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30 septiembre 2014

OPINIÓN- ¿Gratis?

Opinión: ¿Gratis?ImprimirE-mail
Por Jesús Gonzalo
¿De qué sirve hablar de libertad cuando el precio tiende a cero? ¿Hasta qué punto se devalúa la música si se ofrece a cambio de nada? ¿Qué hacemos con  una demanda acostumbrada a no pagar? ¿Cómo afecta la intervención en el mercado de una oferta gratuita hecha por un organismo público? ¿Y si lo hace un empresario? ¿O un músico?



Me cuentan con todo lujo de detalles el trato y el pago recibido por los trabajadores en una cooperativa agrícola. Las condiciones y horas de trabajo empleadas van más allá de lo abusivo, estando cerca de lo que llamaríamos esclavitud, salvo porque no están “obligados” a ello: siempre se pueden ir para que otro ocupe su lugar. ¿Hablamos de una región de África? No, primer mundo, Unión Europea, España. No alcanzo a entender cómo un empresario puede permitir que sus empleados trabajen ocho horas diarias en invernaderos, soportando un calor de 35º y una humedad ambiente del 85% y todo por unos 650 euros al mes. Los que trabajan en la administración y control de calidad tampoco lo tienen mucho mejor...

¿En qué momento a ese empresario se le fueron los plomillos de la humanidad? Me pregunto mientras observo a un niño pequeño disfrutando de un día de playa como si fuera el primero, trasladando su alegría y entusiasmo a la infancia de ese empresario ¿En qué momento se tuerce todo?, pienso. Creo que justo en el que sus expectativas se han visto satisfechas sin contrapesar el mismo esfuerzo, o cuando descubrió que era el de otros el que le generaba beneficios. Amplíen esta actitud a otros agentes sociales. Los sindicatos, si los hay, miran para otro lado, la Administración da cobertura legislativa a los contratos y el empleado, sin margen de maniobra en el mercado laboral, accede a ello. Hace ya tiempo que los “chinos” somos nosotros.

¿Creen que en la música estamos mejor que en una plantación? Llámenlo jungla… No. En las redes no paras de ver publicaciones en las que se revindica una compensación digna para el músico. La ley del mercado, que en teoría económica proviene del “mercado de competencia perfecta”, es la que condiciona a la cultura y la música. A lo que se le añade el IVA más alto de toda Europa y, no nos olvidemos, una propiedad intelectual que se fiscaliza al milímetro mientras se descargan gratis miles de archivos de audio. Se ha ido instalando la “cultura” del gratis total. Para la música y para esta misma profesión, ésta de quien les escribe. ¿Y qué sucede cuando se pervierte la lógica, porque es como funciona, de un mercado donde oferta y demanda, en el que, de ahí su esencia “competitiva”, un comprador o un vendedor no pueden imponer “el precio” de un producto, o el no-precio en este caso?

Acudo a una reunión en una alcaldía, con el equipo -de rugby- de la concejalía de cultura. Me siento intimidado, como si fuera parte de la oposición. Me defiendo con argumentos. “Si tú eres gestor cultural, yo soy gestor público y me debo a mi pueblo”. Uf, el político salva patrias hablando de su pueblo, me lo sé de memoria. Ya… ¿Y? Pues eso, que “en las condiciones que estamos tengo que ofrecer gratis la cultura a mi pueblo”. Ajá… Bien, socialización de la cultura que se llama, algo muy de izquierdas aunque usted no lo sea. Entonces, ¿qué hacemos los promotores en este mercado viciado, acostumbrado a no pagar? ¿Nos arriesgamos con propuestas culturales que deberían contar con apoyo público, pues el mercado no las cubre? “Claro, si tu quieres traer a un violagambista (pongamos que de primerísimo nivel) pues  hazlo como lo haría Bisbal cuado viene: a taquilla”… Así, textual. Esa es la idea que tienen sobre la cultura, una especie de producto financiero cuyos réditos se consiguen antes del cierre de la Bolsa. Le comento esto de manera descriptiva y añado, “parece que para una cosa somos muy de izquierdas y para otra me deja usted en manos de las leyes más salvajes del mercado…” Termino haciendo un diagnóstico de la gestión cultural del municipio y concluye el concejal de turno: “Gracias por este análisis gratis que nos has hecho”.

