INICIO

23 enero 2013

KEITH JARRETT- Hymns/Spheres (reedición)


KEITH JARRETT


HYMNS/SPHERES
Keith Jarrett (órgano barroco Karl Joseph Riepp)
Abadía benedictina de Ottobeuren, Alemania, septiembre de 1976 
ECM 

Hemisferios de creación

A lo largo y ancho de la década de los años 70, ECM propició espacios de creatividad que han pasado a la historia y cuya influencia aún se deja sentir. Keith Jarrett, a fin de cuentas un pianista con dotes superlativas situado hasta entonces en una vertiente renovadora de la tradición del jazz, se asomaba a parajes insospechados para cualquier músico. El asombroso legado de aquella época, sostenido tanto en una inusual capacidad productiva extensible a otros ámbitos estéticos como en su cualidad como instrumentista múltiple, se significaba en dos ideas fundamentales ampliamente desarrolladas por Jarrett: invención y creación a partes iguales.



Hymns/ Spheres es posiblemente una de las experiencias más autistas (entiéndase por singular, puntual y callada) de su ingente producción de los setenta, entre la desarrollada por los cuartetos americano y nórdico y en solitario (Sun Bear Concerts). Manfred Eicher le facilita experiencias (nuevas gramáticas) en las que el músico se significa no ya sólo a través del instrumento elegido y una construcción improvisada, sino en un acto creativo que sucede en un espacio concreto.

La técnica desarrollada en un órgano, instrumento que nació con las catedrales góticas para elevar y llenar de espiritualidad esos grandes espacios con sus alturas, nada tienen que ver con la de un piano

Con esta entrega de un improvisador inagotable como Jarrett en una faceta única frente al órgano de una abadía, vuelve a acertar la política comercial del sello alemán rescatando momentos de gran singularidad estética que se han materializado, como veremos, en ámbitos musicales muy distintos del origen. Como obra adelantada a su tiempo, la percepción que se tuvo de ella en su momento no estaba preparada para asimilar un contenido tan fecundo que hoy, ya en perspectiva, podemos ir desmenuzando. Críticos de música clásica - con órgano de por medio, es lo que parecía más lógico entonces- asociaron esta aventura con autores contemporáneos como Ligeti y Messiaen, sin tener en la cuenta que se trataba de sesiones basadas en música de creación libre y no en sesudas páginas.

                                  órgano barroco Karl Joseph Riepp

La técnica desarrollada en un órgano, instrumento que nació con las catedrales góticas para elevar y llenar de espiritualidad esos grandes espacios con sus alturas, nada tienen que ver con la de un piano: teclados, pulsación, pedales, válvulas, tubos... pide otro virtuosismo, otra gramática. Lo que significa que aunque el estilo de Jarrett sea reconocible desde el primer corte en sus giros, repeticiones y naturaleza melódica, la materia del sonido y su discurso imponen un ámbito distinto. Concisos, los títulos que definen a estos dos discos incorporan su eje semántico al contenido.


Este trabajo no es una obra maestra, es sencillamente algo único e irrepetible, algo sin parangón respecto a la creación del momento y del propio autor. Fuera de la academia, del jazz, del rock y ajeno a la música electrónica de sintetizadores de los 70`s


Este trabajo no es una obra maestra, es sencillamente algo único e irrepetible, algo sin parangón respecto a la creación del momento y del propio autor. Fuera de la academia, del jazz, del rock y ajena a la música electrónica de sintetizadores. Pero por otro lado, como obra visionaria, abarca todo eso y más. La escena minimalista (aunque sólo In C nos lo parezca) con acercamientos orientales tenía en Terry Riley a su principal representante, que ya desde principios de los 70, partiendo de A rainbow in a curve air, se había centrado en trasladar la música de la India a teclados eléctricos y voz en planos hipnóticos a modo de oración. El resultado sintetizaba la frondosidad y serenidad de las ragas indias en un discurso tupido de motivos y a la vez sereno (Spheres 7º movement).

