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25 enero 2014

AGUSTÍ FERNÁNDEZ-Historia de un árbol



AGUSTÍ FERNÁNDEZ
Historia de un árbol
La primera vez que le vi no sabía quien era. Un pianista, milagrosamente sujeto a su banqueta, giraba pegado a su instrumento cruzando el escenario de derecha a izquierda a toda velocidad, para desaparecer por el otro lado flanqueado por enormes bustos colgantes de Juan Sebastian Bach. Eran de goma, que si no...En ese precipitado instante, una cascada de notas intercala febrilmente contrapunto y ruido...


No hace mucho leí que la oscuridad no se desvanece sino que espesa al pensar lo poco que podemos retener en nuestra memoria...Rastreando en ella, quitando objetos que se amontonan arriba como cuando buscas algo con urgencia en un cajón, al escribir este artículo que me han encargado, he dado con esa visión. El espectáculo se llamaba La pantera imperial, uno de aquellos atrevidos y gamberros teatros musicales de Carles Santos de los 90, aunque ellos dos empezaron a colaborar en 1982, pone en el programa de mano que aún conservo. Cinco años antes, cuento, de su señalada presentación en la II Bienal de Jóvenes artistas de Tesalónica, donde le podrían el título del “Keith Jarrett español”. Al terminar esa aproximación a Bach, con la cara de haber asistido a una broma genial, un amigo y yo nos dirigimos a Agustí para decirle lo asombrados que nos quedamos con su numerito barroco-kamikaze... Fue en el bar del Teatro Central de Sevilla, espacio al que volvería en varias ocasiones con distintos proyectos. Yo por entonces no sé si ya escribía ni recuerdo qué se me pasaba por la cabeza, si es que pasaba algo interesante. Él no se acordará de la anécdota...

Laberintos de memoria

No era la primera vez que veía juntar frente al piano algo que todos llamamos música con algo que mucha gente aún llama ruido. De hecho había tenido la oportunidad de ver en ese mismo escenario a Cecil Taylor, referente ineludible de Fernández a través de aquél Silent Tongues del 75. Menos mal que al fin, con la ayuda del músico, se pudo ampliar las fuentes de inspiración con ese genio de la singularidad del sonido interiorizado y su expansión percusiva que fue Xenakis, con quien tuvo el privilegio de estudiar en 1978 (¿cuántos músicos de jazz lo tuvieron entonces y cuántos lo tendrían hoy?). Porque, claro, uno que se compraba y leía con ojos jóvenes esta misma revista en la que escribo, como que no veía mucha relación entre el jazz y sus standards con lo que él hacía...



A lo largo de los 90, tapando agujeros biográficos más tarde, descubro que Agustí ya se había labrado un prestigio internacional y que el nombre de Evan Parker parecía estar ligado a su nombre desde 1992 (en Vic Mercat de música). No mucho después, entre 1995-6, sale Tempranillo y Dark night & Luminous con Marilyn Crispell, pero es 1+1 mi primer disco suyo, y posteriormente, desde la Fundación Miró, el trío con William Parker y Susie Ibarra, mi segundo. Por aquél entonces, y ya desde antes, yo seguía muy de cerca a ese templo de modernidad en Nueva York -primero underground, luego entre la Casa Blanca y Wall Street y al final en cántaro roto- llamado Knitting Factory, donde nuestro músico fue invitado a un homenaje al fallecido Tom Cora, chelista con quien había tocado. Por allí andaba, con John Zorn y con un tal Lawrence `Butch´ Morris dirigiendo.

Agustí Fernández y Evan Parker

Instantes de creación

Hace justo un año, y para que vean que mantiene y mejora ese nivel internacional 25 años después, me despedía de él antes de irse a Nueva York para encerrarse como invitado principal con unos cuantos “miuras” durante una semana en The Stone, el relevo espacial de la Knit. La encerrona era con el ya citado John Zorn, Ken Vandermark, Joe Morris, Nate Wooley y creo que alguien más...Vaya papeleta... “A mi lo que me preocupa de verdad, Jesús, es el frío que va a hacer allí, que soy del Mediterráneo (Palma, 1954)...” Las manos, pienso...le preocupan las manos...Oye, le digo con buena intención pero con la sensación de decir una obviedad, píllate ropa de esa térmica de montaña y unos buenos guantes... “No sé si será suficiente, soy muy friolero...” Escalofrío da repasar la actividad que realizó el resto de ese 2013 que empezaba en Nueva York...Que si todo está fatal, pues échame dos raciones... “En este negocio tienes que tener 10 proyectos en marcha porque al final sólo se realizan 3...” Contesta a la última pregunta que le realiza Jesús Moreno en la entrevista recogida en el nº54 de Cuadernos de Jazz, en 1999...Pues en 2013 has pasado de 10 a 30, amigo...

