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25 octubre 2011

VINICIUS CANTUÁRIA & BILL FRISELL-Lágrimas Mexicanas


Romance latino en Brooklyn




Vinicius Cantuária & Bill Frisell
LÁGRIMAS MEXICANAS
Naïve

Amor Brasileiro (1998) fue un disco importante en la carrera de Cantuária tras su debut Sol Na Cara (1997). Por un lado, ya instalado en Nueva York desde su Brasil natal, le permitía despegarse de su pasado como percusionista de Caetano Veloso y por otro, en una significación renovada de la bossa nova, anticipaba la audacia melódica de Tucumâ, punto señalado de creación, confeccionado gracias a sus incipientes alianzas neoyorquinas, en el que aparecían colaboraciones diversas de la escena popular de vanguardia que iban de Laurie Anderson y Sean Lennon a Ryuichi Sakamoto y, sobre todo, Arto Lindsay (respuesta a su participación previa en el disco de éste O corpo sutil), tomando buena nota también de una serie de músicos de jazz reunidos alrededor de Bill Frisell y fortaleciendo la frondosidad de la Amazonía que ese título establecía (tucumâ es una fruta prohibida de la selva) con las percusiones de Naná Vasconcelos.



Tras ese disco en el que Frisell dejaba la huella de un estilo envolvente y sofisticado, Cantuaria se volvería a encontrar con el guitarrista en el proyecto The Intercontinentials, donde se daba cabida a músicos de muy diversas procedencias para establecer conexiones entre el Medio Oeste y el country-blues con la música de Mali de Boubacar Traoré. Allí Cantuária tuvo una participación decisiva en la construcción de un blues trasatlántico con suavidad carioca y coloristas tejidos melódicos. Poniendo el oído justo sobre la combinación de estos elementos, leídos desde un filtro latino más cosmopolita que mexicano, se construye este encuentro.

La música de Cantuária se dirige al detalle sensitivo y la exuberancia, por eso esta nada extraña cita se ve reforzada por el refinamiento tímbrico acústico, los silencios y las texturas ingrávidas o angulosas creadas por su compañero de viaje. El emparejamiento entre ambos, como no podía ser de otro modo, trasmite una comunión cálida pero también, como ya sucedía en Tucumâ, impregnada de un misterioso palpitar. Hay una química inmediata entre las guitarras acústica y eléctrica en los temas más elocuentes del proyecto, Mi declaración, Lágrimas Mexicanas, Lágrimas de amor.


Al cantar Cantuaria no esconde su pasado bossanovista y se acerca lánguidamente a la canción tradicional en español (de Machín al mismo Caetano Veloso). La erudición instrumental (en  La Curva y en el choro Aquela Mulher), los ritmos cruzados entre la cultura afroamerindia (incorpora percusiones) y la combinación fluida de samba-bossa sostienen el diálogo a dos voces. Si la esencia brasileña se hace más evidente hacia el final, es allí, en Briga de Namorados, donde aparecen, como saliendo de una tupida selva, las recreaciones oníricas de Frisell.

En suma, un encuentro distinto, más susurrante y apasionado que el de Frisell/Costello, conectado, aunque más enfático en lo romántico, con las cadencias descompasadas, el surf fronterizo y el tex-mex de Los Cubanos Postizos (título que Cantuária ya introducía en sus conciertos desde hace años) del también guitarrista neoyorquino Marc Ribot. Sonidos cautivadores que nos devuelven el mensaje persuasivo y cómplice entre dos músicos que no saben de fronteras.



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