INICIO

25 octubre 2014

BATTLE TRANCE- Palace of Wind


BATTLE TRANCE


Palace of Wind

Travis Laplante, Matthew Nelson, Jeremy Viner, Patrick Breiner (saxofones).

La escena post-rock de Chicago en la primera mitad de los 90 unía noise, rock avanzado, free jazz, música electrónica paisajístico-concreta y música de cámara en tiempos lentos y aleatorios inducida por John Cage y Morton Feldman.  Los exponentes más conocidos y celebrados, a nuestor entender, fueron Gastr del Sol (con Jim O`Rourke a la cabeza) y Tortoise. En una mirada al detalle, luego nacieron grupos que se identificaron o desarrollaron más unas corrientes que otras de las citadas. Así por ejemplo, y ya entreando en nombres asociados al jazz, Boxhead Ensemble, donde participó Vandermark se decantó por líneas largas y contemplativas en un enfoque de cámara, Jeff Parker se dedicó al jazz vintage o retro con un uso muy matizado del sonido eléctrico de su guitarra o Fred Lonberg-Holm sorprendió a todos con su hermosa y distendida, nada crispada, trilogía Valentine.

Las influencias post desde Chicago lejos de desvanecerse en el éter que acompaña las múltiples etiquetas del pop, siguio nutriendo a grupos más allá de su área de influencia física y también retroalimentándose de todo ese compendio de estilos antes descrito. El jazz de vanguardia ha tomado buena nota de todo ello y no pocos autores han presentado algunos de los mejores trabajos en ese terreno  -sin dueño experimental- que  conecta el rock progresivo, el free jazz y la música contemporánea.


Battle Trance es un joven cuarteto de saxofones que toma el relevo del histórico de la Costa Oeste Rova Saxophone en un planteamiento en planos suspendidos que ya otros han indagado. Recordar el primer trabajo, en estas páginas recuperado para su última publicación, de Matt Bauder Weary Already on the way (482 music, 2003) y este mismo concepto aislado y ampliado a trío en Memorize The Sky. O, no por excepcional y desconocido menos afín, está el interesantísimo lienzo aéreo de Who Cares how Long you Sink (Lucky Kitchen 025, donde la lista de participantes incluye al propio Bauder, Kyle Bruckmann, Aram Shelton, Jeff Parker o Tim Daisy). Y para terminar, un trabajo que si cabe está más cerca de este Palace of Wind que los anteriores, el del saxofonista y DJ alemán residente en Chicago Boris Hauf, que con su sexteto (incluía a Jason Stein, Keefe Jackson o Frank Rossaly) entregó en Clean Feed Next Delusion.


Palace of Wind, registrado en un sello representante de la disolución de barreras como NNA -engloba a artistas pop electrónicos, experimentales en plan Oval o en la línea de Jon Hassell, noise-rock fronterizo y paisajes sonoros-  es un producto de esta línea argumental que hemos trazado pero sobre todo es fruto de la últimas piezas numéricas de John Cage como Four Fifty-Eight. En suma, estamos ante un tratamiento del sonido en notas extendidas y superpuestas en los límites de la tonalidad, de movimientos y dinámicas lentas. Una construcción en planos que perfila también un sonido granular que desvirtúa la esencia acústica para invitar a una exposición aérea y perturbadora.

Consecuencia de perseguir este flujo y respiraciones alargadas e ingrávidas, en un sonido que combina experiencias de la música de cámara contemporánea, el paisajismo y timbres electrónicos, el jazz aquí se reduce a cuatro notas biográficas. Escucha con cascos recomendada. 

VÍDEO

https://vimeo.com/94529847

11 octubre 2014

URI GURVICH- Entrevista, Babel y Storyteller (Tzadik)

  
URI GURVICH


Los músicos de jazz de las dos últimas generaciones nacidos en Israel han hecho suya la máxima de que si el intercambio cultural y el mestizaje son motor de creación y de carácter, también de innovación. La visita obligada a EEUU para completar su formación y curtirse en directo conlleva un billete de ida sin retorno. Son los casos destacados de Avishai Cohen y  también Omer Avital, Rafi Malkiel y un músico que ha recibido el padrinazgo de John Zorn para sus dos trabajos en disco, el último titulado Babel. Además, Es el más joven de todos ellos, el saxofonista Uri Gurvich.