Brian Eno había seguido de cerca los avances de los minimalistas y también del rock sinfónico más bucólico. Como inglés había asimilado la rica polifonía coral y de órgano que subyace en la tradición musical del país. Su serie Music for Airports abre un cauce de expresión a la ambient music a través de planos etéreos superpuestos y en movimiento continuo que aún se explota (Spheres 1º, y 8º-9º). La música sacra es génesis y expresión del órgano como instrumento. Ornamentación recargada y barroca, solemnidad religiosa, Bach y Buxtehude, también el Ligeti insidioso (Spheres 5º, ). 

Hymn of Remembrance abre el doble disco con acordes reconocibles del autor que podemos encontrar en el Köln Concert, dentro de un enfoque que toma de la liturgia protestante los cantos de pregunta y respuesta. Lo cierra otro tema con nombre propio, Hymn of Release, con el que Jarrett parece querer devolver con su característico sentido hímnico, en ese círculo o esfera vinculante, la respiración sacra y barroca que encierra un instrumento construido por Karl Joseph Riepp en el siglo XVIII.

Una llamada íntima al futuro con un instrumento del pasado. 

18 enero 2013

TOP JAZZ 2012- discos, conciertos, grupos


TOP JAZZ 2012
La propuesta anual tiene como protagonistas, sin otro planteamiento jerárquico, los discos que más escuché. Añado algunas pistas sobre conciertos interesantes a los que asistí y también grupos que se han fundado el pasado año y que darán que hablar en éste. Sabemos que la industria no levanta cabeza pero los creadores deben seguir mostrando sus ideas. Si se observa con atención, esta pequeña lista de 5, así concebida por imperativos de edición, establece relaciones de parentesco y conexiones de estilo entre los elegidos, un tanto caprichosas si se quiere. Tres bajistas, Carvalhais, Gallo y Opsvik, están en ella.

El segundo trabajo de Hugo Carvalhais, de máximos partiendo de mínimos, desde su anterior Nebulosa con Tim Berne a este Particula con Dominique Pifarély, aún sigue sonando. 


Hugo Carvalhais
Emile Parisien (ss), Dominique Pifarély (vl), Gabriel Pinto (p, org, tec.), 
Hugo Carvalhais (b, electrónica), Mario Costa (bat)

Deberíamos empezar por el principio, es decir, por una publicación nueva que, no obstante, nos remonta a finales de los 70. Sleeper, de Keith Jarrett y su cuarteto nórdico, ha sido uno de ellos. De un tiempo a esta parte, también en el pasado año, ECM sigue de cerca la siempre estimulante obra de Tim Berne y Michael Formanek, alejadas de sus pilares históricos, ahora rescatados en directo, como el ya nombrado o el de Garbarek-Gismonti-Haden.

Katherine Young`s Pretty Monsters
 Erica Dicker (vl), Katherine Young (fg, elec), Mike Pride (bat), 
Owen Stewart-Robertson (g, elec.) 


El valor de contraste de este legado de Jarrett, con orillas a las que es difícil no arribar cuando uno se acerca a la contemporaneidad, es su énfasis y refinación melódicos, que hoy por hoy están en primera línea de la creación más interesante. Una música, la que nació de My Song, que hoy podría ser entendida como “pop” por su estructura de canción y matiz folk-blues. De ahí que entre nuestra selección haya antes actitudes que criterios definidos sobre melodía y mixturas derivadas del pop. Como la plasticidad aislada -noruega- de Eivind Opsvik y ese sonido de clave barroco (el inventivo Jacob Sacks), o como el rock con música contemporánea de cámara, de fricciones y figuras esquivas, en el caso de Katherine Young.


                                                       Neneh Cherry y Mats Gustaffson
                                    Ingebrigt Håker Flaten (b),Paal Nilssen-Love (bat)

En un enfoque menos afilado que el de Young, aplicando más materia y uniendo distorsión y canción envueltos por una atmósfera oscura, el veterano trío The Thing rescata a Nené Cherry en The Cherry Thing, disco que depara tantas escuchas como ángulos: jazz garage de gesto punk y global, trip hop, reggae. Viajero y canalla, sorprendente y desacralizador, omnívoro es el trabajo de Danilo Gallo al frente de sus Roosters.




