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23 julio 2012

CHEIKH LÔ-Jamm, archivo África noiself

TROVADOR FRENTE AL OCÉANO


 JAMM Cheikh LôWorld Circuit 














De familia senegalesa pero criado en Burkina Faso, músico callejero en el París de los años 80, artista finalmente descubierto en su tierra, Dakar, por la estrella nacional Youssou N`Dour, gracias a una cinta de casete grabada precisamente en su etapa parisina, consagrado tardíamente con 40 años después del boom de la world music y justo desde el instante en que debutó con Né La Thiass (1995), el curso que ha seguido la carrera de Cheikh Lô (Bobo Diulasso, 1955) hasta ocupar el lugar de privilegio que tiene en la canción africana no es que sea increíble pero sí infrecuente. Tan peculiar discurrir bagaje, al que se une su pertenencia a los morabitas - hermandad fundada en el siglo XIX por el santón Amadou Bamba-, vestido con coloridos trajes hechos de distintos retales y con pelo a lo rasta jamaicano, tiene su reflejo en una música que mira al mar, que se deja llevar por el oleaje melancólico y tiene el sabor salado de su tierra africana y de otras que se pierden  más allá del horizonte.


 
 Cheikh Lô no es un músico prolífico, apenas cuatro o cinco títulos en 15 años en los que el estilo propio se extiende o contrae sobre sí mismo - entre Otis Reeding, Guillermo Portabales y la Bembeya Jazz Nacional- en una suerte de platos atlánticos cocinados a fuego lento. Eso parecía quedar claro ya en Né la Thiass (1995), trabajo que reunía todos los elementos que hacen distinguible su sonido del resto de artistas del continente, incluido el de su protector, que no mentor, Yossou N´Dour. Aunque, todo sea dicho, no poco de ese estilo como de trovador marinero que es -entre Dakar, Salvador de Bahía y Santiago de Cuba- se deba al contrastado criterio del productor de este sello, Nick Gold, alguien que ha sido capaz de producir discos de Buena Vista Social Club, Toumani Diabete y la Ochestra Baobab sin dudar qué es lo que puede dar cada artista en cada uno de los proyectos y cuánto de ellos puede germinar en otros. 



En Jamm, prescinde de la exuberancia instrumental y los decorados brasileños (acordeón, tambores timbaus) de Lamp Fall (2005) e incide en la personal inmersión temática del áfrica occidental en la que se combinan ritmos de mbalax, zoukous y la rumba congoleña entre los que filtra gustos personales de rhymth & blues y guajira. Si en Il nèst jammais trop tard cita a la Bembeja Jazz, en Seyni es el son montuno, los timbales y metales (Orchestra Baobab) más su voz los que recuerdan a Benny Moré. El corte siguiente Dief Dieul remite, en su nostálgica y lenta cadencia de  mbalax, a Né la Thiass, con arreglos en los saxofones que entonan una melodía parecida al lejano No more de N`Dour. En Bourama confronta percusiones marroquíes y bajo eléctrico, pulso jazzístico en saxo (riff del Take five de Dave Brubeck) y guitarra africana. Termina el disco Folly cagni con registros afrocubanos (Ibrahim Ferrer) y rumba congoleña. Guitarras, percusiones y metales son los elementos que sostienen el canto en otras tantas lenguas: bambara, wolof, francés y algo de español.

Cantando. De cara al océano.






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