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29 noviembre 2011

FESTIVAL DE GUIMARÂES 20 AÑOS (I) Ralph Alessi y McCoy Tyner


Centro Cultural Vila Flor, 16 y 17 noviembre de 2011
En momentos de crisis como los que vivimos, en un país intervenido por la UE, una oferta de calidad tan contrastada como la de Guimarâes -insólita en nuestro país-  mantiene el nivel y los focos de atención de otras ediciones en un exigente programa que aúna la creación de vanguardia histórica con la que señala el camino. Workshops, estrenos, producción propia y publicaciones conmemorativas completan esta cita inexcusable.



La lluvia fina de Guimarâes nos recibe con suave hospitalidad, atemperando las tensiones del viaje e invitando a dirigir nuestro pensamiento hacia terrenos más contemplativos, sin las prisas del turista. Ya es de noche, por lo que sólo al día siguiente, con un sol generoso, apreciaremos la belleza rectilínea de planos y líneas en paralelo que caracteriza la arquitectura del Centro Cultural Vila Flor, complejo contemporáneo creado por el colectivo local Pitágoras, claro heredero del maestro Alvaro Siza. Este conjunto se mantiene armónicamente instalado en un hermoso pueblo (no más de 60.000 habitantes en la zona metropolitana) que no sólo ha recibido el título de pertenecer al Patrimonio de la Humanidad sino que se prepara para la Capitalidad Europea de la Cultura de 2012. 

Ralph Alessi and This Againts that
Pero regresemos a la noche anterior. Justo a tiempo para ver a Ralph Alessi and This Againts that, grupo que ha sostenido en gran medida el pulso de un certamen que ha durado 10 días y por el que ya habían pasado Roy Haynes, Cedar Walton o Steve Swallow. Ralph Alessi and This Againts that venían a presentar su recién estrenado trabajo Wiry Strong para el preclaro sello -no por casualidad- portugués clean feed, pero también para sustentar los talleres instrumentales (del 14 al 18) y las jam sessions (desde el primer día al último). Alessi llegaba con Tony Malaby (en el lugar que en el disco ocupa Ravi Coltrane), Drew Gress, Andy Milne y Mark Ferber. 

Visitando los talleres y algunas jam se podía comprobar el potencial de este equipo de músicos y profesores. Alessi es un esteta, no sólo de su instrumento, la trompeta, sino de la escritura, del modo en el que cuida el empaste tímbrico al milímetro y en cómo articula la improvisación, de manera muy flexible pero detallada en el discurso, en un sólido y voluptuoso concepto. 

Sí, voluptuoso tanto por la creación de climas que proceden de una materia atonal en suspenso en el inicio con Aflet Images, pieza abierta llena de ambiguos rozamientos que cobran entidad plástica por sí mismos en el espacio, sin necesitar de coherencia estructural o melódica. Ya entonces percibimos lo distinto que es este planteamiento del disco: aquí se ha prescindido de los pequeños interludios repartidos entre temas y la música respira de manera más profunda. 




















Dos cuestiones se ponen de manifiesto en los primeros compases, una es la ya apuntada del sumo cuidado del sonido, lo medido y ajustado, templado y sutil con el que se expresa el grupo, nada de excesos ni destellos energéticos (ni siquiera Malaby, eso lo veríamos luego en las jam). La otra, que Alessi (de dicción melodiosa y aérea) y Malaby (tendente a los bordes disonantes y los tonos rojizos) mantienen una comunicación basada en una conjunción expositiva minima, independiente en sus desarrollos respectivos (como en el disco), aunque también se puede entender que el saxo de Malaby es un recién llegado. Las sutilezas y la suavidad de perfiles, en cómo te envuelven y cómo se desvanecen, recuerdan por momentos la tersura onírica de clásicos como Mahler (más evidentes en la trompeta de Alessi: ha tocado mucho con Uri Caine). 

