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12 marzo 2015

KEITH JARRETT- The Köln Concert 40º aniversario


THE KÖLN CONCERT 40º ANIVERSARIO


Una obra maestra inesperada


Compleja pese a encerrar un potencial comunicativo que ha hecho de ella una pieza popular, el Köln Concert maravilla y seduce al mismo tiempo por el equilibrio y la síntesis de estilos que brotan de una creación instantánea. Momento crucial en la carrera del músico y de ECM, pudo haber sido un concierto más dentro de la gira que realizó a principios de 1975, pero una serie de circunstancias se aliaron esa noche con el genio creativo. 

Keith Jarrett (Pensilvania, 8 de mayo de 1945) es de esa clase de músicos superlativos acostumbrados a que se les exija el máximo. Esto sucedió hasta que contrajo el síndrome de fatiga crónica, enfermedad que humanizó la imagen, a veces antipática o al menos caprichosa, del genio que es. Ante la asombrosa capacidad creativa que acumula un legado que este aniversario de esta obra invita a recuperar, los factores de superación y novedad han sido moneda corriente en su universo sonoro. Echando la vista atrás, en ese universo resulta decisivo la apertura y síntesis de lenguajes canalizados a través de la improvisación como “compositor espontáneo”. Es éste el término que el autor elige para definir su nivel de implicación en los conciertos en solitario. Un riguroso y agotador ejercicio de “autoconocimiento” en el que se vinculan de manera fluida inventiva y composición, creatividad y estructura.

Yo siempre he tocado para mi, para ese oyente que se sienta frente al piano. Esa persona ha escuchado todos mis conciertos, y siempre ha soñado con volar”

El más célebre de toda esa pléyade de conciertos cumple 40 años; para ser exactos lo hizo el pasado 24 de enero. Obra capital en la historia de la música contemporánea convertida en clásico popular, fue fruto “extraño” dentro un recorrido de exploración creativa en solitario que ya por entonces sumaba unos 50 recitales a piano solo, contando los de Bremen y París de esa misma gira, citas, sobre todo en el caso de la primera, que guardan similitudes con éste de Colonia.

La característica que más le define es su carácter comunicativo, el mismo que le ha permitido llegar a un público masivo. Es un clásico popular contemporáneo y ello se debe a la personalidad infatigable y curiosa de su autor, o lo que Goethe dejó dicho al describir la necesidad creativa del genio como “pubertad recurrente”. El Köln Concert tiene, en ese sentido, una actitud definitivamente pop. Contiene el espíritu del blues, la memoria colectiva de los standards y la tradición tonal de la música clásica, se construye sobre la improvisación absoluta y se organiza como si de una pieza escrita se tratara.



Un músico de jazz en el teatro de la ópera

Creación consecuente con un principio o causa mayor en el arte del jazz de “no repetirse”, el Köln Concert supone una nueva visión del recital de piano. Un reto que destila las esencias propias del jazz y de la música clásica con la intervención de elementos que en la actualidad situaríamos en terrenos del pop debido a la conjunción de melodías breves y secuencias rítmicas repetitivas. Si bien hoy estas figuras están asumidas por el oído colectivo, hay que situarse en 1975 frente al cartel, con el nombre de un joven músico de menos de 30 años con pelo a lo afro, que tocó en el grupo eléctrico del extravagante Miles Davis en 1970, que lo iba a hacer a piano solo en el gran Teatro de la Ópera de Colonia y que, posiblemente y para el desconcierto del aficionado clásico (luego llegarían sus aplaudidas lecturas de Bach, Händel, Mozart y Shostakovich), se trataba de un espectáculo absolutamente improvisado.

Fui forzado a tocar ese piano y lo hice de una manera nueva, de acuerdo a sus cualidades”

Jarrett llega al hotel en Colonia en coche, un R4 de aquella época. Le acompaña Manfred Eicher, el visionario productor que en esa época intentaba consolidar su proyecto: el sello discográfico ECM. El pianista, por razones que atañen a la incomodidad de una gira en coche por toda Europa, no había dormido en las 24 horas previas. Tampoco descansa antes de la prueba de sonido. Llega a recogerle el promotor del concierto. Lo hace en un Rolls-Royce. En el camino hasta el destino le asaltan algunos interrogantes debido al tratamiento de “estrella” que le ofrecen. Al llegar comprueba que se encuentra frente a un Bösendorfe de un tamaño no apropiado y que sonaba algo parecido a un clave o a un teclado eléctrico. ¿Se puede cambiar el piano? No, el proveedor de los mismos ya se ha marchado…

El timbre es la frontera del sonido que el siglo XX conquista en la música contemporánea. Y Jarrett, desde el jazz, la asume como propia y la lleva más allá. El Köln Concert, dada la especificidad del Bösendorfe que le tocó esa noche, es una experiencia de adaptación por color instrumental.