¿A que es genial? Músicos que se quejan del maltrato del mercado, pero tocan gratis o casi gratis. Claro, la música, hacer música, es una recompensa en sí misma, mucha gente lo hace porque se siente llena y satisfecha. Cualquier músico afirmaría esto. También yo me siento reconfortado cuando escribo y no se me paga. No se paga ni siquiera si tengo que trasladarme a cubrir la noticia. Estamos peor que los músicos y nadie nos defiende estando en el mismo barco. Por ejemplo, cuando hay gente que “toma” prestado tu no-pagado-trabajo sin mencionar fuente ni autor, como me ha pasado recientemente con el programa de mano de un festival -más provinciano que internacional- de la costa sur. Pagas el piano, al técnico de sonido, la logística, la cena, el hotel, al músico, incluso pagas a la SGAE, pero le robas las palabras al especialista.

Gratis total… De acuerdo, volvamos a la jungla. Tenemos a profesionales mezclados con no profesionales. Nada de aprobación, respeto o reconocimiento a la labor. El precio-salario tiende a cero.  Trabajemos duro pero sin esperar nada a cambio. ¿Nada?


© Cuadernos de Jazz, septiembre - 2014

16 septiembre 2014

DINO SALUZZI El Valle de la Infancia

DINO SALUZZI GROUP
  El Valle de la Infancia
 Dino Saluzzi: bandoneón; José Maria Saluzzi: guitarras clásica y requinto; Nicolás "Colacho" Brizuela: guitarra clásica; Félix "Cuchara" Saluzzi: saxo tenor, clarinete; Matías Saluzzi: bajo eléctrico, contrabajo; Quintino Cinalli: batería y percusión.  
 ECM Records
Valle en Salta, Argentina
El título apela a la primera memoria, a un territorio abonado a la nostalgia, algo que el bandoneonista ha frecuentado en sus trabajos cuando no entregado directamente al sentir melodramático. Pero pese a su apellido de origen italiano, algo que marca carácter al "fundirse cerca de la Pampa", se dice, Saluzzi es un argentino raro, de pocas palabras y nada amigo de la retórica. Y si apuran, un creador cuya obra no está circunscrita ni acotada por el tango ni mucho menos por los fotogramas de Jean-Luc Godard, cineasta fundador de La Nouvelle Vague que ha incorporado la música de Saluzzi en sus imágenes más que de ningún otro artista ECM.



Saluzzi es de Campo Santo, en la provincia de Salta, “la reserva” de los indígenas argentinos situada en la frontera entre Chile al oeste, Bolivia al norte y Paraguay al noroeste. Allí tuvo una infancia humilde y luminosa, contaba en una entrevista, pese a ser, o quizá por lo mismo, un lugar apartado de la civilización, sin luz eléctrica ni muchos medios técnicos. 

Salta está en un valle, el de la infancia de nuestro músico. En él creció y en el se han hecho posible, como sucede en el valle de la otra Infancia de Egberto Gismonti, el encuentro entre músicas académicas, jazz y folclore autóctono. Por eso a Saluzzi se le puede ver con Enrico Rava (Volver, 1986) o Charlie Haden (Once Upon  a time, 1985), con el Rosamunde Quartet (Kultrum 1998) o Anja Lechner (El Encuentro 2010) y con un conjunto típico de múysica popular salteña como intenta serlo aquí y ya antes en Mojotoro (1992).

