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28 marzo 2012

JOHN COLTRANE- The Impulse Albums


THE IMPULSE! ALBUMS
 VOLUME ONE


 Coltrane en plenitud básica

Alcanzada la maestría interpretativa que venía pidiendo la sublimación de su sonido, superadas las limitaciones de estilo y liderazgo y tras haber encontrado a los elegidos para llevar a cabo su misión, Coltrane da un paso más hacia su cima creativa al fichar por Impulse. Esta caja contiene las cinco primeras ediciones originales


La llegada a Impulse! en mayo de 1961 pone fin a un periodo de transición determinante (iniciado en el 59) y anuncia un cambio decisivo en la evolución creativa del músico. En esta etapa se diluyen las fronteras entre el Coltrane solista y el compositor en favor del creador guiado espiritualmente a la consecución de un sonido expansivo, al mismo tiempo urgente y sereno. Cansado de tener que postergar la materialización de sus ideas, abandona el grupo de Miles Davis en abril de 1960. Atrás han quedado los años de superación técnica, de asimilación de estilos (r&b, blues, bebop, jazz modal) y recursos a todos los niveles. Años de una búsqueda casi obsesiva encaminada a satisfacer anhelos musicales y de espíritu, que le llevarán del magisterio de Monk a Ornette y de África a India. La apertura lingüística y física del sonido de su instrumento (ampliado a soprano meses antes en My Favorite Things, Atlantic) requerían de un espacio instrumental sólido, dinámico y en comunión sensitiva.


Mientras alterna un “falso” quinteto junto a Eric Dolphy, en estas publicaciones se completa el cuarteto histórico con la llegada de Jimmy Garrison. Pese a gozar de prestigio como solista, su huida de la lectura establecida, el incremento de la intensidad y crudeza de su fraseo hicieron que los dos primeros trabajos en Impulse! fueran muy discutidos. La política del sello ante la dialéctica de apoyar un arte en progreso (su trayectoria posterior habla por sí misma) o al comercio, cuestión que queda reflejada en este volumen, la estudia el productor Bob Thiele, que decide intercalar entregas de un material más arriesgado (Africa/Brass, At The Village Vanguard) seguidas de otro más homogéneo y atractivo (Coltrane, Ballads, Duke Ellington & John Coltrane). Esta antología básica (producción comprendida entre mayo de 1961 y noviembre del 62) contiene las portadas, las fotos del interior y los textos (en tamaño ilegible) de los elepés originales a precio reducido; no incluye tomas alternativas ni adicionales de las sesiones registradas en el estudio de Rudy Van Gelder.


Por encima de críticas y estrategias de mercado, en apenas año y medio se impone la personalidad de este músico omnisciente, alguien dotado de todos los recursos necesarios para hacer avanzar la tradición desde su propia búsqueda



En Africa/Brass (para una big band de dos contrabajos, con apuntes de McCoy Tyner, arreglos y dirección de Dolphy) Coltrane evidencia unas inquietudes orientalistas que ya no abandonaría. Africa, la pieza central, comienza con una característica línea de bajo cantable y se abre al plano general de los sucesos solistas. Las voces en colisión y un aparente desorden confieren cierto primitivismo a un sonido abrupto y orgánico. Planos y perfiles se yuxtaponen alrededor del núcleo organizativo, el cuarteto. Un esquema colectivo rompedor que antecede a Ascension (1965). La elección de Greensleaves, canción tradicional inglesa, recoge, como antes lo hiciera con My Favourite Things, el gusto de Trane por las tonadas populares y el folclore. Es una melodía sencilla en forma de vals lento que interpreta al soprano. Blue Minor fue la primera en grabarse y salió en una toma. Se inspira en un blues antiguo con desarrollo modal sostenido de principio a fin por el centelleante swing de Elvin Jones.