Danilo Gallo
Achile Succi (cl), Gerhard Gschlöβl (tb), Danilo Gallo (b), Zeno de Rossi (bat) 

Hay un elemento común en lo inusual de las formaciones citadas que se ajustan a la premisa de un autor, como Wadada Leo Smith, que brilló gracias a su recreación memorística del Movimiento por los derechos civiles en Ten Freedom Summers. Alumno aventajado de tan influyente compositor, que siguió aquella premisa de combinar una plantilla atípica para conseguir sonoridades atípicas, es Harris Eisenstadt. En Canada Day III consolida una idea cromática y funcional altamente expresiva. A este quinteto perteneció Eivind Opsvik.


Wadada Leo Smith

En piano sobresale nuevamente nuestro Agustí Fernández con Piano activity one, un trabajo colosal que una lo insólito y lo cotidiano, aunque destacaría a Kris Davis y su primera entrega en solitario en Aeriol Piano. El trío de este instrumento ha tenido dos entregas exigentes en su lenguaje contemporáneo para Fresh Sound New Talent, la del pianista Jesse Stacken y la del baterista Jeff Davis. Añadiría un clásico al que un día le “robaron su cuarteto nórdico”, Bobo Stenson en Indicum (próximamente en este blog). 


Kris Davis

Al saxo alto hay que seguir los trabajos Grass Roots y Bookof Maebul que ha publicado Darius Jones, construidos desde una intensidad post-free perfumada de lirismo cantable, y de nuevo desde Italia, y dentro de la órbita de El Gallo Rojo, a Piero Bittolo Bon tanto a trío como con el sexteto Jümp the Shark.


                                                     Piero Bittolo Bon Jümp The Shark
Piero Bittolo Bon (sa, fl), Gerhard Gschlössl(tb, tuba), Pasquale Mirra (vib), Domenico Caliri (g), 
Danilo Gallo (b), Federico Scettri(bat)

Como grupos constituidos este año, destacaría dos incontestables. Ben Goldberg y su Orphic Machine Nonet y uno que dará que hablar este año, Ches Smith & These Arches, con Tim Berne, Tony Malaby, Mary Halvorson y Andrea Parkins. Como músico, el trombonista suizo Samuel Blaser, que se multiplica a este lado y al otro del Atlántico, lleva dos años sobresaliendo al ofrecer una música imaginativa y sólida, tanto con sus grupos, unos nuevos y otros como Consort in Motion en su segunda temporada, y como acompañante (con François Houle en 5+1, entre otros).


 Lucian Ban Enesco Re-imagined

No ha habido mucho donde elegir en conciertos del año en el área en la que el cronista se desenvuelve, así que me quedo con los que tuvieron lugar en Guimarâes (Portugal) Lucian Ban Enesco re-imagined (con músicos como Mat Maneri, al que entrevistamos, Tony Malaby o ese portento que es Gerald Cleaver) y el así titulado Sound Prints  de Dave Douglas y Joe Lovano (con un invitado que estuvo inmenso: Jorge Rossy) en homenaje a Wayne Shorter, maestro a quien se pudo ver lleno de vitalidad y de ideas fluidas y frescas junto a su veterano cuarteto en México.




Vídeos en los títulos vinculados 













(Clean Feed)













Katherine Young 
Pretty Monsters 
(Public Eyesore)



































16 enero 2013

HUGO CARVALHAIS-Particula

              HUGO CARVALHAIS


PARTICULA
Emile Parisien (ss), Dominique Pifarély (vl), Gabriel Pinto (p, org, tec.), Hugo Carvalhais (b, electrónica), Mario Costa (bat).
 Grabado entre el 16 y 19 de octubre de 2011 en Oporto. Clean Feed.


El músico portugués publicó un sorprendente y estimulante trabajo en 2010 titulado Nebulosa con la participación de Tim Berne (Clean Feed 2010) y ahora sale Particula (Clean Feed 2012), que es parte elemental de la materia. Una galaxia y un minúsculo elemento, y dos universos. Como conclusión una idea que une a cinco músicos funcionando como grupo pero a la vez como entes independientes que se asocian entre ellos formando pequeños sistemas.




