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31 enero 2012

BB&C (Tim Berne, Jim Black & Nels Cline)- The Veil y directo


BB&C
Bordes sin Barreras de Contención

THE VEIL
Nels Cline (g)
Tim Berne (sa)
Jim Black (bat, elec.) 
The Stone, Nueva York, Julio de 2009 Cryptogramophone -2011

Un encuentro como éste no deja indiferente. Escuchas continuadas aumentan aún más la sorpresa inicial. La configuración de un trío así, de entrada, no es nada frecuente: es un reto a la altura de los convocados. Posiblemente no exista liderazgo en él, las propias siglas que lo firman apoyan este hecho, pero resulta interesante e instructivo retomar para su análisis las equivalencias con el trío Big Satan que Berne puso en marcha en los años 90.

En I Think They Liked Honey (Winter & Winter, 1996, con Marc Ducret y Tom Rainey), título en sí mismo al que se desafía y niega en el contenido, hay unas claves distintivas que atañen a códigos melódicos prefijados, tendencia a un sonido híbrido de cámara, parámetros de asimetría sobre los que se tejen una red de líneas que se cruzan y solapan (guitarra-saxo) y, en suma, a un trabajo muy elaborado en el que las figuras y la tensión surgen de forma homogénea y compactada. En The Veil se invierte este mensaje de urgencia y se exterioriza la tensión, es decir, se hace más espontáneo y agresivo.

 Si elegimos a Tim Berne en este estudio comparado no sólo se debe a que sea vínculo único, sino por la sensación de permanencia en un estadio de desbordamiento inminente que caracteriza tanto a su música como a estos dos trabajos. La diferencia entre ambos no sólo viene dada por los componentes (aunque Black formó parte del grupo Bloodcount de Berne en aquellos años), se diría que también por la actitud abierta del proyecto y, sobre todo, por lo que representa la guitarra de Nels Cline (al frente de sus Singers y como motor de ideas sónicas en Wilco), su naturaleza tecnológica mutante y su propensión a incorporar estilos derivativos del rock, que, como sabemos, Jim Black puede somatizar perfectamente desde la percusión o incluso como agente electrónico añadido.


Es por ello que, en cierto modo, The Veil podría verse como una puesta al día en la fusión jazz-rock. Aunque esta visión fragmentada daría como resultado una escucha inducida por prejuicios de estilo. Desde el primer tema, Railroad, vemos cómo los pilares parecen inspirarse en las construcciones de Berne, “los velos” ácidos o envolventes de la guitarra de Cline y la contundencia y velocidad de los patrones de Jim Black

El saxo es aquí un elemento inquisitivo que, pudiendo verse subyugado por la potencia de los otros dos, sirve tanto al juego ruidista como al control del matices, por más que éstos se sitúen en los extremos de lo tonal. Rescue her sería otro buen ejemplo de lo que da de sí este trío. El empuje de Berne, el tejido eléctrico de Cline y la polirrtimica de Black, aquí fundida al fraseo del saxofonista, despejan en su acumulación una distorsión y un groove propios del hard rock: en algún momento se nos sugerirá el Painkiller de John Zorn y el thrash metal. 


El tercer punto culminante asociado a una estética rock (no olvidemos el difícil papel de un saxo alto en todo esto) es The Barbarilla syndrome. Aquí vemos el juego de emparejamientos sin batería que opera entre Nels Cline y Tim Berne, en los que este último expone su nervio figurativo antes del advenimiento del sostén rítmico de Black. Destacar la extrañeza que provoca Momento, un discurso digresivo y en oleadas sobre la temática de “velos” (ya lo vimos en el disco en solitario Coward de Cline) que, curiosamente, parece rendir homenaje en su sentir electroacústico (sin percusión) a pioneros de este género como Stockhausen. Tiny monument (I y II), para terminar y frente al público, también adoptan planteamientos circulares y atmosféricos, en tejidos sobreexpuestos que dan lugar a un lirismo desposeído y acerado a la vez.


Obra de nuestro tiempo que a su paso se irá recolocando, The Veil presenta un mensaje insidioso, alambicado y se diría que cargado de expresionismo trágico, que supera el “realismo sucio” de su sonido para alcanzar un planteamiento postindustrial en el que subyace -es una impresión- angustia y esperanza.


    
bbc-the_veil
   BB&C LIVE

     Tim Berne: saxo alto
     Nels Cline: guitarra
  Jim Black:batería, electrónica



Con esta propuesta situada estéticamente en tierra de nadie, entre el rock más alternativo, el jazz avanzado y el ruidismo, se abría el Ciclo de Música contemporánea de este escenario sevillano, un espacio, habría que añadir, que al igual que el resto de disciplinas aquí acogidas en las dos últimas décadas, ha vivido tiempos mejores que este concierto recordó. 