At The Village Vanguard (sin Impressions ni India) se abre con Spiritual, donde encontramos a Dolphy dentro de un conjunto que funciona más como cuarteto e invitado que como quinteto. Reggie Workman ocupa aún el puesto de Jimmy Garrison. Suya es la voz pendular del tema, canto oscilante inspirado en un espiritual, como indica su título. Un espacio colectivo de lirismo suspendido que sirve de anunciación lo abre. Fórmula, con la que también se resuelve, que hizo suya Coltrane y que sugiere cierta conexión con el inicio de las ragas indias. Las paletas de Dolphy (clarinete bajo) y Coltrane (alternando tenor y soprano) mezclan colores (incisivos y brillantes) y figuras (fraseo desdibujado y líneas en progresión) complementarios. Softly In a Morning Sunrise queda situada en medio de estas dos piedras angulares. Chasin` The Trane, la mejor versión de la colección registrada, es un blues rápido que despega con el tenor arrastrando consigo a la batería en un emparejamiento extenuante. En su incontenible monólogo, el saxo tenor explora todos los recursos de su instrumento, engarzando imaginativas progresiones de acordes en escalas. La energía y la velocidad desplegadas, la fuerza insistente del tenor y el calor que desprende la batería diluyen su esencia de blues. En este duelo se produce una compenetración emocional y física del acto creativo única entre los dos músicos, aunque Trane parece ir siempre por delante de Jones.


 “El jazz es una mezcla de emociones entre tensión y liberación”. Este pensamiento define a la perfección a un cuarteto ya consolidado en Coltrane. Disco que reúne elementos discursivos de sus trabajos previos y de los inmediatamente posteriores. Las líneas melódicas aparecen contorneadas y los perfiles instrumentales aunque suavizados no pierden el latido candente. La intensidad sostenida ocupa el espacio, el sentimiento de blues emana desde el interior y la temperatura se hace reflexiva. Arabescos del soprano y ritmo de vals en The Inch Word, acordes colgantes y repetitivos de Tyner en Tunja, el diálogo de conjunto consigue especial expresividad respirando espiritualidad y swing en el inicial Out of This World.


Ballads es una confesión íntima descrita desde la concisión lírica. El criterio unificador en torno al género presta la homogeneidad afectiva a un repertorio de viejos y atípicos standards, grabado sin linealidad cronológica y con la frustrada intención de apaciguar a las críticas. Coltrane, que tenía una memoria enciclopédica para las melodías, da un aliento nuevo a You Don`t Know What Love Is, Easy to Remember o a ese tratado sobre la delicadeza que es Say It (Over and Over Again). Algunos interpretaron, erróneamente, que este trabajo señalaba un nuevo rumbo en su evolución, alejado de las largas y febriles disertaciones. Esta teoría parecía corroborarse en las dos entregas siguientes junto a invitados ilustres.



Duke Ellington & John Coltrane y John Coltrane & Johnny Hartman. Se ha dicho en repetidas ocasiones que entre las tres componen una trilogía. A ambos artistas le interesaba esta alianza: al veterano le situaba en un contexto renovador; al más joven y a su sello les permitía elaborar un producto de calidad para un amplio mercado. Los dos asistieron a la sesión con su propia base rítmica. Trane apacigua su tendencia al desbordamiento y se amolda al repertorio ellingtoniano. Aunque en Take the Coltrane, con el personal del saxofonista, la intensidad se acrecienta y parece poner en aprietos al pianista, el material elegido posibilita la interacción entre las dos personalidades, más cómplices en baladas como My Little Brown Book o en el blues The Feeling of Jazz, pieza ya clásica escrita por Ellington para esta sesión. Inmortal, acaso lo que mejor define este encuentro en la cumbre, In a sentimental mood.




John Coltrane (st, ss)

Con Booker Little, Freddie Hubbard (tp); Eric Dolphy (sa, cl-b, fl), Pat Patrick (sb), Julius Watkins, Donald Corrado, Bob Northern, Jimmy Buffington, Robert Swisshelm (corno frances); Bill Barber (tuba), Julian Priester, Carl Bowman, Charles Greenlee (bombardino); McCoy Tyner, Duke Ellington (p); Jimmy Garrison, Aaron Bell, Reggie Workman, Art Davis (b); Elvin Jones, Sam Woodyard (bat).

