INICIO

26 agosto 2016

FRED LONBERG-HOLM Valentines

FRED LONBERG-HOLM VALENTINES


El violonchelo es un instrumento asociado a una elegancia clásica de la que emana un lirismo amplio, elevado y poético. Afincado en Chicago, procedente de la prestigiosa Julliard School, Fred Longberg-Holm podría presumir de escenarios de etiqueta y en cambio lo hace de situaciones underground. El motivo de ello es una inquietud por extraer todos los sonidos a su instrumento y no ceñirse a estilo musical alguno, dejando a un lado los formalismos (se define como anti-chelista) o cualquier restricción como intérprete a través de su faceta como improvisador. De su producción rescatamos este epistolario en tres entregas que fue Valentine, dedicado al primer chelista de jazz, de los años 50 y 60, Fred Katz.


Ya desde los años 90 del pasado siglo se llevaron a cabo interesantes y destacados proyectos que han ido haciendo visible el música de cámara en grupos de jazz. Bill Frisell, Dave Douglas Five, John Zorn con sus distintos Masadas en Bar Kokhba y String Trio, desde Europa el sobresaliente Napoli`s Walls de Louis Sclavis  ponían énfasis en un esquema de cámara híbrido-sin-piano que ha devuelto protagonismo a instrumentos como el violonchelo. 


Fred Lonberg-Holm, músico curtido en las afueras del jazz y en una ciudad tan abierta a estilos como Chicago, rinde un poético e inconfromista homenaje en el tríptico Valentine al primer violonchelista de este género: Fred Katz 

Fred Lonberg-Holm (Delaware, 1962), que se formó con algunos de los más influyentes autores de la vanguardia americana de la segunda mitad de siglo XX como Anthony Braxton, Morton Feldman, Bunita Marcus o Pauline Oliveros, ocupa el espacio de este instrumento en las expresiones más avanzadas del jazz y lo hace donde lo hicieran Tom Cora, Hank Roberts o Erik Friedlander y ahora Daniel Levin. Para ello extrae todo los recursos de su instrumento a través de un exhaustiva puesta al día del instrumento y de su capacidad técnica (con arco y pizzcato), mutando el sonido entre timbres acústicos y electrónicos o desfigurando en un gesto todo perfil melódico.

La versatilidad del músico, mente e instrumento, se han puesto al servicio de incontables grabaciones para grupos de rock como  God Is My Co-Pilot, Pillow, Super Chunk o Wilco y ha compartido escenario con improvisadores tan reputados y distintos como Nels Cline, Tony Malaby, John Butcher, Peter BrötzmannJoe McPhee, Peter Kowald, Nicole Mitchell, Torsten Muller o Jim O'Rourke. Fundó la  The Lightbox Orchestra y participa en The Boxhead Ensemble, ambas formaciones afincadas en Chicago. 

Pero es su Trio Valentine, el que aquí nos ocupa, y su participación en un contexto tan acaudalado como el de Vandermark 5  (Beat Reader, Atavistic 2007) por el que se dio a conocer. Entró en este grupo decisivo  en sustitución del trombonista Jeb Bishop, siendo como era una conjunto de "metales". Claro que el proyecto de Ken Vandermark echó a andar con una guitarra eléctrica, y de incendiaria y seudo-guitarrística cabría considerar su transfiguración aquí. 
"Fred Katz fue el primero en hacer swing con el cello"
Fred Longberg- Holm 

Hace un día soleado, espléndido. Unas imágenes apacibles y alegres de veraneantes disfrutando al borde del mar tenían el acompañamiento rítmico de una brass band típica de Nueva Orleáns. Todo el mundo a bailar y a beber cerveza. De repente, de una ventana sale el sonido de una suave melodía clásica que sirve para decorar imágenes bucólicas tomadas en 1958 en el festival de la ciudad portuaria de Newport (norte de Nueva York). Se trata de Fred Katz interpretando la más famosa suite para violonchelo de Bach. En ese histórico vídeo justo después sale la elegante Annita O`Day... 

