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09 mayo 2013

CARLOS BERMUDO SEXTET- Dreams


 CARLOS BERMUDO 
SEXTET
DREAMS


Debió de ser por esa época. Coincidí en un par de ocasiones con Carlos y Miguel en el mercado de la calle Feria de Sevilla. Por aquellos tiempos, cercanos a la grabación de este disco en 2009, era habitual verles juntos tocando por Triana o en algún local del centro de Sevilla. Quiero pensar, sin preguntar al protagonista, que fue así. La memoria, con el paso de los años, es lo que tiene, que se puede permitir ciertas licencias. Sí, este disco se empezó a poner en marcha como un puesto de verduras del mercado de Feria. Cuando lo ves, dices, qué reluciente, qué bien colocao está todo y qué fresco es el material, mira el contraste de los colores, rojo, amarillo, naranja, verde…Pero nadie cae en la preparación no ya de ese día sino de todos los anteriores en que se abre la persiana al despuntar la mañana.
 

Como en cualquier biografía de músico, la formación, que ocupa no más de dos renglones, da paso a la experiencia. Y en esto nadie pone en duda que la tiene, de aquí y de allá. Carlos Bermudo se formó –y bien- en los EEUU (en la Berklee de los Metheny y Gary Burton) tras poner las bases en el conservatorio de Sevilla. Hoy se va mucha gente al extranjero, cierto, él se fue cuando muy pocos se iban. Y eso siempre es un reto, más entonces que ahora. Pero hay una cosa a favor de Carlos, su aspecto de caballero cuya nobleza reside en la armadura de su afabilidad y en el poder de convicción de su arma, su guitarra. Con ellos se abrió camino. Bueno, su aspecto físico, bigote o perilla, piel blanca y pelo lacio que cae sobre la frente y que tempranamente se fue cubriendo de canas, le confieren cierta refinación foránea que contrastaba a la perfección con los rasgos duros, la tez oscura y los rizos agitanados de Miguel. Vaya dos.

Sí, quiero pensar que justo en esa etapa se grabó este disco, que ha sido una grata sorpresa no sólo por su contenido sino porque me ha hecho recordar estos momentos. Y porque el contrabajo de Miguel sigue sonando ahí dentro. Por un lado, Bermudo cuenta con la veteranía y también con la juventud. Jóvenes hoy y más hace 4 años, como Javier Ortí, Nacho Botonero o Dani Cano. Descubro que ya tenía formado un sexteto al que añadía incluso trombón. No dirán que no es atractiva la propuesta: saxo tenor, soprano y barítono, trompeta, trombón… Añadimos un poco de flauta y clarinete bajo… Otro saxo tenor… Pedro Cortejosa. ¿Y por qué este formato, cómo suena?

Bueno, parece claro que el autor tenía interés en combinar estos colores instrumentales en elaborados arreglos que consiguieran dotar de cierto empaste al sonido de conjunto. El sonido, la suavidad de las líneas y el detalle con el que está hecho también nos dan las claves de una obra madura que sugiere conexiones con el jazz de finales de los 50 y principios de los 60. El disco se abre con Desayuno, es un tema que se despereza con parsimonia y delicadeza en una polifonía que tiene esa paleta impresionista que gustaba tanto al cool jazz. 

Sí, la elección instrumental ya nos daba pistas afines a The Birth of the cool de Miles Davis. Formatos elegantes y afinados, música fluida y modal… Oliver Nelson y The Blues and the abstract truth, ese sonido relajado impregnado de swing y de misterio. ¡Pero aquí no hay piano! Cierto, pero sí está, como allí, Bill Evans. Si Desayuno abre el disco, The Peacocks lo cierra. ¿Por qué será que Bermudo, pese a ser guitarrista, parece que hace música de pianista? ¿Por qué el clima melódico de Bill Evans parece inundar este disco?

La guitarra de Carlos Bermudo, inmerso en el trabajo de grupo, dejando respirar a las partituras y abriendo canales de expresión al saxo de Cortejosa, acaso el elemento que más incita al movimiento vertical, tiene un trazo limpio y musical y una sonoridad cálida que lo acerca a lo acústico. Podría estar a medio camino de Jim Hall (sonido y toque swing-blues) y Joe Pass (curiosamente, un guitarrista que gustaba de articular varias líneas melódicas como los pianistas), pero parece identificarse aquí con el espíritu de Bill Evans. No obstante, en otros contextos en vivo recientes que le he visto, sobre todo en los espacios de improvisación, en la guitarra de Bermudo anida una inquietud cimbreante que, eso sólo le pertenece a un instrumento de cuerda, recuerda al John Abercrombie último.

Parece claro que Bermudo ha configurado un formato basado en estos referentes clásicos adaptados al presente y sin interés alguno por los artificios virtuosísticos. Cortejosa, más que él si cabe, es quien con sus solos estimula la intensidad contenida en planos en los que los metales se desenvuelven con tersura. En medio del repertorio aparece Wake up, otra llamada al despertar que une libremente el carácter indómito e introvertido a la vez (como hiciera Coltrane con Rashied Ali) del saxo tenor de Cortejosa con la batería de Marcos Northern (usando mazas). Si Claudia nos sugiere al ya citado Oliver Nelson, Querido amigo introduce una sonoridad hard bop aterciopelada y un solo con sordina de Cano que, en conjunto, recuerda a Lee Morgan.  

Merienda es uno de nuestros temas preferidos, construido sobre pasajes distintos, deja un espacio en el que se puede oír la química entre Cortejosa y el contrabajo fibroso y mestizo de Vargas. Tres estándares se sitúan en la recta final del disco. Summer in Central Park (Horace Silver) lleva el delicado balanceo de la melodía hacia un terreno más tropical o más deudor de la bossa nova, con una guitarra cuyo solo deja paso al tenor del gaditano, siempre en una tesitura medida, intercalando posiciones agudas y de registros más graves dentro de un estilo melódico delicado e inconformista a un tiempo, que más tiene que ver con Blue Note (Hank Mobley) que con el hard bop de los saxofonistas de Prestige. Tones for Joan`s Bones (Chick Corea) nos devuelve a Cano con el fiscorno y favorece rotaciones de solos en el sexteto subrayados por la melodía en unísonos.

Sutil en cada detalle, sensitivo y cálido en la expresión, Dreams es algo más que un disco madurado en el tiempo cuyo valor de contraste queda fuera de duda; es un testimonio nada frecuente de buen gusto, humildad y brillantez compositiva e interpretativa. Miguel Vargas aún resuena en solitario en el lienzo que destapa The Peacocks. Sueño hecho realidad.

                                                                                                Por  Jesús Gonzalo



   Concierto presentación         Dreams  
Carlos Bermudo Sextet 
Pedro Cortejosa
Carlos Bermudo, guitarra y fl
Pedro Cortejosa, saxo tenor
Dani Cano, trompeta y fliscorno
Javi Ortí, saxo tenor
Nacho Botonero, saxo barítono
Jaime Serradilla, contrabajo
Nacho Megina, batería


Viernes 10 de mayo a las 21:00
Patio del CICUS 
(Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla)
C/ Madre de Dios, 1

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