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27 diciembre 2012

MAKROKOSMOS QUARTET- Round Midnight


 

Ufuk & Bahar Dördüncü (pianos), Françoise Volpé & Sebastien Cordier (percusión). Grabado en Ginebra en agosto de 2008 y Zurich octubre de 2010. hat [now] ART

Entre el  nombre de la formación y el título elegido para este disco se abarcan los criterios de concepto en los que se desenvuelve estéticamente. Como ejes estos dos nombres: Bartók, que ya por 1937 compusiera la Sonata para dos pianos y percusión y que inspira nominativamente al grupo y a la plantilla, y Thelonius Monk y su atrevimiento rítmico. Por otro, como síntesis de la demarcación funcional del piano hecha por ambos autores,  un instrumento, la percusión, que  queda dividido así en dos + dos.

Interesante trabajo, incluso menos árido de lo que podía pensarse para los oídos refractarios a lo que Nono denominó “la tragedia de la escucha”, en el que el sello suizo nos invita nuevamente a repensar la composición más determinante para piano, en este caso muy actual, tras las entregas históricas dedicadas a Cage por su centenario. La personalidad de Monk es atraída hacia “un mundo que explora tensiones de una tradición que se preserva y una trasformación progresiva”. Por un lado está el dúo de pianos Ufuk & Bahar Dördüncü, especializadas en terrenos que van de Bach a Debussy o Takemitsu (nombres nada casuales en el resultado) y también conocedores del universo Monk. El otro polo, el de los percusionistas Cordier y Volpé, han visitado la original y exigente literatura de Scelsi, Ferneyhough y Lachenman. Los cuatro antes, en este sello, habían entregado Magical Words of Sound, con música, entre otros, del norteamericano George Crumb.

Como decíamos, la lista de composiciones es bastante reciente, entre 2007 y 2010, lo que significa que al estudio de grabación se llevaron partituras que acababan de ser escritas. Digamos que el repertorio se divide, siguiendo con ese juego de números pares dos a dos, en cuatro secciones: dos piezas individuales y otras tantas dividas en suites. Se abre el disco con Resonat Space (2007, Oliver Schneller), pieza que se sitúa, como casi todo el disco, entre las escenas suiza e italiana de autores nacidos alrededor de 1980. Se aprecian aquí dos efectos, uno sobre el tratamiento del material en precipitación (lluvia) que recuerda a Aldo Clementi (y su trabajo Madrigalehat [now] ART 123), el otro sobre miniaturismo rítmico cercano a las pianolas de Colon Nancarrow. Entre ambos, no deja de percibirse el flujo subacuático y tímbrico de Debussy.



La siguiente es Construction in Four Parts (2008), del compositor y clarinetista argentino afincado en Chicago Guillermo Gregorio (conocida es su aportación al lenguaje contemporáneo del jazz). Gregorio propone una obra que va de abierta a cerrada y nos permite una escucha menos gélida de lo que nos tiene acostumbrados también en este sello. Los estadios por los que pasa desde la primera a la cuarta parte aparecen originalmente hilados por unos puentes que sólo si se mira el tránsito de la pista en el lector se aprecia. De ahí que la primera de estas “construcciones” sea una dispersión de registros y arpegios, combinación de motivos metálicos y de madera, que hacia el final, abandonando esa naturaleza atonal que roza lo serial, recupera cierta respiración. 

Con la que da comienzo la segunda, de más coherencia en la colocación del material rítmico y corporeidad en el emparejamiento piano-marimba. Con todo, perviven esos elementos que surgen como accidentes, esas formas caprichosas que condicionadas por su naturaleza percutida y dinámica parecen extraídas de lo cotidiano: el ruido del tráfico siempre cambia, dejó dicho Cage. Ese fluir accidentado da pie a espacios con silencios inestables, una descompresión sobre la que sigue amenazando los arrebatos seriales que subrayan contrastes de registro y naturaleza (graves-medios en madera-metal). La última parte es una conclusión rítmica que señala al piano en una frase que, absorta, llega a su final por colapso.

L`abito Non Fa il Monaco (Fabrizio Rat Ferrero, 2007) es, como indica el dicho, un acto paradójico, un juego impulsivo que, pese a la juventud de su autor, tiene claras reminiscencias de construcción con el engranaje rítmico de Bartók. La segunda suite tras la de Guillermo Gregorio, van dos a dos en la disposición, es de Stefan Wirth y se titula Standards (2010). Esta pieza es un caleidoscopio de estilos de diversas épocas en la composición contemporánea del siglo XX en la que el jazz ha influido. Se hace evidente, sobre todo por sus motivos desenfadados, que su inspiración pertenece a las tres primeras décadas, durante las cuales destacaron el piano de Stravinsky, Bartok, Anetheil, Milhaud, Wolpe y el espíritu unificador, ahora sí, de Monk. Es un segmento que discurre más o menos reconcentrado o naif, con pinceladas cinemáticas y hábiles en el uso de los tiempos, con acelerandos y frases de rag o swing descontextualizadas. La presencia de la percusión, claro está, y una escritura que se alimenta de experiencias de improvisación, amplifican, transforman y actualizan el legado de los autores antes citados.

Un notable trabajo conceptual y de ejecución que invita a próximos encuentros entre piano y percusión, previa escritura.





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