El tríptico Valentine se inicia en el 2000 y llega en tres publicaciones en Atavistic hasta 2007, aunque el trío con el mismo nombre siga activo (Jason Roebke contrabajo y Frank Rosaly batería). Con él se rinde homenaje a Fred Katz, uno de los primeros chelistas que incorporaron este instrumento en los años 50 en los grupos de Chico HamiltonLo más llamativo de este proyecto es la cantidad de músicas, las facetas y caras que proporciona un grupo tan reducido para un formato de canción como medio de expresión en el que caben, por supuesto, mucho swing pero también country folk, efervescencias del rock de Jimi Hendrix y la improvisación libre. La gran beneficiada de esta estructura reducida y concentrada en la duración de las piezas como en instrumentos es la melodía.

Su poder de evocación, las líneas abiertas en un espacio estructurado, sobre todo  unos ritmos distendidos que pertenecen a una narración melódica como distraída, hacen de esta trilogía un epistolario de hechi­zante lirismo. 


A Valentine for Fred Katz (Atavistic, 2002) recoge temas del pionero chelista  que casó el chelo con el jazz. Aquí la idea es hacer una lectura actual de lo que aquél músico consiguió,  que fue reinterpretar el swing y con ello los tiempos y las melodías. El chelo de Lonberg-Holm toma la dirección narrativa. En este primer disco Glenn Kotche está a la batería, luego Frank Rosaly (Vandermark 5) ocupará su puesto.


Other Valentines (Atavistic, 2005) tiene un repertorio basado en composiciones propias y del contrabajista Jason Roebke aunque resulta interesante ver trasladado a este formato a  trío canciones más que composiciones de autores de estilos tan alejados como Gil Scott-Heron, Syd Barrett, Jeff Tweedy, Sun Ra y Cat Power 


Terminal Valentine (Atavistic, 2007) es posiblemente la entrega más conseguida y también la más exigente. Una mayor interacción entre el grupo, que favorece un menor protagonismo melódico del chelo por la simbiosis con el arco del contrabajo, y en suma una capacidad expresiva que fluye sin restricciones de espacio y tiempo, dan lugar a una escucha más amplia y emocionante. Algo tendrá que ver que esta música original de Lonberg-Holm fuera concebida para su cuarteto Terminal Four




21 agosto 2016

RELATOS DE TIERRA Y MAR El baile de Madiba (la música de Nelson Mandela)


La gente se fascina con facilidad mientras los líderes intentan alimentar la adoración de su imagen. En el caso de Mandela, en cambio, hombre y héroe resultan cercanos y creíbles. Fue un líder con causa: la concordia. Junto a Gandhi o Luther King ha sido la última figura del siglo XX que cambió el curso de la historia por medio de una lucha pacífica. Antes humanista que político, a través de la música le conocí... 


Por Jesús Gonzalo


Sería finales de la década de los 80, o quizá a mediados...Lo recuerdo vagamente porque la adolescencia aún era el territorio deseado. La cuestión es que localicé a Sudáfrica en ese enorme continente... Buscaba con el dedo en un globo terráqueo que mis padres habían comprado para que aprendiéramos geografía. Con ese nombre sólo había que dirigir el dedo al extremo sur...La cosa vino de una mezcla entre noticia de telediario e imágenes de un video de Paul Simon para promocionar su disco Graceland, el videoclip entonces causaba estragos. Frente al televisor también vi, a modo de cierre del noticiario, un multitudinario concierto benéfico en un estadio de fútbol en Londres.

Todo eso era nuevo para mi. Tanto el tipo bajito (Paul Simon) que bailaba con un coro de cantantes negros vestidos con trajes típicos dando patadas en el aire (Lady Smith Black Mambazo) como ese macro-concierto de celebración en 1988 en Wembley. Me enteré que se hizo para celebrar el 70 cumpleaños de alguien llamado Nelson Mandela. Allí estaban algunos de los artistas británicos más famosos de los 80: Dire Straits, UB 40, Simple Minds, Phil Collins...



