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27 julio 2012

DIAMANDA GALÁS- La bella y la bestia


DIAMANDA GALÁS 


 Guilty Guilty Guilty

Con una carrera cuyos inicios se remontan a comienzos de los 80, Diamanda Galás (padres procedentes de Anatolia y Grecia) se ha ganado el calificativo de cantante de culto, no ya por el hecho de hacer propios estilos como el jazz (Billie Holiday), el blues, el gospel, el country (Hank Williams) o el rock progresivo (junto al bajista de Led Zeppelin John Paul Jones) enfundada en una estética que asocia su creación a un personaje de “malvada” y siniestra feminidad ligada a la naturaleza bizarra de su voz. Este retrato personal, aunque vinculado la escena postpunk neoyorquina y berlinesa no alejada de John Zornevita la imagen de diva operística sin citar a Nina Hagen pero, también, sin eludir cierta impostura punk ilustrada y viajada. 

Factor determinante en la obra de esta cantante es el “arte de acción” en el que se contextualiza el singularísimo tratamiento de su voz. En Diamanda Galás su obra descansa en el hecho y el acto musicales, en el formato canción y, por supuesto, en géneros afroamericanos matizados por su genial carga dramática y cierta postura punk, antes que en un concepto de espectáculo definido por elementos escénicos. En Galás el peso del espectáculo y el sustantivo que lo hace posible  recae en la interpretación antes que un acto performantivo (You're My Thrill, último registro en directo de 2010y en la formulación conjunta de los recursos musicales, literarios o políticos, eso sí, con dotes expresivas únicas.


En Diamanda Galás la obra descansa en el hecho y el acto musicales, en el formato canción y, por supuesto, en géneros afroamericanos matizados por su genial carga  dramática y cierta postura punk

A nivel de virtuosismo y originalidad, caben señalar dos materias nada frecuentes cuando se unen en una interpretación así: voz y piano. La conjunción entre ambos instrumentos produce el fenómeno Diamanda Galás. Como cantante, su voz se caracteriza por una articulación extrema en gritos inhumanos y sobreagudos homicidas (8 octavas alcanza. Su profesor Alfred Wolfsohn, judío alemán, superviviente del holocausto, lo consiguió de tres de sus alumnos), con inflexiones guturales insanas que parecen surgir de una cavidad profunda y tenebrosa y emitiendo modulaciones tímbricas muy extendidas (con y sin vibrato). 




Como pianista produce una extraña aunque fascinante simbiosis de solemnidad dramatizada con su voz. El piano ahonda en los surcos melódicos (sobre todo en los tiempos lentos del blues) y abre figuras repetitivas que crean tensión percusiva mientras sostienen la expresión oral. En conjunto, se da una tendencia interpretativa hacia la tragedia y la tensión desestabilizadora de la melodía (por suave como un blues que sea podría acabar en un aquelarre), elevación gótica, estética siniestra, exclamaciones excéntricas, protesta, humor soterrado y tratamientos electrónicos aditivos de poesía sonora (menos frecuentes).

En Guilty Guilty Guilty  (2008) recopila canciones de amor “homicidas y trágicas” como el clásico de jazz Autumn Leaves, Heaven have Mercy (Edith Piaf) o Long Black Veil (Jimmy Cash), entre otras más atípicas. Pertenecen a directos que tuvieron lugar, principalmente, en clubes tan señalados en la vanguardia como Knitting Factory y Tonic, ambos clubes neoyorquinos (John Zorn impulsó el primero a finales de los 80 y el segundo a mitad de los noventa. En 1989 ella se afincó en dicha ciudad). Con un planteamiento literario con ciertas semejanzas, cabe recordar el que realizó inspirándose en poemas de Baudelaire y Pasolini. Cabe recordar también sus participaciones en las bandas sonoras de películas tan radicalmente distintas como Natural Born Killers  (Stone), Drácula (Coppola), El Inmortal (Moncada Rodríguez) o In the mood of love (Wong Kar-Wai). 

Diamanda Galás, animal de escenario.             
              




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