John Coltrane The Impulse! Albums: Volume One [5 CDs]

Contiene los siguientes LPs

 Africa/Brass. (Impulse! AS-6)
 Nueva Jersey, 23 de mayo y 7 de junio de 1961
 At the Village Vanguard (Impulse!AS-10)
Nueva York, 2 y 3 de noviembre de 1961
 Coltrane (Impulse! AS-21)
Nueva Jersey, abril y junio de 1962
Duke Ellington & John Coltrane (Impulse! AS-30)
Nueva Jersey, 26 de septiembre de 1962
 Ballads (Impulse! AS-32)
Nueva Jersey, 21 de diciembre de 1961, 18 de septiembre y 13 de noviembre de 1962

BEN GOLDBERG-World Premier Orphic Machine nonet



World premiere March 4, 2012 at Freight and Salvage, Berkeley, California
Music: Ben Goldberg
Text: Allen Grossman, from his book Summa Lyrica

Orphic Machine is a song-cycle commissioned by
Chamber Music America / New Jazz Works and
The 27th Jewish Music Festival
for more information please visit bengoldberg.net

Carla Kihlstedt, violin and voice
Greg Cohen, bass
Kenny Wollesen, vibraphone
Ron Miles, trumpet
Ches Smith, drums
Jeff Parker, guitar
Rob Sudduth, tenor saxophone
Myra Melford, piano
Ben Goldberg, clarinets

"At this point you might be wondering," the laconic Ben Goldberg said at the front of a nine-piece ensemble at the Blue Whale Monday night. "What is an Orphic Machine?"


   Photo: Myra Melford, Kenny Wollesen, Greg Cohen, Jeff Parker, Carla Kihlstedt, Ben Goldberg, Ron Miles (seated), Rob Sudduth y Ches Smith (bat). 


The question hung in the air before the standing-room-only crowd for a few long, quiet moments before Goldberg turned back to his ensemble and led them through another knotted and occasionally spooky composition marked by dazzling interplay. Initially led by Carla Kihlstedt's gently plucked violin and a thicket of chiming percussion from vibraphonist Kenny Wollesen and drummer Ches Smith, who worked a variety of small gongs and noisemakers, the piece transformed into a bent sort of torch song behind Kihlstedt's delicate vocals and a muted trumpet solo by Ron Miles that gave way to a smoky turn on piano by Myra Melford.

Needless to say, it was a fair question.

First, the facts: A Berkeley-based clarinetist-composer, Goldberg assembled an all-star lineup to present a piece called "Orphic Machine," which was inspired by a book of "speculative poetics" from writer Allen Grossman and commissioned by Chamber Music America. The program had its premiere in Berkeley the previous evening and Monday's performance in L.A. was recorded live. Built from Grossman's words and Goldberg's music, the piece's thoughtful, sprawling compositions course through such a variety of styles and open-ended impulses that it would be tempting to dub this a new kind of world music were it not so uniquely colored by the diverse sounds of the West Coast.
Touching on the piece's themes of creation, opener "Immortality" began with a vocal from Kihlstedt, who previously collaborated with Goldberg in the rustic, Gypsy-steeped ensemble Tin Hat Trio (later shorted to Tin Hat). "The function of poetry is to obtain for everybody one kind of success," she sang, her voice whisper-thin but arresting, leading the band into a bluesy sort of funeral march keyed by Miles' wheezing trumpet. As Ches Smith cracked a beat across his kit that cut into a dance between Kihlstedt's violin and Goldberg's clarinet, the song carried a sort of slow-burning, woozy melancholy that could've fallen out of the Radiohead songbook.

"A Line of Less Than Ten" rode a Latin-infused groove from Smith and bassist Greg Cohen, which was punctuated by a tapped-out clave rhythm from Wollesen's mallets and a nimble accordion-like turn on melodica by Melford. With Chicago guitarist Jeff Parker leaning into chunky, flattened chords, the song took a turn into a sort of manic klezmer as Goldberg joined before melting back to center behind saxophonist Rob Sudduth and Kihlstedt's sultry repetition of the song's title.

A piece in the second set mined a nimble big band swing while "The Inferencial Poem" traced a line toward Gypsy music as each musician navigated through a maze of guitar, percussion and woodwinds. After "Read In" shifted from Miles' buoyant trumpet into a raucous yet elegant tilt toward Americana, another piece toward the end of the night even dipped into head-bobbing reggae-funk atop Goldberg's chugging bass clarinet and Parker's wah-distorted guitar.

"Now we know what an Orphic Machine is," Goldberg said as the song closed, repeating the evening's key passages to further unravel the mystery. Nothing else needed to be said, but we still wanted more.