Por Jesús Gonzalo


Un día metí la mano en mi buzón, acompañado de esa ilusión de encontrar entre el montón algún disco de esos que te descubren mundos nuevos, y saqué The Storyteller (Tzadik, 2009). Los que nos dedicamos a esto solemos recibir bastante material en disco, pero se daba el caso de que Tzadik no hace promoción de sus publicaciones entre la crítica y el periodismo. Así que, me dije, esto ha tenido que enviarlo el músico. Al ver Uri inmediatamente pensé en Uri Caine, que también ha grabado para el sello de Zorn, pero luego me fijé mejor en el apellido…Gurvich…Ah, pues no le conozco. ¿Y cómo ha conseguido mi dirección? 

La bella portada recogía una foto de unas dunas. La evocación del título (“cuentacuentos o contador de historias”) ganaba en ese paisaje, me sugería una caravana de mercaderes que, con la parsimonia del andar de los camellos, llevaba entre sus mercancías algún escritor. Entré en casa y lo puse en el lector, mientras escuchaba las primeras notas busqué su nombre en el buscador. Para mi sorpresa, además de su juventud, me entero que ese mismo fin de semana estaba tocando en Barcelona…

-Tus relaciones con España son cercanas y sólidas, podrías decirme algo más sobre esto? Creo que hablas español y además mantienes un cuarteto, afincado en Barcelona, para conciertos por España y Europa…

He tocado en España en numerosas ocasiones, y tengo buenos amigos españoles  que conocí mientras estudiaba en la Berklee y de mis viajes por la Península. Encuentro muchas afinidades entre Israel y España, comparten ambas la cultura del Mediterráneo. Y sí, hablo un español fluido, ten en cuenta que mis padres son originarios de Argentina.

Respecto al grupo que me comentas, que lo componen Roger Mas (piano), Dee Jay Foster (bajo) y Marc Ayza (batería), me hace mucha ilusión tocar con ellos siempre que vuelvo y en otros lugares también.

-El tema de la inmigración y la búsqueda de un lugar estable nos lleva a las malas noticias diarias… ¿Cómo te sientes en relación a la grave y sangrienta situación del conflicto en Gaza? Ya que vives lejos de Israel desde hace tiempo, ¿ha cambiado tu percepción de los hechos? ¿Vive tu familia allí?

Por supuesto que me afecta y entristece profundamente. Mi perspectiva de los hechos o ha cambiado incluso al no vivir allí. Mi familia y amigos siguen allí, aunque hablo con ellos regularmente. Hablar sobre el conflicto es muy complicado y debe ser resulto desde dentro mismo.

Sinceramente confío en que puede existir paz y prosperidad para ambas partes. Creo que la música y el jazz, particularmente, nos trae un mensaje de paz e intento trasmitirlo a donde quiera que voy. Este debe ser uno de los compromisos del artista, mostrar la belleza del ser humano y de lo que es capaz de hacer.  Un ejemplo, he tocado varias veces con músicos árabes y en mi último disco colabora el gran músico marroquí  Brahim Fribgane.

-Otros músicos como Avisahi Cohen o Rafi Mankiel han desarrollado un sonido abierto a otras culturas. Este criterio creativo se debe a una cuestión fomentada por el hecho de vivir en NY y ser fruto del cosmopolitismo?

Sí, sin duda, vivir en Nueva York, un auténtico “melting pot”, tiene un fuerte impacto en mi música. Diariamente te topas con sonidos de otras culturas que te ofrecen nuevas vías de inspiración. Creo también que estar lejos de casa favorece la oportunidad de investigar y de tener los ojos y los oídos bien abiertos, al mismo tiempo que te devuelve la herencia de tu folclore. El cosmopolitismo realmente te ayuda combinar otros elementos que, con suerte, te permita conseguir un estilo original.

-En Boston, en la famosa academia de jazz Berklee, te formaste. Hay músicos, nos referimos a un pianista también Israelí como Yaron Herman, afincado en París, que nos comentan que esta institución restringe o limita la personalidad de los músicos…¿Qué opinas?

Para mi Berklee una experiencia de aprendizaje estimulante y de mente abierta. Estar allí ha condicionado, sin lugar a dudas, mi forma de ser como persona y como músico. Nunca me sentí constreñido, al contrario era como estar impulsado a encontrar mi propia dirección en la música y en la vida. También hice muchos amigos que hoy son reputados músicos.

