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21 enero 2014

DAVID BYRNE- música, arte, cine y mundo



DAVID BYRNE

Autor polifacético y prolífico, alguien capaz de evitar la mirada fugaz de un paseo en bicicleta, David Byrne además de músico es también director de cine, artista visual e intelectual comprometido. Veinticinco años después de abandonar Talking Headsproduce sin descanso mientras sigue pedaleando...

CARRIL MÚSICA -- IDA


David Byrne odia los estereotipos y aplica este principio a todos y cada uno de sus movimientos, a todas y cada una de las actividades que realiza. Bastaría con hacer un breve repaso a parte de su abultada e interdisciplinar producción en los últimos diez años para admirar su capacidad. Empezaremos con la música e iremos desde lo más reciente hacia el año 2000, saltando y citando otras obras anteriores que han sido claves para entender cada momento creativo, que son muchos.




Uno de los más recientes, que ha servido en cierto modo para ponerle de nuevo en la palestra, ha sido su reciente unión con la cantante St. Vincent, artista de un sello del gusto y criterio de 4AD. Byrne siempre ha gustado de favorecer encuentros más o menos aislados con otros artistas. Sus escarceos con grupos dentro del pop de generaciones más jóvenes van de Café Tacuba a Fat Boy Slim o más cerca estéticamente de este encuentro Arcade Fire. Pero lo cierto es que si bien el perfil de la cantante era el idóneo, por su versatilidad y buen gusto, la presencia de St. Vincent al lado de una figura de esta envergadura, ya sea en el disco Love this Giant o en directo, no pasa de ser un atractivo acompañante al repertorio nuevo y viejo de Byrne. 

Interesante, eso sí, la elección de un grupo, una especie de  banda de metales de Nueva Orleáns con teclados y sin la típica base rítmica, para poner en funcionamiento en directo esta alianza, la última señalada antes de la que mantuvo de nuevo, tras décadas, con Brian Eno.


No pocos puntos coincidentes le unen en cuanto a personalidad artística –evitando el eufemismo del agitador cultural y más ajustado al del pensador crítico- con Brian Eno desde que se conocieran allá por 1977. Los dos nacieron en las Islas británicas. Byrne en Escocia, aunque se crió en Baltimore. Hijo adoptivo de una ciudad como Nueva York en la que reside desde hace unos 30 años. 

Para Talking Heads Eno produjo tres discos, el último y más destacado fue Remain in Light (1980), culminación estética del estilo art-rock que ellos representaban en la que el afro funk (luego afrobeat) de Fela Kuti (definitivo en los temas de aquél disco Double groove y House in Motion) se encontraba con un concepto de texturas electrónicas y percusiones. En ese periodo de tres años ambos fueron un poco más lejos en la investigación de nuevas fórmulas con My Life in The Bush of Ghost (1978-81)



En 2006 se retomaba -muchos años después de aquélla- una nueva etapa de colaboración con Brian Eno para el disco Everything that Happens Will Happen Today (2008). Temían que todo el mundo esperara algo como My Life... Pero aquél fue un laborioso trabajo de producción en estudio con material analógico, cintas y grabaciones de campo con instrumentos, mientras que éste otro reciente sería fruto de su tiempo y por ello, desde la distancia, se usaría el correo electrónico y los estudios respectivos de cada uno en Londres y Nueva York. 

La cuestión es cómo Eno intuyó lo que rondaba musicalmente por la cabeza de Byrne para presentarle estas piezas “diseñadas” de gospel cósmico: “estas canciones ni son excluyentes ni son brillantes, es música entendida como una forma de rendición en la que uno deja de ser yo para convertirse en nosotros”.



El resultado es una original mezcla entre algo artesanal y tecnológico, entre música folk (Hank Williams) y electrónica, tomando al gospel (allí donde había alusiones a distintas manifestaciones religiosas) como tradición popular del pueblo afroamericano (Everly Brothers) y la tecnología como medio de intermediación: “mi intención era que todo sonara natural aunque el proceso no lo fuera”.