-- Chris Barton /Los Angeles Times, march 6, 2012






23 marzo 2012

OPINIÓN- EL ÁRBOL DE LAS TRES CULTURAS


El árbol de las 
             tres culturas

Después de los asesinatos de Toulouse tuve un sueño “Magritte”: en un llano verde y diáfano resaltaba la figura de un robusto árbol de cuyo tronco salía una gran hoja...Siendo muy niño, mientras un señor negro de sonrisa blanca reía y cantaba al mismo tiempo en el televisor, oí decir a mi madre: “es Louis Armstrong y esa música se llama jazz”. Desde el piso superior mi padre se aliaba con el invicto Beethoven. Durante la Cuaresma, en la que solían poner películas como Los Diez Mandamientos o Ben Hur, en la cocina había torrijas y pestiños, dulces de muy antigua tradición cristiana y morisca.

En la cotidianidad de esa sala de estar hubo muchos momentos en los que se dieron cita las tres culturas, al menos en la coincidencia de que sonara Felix Mendelssohn o pusieran la última película de Woody Allen, te atrapara la atención ese retrato de familia a los pies de la Giralda o se bendijera la mesa para la comida. Con el tiempo, y como expresión que ya es universal, he podido comprobar que también el jazz ha servido de catalizador cultural y religioso.

En muchas ocasiones hemos visto representado al jazz a través de un árbol genealógico de estilos que se ramifican una y otra vez. Podría hacerse también con la vida de las personas, desde el colegio al trabajo, las experiencias, los hijos, los viajes, los momentos difíciles... Sin pretender hacer un ejercicio de equilibrista, hoy me conformo con trasladar las vivencias personales a esta música buscando un punto de encuentro con la convivencia pacífica entre los hechos religioso, racial y cultural, como elementos concomitantes en una manifestación tan plural y políglota como el jazz. Un fenómeno no ajeno, como sabemos, a rebeliones incruentas contra lo establecido y las injusticias -unas veces colectivas, las más en solitario- o reclamando en un discurso estéril propiedad de identidad (Nicholas Payton). La metáfora de la tolerancia que sería el árbol resulta ejemplar en el jazz como manifestación artística del último siglo, aunque sólo sea por el hecho de que el Tercer Reich lo prohibiera por impuro – negro- y degenerado, como a todo arte judío.

Los vínculos entre el jazz y lo judío son más profundos que evidentes, más históricos que anecdóticos y más fructíferos que pasajeros. Lo importante del enorme legado del pueblo judío para nuestra civilización occidental, en áreas como la ciencia, la cultura, la música, el arte o la literatura, es su aportación al avance desde un principio inquisitivo y dialéctico que es inherente al Talmud. Y hacer de un enfoque individual una mentalidad colectiva les ha permitido desarrollar materias de su especialidad técnica y también, no lo olvidemos, replantearse su propia tradición. Los grandes heterodoxos judíos de hace un siglo (Freud, Einstein, Kafka, Schoenberg, Groucho Marx) son hijos del exilio y la Diáspora, y su aportación al progreso es incuestionable.

El apoyo de la primera generación de emigrantes judíos al jazz (la que llegaría con el padre de George Gershwin desde Rusia huyendo de los pogromos) coinciden con los primeros pasos que dio esta música en Nueva York. Benny Goodman, Lee Konitz o Uri Caine alumbran décadas de creatividad, pero a su labor también habría que incluir la de señalados productores discográficos, emprendedores, dueños de locales, críticos... Los fundadores de Blue Note (Alfred Lion y Francis Wolff) y otros sellos determinantes, por ejemplo. Y sí, es posible que John Zorn represente el judaísmo más acusado, pero desde su sello ha apoyado una contemporaneidad de inabarcable extensión estilística que incluye la propia judía, haciendo partícipes de ese relevo a músicos que no los son.