-Acabo de acordarme que Mark Turner estudió allí. Pude verle en directo con el OAM trío, más músicos israelíes…El cuarteto era como el tuyo pero sólo en acústico. Lo conociste?

Sí, claro…Me encanta el OAM trío con Aaron Goldberg, Omer Avital y el valenciano Marc Miralta. El OAM es un buen ejemplo de una colaboración entre músicos de diferentes culturas y cada uno aporta un sabor distinto.


-Cuéntame cómo entraste en contacto con John Zorn y dime la importancia  e influencia que ha tenido en tu carrera.

Hice un disco con un amigo mío, el guitarrista Ori Dakari, que estaba grabando para el sello de John Zorn Tzadik. Ese fue el primer encuentro.

Su importancia en mi carrera es determinante. Resulta muy gratificante y estimulante al mismo tiempo que alguien como John crea en lo que haces. Al hacer para él mi primer álbum, “The Storyteller”,  no estaba muy seguro en qué dirección se encaminaba mi música. John me ayudó a encontrar mi estilo y a creer también en él. Cuando lo consideró oportuno, cuando el proyecto estaba maduro, dio salida al segundo, “Babel”.

He tocado también un montón de veces con él. Es toda una experiencia y un aprendizaje único compartir su capacidad para improvisar y crear música de manera espontánea.

-El 7 de septiembre pasado tocaste en el histórico (Bill Evans, John Coltrane, Paul Motian…) Village Vanguard, estrenando tu nuevo proyecto basado en “Masada Book of Angeles vol. Two”. Cuéntanos algo sobre este proyecto con tu cuarteto…¿Ha sido ya grabado o publicado para Tzadik o se hará en estudio como suelen hacer para esta serie?

¡Sí! Presentamos ese día en el Vanguard un nuevo proyecto con mi cuarteto habitual para la música de John Zorn. Tenemos intención de grabar el disco este otoño de modo que se publique en la primavera del 2015 en Tzadik Records, dentro de la serie, así llamada, “Book of Angels”. Meses atrás hemos estado trabajando y haciendo arreglos para este proyecto con el fin de encontrar el equilibrio entre las partituras de Zorn y el carácter musical de mi grupo. Ten en cuenta que llevo más de siete años tocando con ellos, con Leo Genovese (piano), Peter Slavov (bajo) y Francisco Mela (batería).

-Entiendo que Masada es como el más grande proyecto “cabalístico” de John Zorn, en el cual ha sido capaz de expresar, desde un sentido renovado, experiencias previas como Cobra, Naked City y sus  acercamientos a películas y música de cámara…

Cierto, creo que en cada proyecto una artista deja la huella para futuros proyectos, como parte de un camino de exploración. Sin duda, en Masada puedes oír elementos preexistentes en la música de Zorn, como los que has citado y al mismo tiempo dejar constancia de la identidad del artista en su momento creativo.

-Masada es como su “particular” Babel…Tu disco anterior, The Storyteller, y éste nuevo, podría decirse que están relacionados con la ida de una narración o de relatos bíblicos?

Sin duda, tanto “Babel como “The Storyteller” están influidos por algunas historias de la Biblia y del pueblo judío. Entiendo las composiciones en esos dos álbumes como capítulos distintos de un mismo libro como escenas de una sola película. Cuando escuchas los discos enteros es como si leyeras una novela o vieras una película. Digamos que ese es mi objetivo, contar una historia que puede ser interpretada libremente por quienes la escuchan.

-Parece evidente que en tu música hay un mayor peso de la tradición sefardita-mediterránea que de la cultura askenazi, y en consecuencia no es klezmer lo que  tú haces…

Cierto, uso elementos de la música Sefardita y Árabe del Oriente Medio. Entiendo que es una música muy poderosa que enmarca un amplio abanico de estilos y sentimientos. Disfruto mucho viendo las posibilidades de ensamblarlas con el jazz y la improvisación. Hay, cómo no, elementos de la cultura askenazi, nací en una hogar askenazi, pero es cierto que en mis dos últimos discos la música se dirige más hacia el Mediterráneo, el Oriente Medio y norte de África.

-Escuchando tus dos discos, podríamos encontrar, al menos, dos claras influencias: Coltrane (“Hagica Suite, que ahora recuerde, y hay otra pieza semejante en “The Storyteller) y John Zorn (pero desde un matiz muy personal)… Al respecto del sonido de tu saxo, flexible, pulido, melódico, ¿podría ser David Binney la influencia?

