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21 diciembre 2011

LIBROS- Coltrane, Historia de un sonido y My Favourite things/Conversaciones con John Coltrane

Coltrane, historia de un sonido
Ben Ratliff
Global Rhythm Press


Es una de las más relevantes y novedosas publicaciones que han aparecido este año por su argumentación comparada. Pese a un prólogo en el que se critican los tópicos vertidos sobre Coltrane, en los que sin querer el mismo autor cae creando unos nuevos que luego desenmascara, este libro propone una exposición sistematizada y ágil basada en dos pilares: vida y obra recogidas en un mismo título bajo los términos historia y sonido.

 El criterio abordado por el crítico del New York Times Ben Ratliff (a nuestro parecer de prestigio sobrevalorado, como se hace evidente en su discurso recogido en el vídeo de abajo) trabaja en esa línea de ambivalencia en la que a los datos biográficos se van sumando criterios de análisis. La descripción de sus avances y la perspectiva sobre su obra tiene hallazgos -no todos- comparativos que redundan en una lectura crítica. 

Hay ejemplos para todos los gustos en autor tan influyente, como la desacertada  comparación que asume, tomada de medios franceses, sobre el impacto que causó Coltrane a finales de los 50 respecto a la que vivió  Stravinsky a comienzos de la segunda década del siglo; más ajustados a la realidad parecen los paralelismos sobre la música posterior al saxofonista, desde  finales de los 60 hacia los 70, cuando conecta al Miles Davis de Nefertiti/Bitches Brew con el Coltrane de A Love Supreme/Ascension (del "grupo a la comunidad"); habla también de la intensidad de su sonido y la compara con la del rock eléctrico; reflexiona sobre el avance del jazz latino y su patrón "clave"; también resulta importante su comentario sobre la desafección hacia Coltrane de la primera AACM de Roscoe Mitchell en contraposición a la vinculación que se rendía a él desde Los Ángeles con Horace Tapscott. 




El concepto “capas de sonido” es otro elemento insistente -y paradójico- en su argumentario, que primero se analiza, luego ejemplifica y finalmente desmiente. Se reivindica -también hoy- la importancia de los clubes para el desarrollo del músico y de los proyectos (Half Note, Five Spot). Explica que la controversia racial (política) y el hecho artístico (arte), temas que Coltrane nunca solía abordar, acaban atrayendo su obra hacia la diana pública tras la publicación de críticas como las de Don Ellis y Philip Larkin.
La comparación como elemento básico de discernimiento para el crítico se articula en este ensayo de manera clarificadora y contrastada pero a veces atrevida
La comparación como elemento básico de discernimiento para el crítico se articula en este ensayo de manera clarificadora, contrastada y a veces atrevida. Lo hace tomando al instrumento como primer punto de análisis, del saxo tenor de los 50 (Rollins, Hawkins, Gordon) al coetáneo (Art Pepper, Harold Land, Joe Henderson) y posterior al suyo (Michael Brecker, Dave Liebman) y la fórmula del cuarteto (Charles Lloyd, Bradford Marsalis, Kenny Garrett), para, finalmente, como le sucede dentro de la música de Coltrane, llevarlo a otros terrenos del “sonido”. 

Resulta errónea, por exagerada, la extrapolación (ya introducida respecto a Miles Davis en el libro The Blue Moment de Richard Williams, en cierto modo inspirador del de Ratliff) que hace de su influencia en los minimalistas Young y Riley (la India sería en este último el vínculo más directo, no la obra de Coltrane), dejando al margen acertadamente a Steve Reich (sobre todo) y Philip Glass (menos). Aunque mucho más aguda, sin duda, consiste en ver su trascendencia en el sonido de Grateful Dead y sus descendientes. También analiza  cómo este gran autodidacta llega al mundo académico y al de la familia Marsalis décadas más tarde por caminos contrapuestos. 