Improductivo discurso intentar discernir qué es no es contemporáneo cuando, ya lo decíamos en el balance del año pasado para otra revista, las fronteras creativas de los estilos citados parecen estar más cerca entre ellas que de sus orígenes. Pero si tuviéramos que enfocar nuestro análisis desde el pasado, desde una perspectiva “contemporánea” y no por ejemplo “jazzística”, llegaríamos a interesantes conclusiones. Salta a la vista algo evidente, esto es música electroacústica, cuyas fuentes de emisión son visibles (no es acusmática, no se “esconde” detrás de unos altavoces) y están (como en el jazz) íntimamente ligadas a los instrumentos, no ya por el virtuosismo sino sobre todo por la creación instantánea e improvisada. En cuanto a la combinación instrumental, hay dos instrumentos analógicos y todo un aparato eléctrico ejecutado en tiempo real por la guitarra de Nels Cline.

Sorprende comprobar que esta música avanzada, absolutamente única en la escena internacional, aunque ya Berne compartiera experiencia y formato con Marc Ducret y Tom Rainey, la lleven a cabo músicos que superan la cincuentena: su energía y frescura parecen propios de veinteañeros. Efectivamente, el uso del ruido, de las texturas, de la saturación, de la distorsión -todo un tratado de ella es– ponen en primer plano a Cline y a su instrumento, vehículo desde el que canalizada todo un arsenal de efectos y dispositivos. Como ya decíamos en la reseña de este disco en su día, se confirma en directo la sensación de que el equilibrio y volumen de emisión sigue descompensado, siendo el gran perjudicado el saxo de Tim Berne. La batería de Jim Black cuenta con recursos y una implicación “rockera” más inmediata para adaptarse, pese a no estar amplificada, a los tejidos ruidistas de la guitarra.

La distorsión como arquitectura que elude la melodía, el pulso acuciante y elíptico del saxo y los patrones asimétricos rotundos y descriptivos de la percusión, incorporando bases de bajo en la batería, provocan un magma sónico cuyo paroxismo nada tiene que ver con el pasado del free jazz ni el arte sonoro “bruitista”, más bien definen un argumento basado en texturas y elementos contrapuestos, con un enfoque de anticipación, que se funden en el ruido. Concierto hilado de principio a fin, tuvo una primera parte dedicada a una relectura de The Veil -su único trabajo en disco- y una segunda desconocida que se cerró con el único tema en el que las atmósferas dejaron paso a un clima melódico intrigante, como eco extendido de la intensidad asfixiante que domina su mensaje.
Aunque el discurso se sitúe en la saturación de figuras bizarras y cíclicas, nada de lo dicho resultó gratuito.
  •  Miércoles 26 de febrero de 2014
  • Lugar: Teatro Central de Sevilla, Sevilla

25 enero 2012

THEO ANGELOPOULOS La eternidad como refugio



LA MIRADA DE THEO 

Theo Angelopoulos pertenecía a esa estirpe de directores europeos tan distintos de la que forman Andrei Tarkovski, Alexander Sokurov, Andrezj Wajda y nuestro Carlos Saura (dejamos al último Godard). Creadores que toman impulso en las raíces de su cultura para ofrecer una personal mirada que trasciende las fronteras. Murió atropellado por una moto (se dice que de un policía) mientras comprobaba exteriores para la película que estaba rodando, El otro mar, inspirada en la actual crisis de Grecia
...Y tenía que titularse El otro mar esta obra ahora inacabada, última alegoría en la vida de un creador que siempre vio al Mediterráneo como espejo, marco y horizonte de nuestra civilización, donde se pierden las miradas de sus personajes, miradas teñidas de una leve esperanza o acaso una profunda melancolía. 



 Marcello Mastroianni en The Bee Keeper

Su película más conocida en España fue, sin duda, La Mirada de Ulises. Angelopoulos fue un cineasta preocupado por los conflictos de su tiempo, sean sociales, bélicos o estén íntimamente ligados a las circunstancias del individuo con trasfondos de soledad. Esta película sitúa al personaje interpretado por Harvey Keitel (otras colaboraciones internacionales anteriores serían las de Mastroianni y luego Bruno Ganz en La Eternidad y un día o la más reciente El Polvo del Tiempo con los anteriores más Willem Dafoe) en la búsqueda de la "primera mirada cinematográfica de Los Balcanes", justo cuando se desarrollaba el conflicto en esa área (alrededor de 1995). 

De nuevo, como hiciera el director griego en Paisaje en la niebla (1988) y diez años más tarde en La Eternidad y un día bajo temáticas distintas, construye una alegoría sobre un viaje (odisea) de un personaje que se dirige al corazón de unas tierras de pasado convulso y de futuro incierto, pueblos que asisten a la caída del telón soviético. Desde Grecia, pasando por Albania, Bulgaria hasta llegar a Sarajevo, La Mirada de Ulises nos introduce en la historia de esta zona y reflexiona (siempre desde una visión retrospectiva que llega al presente de sus protagonistas) sobre el cruce de civilizaciones y culturas. 


