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26 marzo 2015

ARVO PÄRT-La sobriedad que late



ARVO PÄRT-La sobriedad que late

La relevancia inspiradora en la música del componente religioso ha sido también determinante a lo largo del atribulado siglo XX. Su eco aún nos llega a través de algunas de las mejores partituras de la Música Contemporánea. Ejemplos de incomparable calidad como Le Miroir de Jesus de André Caplet, Eclairs sur làu-delá de Olivier Messiaen, las Composition I-II-II de Galina Ustvolskaya y, claro está, Arvo Pärt. Compositor de la república ex-soviética de Estonia, está considerado como máximo exponente del mal llamado "Minimalismo sacro" , dándose a conocer gracias a ECM antes de la Caída del Muro (1989). 



En los años 70 publica sus primeras piezas. Tras dar un radical giro estético en su música desde el mundo serial por motivos personales, su enfoque se hace más austero y sobrio, más religioso y medieval al inspirarse en la liturgia de la iglesia ortodoxa. Una de esas piezas reveladoras fue la decisiva Tabula Rasa (1977), que más tarde, en 1984, ECM publicaría tras el decidido y aún persistente interés que Manfred Eicher, productor de la discográfica, puso en el autor. Con esta publicación, precisamente, echa a andar su apartado dedicado a música contemporánea en las New Series


Si Garbarek y Jarrett han sido durante mucho tiempo los buques insignia de las ediciones normales de ECM, es Arvo Pärt, indiscutiblemente, el estandarte que sobresale en las New Series y cuya fundación, en gran medida, se debe a él. Entre la abundante discografía que podemos encontrar en esta escudería, cabe destacar su debut Tabula Rasa (1984, cuatro años después de conseguir emigrar a Viena) y su poema lastimoso, muy cinematografiado, Cantos a la Muerte de Benjamin Britten, Fratres ( Keith Jarrett y Gidon Kremer), en honor al compositor inglés al que nunca, por cierto, llegó a conocer, y posteriormente Te Deum (1993), una obra que se encuentra entre lo mejor de su catálogo (que coincide con aquéllos menos densos) también con el apoyo de este espléndido coro. El prestigioso Hilliard Ensemble ha apoyado la producción de discos de Pärt en varias ocasiones, cuando no, ellos mismos han incorporado en su repertorio a este compositor.

Cierta crítica situó a la obra de Pärt, en el momento más álgido de su reputación, dentro de una escuela de composición que denominaron "minimalismo sacro o místico" 
Al oyente atento, el término minimalismo le conduce a una escena norteamericana de la década de 1960 bien distinta, la de Reich, Young, Riley o Glass. La Tercera Sinfonía del polaco Henryk Górecki (compuesta en 1976 y editada en 1992 en Nonesuch, en versión de la London Sinfonietta dirigida por David Zinman) fue, sin duda, el acontecimiento que dio paso (justo después de la desintegración de la Unión Soviética en 1991) a la difusión definitiva de esta corriente estética y a una música que "como voz del alma" emplea elementos testimoniales de gran dramatismo (el llanto de una madre en los campos de exterminio) y también de fe y liberación. 


La Tercera Sinfonía de Gorécki, acontecimiento mundial en ventas que marca un antes y un después en la música tardosoviética, inspirada en un testimonio sacado de los campos de exterminio


Como sucedía con La Tercera de Górecki,  son muchos los casos, incluido el de Pärt, en los que obras compuestas y raramente estrenadas bajo la incómoda mirada de las autoridades comunistas durante la década de los 70 veían ahora la luz en Occidente. Es por ello, y en Shostakovich tendríamos también un buen ejemplo de censura, que para entender el anhelo dramatizado en su expresión que usan estos autores habría que situar esta creación dentro de una escena tardosoviética que tras el yugo comunista destapa la realidad de unos pueblos entre el dolor, la injusticia y el sufrimiento, pero también reflejando la pervivencia de tradiciones, mitos, folclore y, sobre todo, restituyendo el lugar que la religión, hasta entonces proscrita en los regímenes comunistas, había conservado furtivamente.



   Canon de la Iglesia Ortodoxa Rusa
 San Andrés de Creta

 La deuda con el pasado histórico (la tradición de la música renacentista y sobre todo de la liturgia de la Iglesia Ortodoxa, algo en lo que coincide con el inglés John Tavener en The protecting Veil) y la situación político-geográfica, encuadraría al estonio más cerca de compositores como Sofía Gubaidulina, Silvestrov, Mansurian o Kangeli (rusos o de repúblicas ex-soviéticas como Georgia o Armenia, que también después han publicado profusamante en el sello alemán) que del mensaje repetitivo de los autores estadounidenses antes citados, a los que quizá se alude comparativamente por una expresión temporal de estas obras que se expresan como un continuum cíclico (como la oración del rosario) y en una linealidad estática y meditativa con momentos álgidos de emotividad. Cualidades que pudieran quedar recogidas por su propio método tintinnabuli inspirado en el sonido (tintineante) de las campanas sobre el que parece articularse las tríadas de sus composiciones. 




“El sonido nuevo que estoy continuamente buscando es difícil de conseguir sólo leyendo las partituras” 


Como ya hiciera en Te Deumesta pieza se basa en un canon de arrepentimiento de la Iglesia Ortodoxa Rusa, cuya autoría se le atribuye San Andrés de Creta (660-740), en el que se alude a la frontera que divide el día y la noche, el Viejo y el Nuevo Testamento, el simbolismo entre el viejo hombre – Adan- y el nuevo – Jesús-. El arrepentimiento se muestra como el único camino para alcanzar la perfección salvadora, y el "mar de lágrimas " como el mejor vehículo en el tema de la transformación personal. El tono general del disco está condicionado por esa carga de sumisión y constante arrepentimiento que envuelve por completo las vidas de los pecadores.
                 














La angustia del lamento manifiesta el miedo a la condena tras la muerte. Lo que sí es cierto es que Pärt consigue, por medio de su apasionada desesperación, introducirte en un estado de pesimismo trascendente. El segundo disco es sensiblemente más interesante que el primero, aunque el metraje se hace excesivo por el lastimoso contenido. El coro estonio está, como siempre, a una gran altura, abordando con una suficiencia abrumadora unas partituras ricas, eso sí, en texturas y refinamiento tímbrico.





Respecto a esta pieza, es casi imposible no comparar a Pärt con su compatriota Veljo Tormis: los dos han editado en este mismo sello y han contado con el mismo coro, el excelente Estonian Philharmonic Chamber Choir (en la imagen) dirigido por Tônu Kaljuste. Las repúblicas bálticas, sobre todo Estonia, tienen una mayor conexión con los países nórdicos (Suecia y Finlandia). 

Las comparaciones entre este doble disco con música exclusivamente coral y la apasionante búsqueda a las raíces de los pueblos bálticos y su cántico popular que significa Forgotten peoples (ECM New Series 1459/60) de Tormis nos sitúa ante la disyuntiva de dos tendencias: una mira hacia el este y a la religión ortodoxa y la otra hacia el norte y a la música popular. 

En la película La Grande bellezza, en contraste con el decorado banal que se extiende en la sociedad romana de la superficie, late un sentimiento austero, primitivo y delicado que nos devuelve al autor desde la oración, el canto sereno y profundo que se repite y penetra con "My heart `s in the highlands...









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