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08 diciembre 2012

JAN GARBAREK EGBERTO GISMONTI CHARLIE HADEN- Mágico, Carta de amor

 EGBERTO GISMONTI
JAN GARBAREK
CHARLIE HADEN
MAGICO-CARTA DE AMOR
Munich, abril de 1981. ECM 

De este trabajo ha dejado dicho Gismonti que es como “un mensaje en una botella” que se lanzó hace casi 30 años. Y es cierto que tiene ese aliento de un mundo lejano e imaginado, como de isla en la memoria sentimental del oyente. Algo único e irrepetible, distinto a todo lo que hicieron los tres luego, que quedó instalado ahí y que ahora se nos devuelve. ¿Cómo lo recibiremos?

La recuperación de valiosos archivos sonoros como los de Keith Jarrett y el cuarteto nórdico en el reciente Sleeper anunciaba un estimulante ejercicio memorístico al tiempo que suponía un posicionamiento estratégico que pocos sellos como ECM pueden permitirse en el mercado discográfico actual. Esta iniciativa parte de registros en directo con una edición de estudio intachable realizada por Manfred Eicher y Jan Erik Kongshaug. Este trío irrepetible, fruto de los encuentros que favorecía el productor entre los músicos fieles a sus escudería, está en la línea de buscar una nueva categoría estética, pues creadores de categorías en los 70 fueron Abercrombie, Garbarek, Walcott, Micus, Gismonti... 

Esta entrega y la anterior, y las que se esperan, incluyen dos valores añadidos al producto en disco: uno el contraste cronológico sobre la vigencia de la obra y el otro la implicación emotiva del aficionado. Así se completa el legado contenido en esas dos joyas que son Mágico y Folk Songs, grabaciones muy cercanas en el tiempo, entre el verano y el otoño de 1979, aparecidas justo en el año que nos ocupa.

Habría que preguntarse cómo llegaron a coincidir y por qué nunca más se recuperó esta alianza, excepción aparte del concierto en Montreal de Haden y Gismonti. El músico brasileño llega a ECM con Naná Vasconcelos en Dança das cabeças (76). Es manifiesto el interés de Eicher en su producción a partir de este momento, prueba de ello son sus discos Solo (78-79) y sobre todo Sol do medio dia (77), en el que podríamos encontrar ya a Garbarek (y a Ralph Towner, Naná Vasconcelos y Collin Walcott). Por otro lado, Charlie Haden había formado parte del cuarteto americano de Jarrett y, tras contadas participaciones, pronto, a principios de los 80, engrosaría su nombre en el catálogo con la Liberation Music Orchestra (LMO) y el ornettiano Old and New Dreams.















Garbarek, que estaba dentro del cuarteto de Jarrett cuando este grupo se constituía, se va despegando de un estilo propiamente jazzístico hacia una enunciación basada en el folclore que toma impulso en el propio escandinavo y se extiende como discurso a través de sus colaboraciones en el sello, entre ellas con Ralph Towner en el destacado Dis (1976). Si Gismonti volvió a Brasil desde París para tocar la guitarra y encontrarse a sí mismo tras el consejo de la pedagoga Nadia Boulanger, Garbarek explora melodías con acervo noruego en su inmersión tradicional a través también de la flauta, de la que adopta matices de color e intensidad en el saxo soprano. Haden ve el folclore desde una posición intelectual con la LMO, leyendo con soltura e inventiva colectivas las canciones de la Guerra Civil Española y el cancionero revolucionario cubano.