Grupos de personas se diseminan en el paisaje rural o urbano (manifestaciones en las calles, como ahora), gente errante entre fronteras reales o invisibles en un encuadre abierto y sostenido, forman parte de la expresión, entre silencios y contemplación, de unos planos secuencia de una duración que nos puede resultar excesiva y cuya lentitud sentida queda dramatizada por la música de Eleni Karaindrou

En una exposición narrativa más espesa y asolada, sin que fuera de esperar, estaría su colaboración con Marcelo Mastronianni en The Bee Keeper. Pero, pese a que sus detractores tilden de ampuloso e intelectualoide a su estilo, Angelopoulos manifiesta una aguda perspicacia histórica en sus películas, como confirma la actualidad. 


En Paisaje en la niebla subraya el hecho diferencial que hoy se pone de manifiesto en la Europa de dos velocidades, la de los inmigrantes. Desde Grecia hasta Alemania, a través de la búsqueda, a través de un camino lleno de experiencias dolorosas que los sitúan ante los muros de la realidad adulta, una niña y su hermano menor siguen la pista de su padre, un inmigrante

La reivindicación de la historia, la música, el amor, la cultura y la costumbre son elementos que expresan la necesidad que tenemos los seres humanos de entendernos
(La Eternidad y un día...)

Viaje que anticipa uno aún más elocuente en cuando a que es de iniciación como fue el que le unió a Keitel (con quien mantuvo relación con los años) en La Mirada de Ulises, donde, inolvidable ese largo plano, una estatua de Lenin es trasladada por río como icono del pasado que deja correr su influencia en la pantalla mientras gentes, entre frontera y frontera, arquitectura (esa plaza fría de Tirana) y campos buscan otra tierra de esperanza dejando atrás ese pasado.


La reivindicación de la historia, la música, el amor, la cultura y la costumbre son elementos que expresan la necesidad que tenemos los seres humanos de entendernos (La Eternidad y un día).Paisajes de fría naturaleza, cruce de historias personales atrapadas en sociedad, separadas por un río o un mar, de colores apagados y en esfumato, vidas inspiradas en historias situadas entre el costumbrismo y el existencialismo, con un observador como protagonista y un telón de fondo: El Mediterráneo.


El Polvo del tiempo (The weeping meadow)


Paisaje en la Niebla (Landscape in the Mist)

                                                                            Eleni

MúsicaEleni Karaindrou en ECM

23 enero 2012

RYOJI IKEDA- sinfonía de datos

RYOJI IKEDA

Llega dos días antes de lo previsto. Baja del taxi y saluda. Lleva una maleta y dos ordenadores. Esto no es una entrevista, son sólo impresiones que permanecen en la memoria tras unas jornadas al lado de Ryoji Ikeda, uno de los creadores audiovisuales más relevantes de nuestro tiempo. El japonés (Gifu, 1966) cede todo el protagonismo a su obra. Nunca concede entrevistas, rehuye las cámaras y le molestaría que estas líneas estuvieran teñidas del oportunismo de muchos periodistas “para ponerse ellos y sus opiniones en primer plano”
Su trabajo habla suficientemente por él. No hay nada más que añadir. El resto es cosa del público. Pese al temor a encontrarme con un rechazo, el artista, muy al contrario, se mostró abierto, humorado y crítico. Fueron cuatro días en los que el músico experimental y vídeo artista compartió trascendentales impresiones sobre arte y música, haciendo uso también de un incisivo carácter sobre política y sociedad: de la estadounidense a la japonesa, de la parisina a la sevillana.

Participó decisivamente en Dumb Type hasta comienzos del 2000, visionario proyecto interdisciplinar (danza, imagen, sonido) que es casi imposible recuperar: la edad no pasa en balde para los bailarines. Ryoji Ikeda vivía a medio camino entre Brooklyn, Nueva York, y París, donde finalmente ha fijado su residencia con su familia. De ahí que en el último lustro se le ha podido ver con cierta facilidad por los escenarios europeos, donde la cultura electrónica tiene una apreciación distinta a la americana, más atraída por la cualidad intrínseca de la creación y menos en función del factor tecnológico.



Como otros creadores ya hicieron antes (sobre todo los relacionados a los avances en las herramientas tecnológicas), Ryoji desarrolla uno o dos conceptos en distintos proyectos (las series formulamatrix, spectra o db, data y dataphonics) que van creciendo y diversificándose del concepto inicial en una instalación sonora, un registro en Cd o en dvd y en un espectáculo en vivo multicanal y con pantalla.



