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16 septiembre 2012

ENRICO PIERANUNZI plays SCARLATTI



Enrico Pieranunzi
Ludwigsburg, diciembre de  2007 
CamJazz 

Se trata de un músico cuyas virtudes técnicas y expresivas en el jazz comparten la refinación académica. Pese a ello, este trabajo desmiente las bondades artísticas de todo acercamiento que pretenda mezclar, en cualquiera de las dos direcciones dominantes, al jazz con la música clásica. Ambas facetas que Pieranunzi siempre ha cultivado como instrumentista y que unidas a “imaginación formal, vitalidad rítmica, pasión y sabor mediterráneos”, según sus propias palabras, reúnen los ingredientes que le conducen con éxito y personalidad hasta Scarlatti (1685 -1757).




"Hace unos años -cuenta Pieranunzi- escribí una entrevista imaginaria con Domenico Scarlatti (tenía lugar en Aranjuez, en 1750) donde le preguntaba en un momento dado qué pensaba él… del jazz. Le expliqué sintéticamente de qué se trataba y él me contestó que, si la cosa era tal como yo se la conté, ese “jazz” no era entonces algo tan diferente de la música que él mismo hacía. No es una idea demasiado extraña que Scarlatti y los otros grandes de la música barroca hayan sido unos músicos de jazz “adelantados”.




El argumento unificador que vincula a autores separados dos siglos y medio, o más bien el puente que sirve de mediador creativo desde un mismo lenguaje, pasa por la improvisación. Un canal o medio vital, un lenguaje común pero diferenciado entre ambas músicas. Es la manera en la que interviene en las manos de Pieranunzi como catapulta transformadora, naturalizada y sistematizada en ambas dimensiones pianísticas, la barroca y la contemporánea del jazz, lo que le confiere un singularidad verosimilitud a esta propuesta. Un concepto unificador y de síntesis alejado del ingenioso pastiche postmoderno de Bach y las Variaciones Goldberg del estadounidense Uri Caine.


Cada sonata, así descrita, es una pequeña historia contada en una época distinta,un juego o un sueño que soñaba con ser juego, un relato narrado con la frescura arrebatada por la concisión y la refinación popular. Así, “los colores del cielo y del mar italianos” de la frondosa obra para clave del compositor napolitano dan oxígeno y luz a la pulsación sensitiva y cromática del Bill Evans que reconocemos en Pieranunzi. 








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