De Miles a ECM

Corrían finales de los años 60. Jarrett formaba parte del cuarteto de Charles Lloyd pero había ido a París a presentarse a trío. Por entonces ya había formado uno junto a Paul Motian y Charlie Haden en el que indagaba terrenos de improvisación libre que “no han sido suficientemente bien recogidos en disco”. Allí, en París, en Le Caméléon, un pequeño, oscuro y anodino local situado al lado del Sena, tocó una noche acompañado de Aldo Romano y J.F. Jenny-Clark. El escenario estaba en la planta de abajo. El espacio era mínimo y el piano de pared “horroroso”...De pronto entró Miles Davis con su quinteto, que andaban por la ciudad. La sala era tan pequeña que con su presencia se llenó. Al final del primer pase, Miles se acerca y le dice:

-¿Cómo lo haces?
-¿El qué? 
-Tocar de la nada. 
-No lo sé, lo hago. Ya está.

Esa noche no era tanto improvisación libre lo que se ofreció, reconoce el pianista, como algo "muy free". Es decir, Jarrett ya en esa época había introducido elementos de creación instantánea. Pero no sería hasta sus recitales a piano solo cuando la combinación de improvisación y composición espontáneas madurarían.

El improvisador ha de crear una cantidad importante de contenidos sobre la marcha. El compositor azuza al improvisador (y viceversa), al tiempo que el tipo que está sentado al piano presta atención al conjunto mientras comprueba las funciones vitales...La figura del compositor espontáneo es algo más complejo y se sitúa ligeramente por encima del improvisador”

Jarrett llega a un sello como el alemán cuya primera referencia en catálogo es un disco a piano solo: Mal Waldron Free at Last (1969). Luego llegarían en este formato el influyente de Paul Bley Open to Love (1972) y el suyo de ese mismo año Facing You. La multitud de facetas que va a desarrollar el autor en ECM, desconocidas hasta entonces para cualquier músico de jazz, fueron posibles por la mentalidad creativa que la discográfica iba a favorecer y asentar como criterio estético en toda la década de los 70. Una búsqueda que permitía a los creadores de mente y cualidades abiertas un punto de encuentro entre la improvisación y el jazz, la música de cámara y las músicas de raíz folk, todo ello en un planteamiento acústico aunque usaran tecnología punta en los estudios de grabación. 

La alianza entre Jarrett y Manfred Eicher, sentado a su derecha en la entrega de los premios NEA Jazz Masters Awards que el pianista recogió en enero de 2014, continúa. Eicher recuerda sobre el día siguiente a Colonia de este modo: "Viajando él y yo en coche  hacia otra ciudad alemana, escuchamos las primeras cintas de la noche anterior e inmediatamente fue evidente que esa grabación tenía algo muy especial. Pero nada me hizo pensar que venderiamos más de 5 millones de copias... Y esa cifra no sólo consolidó al sello sino que permitió apoyar esa década otros muchos proyectos de artistas que hoy son referentes".



"Creo que nadie puede crecer sin una cierta continuidad”


Una obra insólita

¿Qué músico de jazz había titulado hasta entonces un concierto dividiéndolo en partes?

Parte I.     26.15
Parte II a.15.00
                    b.19.19
                    c.  6.59
                  _____
                   67.34

Esta experiencia registrada forma parte de un diálogo abierto que, como decíamos, el músico venía haciendo. Carece de modos de improvisación al uso en el jazz o en la música clásica, no suena a Oscar Peterson o a Mozart (si tuviéramos registro de sus improvisaciones). Tampoco es, dado el carácter y la intensidad con la que vive la música el autor, una obra sobria, austera o preñada de silencios. La más concisa, causa de su mal de fatiga crónica, fue The Melody at night with you, lista de canciones de duración breve. Es, en contenido y estructura, una música deslumbrante y estilizadamente barroca, que hace posible al oyente situarse en varios estados de percepción.