El cristianismo, ligado a la propia Constitución estadounidense y a personajes como Abraham Lincoln, que abolió la esclavitud, a través de coros y grupos gospel en las iglesias anglicanas, ha sido la cuna de la formación y la inspiración de infinidad de músicos. Cierto es que el hipócrita puritanismo de los años 50 prendería el recelo y la censura en torno a una realidad, habría que añadir enfermiza, en la que la heroína empezaba a hacer estragos en el jazz. En los 60 el islam amplifica la protesta reivindicativa que reclama la igualdad de derechos para la raza negra (Malcom X) y a ella se suma la vanguardia musical e intelectual del jazz. El bautismo musulmán pone nombres a Muhal Richard Abrams o Abdulah Ibrahim y acoge a Randy Weston, entre otros ilustres. En la obra que nos han dejado el único mensaje radical que encontraremos es su compromiso con el avance, la belleza y los ancestros. Pero si hay un nombre que sobresale en esta gran hoja del jazz que comulga con la espiritualidad es el de Coltrane, ejemplo no sólo de maestría musical sino también de un sonido místico que diluye las fronteras entre las religiones monoteístas.

Según el testimonio de testigos, el asesino levanta por el pelo a su última víctima para luego dispararle en la cabeza. Era una niña judía, sí, y nunca llegará a saber en qué consistía esa desgraciada condición que la diferenciaba como objetivo de las niñas del colegio de enfrente. Vuelve el miedo y la barbarie al corazón de Europa y a la memoria trágica del judaísmo. La amenaza de fanáticos islamistas crece dentro de nuestra sociedad intentando destruir a su paso vidas y civilización. Frases como “ojo por ojo” o “ellos más” justifican crímenes como éstos; se trata, pues, de defender civilización frente a terrorismo armado y doctrinas, como las que se difunden en ciudades catalanas, que nos conducen a tiempos de oscuridad. Radicales, fundamentalistas o ultraortodoxos, todos representan el atraso y la intolerancia.


15 marzo 2012

NOAH PREMINGER- Entrevista


Al saxofonista tenor Noah Preminger le quedan muchos senderos por recorrer, con sus paisajes, cruces y paradas. Before the Rain, el disco más señalado de los dos que ha publicado hasta la fecha, ha marcado en su viaje creativo un punto de encuentro anormalmente maduro, entre modernidad y clasicismo, entre el género balada y Ornette Coleman, propiciado por su talento y la excelencia de Frank Kimbrough, Matt Wilson y John Hébert.

Por Jesús Gonzalo

DEL BLUES A LA BALADA CON ORNETTE...


Camino y frase, en la vida, letra y notas musicales, se hacen al andar. Es particularmente llamativo cómo nos solemos fijar en la fraseología del instrumentista de jazz, en su inventiva y buen gusto para hilvanar, unos tras otros, distintos mensajes cifrados que en conjunto adquieren significación personal y a la vez colectiva. El efusivo recibimiento que ha suscitado su llegada a la escena neoyorquina -procedente de Boston y la reputada New England School- no se quedan en el entusiasmo y el anhelo de querer ver en el advenimiento de nuevas voces los relevos que ocupen el vacío de gigantes. Tampoco ese impulso parece ser suficiente para poner en órbita cualquier proyecto vital: en la vida del músico, como en la de muchos otros profesionales relacionados con el arte, no se trata tanto del aplauso puntual sino de constancia diaria.


“¡Es tan fácil ser pesimista en este negocio! Sí, es cierto, he recibido estupendas críticas a mis dos trabajos en disco, pero esto en absoluto significa un éxito inmediato. Necesitas trabajar duro cada día, lo que para un músico hoy significa escribir música, hacer llamadas, enviar correos electrónicos, dar cobertura a las redes sociales y abrir mercados. Es tan importante todo ello en conjunto que es como si te convirtieras en un “equipo” especializado trabajando para ti, el paquete completo que forman un mánager, un agente, un sello discográfico, un publicista, etc. Y eso es lo que te empuja de un nivel al siguiente. Pero lo cierto es que a veces tu agenda está completamente vacía y lo ves todo negro; es en esos momentos cuando tienes que tener la cabeza en su sitio y trabajar más duro. Siempre debes pensar que lo bueno está por llegar”.

Cierto es que en su debut Dry Bridge Road (2008) se reunían algunos elementos y requisitos de producción que luego veríamos en Before the Rain (2011) y en otros instrumentistas de una generación anterior e impacto mediático inicial (algo mayor) como Joshua Redman (sugiero también a Mark Turner en segundo lugar). Temprana experiencia que se validó en un trabajo como Wish (también era la segunda publicación de Redman) donde, como en su caso, se contaba con la veteranía y altura de unos colaboradores excepcionales.

