando me pongo a escribir necesito dejar un hueco al silencio, a la meditación, dejar a un lado el ruido, la ciudad...”


Me gusta abrir el disco con Puerta de la Luna, un ramillete de notas del piano en círculo hacen que te entregues al solo de saxo que le sigue. Las olas llegan hasta nuestra orilla. Un mensaje y cambio al bajo de Tana Santana nos recuerda al músico Avishai Cohen.

La Ilusión de Volver suena a rumba pero uno nunca está seguro si siempre fue bulería por soleá cuando surgen percusiones magrebíes y saxo soprano. Es un tema que podría haberse inspirado en Tarifa viendo a Tánger enfrente. Algo moro –no olvidemos su pertenencia al grupo Gabacho Maroconnection- tiene también el enfoque dado a Seguirijazz, que empieza con bellos arpegios de guitarra. Es un título que encierra la solemnidad del cante jondo y el religioso. Título que a mitad se tuerce, en idea con vuelta, hacia el jazz con soprano o piano haciendo bueno el juego de palabras.

Con Seguirijazz son Soléa de Paco y Raudales de alegrías mis temas favoritos, aquí se da un trabajo de engranaje complejo y vistoso que une varios temas motivos dentro del mismo tema a través de unos geniales arreglos, imaginativos y sólidos.
  
Epi Pacheco, percusión

“Qué pasa Epi, te veo un poco… ali-ca-í-do. Na, Antonio, que creo que me falta algo…Y eso picha? Creo que tengo ahí una cosa que no me deja…A mi me gustaría saber de volar…De volar?...Sí, me gustaría saber volar, no lo pueo evitar…Ofú, Epi, eso ahora mismo está complicao…Pue venga, despegamos a poquito a poco…Ay…ay…”

Esta nota humorística sirve de introducción a Volar, tema, junto a Déjate sentir, que ya venía funcionando en vídeo como anticipo y formando parte del repertorio en directo.

“Volaaar, quieren volaaar, todos los sueños en las madrugá… Volá, volá, volán quieren volaaa, todos los sueños en la madrugá…”

Estos cantes, pues su esqueleto es flamenco, son piezas más populares y contagiosas que conectan con el mensaje que definía el disco anterior De Viento. ¿Hay algún orden en la lista de los temas? ¿Se intenta contar una historia con ese orden?

“Pues mira, a mi me gustan los discos configurados sobre una historia, pero aquí no se dio esta necesidad ya que cada tema es un mundo propio, son experiencias y sensaciones aisladas”.

Mar en calma en Madrid. Una conversación sin prisas, un mensaje sereno que emerge como la última balada del disco. Con ella llegan las últimas palabras. Era la primera vez que coincidíamos lejos de Andalucía, lejos de Cádiz. Su acento y su música, cargada de energía positiva, me devuelven imágenes de la Bahía, con sus sonidos y sus olores que penetran como susurros, convirtiéndose la música en baile, en arena de playa y rumor de olas. Como una quimera que brota del mar.
  






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