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29 noviembre 2012

BESTER QUARTET-Metamorphoses


CAMBIOS KLEZMÁTICOS



BESTER QUARTET
METAMORPHOSES

Jaroslaw Tyrala (vl), Jaroslaw Bester (bayán), Oleg Dyyak (bayán, perc, cl, duduk), Mikolaj Pospieszalski (b) con Tomasz Zietek (tp). 
Febrero de 2012, Niepolomice, Polonia. Tzadik

Metamorfosis lleva a Kafka y a un término cambiante que como el tema que les proponermos en el vídeo podría sugerir a uno de los personajes de otro ilustre judío, Woody Allen en su película Zelig. Esa pulsión aglutinadora y sin respiración, ese dinamismo movido por el capricho de un cambio inesperado inspira el título y tambián a la música en este trabajo.



Con 7 publicaciones a sus espaldas en el sello de John Zorn, el antes llamado Cracow Klezmer Band es uno de los grupos más mimados por la mente inagotable del fundador de Tzadik, a quien deben su proyección.  Echando la vista atrás a sus primeros discos en este sello, el carácter de estilo reflejado en De Profundis (2000), se aprecian con mayor nitidez dos tendencias que venían sugiriéndose de manera más o menos superficial a lo que es la corriente de expresión del grupo polaco. Por un lado, demarcación hecha por Balan (2006),  aportación  a la serie The Book of Angels (vol. 5) dedicada al extenso “cancionero” que escribió Zorn para Masada, una preeminencia de un discurso conectado con esta fórmula definida sobre el cuarteto Masada (Dave Douglas John Zorn, Greg Cohen y Joey Baron), cuyo discurso se basaba en exposición, improvisación solista y resolución, que favorecía intervenciones de intensidad cruzada en esquemas derivados del jazz. Esto se pone evidencia desde el primer corte Hope y se acentúa más si cabe con el trompetista invitado Tomasz Zietek. La otra, y puesto que dos de los instrumentistas (Jaroslaw Bester y Oleg Dyyak) tocan el bayán (acordeón cromático con botones de procedencia ucraniana) las citas a Astor Piazzolla se evidencian en Solitude.


Entre estos dos polos, como en la definición de estilo comprendida entre De Profundis y Balan, el Bester Quartet despliega una música de intensidad desbordante y también contenida, entre la efusividad y la introspección de un folclore muy evolucionado desde sus raíces en el Este de Europa. El viaje musical, como siempre en ellos, invita a explorar nuevos terrenos de la música de cámara contemporánea (recordemos los cuartetos de Bartók, Enesco y también de Zorn) desde el tratamiento en las cuerdas (Mikolaj Pospieszalski al contrabajo y Jaroslaw Tyrala al violín) hasta el empuje de los acordeones y el apoyo rítmico con algo de percusión. La compenetración de un mensaje sólidamente trenzado permite la intervención de espacios improvisados (jazzísticos pero sin naturalizarse como tal, con perfiles atonales y creación de texturas), compaginando el desenfreno festivo de la música klezmer y la pesadumbre de la errancia.

La concentración de motivos, un cromatismo perfectamente calculado en cada ángulo abierto y una respiración que emerge desde dentro producen una música apasionada y rotunda. Un virtuosismo arrollador que exhala emoción y verdad.






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