Crecí escuchando a Josh Redman y a Mark Turner y me encanta como tocan: tocan con amor, que es algo muy importante para mi. Pero al mismo tiempo que a ellos yo escuchaba cosas tan distintas como Grateful Dead, Mum, Phish, Dave Matthews Band, John Coltrane, Lester Young, Johnny Cash y otros muchos. Mi intención era, y sigue siendo, escuchar todo aquello que te hace construir una voz personal. Tomar lo que los maestros han hecho y dar forma a tu propio sonido.



"Los músicos en Before the Rain son todos instrumentistas muy versátiles que disponen, además, de una intuición maravillosa. Nunca hemos ensayado para un concierto e incluso para ir al estudio a grabar. Si escribo algo nuevo, envío a los músicos igualmente el texto y una grabación de la melodía o simplemente la llevo al directo y ¡manos a la obra!"

Debe ser por ello que podemos encontrarle al lado de músicos de distintas vanguardias y generaciones como Roscoe Mitchell o Dave Douglas, autores que no parecen estar enmarcados en la definición de un sonido sereno...


La personalidad del sonido de los músicos es lo primero que te llama la atención. Tiene el poder de atraparte. Me encanta la fluidez del saxofón de Joe Lovano, la claridad de la trompeta de Tom Harrell, la lujuriante guitarra de Ben Monder... Amo la verdad que encierra el saxo alto de Ornette Coleman y la sinceridad del tenor de John Coltrane. Al respecto de tocar con músicos de vanguardia, se trata realmente de lo mismo y algo más: improvisar con melodías es lo que crea la verdadera música.


También ha contado y lo sigue haciendo en alguno de sus grupos con la inestimable ayuda de músicos veteranos de distintas edades y perspectivas sobre el avance lingüístico del jazz, como Cecil McBee, Billy Hart y Frank Kimbrough, éste último, que ha favorecido el ascenso de otros músicos jóvenes hoy fundamentales como Ben Allison, Ron Horton o Ben Monder, frecuente de ver en sus proyectos de los últimos años.
Frank Kimbrough ha tocado en mis dos discos y disfrutamos de un muy especial vínculo musical. Nuestras personalidades se reconocen la una a la otra y esto nos permite tocar así de bien. Conocí a Cecil McBee cuando estudiaba en el New England Coservatory en Boston. Al finalizar los estudios me dijo que le llamara si iba por Nueva York, cosa que por supuesto hice. Congeniamos tan bien que, de vez en cuando, quedamos para tomar unas cuantas cervezas. Más pronto que tarde me pidió que tocara en varios conciertos con su banda. A Billy Hart le conocí a través de Cecil McBee; es, sin duda, uno de los músicos más inspiradores con el que jamás haya tenido la oportunidad de tocar. La energía y el sentimiento que expresa no tienen parangón. Es un honor tocar en directo con esta generación de músicos porque es lo más parecido a volar y aprendes muchísmo tan sólo de escucharles contar anécdotas.

No suele ser habitual entre los jóvenes músicos, muchos concentrados en mostrar capacidades técnicas, elegir un disco devocional en torno al género balada (dos de sus discos favoritos son Ballads y John Coltrane & Johnny Hartman), aunque quizá lo más llamativo (como si asistiéramos a un recital de música clásica que comparte en un mismo programa a Schubert y a Schönberg) es construir ese discurso a través de Ornette Coleman...

Para mi, las composiciones de Ornette Coleman y las baladas como tal son muy similares en el hecho de que ambas contienen hermosas melodías. Para mi oído ambas encajan perfectamente. Exponen tu personalidad y, lo más importante, que es el camino más fácil de contar una historia a través de la música.



Y debido a ello, empujados por esos vamps de folk-blues perfectamente adaptados a patrones evolucionados del bop, este disco respira no sólo por los poros expresivos del Coltrane, sino que de una manera más soterrada en la cualidad colectiva por los de Paul Motian y al Joe Henderson de los primeros 60 en Blue Note. Los músicos aquí convocados tiene esa facilidad expresiva para reunir un mensaje melódico amplio y fluido, con capacidad de penetración y también de comunicación.