Ryoji es un autor conceptual que hace uso de un lenguaje audiovisual digital. Los sonidos, de gran pureza tímbrica, están hechos de materiales de bajas y altas frecuencias, microtonos y líneas agudas alargadas en contraste con asperezas accidentales. La estilización rítmica se consigue mediante la repetición o adición de eventos, de cruces de líneas y geometría sincronizada que imprimen velocidad al mensaje. La intensidad llevada al clímax, ya sea por el incremento de sucesos o por la acumulación del material sonoro, acaba anunciando su desintegración, colapso o desvanecimiento en un punto. Todos estos elementos parten de figuras minimales sencillas, en cuanto a que su origen son puntos y líneas (datos), pero adquieren una gran complejidad en la composición final. El resultado físico se podría entender como una secuencia de pulsiones sónicas y de imagen, de líneas geométricas que contrastan con texturas ruidistas y elementos paisajísticos que surgen de forma efímera. El continuo sonoro queda indisociablemente ligado a las imágenes en un asombroso trabajo de sincronización.


En dataplex (raster-noton) Ikeda se mantiene fiel al método del work in progress. En él hay referencias continuas a proyectos anteriores, como los había en el audiovisual formula (dvd + libro en ntt-forma) respecto a 0ºc (touch music), un antecedente sonoro luego llevado a lo audiovisual. La calidad del sonido, en el aislamiento de dichos signos autoriales, denota un marco tecnológico evolucionado, un paso más. 


La tecnología punta es un factor fundamental en el trabajo del creador, va en concordancia con el crecimiento y expansión lingüística de los proyectos. Lo curioso es que Ikeda se considera antes un artista, casi en el sentido renacentista, que un ingeniero informático que hace arte. Lo que peor lleva es, precisamente, estar constantemente al día de los nuevos programas y de la potencia de los equipos. Sorprendente apreciación viniendo de alguien que presenta trabajos de esta factura.


El principio fundamental de la serie datamatics, de la que parten proyectos actuales tan radicalmente distintos como C4I o dataphonics, es “percibir la invisible multi-substancia del dato en el mundo”

Por su plasticidad orgánica y figurativa, en C4I es donde mejor se aprecia ese argumento. C4I es el resultado de unir un concierto y una película.  Imágenes de video sobre paisajes naturales en todo el mundo que progresivamente se hacen más y más abstractos hasta ser representados en signos matemáticos y datos numéricos. 

Los textos acompañan a este viaje deconstructivo de lo natural hacia la matemática (como en data anatomy), uniendo la vida a la ciencia y a la filosofía como denuncia de la globalización económica y de la vigilancia gubernamental a los individuos. La belleza no desfallece en esta convergencia minimalista entre paisajes, datos y mensajes. Es el proyecto más cinematográfico de Ikeda, en él se hace patente su admiración por Andrei Tarkovsky y esos espacios desolados en los que el tiempo parece detenerse. 






En cierto modo, pero sin el mensaje político ni la plasticidad figurativa y crómatica de C4I, dataphonics vendría a ser el negativo que sustenta a aquélla, el esqueleto hecho de datos, puntos y fractales sobre los que la Naturaleza como elemento vivo  (C4I) o muerto de un objeto mecánico como un coche que parece tener un espíritu en su interior (Data Anatomy, ver vídeo), se manifiesta aquí con toda su desnudez secuencial y rítmica en blanco y negro (intención más vinculada al formato concierto, ver vídeo). 

Recientemente ha recopilado una serie de films bajo el título Time & Space en la que de modo retrospectivo (se remonta a finales de los 80) se aprecia la evolución del concepto y de la tecnología aplicada. Ha llevado algunos de los planteamientos experimentales en los que va desarrollando las ideas a un formato instalativo, como son los casos de data.scan,  The transfinite (ver imagen inferior) o la reciente Data Anatomy (civic). 




La plasticidad abrumadora de las obras de Ikeda (muy en consonancia, y casi obligado decir que compartida, con las de su colega-amigo Carsten Nicolai: Cyclo, 2011) plantea un campo semántico intransferible, situado entre la matemática (de espacios vectoriales a la infinitesimal), la irrupción de entes inesperados como elementos del caos y un lienzo visual que une videocreación, música digital e instalación en la representación tridimensional en sala o concierto. La visión sobre la sustancia matemática que descansa, de lo más íntimo a lo más superficial, en nuestra realidad, como no podía ser de otro modo en Ikeda, no es fría, sino asombrosa, bella y pura en su exactitud.



19 enero 2012

BEN GOLDBERG BOOK OF ANGELS-Baal


Ben Goldberg    
El sonido de su clarinete ya se elevaba por los tejados de Tzadik en los años 90 al frente del New Klezmer Trio, bautizado Ben Golberg Trio desde Speech Comunication (Tzadik, 2009), con Greg Cohen y Kenny Wollesen (ver vídeo), que a su vez ha generado un cuarteto para Baal, entrega perteneciente a la serie El Libro de los Ángeles.


La productividad de Goldberg, la variedad y calidad de cada una de las propuestas en las que participa (faltaría decir que el Tin Hat Trio es ahora cuarteto debido a él, lo mismo que sucede con el Nice Guy Trio de Darren Johnston) lo convierten en el clarinetista del  momento. Su presencia resulta determinante en contextos tan distintos y extremos como los de temáticas judías con músicos afines a Tzadik o los más atrevidos y de enervación electrónica junto a Nels Cline o Junk City (con John Schott y Trevor Dunn). En todos ellos se da buena cuenta de la versatilidad de este músico (situado entre la tradición del folklore y la atonalidad de Jimmy Giuffre) y de un instrumento acústico querido tanto en los formatos de cámara como en los de conexiones con la música tradicional.