El disco surge como del infinito, de un lugar lejano, y llega poco a poco mientras las partes que lo componen se hacen más y más visibles. La cercanía descubre un mundo nuevo, lleno de vitalidad y compenetración. Flux, en su primer estado, también por el violín invitado de Pifarely, recuerda a la música de Louis Sclavis. En cierto modo, esta plantilla mixta formada alrededor de un cuarteto tiene mucho que ver con algunos de los terrenos de cámara que ha pisado el músico francés desde finales de los 80. Pero hacia al final el núcleo se disgrega y se desvanece como en un espacio vacío en el que algo se mueve de manera inesperada. Este factor es el que singulariza y distingue el trabajo de Carvahlais, la arquitectura de climas, atmósferas (o nebulosas) y, cómo no, partículas en movimiento. No es un título figurado sino una expresión que lo recoge y amplifica en una sola palabra: Chrysalis, Capsule, Omega, Cortex, Madrigal.





Carvalhais, gran aficionado al jazz desde temprana edad en su ciudad Oporto, donde esta música tenía un templo referencial para la modernidad como Casa Da Musica que ha dejado de serlo, empezó tarde pero lleno de entusiasmo como contrabajista. Lo hizo con 18 justo cuando se matriculaba en Bellas Artes. La cuestión plástica e incluso visual (los vídeos que acompañan a Particula son de gran originalidad y belleza, ver más abajo) es un factor fundamental para entender la estructura móvil y la composición cromática sobre texturas, y también miniaturas, del músico. Pronto se alió con Gabriel Pinto, partícula imprescindible en la combustión de este sonido electroacústico, y luego con Mario Costa (2008), baterista de gran versatilidad e imaginación que va más allá de la función rítmica y un groove sofisticado para construir climas. Parisien llegó después completando el cuarteto, Carvahlais eligió que fuera con el soprano (que no recuerda a Steve Lacy). Así que tenemos saxo soprano, violín y electrónica en registro agudo. Nubes, volúmenes y líneas se ciernen en dimensiones complementarias.

Difícil de dilucidar a qué género pertenece esta propuesta, música contemporánea, improvisación, fusión, lo cierto es que si lo consideramos abstracto, habría que considerar abstracta también a la misma materia o lo tangible. No lo parece, y esto es así por, como decíamos, la plasticidad y el potencial descriptivo que provoca. La electrónica juega un papel fundamental, sutil y evocador que favorece la asociación visual con el cosmos y la ciencia ficción cinematográfica. Aunque haya elementos retro de sonido y efectos introducidos a conciencia, nada nos sugiere ni por asomo una conexión con el jazz fusión de los 70. A ello ayuda un piano (y teclados) contemporáneo de pulsación inquisitiva (y conectado con François Raulin) que al entrar el órgano sirve de bóveda celeste.


Generator es una balada espacial que parece quedar suspendida en un ambiente ingrávido y que va creciendo aupado por una alargada línea electrónica como cometa que lo atraviesa. Emile Parisien, joven que ya había causado sensación con su debut en Au revoir porc-épic (2006), lleva el peso de este tema que poco a poco se va descomprimiendo hasta desaparecer en una nube gaseosa.

De la antimateria surge Amniotic, líquido misterioso y traslúcido que envuelve al cuerpo que protege. Algo se mueve en su interior, figuras móviles van creciendo y emancipándose como sonidos. El trabajo en texturas se interrumpe violentamente. Un nacimiento, una trasformación.






