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05 agosto 2012

LIBROS- Alessandro Baricco, Leroi Jones, Luis Gámez, John Coltrane



Otras lecturas posibles 
Por Jesús Gonzalo 
Cuatro son las propuestas que se antojan idóneas para una lectura musical relajada y jugosa al mismo tiempo. El genio exuberante y lúcido de Alessandro Baricco asegura imágenes caprichosas y esclarecedoras en el “circense” Barnum. LeRoi Jones (Amiri Baraka) disecciona la evolución social de la raza negra estadounidense basándose en la relación íntima que guarda con su música, en el clásico Blues People. Un chupito de análisis a lomos de pensamientos trasversales, pequeño pero concentrado, es El arte del ruido, del “futurista” cordobés Luis Gámez. Y un regalo a lo oídos es Conversaciones con John Coltrane, la letra de sus sentimientos y de su sonido.

Barnum. Crónicas del gran show musical
Alessandro Baricco
NORTESUR musikeon. 249 pp


Resabiado y burlón maestro de ceremonias, dotado de un agudo ingenio que tiene la escasísima virtud de agitar las mentes al mismo tiempo que evoca imágenes, Baricco es una rara avis en cuya grácil escritura se yuxtaponen imaginación, pensamiento ilustrado -versado en  ópera y  música clásica- y cultura popular. En el epicentro de su dialéctica, que se construye y desarrolla siempre sobre un escenario propio, se concitan y estallan en mil pedazos los muros de las llamadas alta y la baja cultura, entre lo académico y la calle.

Este libro recopila artículos que escribió para los periódicos La Repubblica y La Stampa en la columna semanal que dio en llamar Barnum (Phineas Taylor Barnum, comediante, como en este cóctel de ideas, que intercalaba en sus espectáculos un hipopótamo, el esqueleto de Cristobal Colón o dos siameses). Estos artículos salieron a lo largo de la década de 1990 y luego se editaron en dos partes y sendos libros -aquí recogidos en uno- durante el decenio en que saltó a la fama por novelas como Seda, polémicos ensayos sobre la música contemporánea como El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin o el relato teatral que dio origen a la película La Leyenda del pianista en el océano.  Cuenta este texto de lectura sin aliento y sonrisa cómplice (aunque su deuda con el periodismo, los acontecimientos y la época supongan ciertos desfases) con la excelente traducción de una especialista en el autor como Romana Baena Bradaschia y, tasando su valor en perspectiva, del intachable prólogo de Luca Chiantore.




Alessandro Baricco, un pensador posmoderno de esa mediterranía que todos debemos de reivindicar como nuestra cultura, alta y baja. Brillante, visionario, irreverente, apasionado, imprevisible, sarcástico, sofisticado, tifosi...


Perlas cultivadas
“La Norteamérica (de Woody Guthrie) es la del liberalismo salvaje y sin red, donde la pobreza y la riqueza pasan a toda velocidad como injustificadas tormentas de arena (…), un mecanismo exacto y demente que produce dinero y expele sin piedad desechos de humanidad”. “Glenn Gould no era precisamente un pianista, él no tocaba el piano, más bien pronunciaba la música. El decía la música. Hacía audibles operaciones mentales invisibles”. “Pulp Fiction de Tarantino me dejó de una pieza: entiendo que es magnífica, pero no sabría explicar exactamente por qué. Y la duda de que, por el contrario, sea una tomadura de pelo, no te la quitas de encima”

Moderneces 
“Michael Nyman gusta, es música endiabladamente sencilla, arrogantemente sencilla, pero no tonta. Es una especie de lujo barato, de genialidad sobrante (…), sería necesario alguien como Adorno, pero nacido en California y criado con Spielberg, para saber decir si se trata de una estafa o simplemente es la música que somos nosotros”. Sobre Steve Reich en El mínimo de la música... “No tiene mucho sentido asistir (…) a la comezón de medias horas de microdesplazamientos sonoros hormigueando en un vacío neumático de ideas”. El Planeta Laurie Anderson, “la gente no aplaude un espectáculo de dos horas, aplaude a Laurie Anderson. Podía venir con un guitarrista y cantar cancioncillas durante hora y media con diapositivas de Suiza proyectadas sobre una sábana: sería la misma ovación.” Pogorelich y Sakamoto: Metamorfosis del Romanticismo... “Pogorelich se sienta al piano, intenta olvidarse de la absurda situación en la que se ha metido y empieza a tocar. Como Dios, hay que decirlo. Toca como Dios (a Chopin).” Sakamoto, “ni siquiera sabes si está tocando de verdad o si hace como que toca, pero mientras tanto sientes cómo te va llegando esa libido vulgarzota que lleva el sello inconfundible del romanticismo”.