Desde el imaginativo Eight Phrases For Jefferson Rubin (2004) hasta el sorprendente sonido fusión de Go Home (2009, unión de folk, blues, rock, garage y jazz, grabado en su propio sello discográfico Bag Production con un excepcional y atípico grupo: Ron Miles (tp), Charlie Hunter (g) y Scott Amendola, bat), Goldberg fijó su atención en su admirado Steve Lacy en The door, The Hat, The Chair, The Fact (2006). En él apenas cita dos temas originales del genial compositor y saxofonista soprano sin caer en tópicos de estilo, el resto, en quinteto, en alusión al propio de Lacy de la década de los 70 pero con saxo tenor, nos ofrece una lectura tangencial. 

Afincado en California, no sorprende que se mantenga activo con los músicos antes citados y en especial que forme parte del soberbio grupo Myra Melford`s Be Bread (Cuong Vu, Brandon Ross, Stomu Takeishi y Matt Wilson)  o que haya constituido uno cuyo nombre, School, supone un doble guiño a la universidad de Berkeley (donde reside) y a otro del propio Lacy (The school days).


Ben Goldberg Quartet, Jamie Saft de espaldas al piano

Jaime Saft se suma a su actual trío (antes citado) en una aportación significativa dentro de un proyecto como The Book Of Angels que, en perspectiva, se verá como un fecundo nexo de unión entre tradición y modernidad en el legado musical judío. El carácter cabalístico con el que se ha ido desarrollando Masada tiene en este apartado una de las propuestas más cuidadas de la enciclopédica Radical Jewish Culture. La incorporación del piano –hay una intención acústica ejerciendo de pátina imperecedera y este instrumento está muy presente en los últimos discos de estudio de Zorn- redimensiona el exigente y trasversal planteamiento a tres con el que el clarinetista suma entregas a su personal catálogo en Tzadik: desde el New Klezmer Trio hasta el rebautizado Ben Goldberg para Speech Comunication (2009).

Ahora bien, la exposición en el cancionero reunido en Masada se caracterizaba por una estructura formal -ajustada a unos principios de confrontación solista y espacios líricos- que distan del mensaje inquisitivo y personalista que ha venido construyendo Goldberg en este sello. Al ser cuatro músicos se facilita la lectura sobre el molde, permitiendo que sea reconocible el mensaje original y que éste se transforme. Saft puede actuar en cualquiera de las propuestas imaginadas por el gurú de la vanguardia: de los sonidos surferos al trash metal, del toque clásico al ágil fraseo jazzístico, de la exuberancia al ruido. En cierto modo, su estilo desenfadado y elegante, ágil y suntuoso, bluesy y atonal es una especie de contubernio de otros pianistas judíos, empezando por Anthony Coleman, seguido por Uri Caine y matizado funcionalmente por John Medeski

La combinación expresiva se inclina del lado de la delineación melódica y la pulcritud tímbrica, antes en el detalle del perfil melódico que en el gesto forzado o excesivo, de una cierta contención que no invalida ni la efusividad ni una mirada incisiva. Saft aporta figuras de contrafuerte percusivo y bloques atonales, las que pide el mensaje incisivo y abstracto del clarinete. Bajo y batería participan de este discurso como expertos conocedores del cantoral del sumo sacerdote Zorn. 

En resumen, un equilibrado y exigente contraste entre tradición y modernidad. 

Ben Goldberg Orphic Machine (2012)

Ben Goldberg Trio - Live at Schlachthof Wels 5 de octubre de 2011. NEW YORK CITY 

15 enero 2012

CINE-DRIVE (2011)

Lo que el silencio esconde 

La acción se sitúa en el presente. El tiempo pasa rápido en un reloj de aguja, algo no demasiado exacto para quien se gana y juega la vida en un lapso de tiempo de 5 minutos. Eso es lo que esperaré, ni un minuto antes ni un minuto después del trabajo, dice el protagonista a sus clientes. ¿A qué se dedica? Conduce...
                                                                           

La historia de esta película del director danés Nicolas Winding Refn -cineasta de 40 años afincado desde hace décadas en los EEUU, que no ha olvidado el uso del tiempo de maestros de su tierra como Dreyer y tampoco la intensidad narrativa de Scorsese- no es demasiado original. Ni por supuesto la construcción del perfil del protagonista, y se diría incluso que pasa eso mismo con los personajes secundarios. Ahora bien, la forma de contarlo sí que lo es, y la forma, en el medio en el que nos movemos y tras al revolución que nos trajo Steve Jobs, podría serlo todo cuando unifica el criterio expresivo desde el fotograma más básico.

