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23 enero 2012

RYOJI IKEDA- sinfonía de datos

RYOJI IKEDA

Llega dos días antes de lo previsto. Baja del taxi y saluda. Lleva una maleta y dos ordenadores. Esto no es una entrevista, son sólo impresiones que permanecen en la memoria tras unas jornadas al lado de Ryoji Ikeda, uno de los creadores audiovisuales más relevantes de nuestro tiempo. El japonés (Gifu, 1966) cede todo el protagonismo a su obra. Nunca concede entrevistas, rehuye las cámaras y le molestaría que estas líneas estuvieran teñidas del oportunismo de muchos periodistas “para ponerse ellos y sus opiniones en primer plano”
Su trabajo habla suficientemente por él. No hay nada más que añadir. El resto es cosa del público. Pese al temor a encontrarme con un rechazo, el artista, muy al contrario, se mostró abierto, humorado y crítico. Fueron cuatro días en los que el músico experimental y vídeo artista compartió trascendentales impresiones sobre arte y música, haciendo uso también de un incisivo carácter sobre política y sociedad: de la estadounidense a la japonesa, de la parisina a la sevillana.

Participó decisivamente en Dumb Type hasta comienzos del 2000, visionario proyecto interdisciplinar (danza, imagen, sonido) que es casi imposible recuperar: la edad no pasa en balde para los bailarines. Ryoji Ikeda vivía a medio camino entre Brooklyn, Nueva York, y París, donde finalmente ha fijado su residencia con su familia. De ahí que en el último lustro se le ha podido ver con cierta facilidad por los escenarios europeos, donde la cultura electrónica tiene una apreciación distinta a la americana, más atraída por la cualidad intrínseca de la creación y menos en función del factor tecnológico.



Como otros creadores ya hicieron antes (sobre todo los relacionados a los avances en las herramientas tecnológicas), Ryoji desarrolla uno o dos conceptos en distintos proyectos (las series formulamatrix, spectra o db, data y dataphonics) que van creciendo y diversificándose del concepto inicial en una instalación sonora, un registro en Cd o en dvd y en un espectáculo en vivo multicanal y con pantalla.



Ryoji es un autor conceptual que hace uso de un lenguaje audiovisual digital. Los sonidos, de gran pureza tímbrica, están hechos de materiales de bajas y altas frecuencias, microtonos y líneas agudas alargadas en contraste con asperezas accidentales. La estilización rítmica se consigue mediante la repetición o adición de eventos, de cruces de líneas y geometría sincronizada que imprimen velocidad al mensaje. La intensidad llevada al clímax, ya sea por el incremento de sucesos o por la acumulación del material sonoro, acaba anunciando su desintegración, colapso o desvanecimiento en un punto. Todos estos elementos parten de figuras minimales sencillas, en cuanto a que su origen son puntos y líneas (datos), pero adquieren una gran complejidad en la composición final. El resultado físico se podría entender como una secuencia de pulsiones sónicas y de imagen, de líneas geométricas que contrastan con texturas ruidistas y elementos paisajísticos que surgen de forma efímera. El continuo sonoro queda indisociablemente ligado a las imágenes en un asombroso trabajo de sincronización.


En dataplex (raster-noton) Ikeda se mantiene fiel al método del work in progress. En él hay referencias continuas a proyectos anteriores, como los había en el audiovisual formula (dvd + libro en ntt-forma) respecto a 0ºc (touch music), un antecedente sonoro luego llevado a lo audiovisual. La calidad del sonido, en el aislamiento de dichos signos autoriales, denota un marco tecnológico evolucionado, un paso más. 


La tecnología punta es un factor fundamental en el trabajo del creador, va en concordancia con el crecimiento y expansión lingüística de los proyectos. Lo curioso es que Ikeda se considera antes un artista, casi en el sentido renacentista, que un ingeniero informático que hace arte. Lo que peor lleva es, precisamente, estar constantemente al día de los nuevos programas y de la potencia de los equipos. Sorprendente apreciación viniendo de alguien que presenta trabajos de esta factura.


El principio fundamental de la serie datamatics, de la que parten proyectos actuales tan radicalmente distintos como C4I o dataphonics, es “percibir la invisible multi-substancia del dato en el mundo”

Por su plasticidad orgánica y figurativa, en C4I es donde mejor se aprecia ese argumento. C4I es el resultado de unir un concierto y una película.  Imágenes de video sobre paisajes naturales en todo el mundo que progresivamente se hacen más y más abstractos hasta ser representados en signos matemáticos y datos numéricos. 

Los textos acompañan a este viaje deconstructivo de lo natural hacia la matemática (como en data anatomy), uniendo la vida a la ciencia y a la filosofía como denuncia de la globalización económica y de la vigilancia gubernamental a los individuos. La belleza no desfallece en esta convergencia minimalista entre paisajes, datos y mensajes. Es el proyecto más cinematográfico de Ikeda, en él se hace patente su admiración por Andrei Tarkovsky y esos espacios desolados en los que el tiempo parece detenerse. 






En cierto modo, pero sin el mensaje político ni la plasticidad figurativa y crómatica de C4I, dataphonics vendría a ser el negativo que sustenta a aquélla, el esqueleto hecho de datos, puntos y fractales sobre los que la Naturaleza como elemento vivo  (C4I) o muerto de un objeto mecánico como un coche que parece tener un espíritu en su interior (Data Anatomy, ver vídeo), se manifiesta aquí con toda su desnudez secuencial y rítmica en blanco y negro (intención más vinculada al formato concierto, ver vídeo). 

Recientemente ha recopilado una serie de films bajo el título Time & Space en la que de modo retrospectivo (se remonta a finales de los 80) se aprecia la evolución del concepto y de la tecnología aplicada. Ha llevado algunos de los planteamientos experimentales en los que va desarrollando las ideas a un formato instalativo, como son los casos de data.scan,  The transfinite (ver imagen inferior) o la reciente Data Anatomy (civic). 




La plasticidad abrumadora de las obras de Ikeda (muy en consonancia, y casi obligado decir que compartida, con las de su colega-amigo Carsten Nicolai: Cyclo, 2011) plantea un campo semántico intransferible, situado entre la matemática (de espacios vectoriales a la infinitesimal), la irrupción de entes inesperados como elementos del caos y un lienzo visual que une videocreación, música digital e instalación en la representación tridimensional en sala o concierto. La visión sobre la sustancia matemática que descansa, de lo más íntimo a lo más superficial, en nuestra realidad, como no podía ser de otro modo en Ikeda, no es fría, sino asombrosa, bella y pura en su exactitud.

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