Pensamientos sincopados 
“Da escalofrío pensar que en la matriz de esa polifonía de paraíso sencillo que es el gospel está ya el jazz, el hijo canalla, y el rock, el nieto descerebrado”. “La No Smoking Jazz Band  (el nombre ya de por sí es bobo en su justa medida) tenía un clarinetista que parecía que se hubiera bajado ayer del Titanic, con ademanes a medio camino entre maître de hotel y jugador de pócker: grandísima clase”. “El jazz blanco (hablando de Bix Beiderbecke) es blues sin rabia, ragtime sin burdeles, síncopa sin miseria y, en fin, jazz sin filosofía”.

A lo grande
La Boheme. “Puccini enterró la ópera, y esto hace que su teatro sea inexorablemente fascinante (…) Los cien años de La Boheme son una enormidad y nada. La historia de Rodolfo y Mimí es como el mapa de un mundo desaparecido pero redibujado por ordenador”. “La idea de poner la ópera en manos de los coreógrafos es una de las posibilidades que quedan para mezclar las cartas de la baraja de un espectáculo que corre el riesgo de la momificación subvencionada”. “Quedarse atrincherados en templos inaccesibles, emparedados vivos en el culto de un pasado irrecuperable, no es la mejor manera de defender la música y la cultura en este país” (Dido y Eneas a pie de calle).

De viaje 
Edimburgo 3 “...lo llaman Sunday Fringe, es el domingo en el que el festival se concede su borrachera nacional-popular. Centenares de espectáculos. Todo gratis. Llegan las familias (desde el abuelo al recién nacido), punks aterradores, hijos de flores un poco retardadas, turistas, ciclistas, periodistas (los más tristes) y cientos de perros. Se bebe, se come y se consume cultura alta, baja y media, como proyectadas por un videojuego posmoderno”. Tokio 2... “Todo empieza cuando te das cuenta de que, te muevas donde te muevas, te ves. Empiezas a tener pesadillas. Estás multiplicado en todas las dimensiones cientos de veces. Si intentas escapar, terminas entre máquinas de fotos, fotocopiadoras, teléfonos, faxes y escáners.”

Un circo sin fin.

Blues People. Música negra en la América Blanca
LeRoi Jones (Amiri Baraka)
NORTESUR musikeon. 251 pp

Estas dos propuestas que hemos seleccionado de la editorial NORTESUR nos presentan a autores que ejercen en buena medida como agitadores socioculturales. Si la de Baricco es la actitud ilustrada y desacralizadora de un enfant terrible a la italiana, la de LeRoi Jones parte de un compromiso en la conquista de los derechos de igualdad racial (no pudo terminar sus estudios universitarios a mitad de los 50 por el ambiente hostil) y un pormenorizado análisis antropológico e historiográfico comparados de la sociedad estadounidense vista desde el prisma de la raza negra y su contrapuesto del poder blanco. La música de su pueblo, como motor discursivo y espejo del cambio social, es aquí el  “único vector de la cultura africana que no se podía eliminar”.



Frases tan contundentes como éstas trufan una escritura concentrada y rica, aunque reiterativa en ciertos aspectos, en perfecto equilibrio entre datos históricos y análisis. El planteamiento narrativo elegido, salvo excepciones en las que se vuelve la mirada atrás, es de avance cronológico desde las comunidades sureñas de esclavos hasta el auge de la clase media y la aparición de los profesionales libres que exigen la igualdad de derechos con los blancos en los 60. Un texto que es fruto maduro y a la vez en crecimiento, consecuencia de una visión crítica en la que se cuestiona también los avances de la propia sociedad afroamericana. Como en el recurrente sentido gregario y complaciente al que alude desde el principio del libro y que ha impedido una más pronta liberación. Ejemplos como que a medida que se distanciaban del pasado agrícola del sur hacia la industria, adquirían o anhelaban modos sociales urbanos de los blancos.

