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11 mayo 2015

KEN VANDERMARK- Nine days to read a bridge, 50º anniversary box


NINE DAYS TO READ A BRIDGE                             

Ken Vandermark 
(clarinetes y saxos), 
Agustí Fernandez (piano y piano preparado-CD 1), 
Christof Kurzmann 
(electronica y voz-CD2), 
Joe McPhee (trompeta de bolsillo, saxos alto y tenor, clarinet CD-3), 
Joe Morris 
(guitarra eléctrica CD-4), 
Nate Wooley (trompeta CD-5), 
Paul Lytton (batería y percusión CD5), 
John Tilbury (piano CD-6), 
Eddie Prevost (percusión CD-6).


Tríos con Eddie Prévost y John Tilbury, con Paul Lytton y Nate Wooley. 

Dúos con Agustí Fernández, JoeMcPhee, Joe Morris y Christof Kurzmann.
Not Two Records 2014 


La carrera de Ken Vandermark (Warwick, Rhode Island, 1964) dio un cambio significativo desde que se embarcó -y ahí sigue- en una gira interminable sin más acompañantes que sus herramientas de trabajo, aterrizando aquí y allá, coincidiendo en encuentros en directo con unos y otros en ciudades y países que no siempre son noticia. Polonia ha sido uno de los centros creativos  a los que más ha vuelto. Este proyecto fue impulsado por su mayor aliado en Europa ya desde los últimos tiempos de Vandermark 5, el productor de Not Two Records Marek Winiarski y en especial en estas grabaciones Dave Zuchowski. 



Foto: Sasha Lutchenko

Se trata de una caja bellamente editada que recoge en seis discos otros tantos encuentros con destacados improvisadores entre 2013 y 2014. El fin de todo ello es celebrar el 50 cumpleaños del músico, pero también de dejar constancia de esa errancia libre, intensa y creativa.

Ese ir y venir del músico nacido en Boston formado en Toronto y auténtico valedor de la escena de Chicago (con más presencia y que la AACM) trasmite en su agenda un sentimiento de búsqueda y de urgencia. Hoy aquí, mañana allí. Toda esta enorme actividad se desarrolla en contextos que no necesitan de una gran preparación previa, lógicamente. No hay un proyecto sólido y estructurado a todos los niveles como Vandermar 5

Repartido en estos 6 encuentros, nos podemos encontrar con estructura, indicaciones de densidad, de compresión y descompresión, de velocidad, pero, qué duda cabe, las decisiones son instantáneas. Y las toman músicos norteamericanos y europeos. El diálogo no está escrito, por ello las personalidades reunidas, con procedencias y escenas distintas, la británica como referencial en este argumento es una de ellas, deben llegar a un punto de comunicación personal profundo y sincero.  



Repartido en 6 encuentros que dan lugar a otros tantos discos, nos podemos encontrar con estructura e indicaciones creativas, pero las decisiones son instantáneas. Y las toman músicos norteamericanos y europeos

Lo que contienen estos trabajos no es música de fácil acceso, ya digo. Tiene el tono de urgencia y de “cambio de paisaje” de los viajes que afronta sin descanso Vandermark. Es una faceta en la que él es el único vínculo que une esta cadena de diferentes encuentros, con diferentes personalidades, en distintos estados. No esperen encontrar al Vandermark de sus 5, ni al de otros de sus grupos. No. Es un creador que, en cierto modo, nos invita a una degustación de muchos Vandermark, abordando toda la gama de saxos y clarinetes. 

Usted, lector, en realidad lo que quiere saber si estos discos merecen la pena. Si esta recopilación de instantes efímeros pero sustanciales merece la pena. Y yo les digo que sí. Que es una comida de seis platos para paladares que sepan degustar del instante, de introducirse en ellos. Y que sí, que esto lleva su tiempo. La recompensa depende del trazo más creativo, abierto y también riguroso –cuidado- de la frontera más radical y sincera –que puede caer en lo especulativo- del jazz, que es la improvisación libre. Una esfera que aunque parezca despojada de normas, no es ajena al equilibrio de una coherencia establecida sobre el terreno. 



Los que añoramos su obra para grupos como V5, los que entendemos su curiosidad insaciable, le deseamos un 50 cumpleaños feliz, libre e improvisado

Un terreno movedizo pero perfectamente conocido por estos maestros de la improvisación. Si les sirve de algo una apreciación acumulada y contrastada en estos sonidos, les diría que se olviden de las notas. En estos terrenos lo mejor es pensar en texturas, en estructuras cromáticas y sensaciones que se mueven mientras van construyendo un lienzo sin pasado.

Ken Vandermak y Nate Wooley

En estos terrenos lo mejor es pensar en texturas, en estructuras cromáticas y sensaciones que se mueven mientras van construyendo un lienzo sin pasado

Es por eso que prefiero el primero de los discos con Agustí Fernández, en el que a partir de la mitad el tono expresionista y el cuerpo matérico de las texturas “in crescendo” puede conducirte sin verlo a un blues oscuro y lapidario. Si el diálogo cruzado es el canal, el equilibrio basado en la melodía es un error cuando los dúos se suceden con Morris, McPhee y Kurzmann, éste último manejado en un medio electroacústico que roza lo industrial e incluso el techno. 

Me quedo pues con los materiales de “choque” que se expanden como texturas, no como racimos de notas en un entramado atonal de difícil digestión. Me quedo con el dúo  con Fernández, y me quedo con los tríos con Lytton y Wooley, atmósferas de presión. Y el trío con los veteranos Prévost y Tilbury, una fusión brillante entre electroacústica y el legado espacial de Morton Feldman.

Los que añoramos su obra para grupos como V5, los que entendemos su curiosidad insaciable, le deseamos un 50 cumpleaños feliz, libre e improvisado.



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