La música libera y une”

No me sorprendió la muerte de Mandela (18 de julio de 1918, 5 de diciembre de 2013). Desde que vi la película Invictus de Eastwood sobre la hazaña del equipo nacional de rugby tenía una sensación de despedida. Subo hasta el cuarto donde está parte de mi colección de discos...Me voy a la estantería de música africana. Busco uno en concreto porque es justo lo que quiero escuchar, una especia entre oración y regocijo: Bheki Mseleku a solas con su piano en Meditations. Recuerdo que lo compré muy barato, de saldo. Me gustó mucho. 

Justo al lado está uno que, este sí, tenía su buen precio...Era un recopilatorio de la escena joven jazzística sudafricana que me costó entender pero que luego me fascinó: Jazzin`Universally (Outernational Meltdown Sessions). Curioso, los dos discos de 1995 o así; por entonces, Mandela ya había llegado al poder, donde permanecería 5 años. Con su entrada al poder en 1994 había hecho de Nkosi Sikelel´i Afrika (“Dios bendiga África”) el himno nacional. 

Un poco más a la derecha en esa fila de discos están Hugh Masekela, Louis Moholo...y Johnny Clegg, claro. De de una certeza pianística como Bheki Mseleku a otra, Abdulah Ibrahim, el “antes llamado Dollar Brand”. Ya en el apartado de jazz, me dirijo al espacio dedicado a Charlie Haden que con la Liberation Music Orchestra recogió el himno del Congreso Nacional Africano para el disco The Dream Keeper (1990), muy oportuno en fecha, me digo, últimos días del Apartheid.


Madiba significa “venerable abuelo”

Dicen que Mandela era sincero, humilde, tozudo, detallista, valiente, crítico consigo mismo. Como político era pragmático, no atado a las rigideces del interés y la ideología de partido...Pienso que este hombre, más que político con carisma fuera de lo común, fue una buena persona que con su personalidad y fortaleza sirvió de catalizador de sentimientos y anhelos. 


El avance nunca es el resultado del esfuerzo individual, se trata siempre de un esfuerzo y un triunfo colectivos”

La cárcel, en la que ingresa en 1962 como el preso 46664, acusado de terrorismo, le forja como líder rebelde antes que revolucionario. No puedo por menos que pensar que en ese cambio, que dura unos larguísimos 27 años, la memoria de Gandhi y una reflexión ponderada y concienzuda parecen ser los motivos que originan esa transformación. Entendió que para vencer al odio primero hay que vencerlo dentro de uno mismo. El objetivo era la democracia, pero desde la tolerancia para conquistar la convivencia. Tenía más autoridad moral que nadie frente al régimen del apartheid por lo que había sufrido, pero también frente a los suyos para reclamar el perdón. Le costó conseguirlo.
Continúa la leyenda, suena su música... 




16 agosto 2016

RELATOS DE TIERRA Y MAR Los dibus de antes tenían música


Cómo me gustaba el alegre y desinhibido grito de Pedro Picapiedra al salir del trabajo... Pese a ser algo duro de mollera, había veces que al escuchar ese contagioso ¡Yabba Dabba Doo!” uno querría ver a su padre repitiéndolo el sábado por la mañana, invitándonos a salir al campo. Añoro ver en familia estos dibu-jazz como La Pantera Rosa o Los Picapiedra


Por Jesús Gonzalo

Los personajes de Piedradura, el pueblo de 25.000 habitantes que tenían  casas adosadas, jugaban a los bolos, hacían barbacoas los domingos, conducían el ecológico troncomóvil y usaban electrodomésticos-con-animales que siempre se quejaban de su trabajo, vivían en plena era del “consumo  prehistórico”. The Flintstones, la serie de Hanna-Barbera que se emitió desde 1960 a 1966, era una imaginativa anacronía del american way of life de finales de los 50. 


Un mundo de consumo replicado en piedra cuyos personajes pertenecían a una mayoritaria clase media obrera que bailaba y se movía a ritmo de jazz

Pedro Picapiedra llegaba tarde al trabajo pero se iba pitando, dando un brinco por encima de su dinosaurio-excavadora en cuanto sonaba la sirena-pájaro que anunciaba el fin de la jornada laboral. Salía gritando ¡Yabba Dabba Doo!”...Los Picapiedra fue de las primeras series que estaban hechas para niños y adultos. La familia creció por ello con los bebés Pebbles Picapiedra y Bamm-Bamm Mármol, el hijo de su inseparable y paciente amigo Pablo. En el guión de la serie había problemas de pareja, de trabajo, de sociedad. Y eran una familia de la “prehistoria”... 