Cuando escucho The Köln Concert encuentro pasajes en los que podemos dejar volar la imaginación, con la seguridad de que cuando volvamos a prestar atención no nos habremos perdido nada”


Hagan la prueba, salgan a dar un paseo en un entorno urbano o natural con este disco sonando en los auriculares. Déjense llevar por la música mientras caminan y observan el paisaje cambiante que les sale al paso. Inténtenlo, Nani Moretti lo hizo en 
Caro Diario (1993), película semiautobiográfica que, como el concierto en Colonia de Jarrett, también está dividida en partes trenzadas por hilos de memoria o subsconciencia. El director y actor italiano viajaba en vespa por Roma con esta música en su primer bloque narrativo, mientras se le cruzaban pensamientos y reflexiones  sobre lo que iba viendo. Atento y distraído, contemplativo y a la deriva a la vez, el paso de un lugar a otro viene dado por una exposición como de punto y seguido entre las partes. Esto mismo le ocurre a las Variaciones Goldberg de Bach, si lo prefieren en la magistral interpretación  de alguien con el que se puede comparar a nuestro protagonista por genio y manías: Glenn Gould.


El Köln Concert es acaso, hasta llegar al reciente en Rio (2011),  el recital que más regocijo y alegría trasmite. Asombra el sentido interno y exuberante del ritmo, la expresión y color combinados con veloces ataques, esa respiración religiosa y festiva del gospel, la colocación de acordes repetitivos (el minimalismo había madurado con obras como Piano Phase de Steve Reich, que publicaría tres de sus títulos fundamentales de los 70 en ECM tres años después) y también de los más meditativos, conjugando fraseos bluesy en espacios bucólicos. Jarrett, que defiende la idea de que la música no puede expresarse en palabras, apunta un elemento quizá más determinante que éstas, una especie de fórmula infalible para un buen concierto en solitario: estar agotado…

Creo que nunca estuve más cansado ni más confuso, tenía entre mis manos un instrumento espantoso... Y, sin embargo, ¡tal vez haya sido el mejor concierto de mi carrera!”

Pese a la oposición de Jarrett a transcribir nota a nota el concierto, “es la obra de una noche que se desvanece con la misma velocidad que apareció”, en 1991 dos acérrimos seguidores japoneses –de dónde si no- se atrevieron a hacerlo. Por su carácter improvisado, por lo especial que era el instrumento y por la imposibilidad de recoger todos los matices en notas, esta pieza, aunque un insensato lo haya intentado y publicado en vídeo, jamás sonará así. Puestos a clonar, ya comprobamos lo que hicieron el año pasado los iconoclastas de Mostly Other People Do The Killing (que parodiaron este concierto de Jarrett en la portada de su Coimbra Concert) con Kind Of blue. Al menos ésta tenía algo escrito…

Universo en expansión...

¿Es la belleza un bien inagotable? ¿Hasta cuándo puede transformarse sin ser monótona? ¿Cuáles son los límites regeneradores del discurso de un creador?

Hay que ofrecer al público curas de desintoxicación del Köln Concert




Antes lanzadera que centro de gravedad de un caudal productivo que ya venía siendo registrado en los conciertos de 1973 en Bremen y Lausana, su onda expansiva inmediata, sin extendernos, llegaría a la visionaria y “autista” aventura al órgano en 
Hymns/Spheres (1976); también con Arbour Zena (1975) abarcó el formato orquestal y composiciones propias con Charlie Haden y Jan Garbarek, despidiendo una alianza a cuarteto, el americano, y anunciando otra tres años después en My Song; y qué decir de los monumentales, más abiertos y atonales, Sun Bear Concerts desde Japón (1978).

Los recitales en solitario se han repartido por toda su carrera. Tendrían, luego, continuidad en Europa con los de Bregenz y Munich (1981). En 1980 se sumergió en el mundo religioso de Gurdjeff en Sacred Hymns, anuncio del territorio de compositores “del telón de acero” que ECM abarcaría en sus New Series esa década con el famoso y cinematográfico Fratres de Arvo Pärt, en el que tocaba el piano junto Gidon Kremer. En solitario, en una aventura “tribal” llevada al estudio de grabación, con Spirits (1985) puso fin a su etapa como multiinstrumentista. En 1983, con Changes  echó a andar el Standard Trio.

Pero esa es otra historia…


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