LIVE VIDEO NEBULOSA


15 enero 2013

OPINIÓN- Escribir, leer... esa es la cuestión


Escribir, leer... esa es la cuestión








Me sumerjo con avidez en un extenso artículo en la revista Raíces sobre Harold Bloom, uno de los críticos literarios más influyentes, el del Canon occidental. Como no podía ser de otro modo, se trata de un lector voraz (un “Funes el memorioso” que olvida a Borges en su canon) que lo retiene todo como lector en soledad, dice. Kraftwerk, los alemanes electrónicos, más que grupo es proceso. Ni es hombre ni tampoco opinión. Su legado cibernético es síntesis de texto y de sonido, apenas un sms y la problemática de la comunicación global. Dos mundos contrapuestos y un ganador


Por ahora, el verdadero canon occidental y el global es la síntesis de un mensaje que puede decir mucho en muy poco pero que al final no deja de tener la perdurabilidad de un día, sin sedimento alguno. Aunque Kraftwerk sí lo dejara, conste. Pero si lo hizo fue porque iban por delante del tiempo. El mismo concepto de progreso tecnológico acabó con ellos. Cuando la informática pasó de los laboratorios (los suyos Kling Klang) al hogareño e incipiente PC de los 80, ellos también pasaron a la historia.

Lo importante de la historia es lo que aprendemos de ella, lo que nos hace mejores. Bloom persigue la sabiduría a través de la lectura, toda una aventura, por ello quizá prefiera, en esa búsqueda de la “subjetividad profunda, que no es nada fácil”, la biografía a la historia. A mi tanto bien me produce seguir las valiosas pistas de un erudito shakesperiano como Bloom en un libro con páginas de verdad como escuchar otra vez The Man Machine desde cualquier dispositivo.

Lo que no pude ser recomendable, de ningún modo, es prescindir de la literatura para servirnos de la creación mínima textual. Y me refiero a expresión mínima, por más literarios y descriptivos en concisión que queramos ser, a un me gusta facebookiano, una fugaz genialidad twitteriana (que para eso viene de remolino), un sms (amigo o no), un whassap (o como se escriba) o un texto poco “enriquecido” (y muy vinculado).

No renuncio a la lectura activa (no quiero entrar en el tema de los best sellers que proliferan en metros y hamacas de playa). El lenguaje es una herramienta de crecimiento que si la reducimos al mínimo de su expresión la banalizamos y nos embrutece, por más de diseño que vistamos a nuestros pensamientos.

Y esto mismo, en pasado y presente incluso de la música que amamos, en nuestra particular cruzada contra el ostracismo que sufre el jazz y la música contemporánea en contraposición a la nadería cultural y el mal gusto, incluyamos la campaña de RNE-3, juntos pero no revueltos, debe reforzarnos en la singularidad y la profunda subjetividad de la nos habla Bloom, pues sólo esta facultad es la prueba más inequívoca de nuestra esencia como individuos libres.

...Y prefiero tener la cara regordeta con mirada algo achispada por el vino de Bloom que la robotizada de Kraftwerk. 

Publicado en Cuadernos de Jazz (14-21 enero 2012)



09 enero 2013

AGUSTÍ FERNÁNDEZ PIANO SOLO- A Trace of Light, Piano Activity One & El Laberint de la memòria


A TRACE OF LIGHT

piano solo (2013)

Agustí Fernández
 Sirulita Records

Grabar en directo el 13 de mayo en Munich, con el peso e influencia que esa ciudad tiene para la cultura musical y el “orden” europeo, debe de dar cierto respeto. Nuestro Agustí Fernández se precipita sobre las cuerdas del piano si mediar palabra y construye (es un decir “al contrario”) un lienzo arañado y aparentemente desabrido, incómodo para una escucha superficial. Acaso éste podría ser su disco a piano solo más insobornablemente perturbador de todos los que ha hecho, alejado aunque no ajeno a Piano Activity One y ciertamente menos reflexivo aunque más inmediato que el Laberint de la Memoria. Operando en casi todo el directo sobre técnicas de piano extendido, el creador hace una “apología” de la anti-música centro-europea, vienesa o alemana, desde su corazón mismo.


Sin apenas dejar aliento al pensamiento sobre el propio acto creativo, Fernández ofrece un ejercicio aristado y palpitante entre el músico y el mecanismo de resonancia con teclas, acercándose más al mundo percusivo interiorizado de Xenakis que a la monumentalidad de Cecil Taylor. La frotación crea un barrido violento pero también miniaturista (partes 1-3), se practica un juego contrapuesto de planos, de cerca y de lejos (p-7), de arrastre y alturas (p-2), de timbres y texturas que dejan tras de sí un rastro de evasión y conciencia. Trace of light es hipnótico y avasallador, medido y liberador; es arquitectura gótica (p-5 y 6) hecha cristal de vidriera, por la que atraviesa un gesto, un sonido, acaso un rayo de luz...