Saluzzi y Gismonti, dos autores latinoamericanos que llevaron su música, como Piazzolla o Villalobos antes, a las alturas de los grandes teatros, aunque no sea esa la intención de este Valle de la Infancia. Un disco dividido en suites (también lo era el del brasileño en Música de Sobrevicênçia) con las que se intenta narrar una pequeña historia, describir unos instantes, acaso dibujar una paisaje humano y natural que ya no existe. Pueblo, La Fiesta PopularTiempos Primeros son como capítulos de una memoria escrita que cobra vida en sonidos.


Saluzzi rodeado de sus músicos, su familia

Estampas de felicidad, de sonrisa infantil, de vida que crece en un ambiente humilde y solidario, nos devuelven al mejor Saluzzi de Kultrum (1983), Andino (1988) o del ya citado Mojotoro. El músico y su grupo -formado para una cosación irrepetible por miembros de su familia- nos invita a un viaje vital y veraz por un sonido siempre personal en el que la voz amiga y cálida de la guitarra se encuentra con la respiración del bandoneón.

"Lejos del ruido de Buenos Aires y del tango rioplatense, penetrando en la música  popular y en imágenes del pasado, El Valle de la Infancia se revela en el presente huyendo de la pesadumbre de otros trabajos suyos, sostenido por la pertenencia a un lugar y un folclore tan especial como el de Salta.


10 septiembre 2014

J.A.​S.S (John Hollenbeck,Alban Darche, Sébastien Boisseau, Samuel Blaser)

J.A.S.S

 


Samuel Blaser: trombón; Alban Darche: saxo tenor; Sébastien Boisseau: contrabajo; John Hollenbeck: batería y percusión.

Su primer concierto lo tuvieron en el verano de 2011 en Berlín, donde reside Blaser, luego fue grabado durante una residencia en Nantes en 21012 y allí finalmente fue grabado. Grupo que reúne con cada una de sus iniciales uno de los "pecadores" nombres bautismales del jazz, JASS es mucho más que una brillante y única combinación transatlántica que conecta la modernidad de la creación francesa (Texier, Portal, Sclavis) y la neoyorquina.




JASS es, por encima de adscripciones geográficas o culturales, una fórmula química hecha de cuatro compuestos que reaccionan para dar lugar a una sustancia nueva y poderosa. Espacios abiertos o leídos, compenetración instantánea, juego de espejos, empuje, precisión e imaginación expresiva son las llaves de una música original (Hollenbeck, Blaser, Darche) tan gozosa y viajera (África) como inclasificable.

Cualquier combinación de temas que elijamos serviría para abrir una ventana que dejaría al oyente asombrado por la imaginación y la capacidad comunicativa de esta música. Tricéphale y Saj`s (Darche) remite el primero al Henri Texier amable de Mosaic Man y el segundo a una especie de samba-gamelán. Recurring Dreams/Santiago (Blaser) es todo empuje y nervio cosmopolita, con una intensidad trasformadora que abre otros pasajes. Si bien Hollenbeck juega más con texturas y planos colgantes en Limp Mint, en Jazz Envy, tras superar un comienzo misterioso y temploroso, adopta como desde el comienzo un pulso de modernidad destilada del funk que recuerda por momentos los años 90 y en concreto, con ese groove, la obra de Peter Berstein en Sex Mob. 



Si bien Samuel Blaser y John Hollenbeck no necesitan presentación, siendo ambos figuras determinantes en la nueva expresividad del jazz en este joven siglo, quizá sí sea necesarios unos apuntes sobre sus otros dos compañeros, cuyas carreras se han desenvuelto en la escena gala. Alban Darche es un saxofonista de inspiración free aunque de perfiles melódicos contorneados y definidos, siguiendo la estela que podría dejar Joe Lovano. Su combinación con el trombón inabarcable y gaseoso de Blaser, cuya intensa y vibrante interacción recordará algunos momentos a Robin Eubanks con Chris Potter, conducen los temas por terrenos de una gran capacidad plástica, en un juego de espejos que favorece una comunicación natural.

