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08 abril 2012

EDGAR ALLAN POE La muerte como único aliento de vida


EDGAR ALLAN POE


Salpicada de acontecimientos dramáticos y rocambolescos, su tortuosa vida podría haber inspirado alguno de sus relatos de terror. Pese a este fatal destino pudo construir un mundo original dotado a partes iguales de brillantez intelectual, sombras y fantasía. El mundo gótico del horror y la fantasía ténebre de Poe sobreviven hoy a su musa más poderosa, la muerte. 
                              

 La muerte como único aliento de vida  

La soledad de un hombre es silenciosa y acaso anónima. Era un día de otoño oscuro y sombrío. Entre extraños claros de cielo, las nubes se cernían pesadas y opresoras. La noche llegó de repente, y con ella un frío húmedo que helaba el espíritu. Una figura encogida cruza la calle y entra en una taberna. Alguien le reconoce: “Tenía la cara henchida y sin lavar; los cabellos en desorden y su aspecto general era repulsivo. Era Edgar Allan Poe.

La lucidez de su escritura parece contradecir la atormentada vida que llevó. De carácter inestable y depresivo, adicto al opio, el alcohol y los estimulantes, la biografía de Poe ejemplifica el carácter romántico. Nace en Boston el 19 de enero de 1809 en el seno de una familia de actores de ascendencia irlandesa. Abandonado por su padre al nacer y huérfano de madre a los tres años, Edgar es adoptado por el matrimonio Allan. Nunca se llevó bien con su padrastro. Fue un niño retraído y sensible que escribía poemas inspirándose en Byron. Lo echaron de la Universidad de Virginia, donde destacó tanto por su talla intelectual como por sus deudas de juego y el consumo de alcohol y láudano. Con la misma facilidad ingresa y sale de West Point. Luego empieza a publicar relatos en periódicos y revistas. En 1836, con veintisiete, se casa con su prima Virginia, de trece años, de la que se enamoró perdidamente. Escribió para ella el poema Anabel Lee. En la década de 1840 el autor alcanza la fama y baja a los infiernos. La desgraciada muerte de Virginia por tuberculosis agrava su alcoholismo. Se iba a volver a casar el 17 de octubre, pero su pista se pierde en Baltimore el día 3…

“Señor Valdemar, ¿sigue usted dormido?” La misma y horrenda voz prorrumpió. “Siiii..., nooo; he dormidooo…, y ahora estoy muerto.”

El pensamiento decimonónico enfrenta la ciencia a lo desconocido, la eterna lucha del hombre contra sus temores más íntimos y atávicos. Esa idea romántica de la Edad Media como pasado remoto y violento sirve de escenario al tenebrismo de Stoker, Shelley y por supuesto Poe. La combinación de rigor expositivo y fantasía alucinada, lo macabro y los decorados lúgubres, en hipnótico ritmo narrativo que induce al terror psicológico, fueron los elementos que definieron su estilo. El relato corto impregnado de poesía era su mejor territorio. El hundimiento de la casa Usher es una balada poética sobre el ocaso de una estirpe en una mansión decrépita. Claro precursor del género policíaco de Sherlock Holmes, en Los Crímenes de la Rue Morgue el genio deductivo C. Auguste Dupin usa la lógica para esclarecer la autoría de unos asesinatos. Mientras, William Wilson, el caso del hombre duplicado, antecede a Dr. Jekyl y Mr. Hyde El Retrato de Dorian Gray. El argumento científico, el suspense y el clímax del horror protagonizan otro destacado relato de Poe, La verdad sobre el caso del señor Valdemar, que narra el estado putrefacto de un paciente terminal que muere sin estar muerto durante un trance hipnótico.


De este genial alarde de intensidad narrativa, personajes y decorados siniestros se han servido otras artes. La Hammer dedicó una serie de films a los relatos de Poe en su época dorada. Entre 1960-64, el rey de la serie B, Roger Corman, recrea el horror gótico de La Caída de la Casa Usher, El Pozo y el péndulo, La máscara de la Muerte Roja, El Cuervo y Ligeia, cambiando lo macabro por lo grotesco a base de humor negro e histrionismo, el de Vincent Price. Considerado el fundador del cuento contemporáneo por maestros del género como Borges y Cortázar, influyó a los simbolistas (Baudelaire, su epígono francés, lo tradujo), a Kafka y a los beatniks. Inspiró a músicos tan dispares como Debussy, Phillip Glass o Lou Reed, y su mundo romántico de pesadillas prendó a Tim Burton.

Día extraño ese 3 de octubre de 1849, día de elecciones. En aquellos tiempos los partidos políticos solían coger a un grupo de pobres diablos, les emborrachaban y luego les llevaban a votar de un colegio electoral a otro. Se sospecha que Poe fue uno de ellos. Lo abandonaron en la taberna donde lo reconocen. Poe da las señas de un doctor. Afectado de delirium tremens, su agonía duró cuatro días. Entre temblores, gritos y alucinaciones llamó a un tal Reynolds, un personaje suyo, navegante y explorador. En la noche del día 7, debilitado por las convulsiones, parecía dormitar. De repente giró la cabeza a un lado y dijo: “Que Dios se apiade de mi pobre alma”. Y se abrazó a la muerte.







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