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05 marzo 2015

DAVID VIRELLES-Mbókò


David Virelles (piano), Thomas Morgan y Robert Hurst (contrabajo), Marcus Gilmore (batería), Román Díaz (biankoméko).
 Grabado en diciembre de 2013 en Nueva York. 
ECM Records


La música cubana no forma parte del catálogo de ECM. Virelles se introdujo en la discográfica alemana por su participación en el disco Wilsawa del Tomasz Stanko New York Quartet y ese mismo año 2013 en The Sirens de Chris Potter. En su anterior trabajo Continuum (Pi Recordings 2012) nos invitaba a un viaje abigarrado y exuberante por el mundo de la santería cubana a través de un uso del sonido preñado de simbología tribalista.
"Los Indiobones que llegaron a Cuba traían el recuerdo de la Voz en su Mente y formaron Efik Butón"
Es justamente esa recuperación de la memoria colectiva de los ancestros, en contraste con un enfoque musical moderno, lo que nos retrotrae al choque cultural que supuso el sincretismo afro-colonial. Unas breves y enigmáticas notas apuntan la singularidad antropológica que le inspira.


Hace bien el músico en no dar muchas más pistas, manteniendo así los secretos de una tradición cuyos códigos pervivían dispersos entre sectas y ceremonias ocultas hasta la unificación de "liturgias" en la Regla de Rocha de 1936. Los indiobones eran los jefes supremos de un grupo étnico de esclavos traídos desde África. En esa frase, que contiene los términos Efik y Butón, podemos buscar algunas repuestas. Los éfik introdujeron los cantos abakuá entre 1821-1860 a través de sociedades secretas que se reunían en "juegos de barrio": butón

De hecho el titulo del disco, Mbókò, significa "la voz" como "fundamento" en la cultura abakuá. Esclavos llegados a Cuba precedentes de distintos lugares y por tanto distintas etnias Llegaron de tierras del valle del Níger (los carabalíes, recordar el clásico Bruca Maniguá de Arsenio Rodríguez),  de Costa de Marfil, de la llamada Costa de Oro o simplemente Costa de los Esclavos. También de la cuenca del río Congo, los llamados congos. La unificación lingüística se materializó en el yoruba, que pertenecía al grupo social más numeroso - del mismo nombre-, venían de Togo y Guinea y respondían al término Lucumí.



Toda esta riqueza cultural y geográfica aquí apenas esbozada nos sirve para desplegar el frondoso mundo de los Orishas, deidades de los esclavos traídas de África que conectaban la naturaleza y los ancestros al mismo tiempo hacían pervivir sus orígenes politeístas dentro del cristianismo imperante. En sus ceremonias, entendimiento y emociones -llevadas al trance por repetición e intensidad creciente del ritmo- quedan sujetas a la intervención de unos códigos y unos ritos en los que la música y sobre todo los tambores juegan un papel fundamental.

Como Jarrett adivinó ha pintar en ideogramas para su lejano y en cierto modo primitivista Spirits (1985), tres décadas más tarde y con un grupo que dobla contrabajos y añade percusión a batería, David Virelles nos ofrece en este disco, subtitulado "Música sagrada para piano", un caleidoscopio sonoro del afrocubanismo, que profundiza en su identidad sincrética y la lleva a un nivel de percepción trascendiendo el mensaje musical en oración. Aquí no sólo es la percusión y las voces quienes invocan al pasado, sino que el grupo como colectivo forja un lenguaje de hoy en el que armonía, percusión  y espacio trazan un escenario suntuoso y telúrico. de dioses y hombres.

Si uno deja volar la imaginación y penetra en este ritual renovado que nos propone, puede sentir la influencia de Oyá, el orisha del viento, de Obatalá, el creador de la tierra  y escultor del ser humano, o de Yemayá, madre de los hijos de la tierra y hacedora del ritmo. Cuba ya late en el interior de ECM.




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