Piano Activity one

piano solo (2012)

Agustí Fernández, que entre el 16 y el 20 de enero estará en ese templo de modernidad llamado The Stone (Nueva York) acompañado de Joe Morris, Nate Wooley, Ken Vandermark o John Zorn, es nuestro músico de vanguardia más internacional. Como señala la revista The New York Jazz Record, se trata de “un pianista completo en todos los sentidos de la palabra, que mezcla una técnica exquisita y una inspiración innovadora”. Tras El Laberint de la Mèmoria, publicado en 2011, acaba de sacar Piano Activitity One (Sirulita), otra solitaria inmersión que abre nuevos senderos 
de escucha sobre el instrumento


Lo insólito en lo cotidiano



Un acto de creación en solitario supone el ejercicio de subjetividad que bien puede ser activado por medio de resortes intelectuales o deberse a una entrega liberadora. En El Laberint de la Mèmoria Fernández encajaba las piezas de un puzzle, o más bien un poso no consciente, instalado en recuerdos, o más impresiones, musicales. Un acto de voluntad creativa convenientemente canalizado aunque también indeterminado, como quedaba descrito por una portada que abría puertas a compartimentos íntimos y desconocidos.

Con Piano Activity (en referencia al arte de acción o performance) la portada sugiere un contexto más hogareño, una posición de confortabilidad aparente para la creación instantánea. Un mundo de sutilezas organizado y libre, el de Fernández, poco dado a la autocomplacencia y que exige un acto de subjetividad profunda al oyente. Ambos trabajos tienen enfoques distintos, que vienen dados tanto por estados anímicos como de percepción del sonido. Pese a que el impulso creativo que le inspira se instala en un espacio cotidiano que favorece relaciones directas, se revela nuevamente en él un discurso en la colocación de los temas.


El disco lo componen 11 piano activities (título que alude al arte de acción de los 60), pareciendo quedar hiladas tanto la primera como la última sobre un juego atonal cadencioso e insinuante, más intenso y cruzado en el comienzo que en un corte final que parece respirar dubitativamente y casi en forma de vals, como eco de todo lo sucedido antes.

La activity número 2, pieza angular que sirve también para subrayar la materia percusiva de este encuentro con el piano, es un asombroso trabajo de frotación de cuerdas que primero construye texturas, luego figuras mecánicas y acaba en miniaturas. Un tema que más que música es arte sonoro en toda regla, donde instrumento y músico no son sujetos sino objetos en fricción.

La número 3 encadena de manera vertiginosa racimos de notas deformes que arrastran un sentido melódico en su interior. La 4 tiene un tempo pendular y se diría oriental sobre un eje que golpea mientras la otra mano se abre al fraseo jazzístico. Todo aquí suena original y nuevo, incluso el piano preparado en la 5. Con la 6 vuelve el sonido natural en una construcción atonal rítmica típica en Fernández, que aunque tayloriana sitúa silencios en un espacio entrelíneas que poco tienen que ver con la respiración del músico histórico.



La 7 es una llamada que resuena desde el interior. Desde lo profundo y grave, los volúmenes se arremolinan como aspirando encontrar una salida. La 8 devuelve el carácter percusivo al instrumento de manera torrencial. La 9, otra pieza señalada, sigue la estela percusiva pero, en cambio, añade un excepcional trabajo tímbrico de afinidad en alturas con las campanas, sutil en como se tañe por la pulsación y el pedal, entre silencio, espacio y escucha. La décima activity, en ese estilo tayloriano antes citado, tiene un pulso que empuja el discurso hacia un centro figurado que las alejadas escalas cromáticas se empeñen en desmentir. Dicho centro se disuelve en agudos como un leve suspiro.