Fernández con alumnos de la ESMUC

Decíamos que conoce a Lawrence `Butch´ Morris -composición instantánea y colectiva a través de “conductions”- otra figura clave. Fernández, en su fértil y comprometida etapa como programador, lo trajo a España repartido por tres ciudades. La improvisación libre ya venía de su relación con Evan Parker, “al principio de todo esto estuvo él”, comenta en el detallista y revelador documental Los Dedos Huéspedes (Luca Caraba, In-Edit 2011). Ahora es él el que, cuando tiene un pequeño hueco, se ofrece para orientar y participar en técnicas de interpretación libres en Jerez de la mano del grupo Entenguerengue y ahora en febrero en Madrid (Hurta Cordel/Casa Encendida), dirigiendo a la orquesta FOCO. Pero es en un contexto más académico y constante, como profesor de improvisación en la ESMUC de Barcelona, donde mayor jugo se le saca a su magisterio, y si no que se lo pregunten a Marco Mezquida, nombre que algunos de mis compañeros han situado también entre lo mejor de un año con nombre propio... “Agustí Fernández”.


En el silencio de la mañana

Me he preguntado algunas veces, sobre todo cuando me llevé unos días escuchando su estupendo y variado disco en solitario Piano Activity One, con esa portada cálida y hogareña, y que salió justo al año del monumental El Laberint de la Mèmoria, ¿cómo serían las mañanas de nuestro pianista cuando se levanta y desayuna? ¿Qué tocaría al piano en ese primer contacto matutino con las teclas?...Imaginaba que elegiría a Bach o quizá a Ligeti con un buen café de bomba neuronal..., nada, unas piezas cortas, algo más tarde, con la tostá, un bolero... O quien dice un bolero dice Kenny Wheeler u Ornette Coleman, dos compositores a los que dedicó sentidos y personales proyectos a mediados de los 2000, o por qué no Si me quieres escribir, mi favorita...porque también puso en pie en esa época un monumento a la modernidad y la concordia sobre la Guerrra Civil que se llamó Claveles Rojos. No sé, pero no le veo yo recién levantado y después del pan tumaca, en esa incómoda posición dentro del piano, haciendo complejas y chirriantes técnicas extendidas sobre las cuerdas...Faceta que ha potenciado en los últimos tiempos, como se comprueba en su reciente (y van tres en tres años) disco a piano solo en directo desde Munich: A trace of light.


Volviendo al principio y a esa evocadora imagen recorriendo el escenario e intercalando armonía contrapuntística y clusters, hay algo en esta etapa de Agustí Fernández que resulta todo un desafío (aunque lo haga de manera involuntaria) respecto a la vuelta a la melodía y la consonancia. Ya saben, esa no resuelta dialéctica entre lo musical y el ruido, entro lo agradable y amable y lo incómodo y feo. Es esa vocación que pertenece al compromiso de la verdadera música actual, que reivindicaba Schönberg, la que es capaz “de perturbar más que reconfortar al oyente”. Cage lo matizaría a medio camino entre la presencia aleatoria del ruido (el tráfico, las emisoras de radio), los “ruidos” plácidos (In a landscape), el silencio (4.33) y el acto performativo (entre el piano preparado y las rooms).

Yo diría, abriendo otra dialéctica, que en el mallorquín conviven tanto la herencia de Schönberg -la marcadamente musical y europea- con la americana -la del músico/inventor y performance- de Cage. Quizá más de la primera. Sea como fuera, Agustí Fernández está más por perturbar que por complacer. Sus tratamientos sobre el piano hacen de su música arte sonoro, cuando convierte al instrumento y a él mismo en objeto resonante. De esa creación instantánea, fluida y densa al mismo tiempo, emanan ideas que se expresan con una intensidad y un control que parecen provenir del inconsciente. ¿Placer?