El comienzo de la película es todo un ejercicio de precisión en donde silencios y velocidad, acaso los dos elementos primordiales sobre los que se asienta el discurso narrativo y visual, sirven para dar el resultado que se espera de la suma de estatismo y acción: suspense.

El protagonista que interpreta Ryan Gosling es un tipo inexpresivo, de pocas y justas palabras. Tiene siempre en su cara una especie de media sonrisa a lo Gioconda que confunde y relaja la incomodidad e inquietud que pudiera provocar su presencia. Ayuda a fijar ese gesto, que nada nos dice o acaso sea una distracción, el hecho que tenga la costumbre de usar un mondadientes (¿para templar los nervios?). Este conductor no tiene nombre, ni pasado ni posiblemente futuro. Como los pistoleros en los westerns, que aparecen como de la nada intentando pasar desapercibidos, las circunstancias le acaban absorbiendo. En el fondo, esa frialdad es un frágil muro que no impide filtraciones emotivas, basta una razón. O dos: una mujer, Irene (Carey Mulligan), y su hijo, Benicio (Kaden Leos). El Jinete Pálido de Clint Eastwood también se veía abocado a "desfacer" entuertos pese a su firme voluntad de no injerencia en asuntos ajenos.

Pero la soledad y la economía de gestos de Ryan Gosling e incluso la austeridad de su propia vida (vive en un cuarto oscuro sin muebles y apenas luz) tiene más que ver con el personaje y la historia de persecución en la que se desenvuelve el personaje de Alain Delon en Le Samourai, de Jean-Pierre Melville, que con el arquetipo de héroe-villano del western. Más cerca de la figura errante y justiciera del ronin abandonado por su amo -si alguna vez lo tuvo- y de ahí al cine de yakuzas, pues está la amenaza de la mafia.
                         
Alain Delon en Le Samouraï (1967)

Hablábamos de la forma al principio, y a ella hay que referirse en un muy conseguido tratamiento estético que va de los títulos de crédito al color e incluso a cierto desfase en el mobiliario que remite a la década de los 80. La música, principalmente electrónica (apoyando rítmicamente la creación de tensión al principio), también rescata modos y estilos de esa época. Por ejemplo esos interludios planeadores de sonido ambient (a lo Brian Eno) que  subrayan espacios de una incierta calma. También por el uso de la cámara lenta, aquí en fuerte contraste con la acción siguiente, congelando el instante en un detalle que se suma a la precisión de todo el film.

La protección es la causa. La violencia la consecuencia. Una película en la que el tiempo parece quedar en suspenso desde la primera imagen.

Trailer que recoge el inicio de la película. 
Hay otros pero desvelan la trama más de lo necesario

11 enero 2012

TOPJAZZ 2011


1) Ghosts
Peter Evans Quintet 

(More Is More Records)
 

2) Out of this World’s Distortions
Farmers by Nature 

(AUM Fidelity)
 

3) Insomnia 
Tim Berne 

(clean feed)
 

4) The Complete Remastered Recordings on Black Saint & Soul Note
Paul Motian
 
(Black Saint /Soul Note)
 

5) Goldberg Variations/Variations
Dan Tepfer 

(Sunnyside)







Decir que ha sido un muy buen año discográfico dado el estado del sector podría resultar cruel además de paradójico, pero lo cierto es que la creatividad sigue necesitando dejar constancia de sus ideas y el público de conocerlas.

Aunque tenga testimonios recientes a su nombre junto a Jason Moran y Russ Lossing (a medias con Samuel Blaser) que matizan su tendencia a la desafección por el piano cuando es líder y que reflejan hasta qué nivel se mantuvo activo, elegimos de Paul Motian una retrospectiva de los decisivos 80 y primeros 90: Complete Remastered Recordings on Black Saint & Soul Note.

El baterista Dan Weiss abonaba en 2010 nuevos terrenos para el trío. Bandelo-Corini-Battaglia son igual de sugestivos aunque más abstractos. Farmers by Nature cultivan una frondosidad única apelando a lo telúrico. Craig Taborn, William Parker y Gerald Cleaver abruman en Out of  this World’s Distortions.

Quien tuvo retuvo. Mahler recupera a Uri Caine… o viceversa. Brad Mehldau se atrevió con Steve Reich. Entre medias el joven Dan Tepfer coge el concepto de uno y la técnica del otro en sus Goldberg Variations/Variations.


 Tim Berne ya estuvo en lo más alto de las listas con Michael Formanek el año pasado y ahora lo hace doblemente, vía enervación eléctrica y rock con Nels Cline y Jim Black en The Veil o desde la depuración compositiva de un largo proceso que tuvo que esperar otro tanto a ser publicado como Insomnia.

Tampoco podemos olvidar a Dave Douglas, cuando el acordeón y el violín le facilitaron su viaje centroeuropeo teñido de romanticismo y folclore en Charms of the Night Sky o cuando hizo tambalear los criterios de absorción tecnológica del jazz. Darren Johnston y el Nice Guy Trio desempolvan la ruta al viejo continente acompañados de un cuarteto de cuerda en Sidewalks and Alleys/Walking Music. Mientras, Peter Evans y su quinteto renuevan el ser y el estar electroacústicos de Sanctuary en Ghosts.

