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05 diciembre 2011

PETER EVANS QUINTET- GHOSTS



Nuevo Santuario
Peter Evans Quintet
GHOSTS 

El rastro que deja a su paso este ectoplasma discográfico, uno de los discos del año, está llamado a transformar el jazz y las músicas improvisadas aunque se intuya que su área de influencia posiblemente arrastrará tras de sí, como suele suceder en perspectiva, a otras corrientes más populares. Sin rebajar un ápice el octanaje de su sonido experimental, las ideas que baraja no sólo están en los bordes de la creación más avanzada sino que roza lo radical, persistiendo en la idea del avance lingüístico y no en los encantos del reconocimiento. Las técnicas desarrolladas por Peter Evans con su trompeta, herramienta aparentemente inofensiva, aportan dimensiones novedosas en expresión, volumen y texturas a este instrumento.

Afincado en Nueva York desde 2003, en su corta pero imparable carrera, Peter Evans pasó por un periodo de rigurosa formación en el Conservatorio Oberlin, en el que consiguió un sonido y un fraseo tan pulido y grácil como el de un instrumentista barroco, incisivo y esquivo como el de un especialista en Xenakis y tan exigente, versátil y encendido como los grandes del bebop y la new thing. La competitiva escena jazzística de la gran ciudad le curtió como improvisador todo terreno. Con estas capacidades y una actitud conceptual que toma impulso en el carácter inquieto y concienzudo de Dave Douglas, el aún joven músico (menor de 30 años) se convirtió en un autor de fuerte personalidad, que transforma las tonalidades en sonoridades, la melodía en apremiante intensidad y el fraseo en un edificio tan sólido como incierto.

  Jim Black, Sam Pluta, Peter Evans, Tom Blancarte, Carlos Homs 
(foto Peter Gannushkin) 
  
Un botón de muestra del apabullante estado creativo en el que se encuentra nos lo dan sus publicaciones de este año (ya desde el concierto en Lisboa del año pasado) además de su participación en MOPDTK en el nuevo trabajo de John Zorn The Satyr's Play - Cerberus, un excepcional duelo de improvisación libre con nuestro Agustí Fernández y MatsGustafsson en Kopros-Lithos, otro trío algo más sinuoso con la guitarrista Mary Halvorson y el batería Weasel Walter en Electric Fruit, un dúo de trompetas con Nate Wooley y falta aún su nueva entrega en solitario (esta vez con manipulación electrónica del sonido). 

Entre todas estas propuestas se abre un hueco destacado Ghosts, trabajo que tiene como principal reto actualizar la no muy transitada frontera que hay entre la expresión natural del jazz y la improvisación electroacústica, adentrándose en la brecha explorativa abierta por Dave Douglas en Sanctuary (1997). Las conexiones con el más allá entre los dos títulos (Santuario y Fantasmas) podrían venir inspiradas por la presencia perturbadora de la electrónica como elemento inmaterial.  

A Evans le va bien el juego con la electrónica en tiempo real, contexto en el que lleva involucrado dos o tres años. Su capacidad de extraer timbres y efectos  extremos a su trompeta, deformando la tonalidad en extrañas figuras que se convierten grumos y astillas hasta el punto de no parecer un instrumento acústico, o extendiendo las notas en líneas ingrávidas a través de la respiración circular, le permite operar en un medio paradójico en el que el jazz como estilo (hay bop y baladas clásicas) alcanza una nueva dimensión expresiva desde la creación instantánea y la escrita (músicas repetitivas, atmósferas, el barroqusimo de Frank Zappa…). El resultado parte de una idea sobre el fluir en el que la composición sirve de argamasa. 

Esto sucede en Ghosts y sucedía ya en el Sanctuary de Dave Douglas, aunque la mayor diferencia con éste es que no necesita "tanta" electrónica (teclados y samplers funcionando como elementos independientes) ni dos trompetas (en la suya propia se yuxtaponen más perfiles), ya que los dispositivos digitales procesan los sonidos acústicos de piano (Carlos Homs), bajo (Tom Blacharte), batería (Jim Black) y trompeta, elementos que son susceptibles de trasformarse en materia, gránulos o capas de sonido que se funden, chocan o retuercen entre sí gracias a la injerencia en el discurso colectivo del ordenador (Sam Pluta) como un instrumento más.

Creatividad extenuante.  



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