Nos parecen esclarecedoras ciertas paradas en las que el autor hace un zoom para ver los cambios más importantes que operaban en el músico respecto a su entorno, hilando historia, sociología y creación

Para todo ello Ratliff se apoya solidamente en la oportunidad única (presenta dudas sobre su acabado si no la tuviera) que le brinda ser crítico de ese prestigioso periódico (su base documental es antes periodística que bibliográfica), lo que le permite entrevistar a importantes músicos (veteranos como Wayne Shorter, Joe McPhee y Horace Tapscott, o a jóvenes como Markus Strickland) y para el acceso a material documental de otros articulistas que, en cierto modo, han orientado su análisis, como parece ser el caso de Zita Carno en Jazz Review (1959) o del escritor antes citado, Richard Williams, en cuanto a una orientación comparativa basada en analogías. 

Sí nos parecen esclarecedoras ciertas paradas en las que el autor hace un zoom para ver los cambios más importantes que operaban en el músico respecto a su entorno, hilando historia, sociología y creación. En ellas ofrece una panorámica de la sociedad de los años 60 e incluso, citando a otros, de que la esencia americana que descansa en que su última obra provenía de “un discurso desesperado por alcanzar lo sublime que al final te acaba aniquilando, como al capitán Ahab de Melville", o en aquella otra que reside en el individuo “cuya propia existencia se convierte en su arte: renace en él y apenas existe sin él”. 

Hombre y obra: honestidad, rebelión y espiritualidad son el legado de este gran insatisfecho que fue Coltrane. Un acierto editorial que no debe pasar por alto tanto al lector iniciado como al recién llegado. También al propio editor, de cara a elegir próximas publicaciones en una línea más analítica y menos biográfica.

Ratliff en una conferencia sobre Coltrane



MY FAVOURITE THINGS
CONVERSACIONES CON JOHN COLTRANE

Edición de Michael DeLorme
ALPHA Mini, 101 pp


Una búsqueda inalcanzable, una necesidad insatisfecha. Un hombre de espíritu y una misión. Luego, tempranamente, cuando el grito se extendía como un anhelo, como si no fuera a llegar a tiempo a algo que no sabía qué era, llegó el silencio. Todo fue interrumpido en 1967. Queda su música, esa catedral que se alza inconclusa sin que apenas podamos distinguir por dónde seguiría . Un edificio al que le sobra capacidad expresiva en sus muros y estancias pero a la que falta palabras, un mensaje, un pensamiento verbalizado.


Sabido es que en los libretos de sus últimos discos cedió para que aparecieran esas notas que consideraba innecesarias. Se publican estas tres entrevistas y una carta que el músico escribió al director de Down Beat Don DeMichael, que ya había aparecido en el fundamental libro de C.O. Simpkins Coltrane: A Biography. La introducción corre de parte de Michel Delorme, que sirve para poner las claves de la vida y obra del genial saxofonista y de su “exploración metódica”, nos dice. Cada una de ellas marca la situación creativa y las inquietudes del momento de su carrera. Esto se hace más evidente sobre todo en las entrevistas de 1963 (Hacia la composición) y 1965 tras publicar A Love supreme (No puedo ir más lejos).



¿Qué nos ofrece Coltrane en estas pocas líneas? De su boca, honestidad, humildad, trabajo, curiosidad insaciable, inquietud, esfuerzo y fe. Un hombre íntegro que nos legó una música de respiración infinita, un sabio que no estaba seguro de nada. Comprueben que lo que más repite en su pensamiento es “No lo sé”, “Es probable”, “No tengo una idea muy clara”, “Si supiera con exactitud lo que quiero hacer”, “Todavía lo ignoro”.

Pero sí sabía lo que sentía ... “Cuando paso de un momento calmado a una tensión extrema, sólo me impulsan factores emocionales, excluyendo toda consideración musical”. Y sí sabía también ubicar a su obra como proceso y estilo: “Cualquier música que pueda crecer y propagarse como nuestra música lo ha hecho tiene que tener una convicción positiva inherente absolutamente bestial. Quien dude de esto, o crea que los representantes de nuestra música de libertad no se guían por esa misma idea, es muy parcial, musicalmente estéril, completamente idiota, o tiene un motivo oculto”. John Coltrane, probablemente el más grande músico de jazz de todos los tiempos.




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