Sébastien Boisseau es el basculador imprescindible que imprime empuje y nervio, de sonido claro redondo y robusto, el contrabajista es cofundador junto a Alban Darche del sello Yolk Records, donde se registra este disco. En su largo historial de colaboraciones en el jazz de ambos lados del océano, que dan una idea del amplio espectro estético que abarca, destaca haber compartido escenarios con Daniel Humair, Joachim Kühn, Michel Portal, Marc Ducret o Kenny Werner.. 

Si Hollenbeck y Blaser están abriendo nuevas canales de expresión en la creación actual a través de la síntesis renovadora del jazz y otras culturas (Claudia Quintet/Large Ensemble/ Meredith Monk) y de nuestro pasado musical prebarroco (Consort In Motion), en un peldaño distinto pero correlativo se sitúa y significa este grupo.





05 septiembre 2014

JULIÁN SÁNCHEZ NEW QUARTET




JULIÁN SÁNCHEZ NEW QUARTET

Julián Sánchez (trompeta), Marco Mezquida (piano), 
Bori Albero (contrabajo), Ivo Sans (batería).
 Grabado en Granada, 7 y 8 de febrero de 2014. Whatabout Music

Julián Sánchez, uno de los talentos más activos del jazz español, partió de Granada para poder sacar el máximo rendimiento a la llamada de la música. Se fue a Barcelona y este nuevo cuarteto es una muestra más de los vasos comunicantes que mantiene con la creación de dicha ciudad y en concreto la que parte de la ESMUC. Presentado en el VI Bahía Jazz Festival de El Puerto de Santa María, este grupo regresa para dejar constancia en estudio de una creación que sigue creciendo.



Sánchez ha tocado, y lo sigue haciendo en contadas ocasiones, con el cuadro flamenco de Miguel Poveda y también con Agustí Fernández… ¿Contrastes o coherencia entre tradición y modernidad?  Para quien pueda seguirle de cerca la pista, y pudimos hacerlo este verano en apenas una semana, se le pueden encontrar en citas que van de lo popular a lo exclusivo, en las que cohabitan lenguajes y proyectos muy diversos (flamenco con el citado cantaor, copla carnavelesca con La Canalla, ritmos afrocubanos con Tumbando a Monk, jazz de distintas épocas junto a Ernesto Aurignac o libre improvisación), aunque en mayor medida se le identifique creativamente en ámbitos avanzados junto al Free Art Ensemble (dos trabajos publicados con Agustí Fernández), la réplica histórica del formato seminal del free jazz en Sindicato Ornette y el más que interesante cuarteto Pandora de Ramón Prats.


Estamos con este cuarteto ante el más melódico y personal de sus proyectos, prueba de ello son las baladas que se reparten en él. Su construcción, prefijada en una escritura propia, se basa, no obstante, en la fluidez y la creación instantánea del colectivo. Otro factor llamativo es que los espacios solistas, dejando las introducciones de la trompeta, aparecen sin apenas anunciarse. Unos breves motivos iniciales van creciendo y estirándose desprendiendo intensidad melódica.

Viaje al Oeste  abre el disco y perfila su singularidad. Es una pieza larga en la que se aprecian tres partes. Vemos originales afinidades con la obra de Ornette Coleman como ideario melódico al comienzo, del Keith Jarrett “nórdico” como síntesis para canalizar motivos bluesy y empuje rítmico hábilmente tejidos por Mezquida. Aniram es un palíndromo que esconde un nombre propio femenino. Su trompeta perfila y se adentra en solitario haciendo de un sentido motivo melódico un gesto suspendido en un decorado  otoñal cuando es arropada por el trío. Este clima se recupera dos cortes más tarde en Origen. En ambos, y por vez primera, vemos en Sánchez una expresión que lo acerca al sonido del trompetista polaco Tomasz Stanko, alguien capaz de poner verbo a lo evanescente y brillo al calor de su pasado free.