Alrededor de 1920. “El espacio que la ciudad proporcionaba comenzó rápidamente a ser vertical. La idea de sociedad o, por lo menos, de divisiones de un medio social comenzó a ser familiar a las mentalidades negras. Aquella antigua división entre mulatos, libertos, criados y trabajadores del campo, que tan inmutable llegó a ser, quedó aniquilada, pero los nuevos estratos que se formaron en el seno de las sociedades de negros “libres” resultaron ser tan rígidos, en sus límites, como la antigua división”. Aunque también en estos años se produjo El renacimiento negro, la clase media, a través de sus artistas, novelistas y los más avanzados educadores, que como portavoces comenzaron a pedir “igualdad, por lo menos”.

El libro fue publicado en 1963 y llegó a España en 1969 de la mano de Lumen, en la misma y excelente traducción de Carlos Ribalta. Se actualiza esta edición con un prólogo escrito por el autor en 1999. Hay una cuestión que al lector no se le pasará por alto. Si comprendemos el periodo en el que fue escrito, veremos que aquella época turbulenta deja un poso de denuncia en el tono de un libro siempre contrastado con el apoyo de una selecta -y nada sectaria- bibliografía. Para nuestros lectores ese será uno de los puntos fuertes de interés, creciente a medida en que se acercan los años 60, pues se comprobará los fuertes lazos que existen entre el blues (del floclore al espectáculo) y el jazz (y esto es fundamental, como catalizador entre la cultura negra oscura del extrarradio y de la más clara de los criollos afrancesados en Nueva Orleáns, pero, sobre todo, como vehículo de expresión de la emergente clase media que nacía en las ciudades del norte a partir de los años 40).

El expolio de la raza blanca en el ejercicio del poder (“el mito de la superioridad anglosajona”) sobre la música negra quedan aquí reflejados desde la primera grabación de jazz de la Original Dixieland Jazz Band, pasando por el swing de Bessie Smith y Duke Ellington y luego el cool jazz de Miles Davis y John Lewis, hasta llegar al lenguaje liberador e intelectual del free jazz con Ornette Coleman o John Coltrane. Señaladas denuncias de apropiación en las que la concentración de poder económico, el desfase clasista, lo que es o no “culto”, los medios de comunicación, el acceso a la educación y a un puesto digno y, en suma, lo que es la segregación, se ilustran en los cánticos del blues tradicional al evolucionado y el especial tratamiento que el imparable avance del jazz hasta 1960 tienen su reflejo en la sociedad.

Un ensayo rigusoso e imprescindible para profundizar en las culturas del blues, que debería acompañarse de la audición del reciente y monumental Ten Freedom Summers de Wadada Leo Smith, inspirado en esta época en el que este texto fue escrito y en la que se produjeron tantos cambios en la sociedad afronorteamericana.


El arte del ruido 
Luis Gámez
ALPHA Mini, 56 pp
Escoger el mismo título del célebre manifiesto futurista de Luigi Russolo de 1913 resulta algo pretencioso si al reto de emular nominativamente a un tratado histórico le ponemos la restricción de un espacio tan reducido. En realidad, sería más acertado plantear este texto como introductorio a una creación ya centenaria que usa como materia prima sonidos y no notas. Así, abundando en un planteamiento que compendia distintas corrientes y pensamientos en el tiempo, Gámez usa el plural en las dos partes en las que divide este pequeño ensayo: El arte de los ruidos para construir el mundo y Las máquinas de hacer ruido para destruir el mundo.

Entre este alfa y omega del ruido consciente, apoyado en ese tono profético que caracterizaba el encendido discurso de los futuristas, Gámez desarrolla un argumento estético en el que los nombres fundamentales en este género, los pioneros, se sitúan en la primera parte (de un lado los ideólogos Russolo, Cage, Schaeffer, Varèse, de otro la rama electroacústica traída por Schönberg-Webern-Messiaen con Boulez, Stockhausen, Xenakis), mientras que deja para la segunda, en unas discutibles ponderación estética y demarcación temporal recompensada con la mitad del libro, los planteamientos postindutriales (“perversiones sistémicas” porno-anarco-ruidistas) de Throbbing Gritel, Whitehouse o Esplendor geométrico, entre otros. El paisaje sonoro, inagotable variedad de la música concreta (o de los “objetos fijados”) queda representado exclusivamente por las atmósferas polucionadas y profundas del imprescindible Francisco López, aunque nada se dice del origen de esta corriente y de sus variantes alejadas de lo industrial o de escuelas principales como la canadiense.

