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29 noviembre 2011

HENRY THREADGILL ZOOID- XX Festival de Guimarâes, Portugal

Henry Threadgill Zooid
Centro Vila Flor 18 de noviembre de 2011

El barroquismo de grupos como Very Very Circus se ha ido restringiendo, sobre todo en lo que concierne a referencias folclóricas. Ya en Make a Move se producía un hecho acentuado en Zooid 
                                                                     
Henry Threadgill, Muhal Richard Abrams, Anthony Braxton y George Lewis dirigen su creación hacia una construcción asentada en una organización del sonido que busca timbres nuevos en formatos de empaste innovador, siendo la improvisación el elemento que se significa en la singularidad del proceso. Esto es algo que Threadgill ha venido haciendo desde hace tiempo, por eso no sorprende encontrarse con tres instrumentos de cuerda pulsada, si además de dos guitarras (Liberty Ellman, Stomu Takeishi) que el chelo (revelador Christopher Hoffman) opere principalmente desde el pizzicato y no con arco. Completa este nuevo Zooid José Dávila al trombón y tuba y Elliot Kavee a la batería.

La perplejidad que pudiera provocar su música proviene en gran medida de la conversión de las notas en accidentes 

El comienzo del concierto, valga la redundancia, des-concierta al oyente no avisado: es toda una cascada puntillista de notas que se dispersan, sin aparente coherencia, por el escenario. Threadgill se mantiene en silencio en su puesto. Son los primeros tres temas, uno de ellos To Undertake My Corners Open recogido en el Vol. I de This Bring Us to (Pi Recordings, 2009). Aquí los espacios improvisados tienen una demarcación restringida y también de difícil delimitación en el texto; es decir, el grado de integración en el discurso entre la concreción escrita y la libertad solista quedan fundidos en el propio estilo del compositor: no hay vértices. Los finales cortantes en Threadgill, en este primer momento dedicado a las flautas, llegan anunciados por crescendos.


Threadgill ha construido un mundo tan personal como el de Ornette Coleman

Hay una segunda parte que coincide con el inicio de la cuarta pieza en la que la distribución es más abierta, permitiendo el desarrollo solista perfectamente señalado (no habría más de un solo así dispuesto para cada miembro del grupo). Aunque sólo sea una impresión que, por cierto, coincide con la distinta intensidad que se aprecia entre el primer y segundo volumen de This Bring Us to (2010), la identificación de sus compañeros de armas (la trouppe de William Parker) en primera fila parecía servir de estímulo para hacer virar el rumbo de una belleza cerebral a una más visceral en un repertorio la mitad nuevo: So Pleased no One,Not the White Flag y After Some Timepended Night (del Vol. I). 

De hecho, el fraseo entrecortado, expresionista y anhelante del saxo de Threadgill es el protagonista de este segmento en el que el nervio de la guitarra-bajo, la cuerda excitada del chelo (solo con afinidad electrónica en los timbres) y los impagables detalles de pedal de la guitarra eléctrica (un suspiro en medio de la llovizna) cuentan con el apoyo corpóreo en la gama cromática grave de la tuba-trombón y la perturbadora percusión, aquí con patrones groove más determinados. El incremento de la tensión y del volumen lleva al enfoque de cámara a un sonido menos cerebral y más enérgico.

Lo mejor que se puede hacer llegado este punto de perplejidad, ya que el sentido visual resta información, es cerrar los ojos y descubrir el movimiento de los colores, su flujo intermitente, las miniaturas que se precipitan y la intensidad que provoca su acumulación. Al final llega la admiración y el reconocimiento de los músicos. Y es que Threadgill ha construido un mundo tan personal como el armolódico de Ornette Coleman.





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