En medio Camino y Relojes blandos. La estela del Stanko, más desafiante y encendida en la presentación, parece asomarse en el vibrante, retador y también impresionista Camino, tema concentrado que recapitula su motivo y deja espacio aislado al pianismo de Mezquida. Relojes blandos es una disertación daliniana, antes cubista que surrealista, tiene un aspecto abierto y sin nudo en el que late un corazón melódico.


En contraste anímico, desenfadado pero elegante, como todo en este trabajo, Vámonos que nos vamos nos devuelve el pulso animado de los tanguillos de Cádiz, la jovialidad de sus calles y la brisa del océano sostienen este nada desgastado encuentro con el flamenco. El disco se cierra con Corazón al Sur, una invitación al recogimiento melancólico con destellos de felicidad que en esta ocasión nos acerca al ese gran fabulador que es Enrico Rava en un paisaje indeterminado entre el sentir italiano y el argentino.

La amplitud “orquestal” tiene al piano como principal protagonista. Marco Mezquida abre una plataforma de color y estructura al sonido y las ideas del andaluz. Prodigio de digitación e invención permanente, empuje de ideas constantes en primer y segundos planos, su juego arquitectónico y ornamental queda perfectamente arropado por Bori Albero, con la profundidad y el nervio dialécticos de Charlie Haden, y los planos de clima y geometría de Sans.

La apertura de espacios y la extensión de motivos, en una creación que se nutre de la improvisación colectiva, conducen la música por terrenos inesperados Un viaje al interior a la melodía desde un prisma personal que sintetiza, quizá de manera no consciente, la esencia de los autores citados. 

www.juliansanchezmusic.com 


04 septiembre 2014

MATT BAUDER AND DAY IN PICTURES -Night Shades

MATT BAUDER AND DAY IN PICTURES 

Night Shades

Matt Bauder (saxo tenor), Nate Wooley (trompeta), Kris Davis  (piano), Jason Ajemian (contrabajo), Tomas Fujirama (batería)

Grabado el 5 y 6 de febrero de 2013 en Brooklyn, NY. 
Clean Feed2


Cuando se profundiza en la carrera de Matt Bauder (Michicagn 1976) se llega a la conclusión que representa un modelo de músico de jazz-saxofonista, con toda la carga  histórica que ello conlleva en esta música, fuera de los cánones del género. Vale incluso para su generación, pues muchos nombres de su edad perfilan su sonido y carrera en los términos que se espera de ellos. ¿En o por qué viene definido su estilo y actitudes? Básicamente habría que remontarse a su primer disco para captarlo. En Wearly  Already on the way (482 music, 2003) están apuntadas las corrientes e inquietudes que jalonan y conducen su carrera.

El punto de enlace de jazz y pop sería el binomio que lo explica a grandes rasgos. Un cruce de caminos donde se encuentran enfoques que toman prestado de forma muy destilada elementos de la Blue Note de los 60, la música africana de un Mulatu Astatke, la jamaicana del reggae que solía tocar en un grupo de dicha isla pero también del dub como técnica de prolongación sónica, el pop en que también ha hecho incursiones recientes en la gira de Arcade Fire, la contemporánea inducida por uno de sus maestros, Anthony Braxton, sí, pero más cercana al mundo de texturas y fricciones sublimadas de los europeos Ligeti o a ras de suelo y del silencio de Sciarrino, aunque también la vanguardia americana y la improvisación electroacústica-minimal, de Pauline Oliveros intervenga en esta faceta más experimental.  