Desde luego, John Coltrane es mi mayor influencia. Ademá de como saxofonista como alguien que nos regaló un mensaje de paz, verdd y belleza. Por otro lado está Zorn. Para mí y otros saxofonistas sin duda David Binney es genial. Me siento influido por clásicos como Cannonball Adderley, Joe Henderson y Sonny Rollins. Pero mi favorito ahora mismo es Joe Lovano, con quien estudié en Berklee. Y respecto a jóvenes, me siento cercano Miguel Zenon.

-Iba a nombrártelo en este momento…Por cierto, que admiro a Leo Genovese, me encanta cómo toca el órgano Hammond…Supongo que el objetivo respecto al cuarteto es consolidarlo en el tiempo para fomentar la expresión colectiva…

Por supuesto, tocar implica siempre un esfuerzo colectivo. Estamos siempre intentando escribir música y arreglos que fomenten a cada miembro de la banda. Tocar juntos durante mucho tiempo nos convierte casi en una familia t esa conexión reforzada emerge en nuestra música.

 
BABEL
 “Puerta de Dios”

 “He aquí que todos son un pueblo con un mismo lenguaje, y éste es el comienzo de su obra. Ahora nada de lo que se propongan les será imposible”






Decíamos en la introducción a la entrevista a Uri Gurvich que los jóvenes músicos de jazz israelíes participan en sus creaciones del cosmopolitismo. Babel representa, en la connotación positiva de su simbología y salvando la “crisis del ladrillo”, justamente eso: encuentros entre sociedades y culturas.

Para un músico que descubrió el jazz gracias a su hermano guitarrista, que le introdujo en esta música hasta llegar a la big band de su instituto, el cosmopolitismo o la misma voracidad de estilos que ejemplifica su mentor John Zorn no han hecho que la personalidad de este joven saxofonista se diluya en ellos. Ni siquiera en ninguna de las muchas caras y los distintos “renacimientos” del klezmer que desde Nueva York se han impulsado en los últimos 30 años, incluidos algunos en la serie Radical Jewish Culture a la que estos dos trabajos no pertenecen. Más bien al contrario, su voz sobresale en el inmerso catálogo de Tzadik precisamente por definirse desde el plano indiscutible de un jazz que dialoga con otras culturas.


A diferencia de “The Storyteller” (Tzadik 2009), este nuevo proyecto supone, en una primera escucha, una mayor inmersión en los sonidos del Mediterráneo que bañan las culturas de sefardíes y árabes. Bastaría señalar que si en el disco antes citado invitaba a un saxo tenor como Chris Cheek, en  “Babel”  es el oudista marroquí Brahim Fribgane quien colabora.


En suma, el sonido pulido y melódico de Gurvich, que combina madurez y calor lírico, en perfecta simbiosis con una base rítmica que muta en burbujas eléctricas cuando aparece el Hammond del gran Leo Genovese, apoyado en los pasajes descriptivos del oud y en una estructura clásica reforzada en la creación colectiva, dan lugar a un música sin pretensiones de falsa modernidad ni artificios técnicos.

Una música serena, intensa y descriptiva que sigue respirando la libertad y verdad viajeras de John Coltrane.

Composiciones:
Pyramids; Dervish Dance; Nedudim; Alfombra Mágica; Scalerica de Oro; Hagiga Suite; Camelao; Valley Of The Kings.
Músicos:
Uri Gurvich: alto saxophone, voice; Leo Genovese: piano, teclados, voz; Peter Slavov: contrabajo, voz; Francisco Mela: batería, percusión, voz; Brahim Fribgane: oud, percusión (1,5, 7)
Sello: Tzadik, 2013



06 octubre 2014

THE MODERN JAZZ QUARTET: Lonely Woman/The Comedy



 LONELY WOMAN/ 

THE COMEDY


John Lewis (p), Milt Jackson (vib), Percy Heath (b), Connie Kay (bat)  

Nueva York, enero y febrero de 1962, excepto c-5,  octubre de 1960.  
Essential Jazz Classics. EJC 55615 


 “Si los escuchas atentamente, todo lo que dijeron se está haciendo en estos momentos”... Testimonio ofrecido por un músico de la vanguardia neoyorquina ante la disquisición de influencias que le planteé en su obra, entre el segundo quinteto de Miles Davis y el MJQ. Implantada desde hace décadas la academia y los rigores formativos en el jazz,  ahora que parece que se anuncia un nuevo -y salvífico para algunos- periodo neoclásico en más de una disciplina artística -la posmodernidad parece haberse agotado en su salsa empujada por la crisis-, conviene sopesar la importancia y modernidad de estos dos trabajos ahora reeditados en uno solo. 