Se terminó un mes de agosto de ese año y en septiembre ya estaba publicado en Internet. Eno se negó en rotundo a participar en la gira de ese disco –no es su medio, el suyo se sitúa siempre detrás de...- que dio pie a la excitante película Ride Rise Roar (2011) vibrante documento extraído de la gira de 2008-09 por Gran Bretaña. 

CARRIL CINE -




Ride Rise Roar cuenta con un precedente más estático y "burgués ", enfocado al concert-hall, titulado Live at the Union Chapel (2002), también desde Inglaterra. Pero Ride Rise Roar es más que un vídeo de un directo con gran protagonismo de la danza y un muy cuidado revelador trabajo coreográfico colectivo. Ya sólo por incluir temas emblemáticos como Once in a Lifetime o Burning down the House, convenientemente adaptados a la épcoa y al discurso del proyecto, tiene puntos en común con el más reconocido y amado por todos los seguidores de Talking Heads Stop Making Sense (1984), donde un concierto, gracias un concienzudo trabajo escenográfico, de vestuario, imagen y sobre todo aquí de coreografía, se convierte en un bello producto audiovisual perdurable tanto en lo musical como en lo artístico.






Además de director de obras audiovisuales que recogen un concierto, Byrne entregó el interesante ensayo cinematográfica True Stories (1986), que contaba con la presencia del actor John Goodman y en su banda sonora de una artista amiga como Meredith Monk (Double fiesta). En esta película, y vestido él mismo como un tipo del sur en Texas que conduce su Cadillac y que viaja entre pozos de petróleo, realiza una ácida crítica de lo que representa los EEUU y su cara más conservadora.

llegó a reconocer que intento seguir con esta faceta de director de cine haciendo una película en Berlin junto con Robert Wilson a principios de los 90, pero tras valorar presupuestariamente el proyecto, que se "art-film".



En el apartado documental, impulsado por su labor al frente de Luaka Bop, realizó Ilé Aiyé (1989), inspirado en sus viajes a Brasil sobre la tradición candomblé de Salvador de Bahía.

CARRIL WORLD-


"Imáginate que puedes trabajar con una de tus bandas favoritas que anda rapartidas por el mundo, y vas y le dices:¿Necesitas más dinero? "oh, claro que sí", pues toma y haz otro disco. Creo que por eso tengo una compañía de discos, porque puedo viajar por ahí y conocer a otros músicos".  Funda Luaka Bop en 1990.



Entre los títulos más destadados, muchos son recopilatorios de varios artistas bajo un motivo común, estarían Afropea, un curioso acercameinto a cómo la música de Europa se nutre de la africana (Zap Mama), pasando por Londres, París o Bruselas. En cuanto a bandas sonoras de películas, en las que su música ha aparecido profusamente, realizó la de Blue in the face, una rendición a los sonidos de la ciudad en la que vive, Nueva York. pasó también por Cuba con Diablo al infierno, donde pretendía sacar a la luz a grupos que unieran son y rock tras entregar un recopilatoiroa sobre la Nueva Trova con Silvio Rodríguez y otro dedicado  a los ritmos más cercano a la salsa con Los Van Van. 




Luego salió uno muy interesante sobre la herencia esclava negra en Perú, descubriendo a Susana Baca, Venezuela y México (admiraba a Café Tacuba) y cerrando el círuclo sobre la cultura latina que protagonizó su Rey Momo. Brasil fue una de sus primeros y más seguidos objetivos en el catálogo de Luaka Bop, cierto es que la década de los 90 en aquél país dio una producción única en calidad y variedad, aunque Byrne abrió el objetivo hacia el pasado y hacia zonas rurales en Forro, además de los clásicos Beleza Tropical o el redescubriemtno del gran Tom Zé del que publicó hasta tres álbums siendo Com defeito de fabricaçao, pese a su corta duración, una autentica joya de la exuberancia excéntrica del autor de Bahía (Irará). Portugal también se vio recogida en esta lusofonía que fue Fado gótico. Para terminar en este resumen, Asian Classics, los sonidos tradicionales mezclados con Bollywood.