Un factor determinante y diferencial en él es el timbre, el color instrumental, cuidadísmo, perfectamente delineado, pulcro y redondo al que gusta, es un maestro en eso, de introducción de multifónicos, que envuelven el sonido en una perturbadora y sofisticada línea de aire granular. En el debut citado antes estaban juntos todos estos elementos, que luego ha ido desarrollando en distintos proyectos, al tiempo que enriquecía su experiencia y apreciación, todos los participantes como Nate Wooley lo han hecho, en el quinteto de Harris Eisenstadt Canada Day, grupo que se fundó y sigue teniendo a trompetista y saxofonista de protagonistas, al igual que en el disco que nos ocupa. De modo que si Day In Pictures sería la cara amable, más melódica y contagiosa (hay siempre al menos un “hit” en cada disco, aquí Octavia Minor, en el primero Cleopatra´s Mood), una especie de mirada retro al jazz y a la Blue Note (Joe Henderson) desde una actitud exquisita y pop compartida por Eivind Opsvik en su grupo Overseas, el trío Memorize The Sky, con In Former times (Clean Feed, 2008), sería la expresión abstracta y a la vez física y gaseosa, extendida en planos largos.


Paper Gardens (Porte Records, 2010) es la antesala de Day In Pictures (Clean Feed, 2011), grupo que se ha acabado imponiendo y absorbiendo dicha propuesta. Como en su excelente debut para el sello portugués, este Night Shades contiene las mismas esencias que lo definen y que se han apuntado. El quinteto, que no deja de serlo y que recuerde incluso al de Art Farmer y Benny Golson aunque la funcionalidad sea otra muy distinta, cambia a Angelica Sánchez por otra mujer al piano, Kris Davis, descubriéndonos que la canadiense se adapta bien a un contexto en el que conscientemente se cita al pasado desde una actitud retro sensual y como de “diseño de interiores”: el ya citado Joe Henderson, Coltrane  en Rule of Thirds, baladas de inusitada belleza en Starr Wykoff, las marching bandas de Nueva Orleans en el tema que le da título.

Day In Pictures es un nombre lo suficientemente sugestivo para reunir todos los "paisajes" descritos. Mirando esta portada, podría decirse que Bauder nos ofrece un producto perfectamente acabado, de líneas precisas y trazo artístico, elegante y sofisticado, falsamente clásico, algo menos rico en ángulos que el anterior pero igual de disfrutable. Se pasa en un suspiro. 




02 septiembre 2014

STEFANO BATTAGLIA Re:Pasolini, Pastorale, Songways

Re: Pasolini

Stefano Battaglia: piano, Michael Gassmann: trumpet; Mirco Mariottini: clarinets; Aya Shimura: cello); Salvatore Maiore: bass ; Roberto Dani: drums; CD2: Dominique Pifarély: violin (CD2); Vincent Courtois: cello (CD2); Bruno Chevillon: bass; Michele Rabbia: percussion. ECM Records 2007


Una propuesta atípica esta música inspirada por el cine del poeta y cineasta italiano Pier Paolo Pasolini. Un proyecto que comparte a grandes rasgos melodía y abstracción, pigmentación en blanco y negro y color. La prolífica carrera de este exquisito pianista italiano, en la frontera difusa entre lo popular, el jazz y lo académico, parece haber cobrado un impulso de notoriedad desde su fichaje para ECM. 



Si en Raccolto, la primera entrega para este sello, las figuras contemporáneas se adueñaban de un discurso atraído hacia los bordes de la figuración desde la libre improvisación, en esta segunda, también doble, muestra dos caras de la misma moneda: Pasolini. Melancólico, reposado y cercano, como invocando al silencio del Mediterráneo, representación del estilo del cineasta al que rinde homenaje, el primer disco es una banda sonora que describe emociones, sueños y naturaleza. 




El segundo, acompañado de una exigente nómina de músicos franceses (Pifarely, Chevillon, Courtois) y del cómplice batería Michel Rabia, es un terreno de cámara austero e íntimo, construido sobre la disolución de formas melódicas, esquivo de un lenguaje jazzístico y más próximo al mundo textural y puntillista de Ligeti y Aldo Clementi. Soledad a todo color, en una primera visión, y profundidad del detalle, en la segunda, la poética de Pasolini se materializa en sonidos. Ligero y denso, blanco y negro, silencio y color se cruzan sin mezclarse.