Los músicos en Before the Rain son todos instrumentistas muy versátiles que disponen, además, de una intuición maravillosa. Nunca hemos ensayado para un concierto e incluso para ir al estudio a grabar. Si escribo algo nuevo, envío a los músicos igualmente el texto y una grabación de la melodía o simplemente la llevo al directo y ¡manos a la obra! Todos tocamos en diferentes bandas y estilos, pero cuando esta banda se junta realmente tocamos como un verdadero “grupo”. No hay necesidad de dar muchas instrucciones. Puedo decirles que quiero que la melodía se toque en rubato, luego que vuele libremente o que la dejemos fuera. De este modo la extendemos.

Frank Kimbrough tiene ese hermoso toque y ese profundo concepto armónico, John Hébert tiene un sonido de bajo increíble y Matt Wilson tiene un sentido del swing y un groove como ningún otro. Pueden concentrarse que el centro melódico, se haga con el discurso o provocar un fuego en medio de una tienda de animales... Pero incluso más allá lo mejor de Frank, John y Matt no sólo es su nivel como músicos, sino que cada uno de ellos es una persona maravillosa, los tipos con los que más fácil es trabajar en el mundo”.


"Los temas de Before the Rain son como pequeñas piezas que conforman un periodo de mi vida. El orden que tienen en el disco es, como dices, una intención narrativa, con un principio y un fin"

Llama la atención encontrar a Matt Wilson, de toque extravertido y empático y con esa capacidad para mezclar el groovecon figuras asimétricas, en este contexto especialmente climático y de tiempos lentos. Increíble en los espacios dedicados a Ornette...
Matt es increiblemente versátil. Puede tocar swing o hacer scratch (gesto de los Djs sobre los platos), como me gusta decir de él. Ah, y no olvides que tocó con Dewey Redman (todo parece cuadrar) durante algunos años y que realmente entiende la dirección de esa música (y Kimbrough también tocó con Dewey Redman).

Pero no debería sorprender en un tejido armónico tan cuidado en matices y verticalidad que sea Kimbrough, que aporta también algunas partituras, el que más huella deja en la configuración de la fluidez del discurso con esa construcción al piano llenas de inteligencia y belleza que condicionan la respiración melódica.

Frank es clave para la banda de Before the Rain. Aunque nuestras cuatro personalidades, está claro, lo hacen posible. Me encantan sus composiciones y es un placer y un honor incluirlas en el disco. Se ajustan perfectamente a mi personalidad.


Hay en este disco un sentido onírico del tiempo y una colocación de los temas que parece sugerir una historia.

Los temas de Before the Rain son como pequeñas piezas que conforman un periodo de mi vida. El orden que tienen en el disco es, como dices, una intención narrativa, con un principio y un fin. No me interesa hacer una grabación donde el oyente querría escuchar los temas al azar en cada momento. Me gustaría que mi público se sentara y escuchara el disco entero como si leyera un libro. De principio a fin.

Pese a esos momentos en los que uno parece perder fuerzas ante la difícil realidad, podemos verle en varios proyectos, entre otros se le ve muy cerca de Dan Tepfer y Rob García...


Dan Tepfer es como un hermano para mi, tanto dentro como fuera del escenario. Tiene un oído exquisito y escribe una música preciosa, esa es la principal razón por la que tocamos juntos y siempre sucede algo especial. Dan y yo somos miembros de la banda de Rob García, que no sólo es un instrumentista brutal sino un gran compositor. En su conjunto gozamos de mucha libertad y las melodías que hay en sus composiciones son memorables y muy bonitas. Escribió un tema enorme para su madre titulado A Flower for Diana que grabamos para su disco Perennial. Me encanta este tema. Y, por supuesto, trabajo también ahora con mi grupo estable, que incluye a Ben Monder, John Hébert y el baterista Colin Stranahan. La música que he escrito de un tiempo a esta parte en mi vida funciona muy bien con estos músicos. Cuando coincidimos en el escenario me hacen viajar a otro lugar. Es lo próximo que me gustaría grabar.


Disco:


 Before the Rain podíamos encontrar el juego comparado en el tiempo sobre líneas de demarcación baladística, de exposición, suavidad y fluidez con las que Mark Turner nos deleitaba en Ballad Session (Warner 2000). En ambos trabajos coincidirían un sonido depurado, claro y natural, de líneas extendidas que no pierden en cuerpo y volumen, agudos e ingravidez en un fraseo delicado y preciso. Sólo por la oportunidad que nos brinda este disco de apreciar cómo el jazz es capaz de regenerar su mensaje mirando hacia atrás, desde la exposición horizontal de la pasión de Lester Young al calor melancólico de Johny Hodges, desde la plenitud matizada y esa moderna serenidad de Joe Henderson hasta Mark Turner, Noah Preminger anda su camino con la mirada puesta en lo que pisa, sabiendo lo que ha dejado atrás.