El mayor logro de este libro reside en la densidad de ideas (el formato ayuda), y no en la enumeración sucinta de nombres, movimientos o tendencias (pag.24), que Gámez toma del pensamiento y la filosofía. No son voces cualesquiera ni resuenan por azar en tan limitado hueco. Nos referimos a cómo concita para empujar su argumento las ideas -algunas de ellas antagonistas- de Russolo, Adorno (“el jazz es música de entretenimiento”), Benjamin, Cage y Jaques Attali, principalmente en el primer capítulo, así como de tangentes al pensamiento musical, fundamentales en el discurso del segundo apartado, como las de Marshall McLuhan, Herbert Marcuse (“la lucha del individuo contra las fuerzas represivas es una lucha contra la razón objetiva”) y Jean Baudrillard, citas que aportan fuerza expresiva y riqueza intelectual al ensayo.

Entre extremos creativos de cualidad y época, entre el advenimiento del ruido futurista en la Naturaleza y el apocalíptico que vendrá con el fin de los tiempos, el utópico silencio que buscaba Cage ni siquiera llegará con la destrucción de la civilización humana: no existe. Para repensar.

MY FAVOURITE THINGS
CONVERSACIONES CON JOHN COLTRANE
Edición de Michael DeLorme
ALPHA Mini, 101 pp

Una búsqueda inalcanzable, una necesidad insatisfecha. Un hombre de espíritu y una misión. Luego, tempranamente, cuando el grito se extendía como un anhelo, como si no fuera a llegar a tiempo a algo que no sabía qué era, llegó el silencio. Todo fue interrumpido en 1967. Queda su música, esa catedral que se alza inconclusa sin que apenas podamos distinguir por dónde seguiría . Un edificio al que le sobra capacidad expresiva en sus muros y estancias pero a la que falta palabras, un mensaje, un pensamiento verbalizado. Sabido es que en los libretos de sus últimos discos cedió para que aparecieran esas notas que consideraba innecesarias. Se publican estas tres entrevistas y una carta que el músico escribió al director de Down Beat Don DeMichael, que ya había aparecido en el fundamental libro de C.O. Simpkins Coltrane: A Biography. La introducción corre de parte de Michel Delorme, que sirve para poner las claves de la vida y obra del genial saxofonista y de su “exploración metódica”, nos dice. Cada una de ellas marca la situación creativa y las inquietudes del momento de su carrera. Esto se hace más evidente sobre todo en las entrevistas de 1963 (Hacia la composición) y 1965 tras publicar A Love supreme (No puedo ir más lejos).

¿Qué nos ofrece Coltrane en estas pocas líneas? De su boca, honestidad, humildad, trabajo, curiosidad insaciable, inquietud, esfuerzo y fe. Un hombre íntegro que nos legó una música de respiración infinita, un sabio que no estaba seguro de nada. Comprueben que lo que más repite en su pensamiento es “No lo sé”, “Es probable”, “No tengo una idea muy clara”, “Si supiera con exactitud lo que quiero hacer”, “Todavía lo ignoro”.


Pero sí sabía lo que sentía ... “Cuando paso de un momento calmado a una tensión extrema, sólo me impulsan factores emocionales, excluyendo toda consideración musical”. Y sí sabía también ubicar a su obra como proceso y estilo: “Cualquier música que pueda crecer y propagarse como nuestra música lo ha hecho tiene que tener una convicción positiva inherente absolutamente bestial. Quien dude de esto, o crea que los representantes de nuestra música de libertad no se guían por esa misma idea, es muy parcial, musicalmente estéril, completamente idiota, o tiene un motivo oculto”. John Coltrane, probablemente el más grande músico de jazz de todos los tiempos.


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