PASTORALE

Stefano Battaglia (p, p-prep) 
Michele Rabbia  (perc, elec) 
Udine (Italia), marzo de 2009. ECM

Si en Raccolto adustas figuras contemporáneas se adueñaban de un discurso en dos formatos a trío y en Re: Pasolini leía el arte visual del cineasta desde una representación de cámara dual (una invocando a la soledad desde un paisaje bucólico, la otra desde la creación en un instante figurado y austero), en Pastorale, junto al inseparable Rabbia, consigue catalizar aquellos ambientes esquivos o melódicos percutiendo su piano en una sola fantasía de relieves que ascienden como bóvedas desde la materia.
La demarcación temática (Bausch, Rilke) se convierte en un lienzo de implicaciones poéticas y funcionales que apuntan, en avanzado tratamiento instrumental, a un imaginario encuentro entre Keith  Jarrett y Pierre Favre, con Cage de por medio.




STEFANO BATTAGLIA TRIO  SONGWAYS



Stefano Battaglia (p)
Salvatore Maiore (b)
Roberto Dani (bat)
SONGWAYS- ECM, 2013



El músico milanés -pianista sobrada personalidad y técnica, combinación que genera exigencia expresiva y de escucha- ofrece desde su desembarco en ECM (marco idóneo de su estilo) una obra reforzada extramusicalmente por cine, literatura y se diría que también una suerte de antropología musical que le permite impregnar los sonidos de una evocación sobre lo pretérito y la cercanía emotiva, lo físico y lo sugerido, de la verticalidad al lienzo marino.


En este segundo trabajo al frente de este trío tras The River of Anyder (2009) la melodía respira con amplitud y al mismo tiempo de manera introspectiva. En una visión metafórica que esta música agradece, sucede como en el movimiento de las olas y la memoria de algo que fue o que pudo ser. Una imagen antes nostálgica que romántica que comprende a la historia y al paisaje mediterráneo (entre Sicilia y Grecia, no muy lejano a los últimos proyectos de Louis Sclavis) como en un encuentro ascético con vínculos terrenales (el sutil tratamiento atmosférico de la percusión de Michele Rabbia continúa en Roberto Dani).

Los primeros acordes de Euphonia Elegy -explicativo título- suenan a Chopin y luego en su desarrollo nos recuerdan a un Jarrett romántico acotado por la identidad geográfica y un mayor uso de los espacios vacíos y del silencio: el bucolismo del paisaje tiende hacia la nostalgia de un Angelopoulos en Battaglia. Tenemos entre estos dos polos citados, música clásica y creación libre, las fuentes de las que emana el estilo del músico. La tercera, la aforística, aquí más acusada sobre la melodía que en el díptico sensitivo, entre abstracción y mediterranía, que dedicó Pasolini, tiene a la literatura (Alfred Kubin, Jonathan Swift, Charles Fourier) como apoyo argumental. Italo Calvino, dentro de la lista de los elegidos, autor de Las Ciudades invisibles y Los amores difíciles, no obstante, parece ser, por cercanía sensitiva y ánimo descriptivo sobre lo figurado, quien mayor se acerca al resultado en sonidos.


El mundo de Battaglia, sutil y rotundo, absorbente para unos e impermeable para otros, gira decididamente en este segundo disco hacia una construcción tonal inspirada en el Mediterráneodejando al margen la abstracción y los perfiles en aristas de otros trabajos a trío como el excepcional Da Lontano era un`isola (con Giulio Corini y Nedille Bandelo). Nos ofrece una inmersión sensitiva canalizada como en estampas de memoria. El poder evocador de su música se tiñe de melancolía ayudado por poesía y literatura.