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07 octubre 2011

KRAFTWERK - la invención del hombre-máquina

KRAFTWERK 
 LA INVENCIÓN DEL HOMBRE-MÁQUINA


No existe ley de equivalencia entre actualidad y modernidad. El insalvable contraste que el tiempo impone a la inversa creación actual (residual) respecto a la vigencia de la obra pasada de Kraftwerk prueba esta afirmación. 


Caso paradigmático en la evolución de una obra abierta electroacústica (derivada del krautrock: improvisación, rock sicodélico y Stockhausen), de los olvidados tres primeros Lps (1971-72-73, dos homónimos y con los conos de tráfico en portada, el último titulado Raflf & Florian), hacia otra sintética de creación propia, Kraftwerk descubrió nuevas relaciones entre la experimentación y la música popular (techno-synth-electro-pop), entre el ser humano y la máquina, confeccionando un producto de factura impecable: visionario, guiado por un concepto unificador en torno a las comunicaciones, exigente en el acabado formal y a la vez seductor y comunicativo


Oriundos de Düsseldorf, ciudad industrial alemana, Ralf Hütter (teclados) y Florian Schneider (flauta) se conocen a finales de los 60 y fundan Kraftwerk (central térmica) en 1970. Siguen juntos desde entonces hasta hoy, pero Karl Bartos, Emil Schult o Wolfgang Flur fueron operarios fundamentales en esta fábrica de sonidos. Precedido por Autobanh (primer álbum de pop electrónico) y continuado por Computer World (la cara de un hombre ya está dentro de un ordenador), el periodo trascendental de su legado comprende Radioactivity (75), Trans-Europe Express (77) y The man-machine (78). Precisamente con Radioactivity echa a andar el estudio Kling Klang, centro de producción en el que materializarían sus avances en software. Las cajas de ritmos, los procesadores de voz vocoder y los minimoog fueron abriendo paso al sonido digital. Este proceso evolutivo se puede seguir gracias al tratamiento en la voz que siempre interesó a Kraftwerk, fundiéndolo cada vez más, al igual que su propio físico, con el de un robot. 

Es posible que de esa trilogía sea The man-machine (imagen promocional superior) la obra que más perdura en la memoria colectiva. El constructivismo ruso inspira el diseño en rojo y negro de la portada, donde aparecen en una escalera de rostros el grupo. Las versiones en inglés y alemán, más tarde ampliados a otros idiomas, mantiene la coherencia del principio de comunicación global de los sistemas informáticos. The model, Neon Lights, The robots, The man machine son piezas intemporales construidas sobre una melodía sencilla, casi un mensaje de texto, y unos sonidos perfectamente ensamblados.


Cuando lo extraordinario se convirtió en ordinario, cuando la informática pasó de los laboratorios al usuario de a pie, el sueño cibernético de Kraftwerk pasó a ser en un clásico de la modernidad

Electric Café (86) pudo ser el álbum (perdido) antes titulado Techno Pop (82). Siempre por delante de los demás, el retraso en su publicación, cuando ya se había comercializado este género, fue la señal inequívoca de que el tiempo de vanguardia había llegado a su fin. En Electric Café, con letras en español, se aprecia un avance en el sonido sintético, ampliado a la transformación no ya robótica sino virtual de sus cuerpos. La magia del pasado, en un disco mitad instrumental con frases habladas, mitad cantado, queda reducida a la sugestiva Telephone Call (otra vez el tema de la in-comunicación), donde de nuevo los sonidos, las pegadizas melodías y la estructura rítmica (contraste de percusión y bajos con efectos accesorios) los convierten, si se permite la expresión, en obras maestras de la música popular. 

Cuando lo extraordinario se convirtió en ordinario, cuando la informática pasó de los laboratorios al usuario de a pie, el sueño cibernético de Kraftwerk pasó a ser en un clásico de la modernidad. 
                                                                                                                                    


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