Agustí Fernández y Joe Morris

Polifonía de proyectos

Aunque este infatigable 2013 ya venía anunciándose por los siempre estimulantes dúos con sus más cercanos colaboradores Evan Parker (The voice is one) y Joe Morris (Ambrosia les llevó a ambos hasta la Firehouse 12 en New Haven, Coneccticut) o los excepcionales tríos con Mat Gustafsson y Peter Evans (Kropos Lithos) y de nuevo Joe Morris con Nate Wooley (From the Discret to the Particular). Desde entonces, Fernández ha favorecido nuevas colaboraciones sin perder de vista a éstas, ya sea en Barcelona o Nueva York.




En su entorno barcelonés se ha significado como una personalidad volcada con la creación joven, favoreciendo la formación (y registro) de los tríos Liquid (Albert Cirera, Ramón Prats), Wry (Ilan Manouach, Ivo Sans) y con la bailaora Sònia Sánchez e Ivo Sans. 

Aunque quizá el más fructífero, pues ejerce de plataforma de despegue de los demás, fue el que le juntó, a nivel también de composición, con el aguerrido Free Art Ensemble (imagen superior), grupo con el que primero grabó en estudio y luego en directo desde el club barcelonés Jamboree, espacio que le dedicó el año pasado una serie de jornadas monográficas como las que compartió con Mat Gustafsson (y Ramón Prats) y Ken Vandermark: acabaron en sendas grabaciones.



A pesar de moverse en un ámbito de creción tan especial y exigente, recibió
reconocimientos y menciones institucionales como las de Cultura de la Generalitat de Catalunya y con el trío Aurora, en 2012, como “incomprendible” finalista del concurso BMW y un año después como concierto del año para Jazz Magazine-Jazzman en Touluse. Para este comienzo de 2014 se presenta el nuevo proyecto audiovisual FREC de Hector Parra, junto a Ferran Conangla (sonido) y Lucas Caraba (video arte)...Una lista agotadora incluso para quien tiene que recopilarla...



El árbol

“¿Y tú que vas a pedir, Jesús?” A ver...la vista se pierde rastreando la carta del restaurante mientras me hago al tipo de letra...ahí, me voy a pescados sin dudarlo; veo un tartar de atún...¿de dónde es la criatura?, levanto la cabeza dirigiéndome al camarero. Viene de Barbate, contesta. Vale, pues un tartar de atún y un Rueda bien servido... “Lo mismo...” No recuerdo qué pidieron los demás, pero sí recuerdo la conversación. Tenía a Agustí justo delante de mi. Craig Taborn acababa de desembarcar en ECM con Avenging Angel a piano solo, le comenté que el trabajo me seguía trasmitiendo, tras varias escuchas, cierta perplejidad. Que no sabía si ello se debía al mensaje musical en sí, al orden de los temas elegido, a la “mano” del dios Eicher en la obra de un tipo como Taborn... “A mi también me pasa, es como si hubiera algo que se me escapa”. Esa noche había tocado en Málaga con TriEZ, junto a Baldo Martínez y Ramón López. Alianza histórica en el jazz hispano que matiza con aires ibéricos el legado de Ornette Coleman y el propio de cada uno, como sucede de un modo muy distinto en el trío Aurora (Barry Guy), grupo que es noticia por su nuevo y fenomenal disco.


Persona culta y atenta, buen lector y conversador pausado y reflexivo, es Agustí Fernández un espíritu libre que pone pasión en cada una de las cosas que hace. Al volver al hotel me desvío de la ruta más corta y vuelvo sobre mis pasos hacia el auditorio del Museo Picasso, donde tuvo lugar el concierto. A la entrada del mismo, en el centro de una pequeña plaza cerrada, hay una higuera apostada a cierta altura en una especie de enorme maceta redonda hecha de piedras. La base inclinada de la tierra en la que está plantada viene cubierta por un alfombra de color verde que brilla en la oscuridad de la noche, pero no es césped, sino una planta con hojas muy pequeñas con pétalos en forma de trébol. En el centro se erige el árbol. El robusto tronco da pistas sobre su edad, con sus pliegues firmes y retorcidos que se extienden desde el suelo hasta las ramas. Miro hacia arriba y veo cómo se abren, están repletas de hojas en sus extremos. Tiene una frondosidad tranquilizadora y serena... Hombre y piano son árbol.


Imagen de cabecera: Lo Otro

*Me gustaría dedicar este artículo a la memoria de Raúl Mao (Cuadernos de Jazz), que nos dejó hace un año. Todos quedamos huérfanos desde entonces, pero su personalidad y entusiasmo siguen vivos.




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