En estos datos hay dos elementos subyacentes que resultan esenciales para entender este encuentro: la música de inspiración latinoamericana y la guitarra. Esto, que matiza la tendencia nórdica del sello, lo encontramos no sólo en los discos previos del brasileño, también ya en el My Song de Jarrett y luego en The Ballad of the Fallen de Haden. Conectada con la música latina estaría la guitarra acústica y la cita previa, más enfocada sobre una música panorámica y coral promulgada por Eicher, que fue Sol Do Medio Dia


Música clásica, improvisación acotada y folclore, dotados de gran respiración melódica, son los pilares de este trío. Egberto Gismonti, continuador del mensaje de Heitor Villalobos, es quien más escritura aporta. Su dualidad como instrumentista dota de dos perfiles distintos a este disco, preferible es el guitarrístico por el sonido y la técnica de piano que aplica a guitarras de 8 y 10 cuerdas y la percusión sobre el mástil.

Mensaje en un lienzo. Vermeer pintó La carta de amor en 1670. El laúd en el regazo de la dama que lo tañe es la prueba de que la misiva que le entregan contiene algo sentimental. Otro instrumento de cuerda, otra botella entregada al océano del tiempo... La guitarra de Gismonti hace de suave y extraño el oleaje con figuras circulares, el saxo de Garbarek se alza e invoca la letra de la carta, mientras que el bajo con arco de Haden es el viento que mece a la botella al capricho de la corriente. Carta de amor (Gismonti) abre y cierra esta cita doble con la delicadeza de un río manso fundiéndose en el mar. 

Sólo Folk song (Garbarek) aparece también dos veces, en versiones distintas, situado en el centro de uno y otro. El disco del 81 Folk songs, para quien esto escribe, es más rico, arriesgado y original, con menos concesiones a la degustación melódica que Mágico, cuya influencia se deja sentir en una segunda parte con propensión al piano que parece imponer, languideciendo el tono general, su exuberancia lírica.

Con el tiempo, y este disco hace posible ese contraste ampliando los ángulos de visión, parece más evidente que son los temas con guitarra los que imprimen verdadera singularidad a este encuentro. Los más perdurables de esta sesión, incidiendo en esa idea, serían Cego Aderaldo (el timbre de la guitarra se asemeja al berimbau con esa extrañeza “caipira” que el saxo a trae hacia el norte, uniendo a indios del Mato Grosso y a samis), la primera versión de Folk Song (el cruce de caminos de un folclore con sentimiento de nostalgia, el alma del encuentro) y Spor (techo del diálogo improvisado bajo el enfoque estético que favorecía el sello como introducción abierta, de resultado tímbrico, rítmico y melódico incomparable).


Además de Carta de Amor, hay cuatro temas nuevos respecto a los discos de estudio. Haden, que hace un uso del arco varias veces, algo poco habitual en él, aporta La Pasionaria, confirmando la línea con lo marcado después en la LMO pero aquí concentrado en voces y adecuada adaptación popular hispánica, y All that is beautiful, balada que está en consonancia melódica con la tradición de standards pero que el saxo de Garbarek atrae hacia el cuarteto de Jarrett y lleva a terrenos más libres. 

En líneas generales, en el segundo disco hay una mayor preeminencia del piano y esto conduce a terrenos más melodiosos, solos más alargados y emparejamientos. Branquinho y Don Quixote (luego incluido en Duas Vozes) los firma Gismonti y reflejan su ambivalencia instrumental teñida del aroma-canción del disco Mágico. Se echa de menos el pulso repetitivo de Equilibrista, pieza con piano contenida en Folk Songs que se sale un poco de la bohonomía melódica y las cadencias clásicas del brasileño, entre el requiebro virtuoso y la mirada infantil, en las que Palhaço no oculta conexiones iniciales con el My Song de Jarrett.


Música que se mueve entre ideales y viajes en tiempo y geografía. Sonido, culturas y sentimientos que en su cúspide trascienden las tres personalidades y cualquier barrera entre lo popular y lo académico. Folclore imaginario, por llamarlo de algún modo, con un mensaje que llega hasta hoy sin oponer apenas resistencia. Si acaso la del descreimiento y el pensamiento de que en el pasado todo se sentía de otra manera, nueva y esperanzada.






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