08 marzo 2012

DANILO GALLO- Gallo & The Roosters


Experimental por naturaleza



                                      Gallo & The Roosters                                                                                                                          
       Everything is whatever  
Achile Succi (cl), Gerhard Gschlöβl (tb), Danilo Gallo (b), Zeno de Rossi (bat). Nave (Italia) 15, 16, 17 de mayo de 2011.
El Gallo Rojo Records 


Alrededor de la personalidad de Danilo Gallo, que no por casualidad se sitúa en el escenario como contrabajista y en la mesa como fundador, se vertebran buena parte de los grupos que se gestan dentro de este colectivo abierto y atípico situado (es una idea  figurada) entre el sindicalismo, el futurismo y la carpa de circo. Lo que hace de Gallo & The Roosters un grupo señalado frente a otros proyectos orbitales (Mickey Finn o Blonde Zeros) es la fuerza gravitatoria que ejerce el planeta Gallo.

El Gallo Rojo: vanguardia underground neoyorquina de los 80-90, folk, electrificación derivada del rock, música de cine y de cámara en perfecta e italiana simbiosis con el signo contemporáneo


Everything is Whatever (segundo trabajo tras Exploding Note Theory, que venía marcado por la presencia de Gary Lucas)  presenta un material más trabajado en su dimensión melódica y por ello repartida que en los proyectos antes citados de Gallo, incluido uno de los más exigentes y estructuralmente complejos como era ZWEI MAL DREI (We hope we understand), firmado a medias con Pacorig. Aquí encontramos, muy evolucionadas y encaminadas hacia la música de cámara en un léxico y un timbre que ya resultan reconocible, las influencias (en los cortes Kosciunsko y kleber) de contraste y tensión rítmicos entre funk-rock y una disposición polifónica versátil, musculosa y afilada (el downtown jazz neoyorquino de ciertos grupos que surgieron alrededor de la Knitting Factory como Pachora, Spanish Fly, Sex Mob o el mismo New & Used de Dave Douglas) y el legado del freejazz según el enfoque, elaborado sobre el papel y otro formato, tanto del John Zorn de aquélla época como del más cercana que nutría a la Italian Instabile Orchestra.

Danilo Gallo (en la foto) concibe un cuarteto sin piano con los excelentes Achile Succi (cl) y Gerhard Gschlöβl (tb) en el frontline, músicos a los que veíamos en Einfalt y ZWEI MAL DREI respectivamente, y cuyos instrumentos, por gama cromática y articulación del fraseo, tejen una red polifónica de recursos inagotables de expresión, entre el perfil refinado y puntillista y la efusión gaseosa o lineal en los bordes tonales. Los vientos tienen el contrafuerte melódico del bajo y el del acompañamiento gestual y descriptivo, muy dinámico y colorista de la batería. 

Y así, del sentir de funerales mahleriano que concluye en figuras más repetitivas (cl) y profundas (rítmica) dividiendo secciones (Leon Trosky) al gesto cómico ornamentado (Pluto) o cinemático apoyado en pop sesentero (Check it Easy), de la ranchera amable en el clarinete y canalla en el trombón (Coyoacána velos abstractos que convergen en un solo de contrabajo que se resuelve  en un pegadizo groove de funk-rock con lirismo aéreo (cl-tb) como en Vandermar 5 (Kaput Kravatta), o de una  cadencia grave de singular tristeza apoyada en ornamentación percusiva (Blues for myself) a una polifonía abierta que deriva en freebop (Kleber), y de un torcido lamento siciliano (Las lágrimas del capitán) a pasajes melódicos de amplia respiración bucólica que parecen situarse entre Charles Ives y Wayne Horvitz (Arthur Fellig y Led you to Duncan).

Gallo y sus heterónimos no piden permiso para ser libres y abrir ventanas a la creación. ¿Su inspiración? Ser conscientes y habitar en ese experimento involuntario que es la vida, que dejó dicho Pessoa. 


Audio