Aunque se deshiciera de su gestión hace años (en el 2000), por lo que él mismo decía, debido a que le permitía poder grabar, recopilar y producir artistas de su interés de otras culturas, grupos brasileños, argentinos, cubanos, colombianos, indios o filipinos, el world pop y sus viajes, de los que quedan constancia en Diarios de bicicleta, no cabe duda  de que la fundación de Luaka Bop ha sido determinante en su carrera, aunque no constara como actividad principal, por esa mezcla de exuberancia y excitación que trasmite el world-pop.


Cara de muñeco
Piel lisa y clara que antes de que asomaran unas arrugas tardías parecía como de plástico. Expresividad mínima en ojos oscuros y movimientos mecánicos. Un levantar de cejas. Aquí un balanceo, allá un tropiezo calculado. Trajes que parecen uniformes cobran volumen con la agitación...esa hiperactividad que define al protagonista
CARRIL ARTE -
  
 playing the building

David Byrne nació en 1952 en Dumbarton, pueblo cercano a Edimburgo, Escocia, pero se crió desde los 8-9 años en Baltimore, a donde destinaron a sus padres procedentes de Canadá. Su familia residía en un suburbio alejado del centro y trabajaba para una compañía que estaba reclutando mano de obra especializada en ingeniería. No era en zona residencial pero sí gris y anodina. Este factor biográfico ha condicionado una personalidad creativa que, sobre todo desde los 80, se ha sentido atraída por contextos extramusicales en los que poder expresar sus inquietudes artísticas y muy a menudo sus críticas sociales.

out of this world


Como él mismo reconoce, “a su generación no le gusta las zonas residenciales, ni los centros comerciales ni la publicidad”. En 1970 ingresó en la Rhode Island School of Design, institución de la que salió decepcionado pero en la que encontró un buen ambiente de creación. Allí coincidió con sus futuros compañeros de Talking Heads, Chris Frantz y Tina Weymouth,  y tomó contacto con el arte conceptual y el movimiento de la Bauhaus, aunque reconoce que no aprendió gran cosa. Tras realizar una polémica performance le expulsaron de dicha escuela. No duró un curso en ella. 



Como autor prolífico e inquieto, las disciplinas en las que se desenvuelve son muy amplias. Artista visual y plástico conceptual y al mismo tiempo con un acusado sentido figurativo, ha ejercido como fotógrafo, videoartista, director de cine, pero también como diseñador de vestuario y de escenario. Si es un factor apreciable en quehacer músical, en su faceta plástica Byrne no usa la tecnología como un fin sino como un medio ejercido en una dirección horizontal y democrática, casi como algo lúdico de lo que se extráe un conocimientos con a experiencia. 

Los perfiles de sus obras bien delimitados y el contraste cromático junto con una intención ciertamente naïf son elementos que se conjugan en su obra como en las fotos que retatan su cara y gestos. Byrne ha echado mano de todas las herramientas que tiene a su disposición, desde un objeto (su cabeza dentro de una especie de pecera transparente), una cámara, un lápiz (de tinta o electrónico), un programa (Powerpoint) o… un edificio vacío.

Como artista sonoro una de sus más celebradas instalaciones ha sido Playing the building, instalación itinerante (siempre que le cedan el espacio) en al que el teclado de un órgano queda distribuido por materiales: madera, piedra, metal, etc) y está conectado a distintas partes del edificio. Al pulsar las teclas (con el lema “Please PLAY” se recibe al público) ya sea percutiendo, raspando o soplando, el edificio se convierte en un objeto resonante. Curioso que no se le ocurriera antes a John Cage.


Interactive Guitar Pedal Art Installation

Expuso en diciembre de 2011 en Japón dentro de la muestra Avant. Aunque uno de los países que más ha acogido exposiciones monográficas sobre David Byrne ha sido Islandia. Entre todas, hay una que nos interesa sobre manera, pues aúna elementos plásticos y utilitarios en el espacio urbano (no está en una sala cerrada) y sirven, además, para poder amarrar las bicicletas, una de sus grandes pasiones.