Hay otros mundos, pero en esta música y en un año caben tantos como éstos. ¿Alguien da más?



10 enero 2012

STEFANO BOLLANI Entrevista


Stefano Bollani 

el gran fabulador




La ironía y facilidad con la que contrasta música clásica, popular y contemporánea y una actitud comunicativa propia del showman que lleva dentro hacen de Stefano Bollani un pianista personal y público a la vez. En sus últimos proyectos llega al medio televisivo, revisa con músicos neoyorquinos la obra de Frank Zappa, publica un disco a dúo con Chick Corea  y recientemente graba un nuevo trabajo, también para ECM, con Bill Frisell.       

Por Jesús Gonzalo

Coincidí en Sevilla con Bollani hará unos quince años, entonces su carrera era indisociable de la del maestro Enrico Rava. Qué duda cabe que su virtuosismo instintivo y colorista no podía pasar desapercibido por mucho tiempo. En nuestro encuentro hablamos de música, de músicos (al cuál más distinto), de canciones que se graban en la memoria, de literatura (su otra afición que daría como fruto una novela, en línea con su admirado Paul Auster), de Italia, Cuba, Brasil... A la pregunta que le hice entonces de por dónde iría su carrera y si le gustaría grabar para ECM o Label Bleu (sellos ambos donde ya había grabado Rava), respondió levantando los hombros con algo de incredulidad. Pasado ese tiempo, siendo como es ya padre y un músico popular de reconocido prestigio, nos encontramos de nuevo en un presente distinto, lleno de proyectos y con más responsabilidad a las espaldas. 


Aelmania-Italia...¿Qué podemos hacer los países latinos? Bollani se encoge de hombros de la misma manera con la que dudaba sobre su futuro discográfico. Y llama la atención, es como si no quisiera involucrarse en la respuesta. Igual que cuando le pregunto por Silvio Berlusconi y las palabras que dedicó Ricardo Muti durante un concierto sobre la actualidad política de su país… “La política no tiene arreglo”. Punto. Esa corrección dista mucho de provenir del mismo músico que parodia a otros con una bis cómica que parecería estar en deuda con el humor inteligente y comprometido de Roberto Benigni

Pero… “no, no conozco a Benigni”, contesta lacónico sin más comentario a la labor de alguien que mete el dedo en la llaga política mientras te ríes con él. ¿Por qué tendemos a asociar tan fácilmente? Me quedo pensativo, recuerdo lo que un día me dijo… "Llegué a Sevilla con veinte años a visitar la Expo 92. Dormí a la intemperie la primera noche, pegado al Guadalquivir, de allí surgió mi composición Il Barbone de Siviglia". ¿Hablamos del mismo autor?




"Llegué a Sevilla con veinte años a visitar la Expo 92. Dormí a la intemperie la primera noche, pegado al Guadalquivir, de allí surgió mi composición Il Barbone de Siviglia" 

Bollani (Milán 1972, con residencia en Florencia) tiene sangre latina, de eso no cabe duda. Es pura energía y fogosidad. Habla gesticulando mientras devora un café con mucha nata. Sus primeros pasos fueron como acompañante de artistas de renombre de la canción ligera italiana como Jovanotti. En 1998 recibió el premio de la revista Jazz Magazine al mejor joven talento y el Django d'or en 2000. Desde entonces, y siempre con el apoyo de su mentor Enrico Rava, Bollani ha ido abriéndose hueco entre las compañías más prestigiosas de Italia y Francia, en primer lugar (Philology, Via Veneto Jazz y Label Bleu) y luego Alemania (ECM). Su complicidad con el trompetista se ha visto fortalecida por exitosos trabajos discográficos y giras que han dado a conocer al discípulo pero que también insuflaron un nuevo aliento a la carrera del trompetista que se materializó en su vuelta al sello de Manfred Eicher con Easy Living.

Acaba de estrenar programa de televisión en Italia, lo que significa que su popularidad sigue creciendo sin que la calidad de su música decaiga. Curioso. ¿Cómo lo haces? “Bueno, yo entiendo la música a distintos niveles. Para mi es así, no es algo incompatible. Todo lo que hago queda dentro de la música”. Pero hay gente de tu profesión en Italia que entiende que tu realidad nada tiene que ver con la vida de un músico, que no eres precisamente anónimo en la escena del jazz italiano. “Sí, es cierto, entiendo su postura, pero a mi me estimula hacer todo esto, no podría ser de otro modo”. Este programa de televisión es una prolongación a la pantalla de su exitoso programa de radio Dr. Djembé, en el que humor, noticias, música y público en directo se dan cita. 