No son las cajas de Mosaic y de Atlantic de siete y trece cedés, respectivamente, pero qué duda cabe que ofrece un material significativo de un grupo histórico a diez años vista de su fundación en 1952. El MJQ, por tanto, dio sus primeros pasos en medio de una crucial y frondosa etapa creativa para el jazz, posicionándose, como grupo integrado por afroamericanos, donde nadie lo había hecho hasta entonces, estilísticamente entre el bop, el cool, la tercera corriente y, de manera más bien confesional, el free jazz. 


Muchas críticas hubo de asumir su director musical, John Lewis, por el marcado carácter intelectual y europeo de una propuesta que, además, emparejaba piano y vibráfono. Música académica y trajes de frac por definición cuando la convulsa sociedad de la época pretendía equiparar los derechos civiles con los de una raza blanca que simbolizaba todo ello. El formalismo y pulcritud de un sonido y unas estructuras cuidadas hasta el mínimo detalle de color, con esas dinámicas en las que se podía sentir el aire que separaba a cada instrumento, hicieron del MJQ un proyecto de una refinación culta absolutamente atípica.


The Comedy (cortes 1 al 7) plantea un acercamiento a una muy concreta tradición europea, un recurso temático único en el jazz de esa época, si no contamos, escribo de memoria, con la soleá de Miles Davis y Gil Evans. Lo cierto es que Lewis llevaba ya tiempo detrás de este fenómeno retratado con todo lujo de detalles en el Pierrot de Casanova: inspirarse en la comedia italiana o  “commedia dell´ arte” que se inició en la segunda mitad del siglo XVI y que tuvo su auge en el Barroco, extendiendo su fascinación en Shakespeare, Moliere, poetas surrealistas franceses como Verlaine o el mismo Picasso. Lewis introduce como motor descriptivo de un relato en forma de suitepersonajes de esta escena entre teatral y picaresca (Pulcinella, La Cantatrice, Culumbine, Harlequin) y los imagina en Roma (Piazza Navona y Spanish Steps en la Plaza de España romana). 

El carácter itinerante y cómico de estas figuras, con sus matices siniestros (Pulcinella), melancólicos (La Cantatrice es una cantante frustrada, aquí interpretada entre el belcantismo y el blues por Diahann Carroll), misteriosos (Pierrot) y excéntricos (Harlequin) recorre esta suite que se inicia con esos “pasos españoles” bajando los peldaños de la escalera en Roma, motivos que ya venían apuntados brevemente en Fontessa (1956). Contrapuntos, fugas e interludios, en un contexto teatralizado y perfectamente estructurado, definen a este imprescindible trabajo.


Lonely Woman (cortes 8 al 15)... En el libro referencial de Joachim-Ernst Berendt, sigo citando de memoria, hay un fragmento dentro del capítulo Free jazz  que se apoya en un testimonio de John Lewis para describir la revolución que traía Ornette Coleman. Era un testimonio vivido en directo, trasmitía sorpresa y cierta extrañeza pero también la fascinación de ver a unos tipos tocar con libertad como si estuvieran fundidos en uno y con instrumentos que parecían de juguete.


 John Lewis dirigía la Lenox School desde 1957 y en el último verano que funcionó, en 1959, tuvo a Ornette Coleman y Don Cherry como protagonistas. Lonely Woman no era en 1962 un standard cuando Lewis la eligió para titular este disco. Supo calibrar su visionario mensaje lírico cargado de dramatismo y darle unos ropajes menos sombríos, como más cortesanos. El disco plantea varios focos de atención estilísticos en torno al blues (Why Are You Blue?, Trieste) e incorpora, abundando en el legado de la tercera corriente,  transcripciones previas hechas para orquesta.

Exquisito y grácil, erudito y ecléctico, tradicional y académico, el mundo contemporáneo según el Modern Jazz Quartet.