Es la serie dedicada a los puntos de anclaje de las bicis, diseños que quedan repartidos por Nueva York y que adoptan distintas formas (taza de té, tacón de mujer, perro, una guitarra, un coche, una escultura, saturno…) simbolizando la peculiaridad del barrio en la que quedan enclavadas (así el símbolo del dólar está en Wall Street, el tacón está en una zona de compras, la escultura cerca del Moma, el planeta con anillo cerca del museo de arte natural, etc). 

Estas figuras-objeto-mensaje quedan apostadas en el suelo y reflejan tras de ellas una sombra que queda pintada en la acera. Este recurso plantea por un lado la fugacidad de los acontecimientos de la ciudad, intentando inmortalizarla en un instante que queda ahí pegado al suelo. Es un recurso que los artistas callejeros de Nueva York vienen haciendo en el Village desde los 90.



Pintura, fotografía, instalaciones, objetos de diseño… estos son algunos proyectos que ha realizado en la última década:
Individual Pictures, Moral Dilemmas (1998/2010), Inside Out (2010), Chairs (2004-6), E.E.E.I. [PowerPoint] (2001-04), Corporate Signs (2003), What Is It? (2002-2003), The New Sins (2001-2003, estuvo en Valencia) o Political Flesh (2000-1) 



CARRIL MÚSICA -- vuelta

Eno no es un productor de éxito (U2, Coldplay) por que sí: sabe dar forma a las ideas no escritas de quienes le contratan. Byrne no tuvo que acudir a él, tan sólo llegaron al acuerdo de que la música la ponía uno y la letra el otro.

El ex líder de Talking Heads llevaba tiempo trabajando en dos álbumes que, de un modo u otro, ya contenían ese mensaje que mezclaba un sentido tradicional y otro sofisticado, una mezcla de simpleza y emoción desnuda inspiradas por estilos como el blues y el folk, sonidos fronterizos y una intención viajera a base de cuerdas, percusiones y metales. Estos trabajos son Big Love: Hymnal (2008) y de The Knee Plays (2007), ambos marcados por temáticas de evocación visual no programática y haciendo uso de una paleta instrumental amplia y exótica, muy en la línea de proyectos muy anteriores como The Forest (1988), que al igual que The Knee Plays son obras escritas para el dramaturgo y escenógrafo Bob Wilson.

Pero el trabajo más significativo de esa década es sin duda Grown Backwards (2004), en el que Byrne, tomando impulso en el título, concita lo mejor de su pasado y todas las energías renovables del presente. En esta época configura un modelo instrumental sobre una base rítmica de percusión y bajo en el que aparecen destacados además dos elementos: marimba y sexteto de cuerdas. Instrumentos, por otra parte, que siempre había gustado de introducir. 

Es en 2004 cuando participa con Caetano Veloso en una serie de recitales en Nueva York (influencia que se siente en este disco) y para cuya gira  resucita a un This must be the place, que vuelve a ser fresca y original manteniendo el espíritu del original pero adaptánsose con lo justo a posteriores revisones en nuevos formatos instrumentales (llega hasta el presente y llego a titualr una película con Sean Penn como protagonista). 




Nos encontramos también en Grown Backwards con un fenómeno que no se veía en la carrera de Byrne desde, quizá, Rey Momo o, evidentemente antes, con Talking Heads, que es lanzar al marcado un tema estrella, un clásico. Tiny Apocalypse está a medio camino de las cadencias narrativas de Lou Reed y la bossa exuberante de Caetano Veloso, es una especie de rap aristocrático flotando entre violines matizado por timbres metálicos de percusión indonesaTema incluido en la BSO de la segunda parte de la película Wall Street.


Para cerrar nuestra retrospectiva, Looking into the Eyeball (2001) es el primer trabajo de este decenio y en cierto modo un corolario del anterior, a través de una estética retro amalgamada. Aúna la estela electrónica dejada atrás por The Visible man (1997-98) y una sinfónica que recuerda a los Beatles, algo teatral y literario, la música disco de los 70 y la MPB de Brasil, el gusto por el mundo latino y el anglosajón.








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