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23 octubre 2011

ZAKARYA y el klezmer-noise en Tzadik



ZAKARYA

Yves Weyh: acordeón, Alexandre Wimmer: guitarra, 
Vincent Posty: bajo, Pascal Gully:batería
tzadik

La caída del Muro y la estimulante escena neoyorquina que se desarrollaba en ese momento en torno a la música klezmer (a lo largo de los noventa en la Knitting Factory) facilitaron el renacimiento de este género en Europa (donde nació hace siglos). A medida que se acerca el año 2000, en el panorama continental van floreciendo grupos tradicionales y planteamientos diferenciados de los de EEUU. Budowitz y La Budapest Klezmer Band serían, sobre todo en el caso de los primeros, los mejores representantes del klezmer tradicional austro-húngaro-polaco (núcleo geográfico de los asentamientos judíos desde el siglo XIX en torno a Kiev) para un enfoque muy elaborado que concita música clásica y folclore bajo un exhaustivo estudio historicista e instrumental (violín, viola, cimbalón, clarinete, acordeón y chelo). 

Alejados de ese enfoque conservador estarían grupos como la Cracow Klezmer Band (ahora Bester Quartet) y el menos conocido y más arriesgado estéticamente Zakarya, perteneciente a una de las comunidades judías más nutridas de Europa coma la francesa (París sobre todo). Ambos, mayormente en el caso de los polacos, podrían ser vistos como formaciones de cámara que usan, de manera polivalente y no tanto jazzística, esquemas de improvisación y color tímbrico que los sitúan cercanos al terreno de la música de cámara contemporánea los primeros y del rock progresivo los segundos. Ambos grupos se mantienen tangenciales a los fundamentos que definen al klezmer y a sus distintos subgéneros por simpatía de un criterio funcional y de improvisación inspirado por el cuarteto Masada de su mecenas en Tzadik John Zorn

ZAKARYA
Reveladora e incendiaria integración de sensibilidad folclórica y contaminación ruidista

La presencia del acordeón en estos grupos, instrumento popular que conserva vivamente la respiración del destierro y de los pueblos de la Diáspora y también la urbana de nuestros días, nos induce a esa visión de gozo y de llanto en el camino, con una expresividad popular y académica más latente en la Cracow que en Zakarya, donde el acordeón de Yves Weyh, eje central, se metaboliza en un marco eléctrico de una manera más vehemente aunque no por ello menos sutil. Este cuarteto francés (definido sobre un power-rock trío: Alexandre Wimmer a la guitarra, Vincent Posty al bajo y Pascal Gully a la batería) está en la línea de los proyectos más "agresivos" de Zorn para pequeños formatos (tríos principalmente), donde el saxofonista emplea un sonido hard rock/noise contenido en un traje de free jazz eléctrico (Painkiller/ The Moonchild), con guitarra, bajo y batería (con o sin la voz de Mike Patton). 


Aunque en este caso, de ahí su originalidad, las melodías judías (reducidas casi a una frase) y el acordeón juegan un papel determinante a la hora de proyectar figuras tornasoladas sobre esa acidez metálica que se apoya en la percusión. El excelente trabajo de improvisación, en una alquimia que opera sobre el equilibrio de texturas e intensidades distorsionadas y melódicas, se crece en The True Story Concerning Martin Behaim (Tzadik, 2008) respecto a un no menos sorprendente 413 A (Tzadik, 2006), tercer disco con el que se empezaba a consolidar el concepto estético. Acaba de salir Greatest Hits, su quinto álbum para el sello neoyorquino. 

Reveladora e incendiaria integración de sensibilidad folclórica y contaminación ruidista.




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