Como contraste a este aspecto mediático estaría firmar para algo tan serio como ECM o, por ejemplo, intervenir como solista clásico el pasado mes de junio tocando a uno de sus compositores predilectos como Maurice Ravel, sin intercalar esquema alguno de improvisación, junto a la prestigiosa orquesta romana de Santa Cecilia. O su recital a piano solo en el Auditórium de dicha ciudad unos días más tarde. Pero en otra vuelta de tuerca, pues nunca había indagado en el autor revisado y tampoco es fácil verlo a los teclados eléctricos, si hay algo que interesa a Bollani en estos momentos es la alianza que mantiene con músicos norteamericanos de distinta aproximación a los sonidos de fusión como Josh Roseman (Jim Black, Jason Adasiewicz y Nate McBride) en torno a Frank Zappa, estimulante proyecto que también incorpora momentos lúdicos y que se presentó por varias ciudades de Italia el pasado mes de abril. 


Su gusto por los contrastes entre clasicismo y contemporaneidad, la capacidad para comunicar y seducir, su gran destreza técnica, estimulante y desenfada, sitúan a Stefano Bollani en una posición privilegiada 
La cumbre de pianos (tras el desigual disco que hizo con Franco D`Andrea) que le unió a Chick Corea para ECM estaría dentro de un encuentro virtuosístico de intenciones comerciales. Todo esto sin contar los esporádicos dúos que mantiene con Rava, sus tríos (danés /italiano), el grupo I Visionari (que se ve impulsado por la composición de Mirko Guerrini) o Concertone, idea que parece venir inspirada por uno de sus músicos favoritos de todos los tiempos, Gershwin, ahora extendida a big band con la NDR en un reciente disco en directo. A todo esto hay que sumar su versión sobre la bossa dentro de un grupo de élite italobrasileño para Carioca.

Su experiencia como acompañante de cantantes femeninas fascinadas por la sensualidad melódica brasileña, como Irene GrandiBarbara Casini, es decisiva para entender la seducción que desprende su piano o proyectos muy posteriores como el citado Carioca. “Tengo todos los discos de Caetano Veloso”. Mirando atrás vemos este rastro en la discografía de Bollani, donde cultiva una querencia especial por la canción, por los temas inolvidables, ya sean los que se radiaban en los años 30 y 40 en su país o en el homenaje coral de Abassa la tua radio, un trabajo colectivo en distintas plantillas con querencia por la voz y donde no falta la ironía y una aptitud renovadora de los clásicos populares. 





Bollani, además de una técnica prodigiosa y un carácter extravertido y locuaz, está dotado de un oído excepcional para cualquier canción o standard y para el diálogo abierto improvisado

También por la poesía musicada en el proyecto junto al cantante Massimo Altomare en Gnosi delle fànfole. Uno le recuerda recorriendo las calles de Sevilla rememorando las viejas tonadas en español de Nat “King” Cole:Quizás, quizás, quizás (que mucho tiempo después veríamos versionada acompañando a la Banda Osiris). Su imitación de Perfidia es tan buena como cuando se atreve con Você é linda del músico de Santo Amaro.

Bollani, además de una técnica prodigiosa y un carácter extravertido que a veces roza lo delirante en una locuacidad que desborda, está dotado de un oído excepcional para cualquier canción o standards (ya sean de jazz o de cualquier género popular) y para el diálogo abierto improvisado. Todo aquello que trasmite la palabra y el sonido lo capta y recoge en un abrazo melódico algo desfasado, al modo de los bossanovistas, sobre los que imagina inesperados cruces rítmicos. "Unas veces me levanto y sólo pienso en Wynton Kelly, otras en Bud Powell, Art Tatum o Monk, pero siempre sueño con Bill Evans".

En las improvisaciones, cuando son baladas, transforma el ímpetu imprevisible en reflexión romántica; en los tiempos efusivos compagina densidad y ornamentación, complejidad rítmica y expansión lingüística. Su fraseo, ágil para alcanzar la nota justa que lo hace directo y comunicativo, adquiere una riqueza inusual en la construcción de climas de salón, con ese toque perfumado de mordacidad y ligereza que elude el naufragio sentimental, en  proyectos iniciales (en cierto modo conectados con I Visionari y Carioca) como L'orchestra del Titanic. Punto y aparte estarían situadas las entregas con Enrico Rava  en los excelentes Rava Plays Rava (el primero), la “cara B” del directo Montreal Diary o la última entrega The Third Man, en un formato más nutrido dentro del quinteto de Rava/Fresu en Shades of Chet o dentro del excepcional encuentro italoamericano en New York Days con Motian-Grenadier-Turner



Su gusto por los contrastes entre clasicismo y contemporaneidad, la capacidad para comunicar y seducir como showman frente al piano, su destreza técnica, estimulante, desenfada y cromática, un estilo propio y el rico bagaje adquirido con Rava, sitúan a Stefano Bollani en una posición privilegiada del jazz italiano, del europeo por el impulso que toma de ECM y mundial por sus colaboraciones con músicos estadounidenses como Bill Frisell o el desparecido Paul Motian.