Ese lirismo otoñal de Hands, tan bien engarzado en el juego polifónico de la escritura, no decae en melancolía pues los solos se alargan en un tejido colectivo (creciendo en intensidad en un fraseo lleno de color y líneas: solo de Malaby en Cowboy) que se apoya en una base rítmica excepcional. Milne al piano ejerce de contrapunto rítmico, apuntalando pequeñas figuras en repetición y dejando parte del registro agudo “preparado” con un sonido de madera apagada. Drew Gress es, si apuran, el motor del grupo, sus funciones se distribuyen por igual, en melodía o ritmo, doblando a la trompeta, al piano y la batería. Ésta, la de Mark Farber, resulta una gran sorpresa para el oyente, pues no sólo es precisa y colorista, funcional y descriptiva sino muy imaginativa en los contrastes (por momentos recordó a nuestro gran Jorge Rossy).


















Así se van sucediendo los temas, entre uno o dos antiguos, otros de estreno (los más sorprendentes) y los actuales, entre la abstracción cromática y el enfoque expositivo clásico, hasta llegar a dos de las cumbres del disco último arriba citado.Wiry Strong, que da título, empieza rapsódico y elevado, teñido de motivos disonantes que le confieren una naturaleza inestable. Todo en Alessi se convierte en clima, hasta los perfiles más delineados parecen flotar al cruzarse unos con otros, cayendo suavemente, como la lluvia de Guimarâes. 

Y así se desvanecen, en falso, como si pudiera seguir… Medieval Genius es otra clase de lluvia, cae de manera caprichosa e inconexa. Empieza Gress con el bajo y a esos apuntes aislados se van sumando piano, trompeta, luego batería y al final saxo en una tesitura más deslavazada. Estos saltos se multiplican y distribuyen en columnas (trompeta-saxo tenor), (piano-bajo), batería (ornamental). Uno de los mejores temas del concierto. Flujo, equilibrio y timbre, esa politonalidad plástica que caracteriza una música, ya era hora decirlo, hermosa y sabiamente construida.



McCoy Tyner Trio + Chris Potter y José James
El maestro McCoy Tyner se sitúa en este festival en el lugar de los Roy Haynes y Cedar Walton, entre Ralph Alessi y Henry Threadgill. Llega acompañado de un trío (bajo y batería sobre todo) de una más que dudosa intención creativa y una muy ajustada a la básica funcionalidad de sostén rítmico. El puesto que otros ilustres tenores venían ocupando en esta plantilla, presentada como un falso trío + invitado que pretende ser un guiño (con cita incluida en el bajo a A Love Supreme) al cuarteto de Coltrane, es ocupado por Chris Potter tras haber tenido aquí a Michael Brecker y Joe Lovano. 


El saxofonista italoamericano resolvió bien esta papeleta a la hora de congeniar con el pianista, un músico, todo hay que decirlo, cuyas facultades se han visto mermadas en los últimos tiempos aunque, eso sí, la música es para lo único que parece estar disponible (no presenta al resto de la banda) y cuánto. Potter fue sumamente creativo y original en sus solos, pero no tenía detrás la compañía adecuada para edificar. El histórico pianista hizo valer su estilo con esos latigazos percusivos de la mano izquierda y esos acordes en bloque. La verdad es que trasmitió la energía y monumentalidad que le caracterizan y anduvo muy preciso en las entradas y los puentes.


















El concierto resultó variado, al unir cuarteto, trío y piano solo con un breve homenaje al disco que hizo John Coltrane con Johnny Hartman, aquí emulado por la voz de crooner, expresiva en su registro medio-bajo pero con menos brillo, de José James. Así pues, un espectáculo en el que los temas de Tyner, los más robustos con terminaciones delicadas del maestro con la mano derecha, tuvieron añadido el sabor aterciopelado de los de Coltrane/Hartman (Dedicated to YouYou Are too BeautifulFalling in Love) y la presencia testimonial de un gran saxofonista en plenas facultades que no tuvo el respaldo adecuado.
Texto: Jesús Gonzalo
Fotos: Joâo Peixoto

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