Debe ser complicado estar instalado permanentemente en la excelencia (más si cabe en una sociedad tan zafia como en la que vivimos). En este trabajo último, incluso cuando parecen sobrar los argumentos si estás frente al piano en pijama, recién abandonados los sueños, sigue brotando una creación instantánea sobrecogedora en construcción y belleza. 




El laberint de la memòria

piano solo (2011)

Con el mismo detalle que elige cada nota, Fernandez usa la palabra justa para describir su nuevo proyecto en solitario, un disco (julio-agosto 2011) cuyo contenido queda perfectamente ilustrado por la bella imagen de portada, obra del fotógrafo Trine Sondergaard. La luz va penetrando en cada instancia de la memoria, alumbrando figuras que el tiempo ha convertido en recuerdos “agazapados en sus pequeños recovecos”. La idea parte de un encargo realizado por Joâo Santos en el verano de 2008 basado en un repertorio pianístico de compositores españoles contemporáneos (de Isaac Albéniz a Carles Santos), que tras ser enunciado y luego madurado (“esta música perfecta tal como es, ¿qué puedo hacer con ella?) adoptó una representación libre de la imagen de origen, tan subjetiva como onírica cuando la percepción melódica se abandona al “eco” de conciencia de un pasado lejano, “a una memoria incluso anterior a mi”. 

Focalizada en una dimensión memorística  que opera desde el instrumento, se diría que esta música se nutre de un proceso de inmersión cultural parecido a un proyecto anterior como Claveles Rojos, una lectura sobre temas de la Guerra Civil Española, obra en la que también convergían “las tres memorias de las que hablaba Valente: la personal, la colectiva y la matérica”.




Si la improvisación libre es como un dibujo en bruto que apela a la creación instantánea de los sentidos que emergen y se mezclan tejidos con el intelecto, el discurso a piano solo, más si cabe para un creador como Fernández interesado en enmarcar la obra bajo un argumento narrativo, requiere de una complicidad  mayor entre contenido y forma, la cual adopta también el criterio de función. La tarea ahora para el oyente, no sujeto a la organización emocional del autor, es apreciar esas líneas de continuidad del subtexto (procede del subconsciente, no del "vacío" zen de Cage) que empuja el orden de intermediación de los signos. El dictado musical fluye así entre la figuración tonal y la lectura signada contenidas en una expresión epigramática en la que surgen imágenes nítidas, “pequeños elementos” que nos resultan cercanos incluso familiares, mientras que otros se muestran esquivos. 



El trazo, como en la escritura automática, es aquí la intención motora, clave en el binomio forma-función que define un proceso que se revela canónico al partir de construcciones básicas. El gesto técnico sale a la superficie y se extiende por esa arquitectura basada en instantáneas cuyo desarrollo mantiene el pulso intuitivo, de ahí que sirva como herramienta de vehiculadora de la emoción.  Lo hace de manera lúcida y resolutiva, atenta al detalle weberniano (pulsación, control tímbrico, espacios y silencios) y también a la explosión textural de Cecil Taylor (volúmenes en trémolos acumulativos variables). 

De este modo, el músico nos presenta un lienzo despojado de ornamentación en el que prima la esencia de rasgos que van de la alusión melódica (Joan i Joana) a su elusión (El pincel de Perico), de la evocación costumbrista (Tonada, Porta de mar) a la del paisaje (L`esmolador), de la solemnidad (Catedral-La processó) a la curiosidad infantil (Evanescent-Preludi), de la invocación telúrica (Flamarades) a la trascendencia de la misma (Pluja sorda), de la singularidad del recuerdo a sus bifurcaciones (Aparició i desaparicions- El laberint de la memòria).


El lado instintivo deja abierta la puerta a la libre asociación del detalle, como indica Fernández en el texto, por eso cada uno escuchará epigramas de otras músicas (de Piazzolla a Keith Jarrett, de Feldman a Mompou). El programático, desarrollado a lo largo de 14 temas, es más subjetivo, pero que duda cabe que es el que confiere el poder descriptivo a la intimidad de un mensaje instalado en la mejor creación pianística del momento. Jesús Gonzalo

Fotos de El laberint de la memoria: LOOTRO.COM