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24 octubre 2011

TOMASZ STANKO QUARTET- en concierto

TOMASZ STANKO QUARTET
Málaga, sábado 22 octubre 2011


La cita con el trompetista polaco presentaba no pocos puntos de interés si tenemos en cuenta que mientras ha consolidado el quinteto Dark Eyes su relación con el trío de Marcin Wasilewski, dedicado a promocionarse como tal, había quedado congelada. Recuperado el cuarteto que dejó en Lontano su último rastro grabado, la música surge de nuevo con rotunda belleza.  


Del mismo modo que terminaba cada tema, en ese suspiro que se desvanece en el aire, Stanko abandona el escenario de forma pausada para, pese a la insistencia del público, no volver. Ya estaba todo dicho, no había nada que añadir. Algunos comentarios de cierto público (que abarrotó la sala) versado en el autor polaco llegaron a decir que Stanko tocó poco o, digamos, que se le esperaba con mayor protagonismo. No podemos coincidir con esta afirmación que llevaría a este grupo a ser algo así como 3+1, si bien es cierto que Marcin Wasilewski dio todo un recital hasta el punto que nos surgió la duda de cuántos pianistas hay dentro de él (de Herbie Hancock a Bobo Stenson).

De hecho no podemos estar de acuerdo porque Stanko dijo justo lo que había que decir. Y para ello se le podía ver situado perfectamente en cada uno de los momentos decisivos que encauzan una música que pasaba de la respiración lírica más espaciada a la balada estimulada por sensaciones positivas y de ahí incluso a tiempos veloces o de intensidad free. Todo un espectro sonoro bien matizado en cada detalle y, sobre todo, con una capacidad para fluir que le permitió desmarcarse del control aparente de un tejido que deja sus pespuntes a la vista. Así, su presencia servía para apuntalar los comienzos, para impulsar la recreación del trío y también, pese al contraste de edad con la juventud de sus acompañantes, para vivir la tensión tanto si ésta era sostenida como febril.

No porque se haya dicho mil veces hay que olvidarlo. Sabemos que Stanko graba para ECM. Y esto, desde hace décadas y para cada uno de sus músicos señeros, significa simple y llanamente dominar la calidad del sonido, su exposición y también disposición respecto al silencio. Y en eso el músico polaco y sus acompañantes (también cuando lo hacía el trío de Bobo Stenson) son auténticos maestros, buena prueba de ello son sus tres discos para dicho sello, sobre todo el último de ellos, Lontano (los temas con más empuje y longitud en los desarrollos, como Kattorna y el que le da título). Si nos fijamos en la naturaleza de cada uno de estos trabajos y la extrapolamos al concierto de forma dosificada cogiendo de aquí, Soul of Things (las baladas III y VI), o de allá, Suspended Night (de aquí temas más pausados y cercanos al silencio 3 y 6), haciendo hincapié en un planteamiento que en directo y sin Manfred Eicher (productor) resulta más matérico que aéreo, tendremos una visión completa de su propuesta. A esto hay añadir piezas nuevas en las que ya están trabajando y que parecen anunciar una próxima publicación.

Si en la cada vez más lírica trompeta de Stanko (también le sucede a Enrico Rava o Palle Mikkelborg, con quien coincidió en el Satu de Edward Vesala) aún podemos encontrar la huella de su pasado free, en un juego cromático tornasolado con destellos luminosos y dicción gaseosa, el trío de Wasilewski, sin el muy atmosférico Michal Miskiewicz en la percusión, sustituido por  Olavi Louhivuori (la conexión finesa de Stanko aumentada con Tuomarila, miembros ambos de Dark Eyes), se mantenía erguido apoyado en un mástil tan seguro, fibroso y melódico como Slawomir Kurkiewicz. Louhivuori es más esquemático e incisivo que Miskiewicz y se le ve crecer en los tiempos rápidos y en aquellos en los que el volumen del grupo se agranda.


 Pero si hay que resaltar a alguien aquí es sin duda a Wasilewski, prodigio de digitación cristalina e invención permanente, exquisito con los subrayados en los acompañamientos y en los arranques solistas, veloz, corpulento y frágil cuando lo tenía que ser, sacando figuras ornamentales (alguna arábiga) y de cimentación melódica, un motor que empujaba, y cómo, los desarrollos del grupo y también contenido y sutil en el detalle oportuno. Baste citar que llegado el final del concierto, en un tema de fuerte pulso bop, el fraseo que ofreció fue una construcción en la que la velocidad encerraba a su vez infinidad de motivos y figuras nada gratuitas, a cada cuál más elegante, que además servían para reafirmar su identidad europea. 







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