Los Picapiedra, inolvidable serie hecha de roca dura y jazz
Quizá la que guardo con más grato recuerdo sea ésta, Los Picapiedra. No era consciente de que casi todos los dibujos que me gustaban o llegaban desde la pantalla tenían música de jazz. Las series más famosas eran esta familia que vivía en Piedradura y la que venía anunciada por una sinuosa y traviesa figura rosa que dibujaba la melodía para saxo de Mancini en The Pink Panther. La Pantera Rosa no hacía un retrato social, lo suyo, y lo del Inspector Closeau con esos dibujos oblicuos de París, pertenecían a otro género, el surrealismola Pantera Rosa, personaje mudo e inexpresivo, podría ser Buster Keaton.

Dibus acompañados de jazz. Retrato de sociedad,  vehículo de expresión y de transmisión de valores. El recuerdo de una manera de compartir la creatividad y la música  desde la pequeña pantalla

Toda la familia reunida frente al momento dibujazz. Era jazz con orquesta abierta a ritmos latinos y mestizos. Pero esto venía de lejos, de cuando el jazz era la música más popular, pues ya acompañaba en blanco y negro a la pizpireta Betty Boop y desde 1930 lo podían escuchar en las fantasías animadas de ayer y hoy de los Looney Toons


La música para dibujos tenía que ser una herramienta descriptiva y narrativa a la vez, dotada de ritmo para favorecer el movimiento

Los Picapiedra y La Pantera Rosa son dibus de familia y también de individuos. No fueron los únicos, hubo otras series “menores” que hicieron uso del jazz. Tom y Jerry, los pequeños pero poderosos héroes –“si quieres tú también  puedes serlo”- Super ratón, “el único ratón que come queso vitaminado”, o La hormiga atómica, los sin par El Lagarto Guancho y Leoncio y Tristón, todos sonaban a jazz. 

Con ¿Quién engañó a Roger Rabbit? se inaugura una nueva era de la animación digital. Su exuberante mujer salió tras el telón de un cabaret cantando un viejo blues bajo la mirada babeante de los humanos presentes. Nadie entendía por qué tenía ese novio. Decía que estaba enamorada del conejo porque le hacía reír…¡Dibus!







11 agosto 2016

RELATOS DE TIERRA Y MAR Stan Getz pasó por aquí...

El cuarteto más importante de la Costa Oeste y del sonido cool jazz era el que lideraba Gerry Mulligan, con manías persecutorias sobre si el líder era él o Chet Baker. Por aquellos años 50, en Los Ángeles había un jefe de policía que se había propuesto “barrer toda esa basura drogadicta del jazz" de sus calles. Muchos echaron el vuelo...

Por Jesús Gonzalo

Los músicos se sentían vigilados, algunos, inconscientes como Baker, seguían conduciendo de forma imprudente y salvaje. Mulligan era más discreto. Mientras Baker había empezado a flirtear con la heroína, su compañero pasaba por ser un consumado yonqui. Una noche la policía los siguió hasta la casa de Mulligan, que por aquel entonces compartía con su novia. Iban también Chet y la primera mujer de éste. Al verse sorprendidos por el asalto de la policía, en vez de negarlo todo, Baker saco una bolsita que contenía, exclusivamente, marihuana. Le condenaron a seis meses.


Jamás se llevarían bien Mulligan y Baker, pero en ese lapso de tiempo el trompetista conoció al otro gigante del sonido West Coast, Stan Getz, con cuyo grupo estuvo de gira en 1952. El saxofonista era un tipo contradictorio, genial y mezquino. Una vez, encerrado en un cuarto de baño, Baker le salvó de una sobredosis, pero en vez de darle las gracias le dijo: “¡Joder!, tío, me has fastidiado la subida”. Años después, despreciaría a aquél que le salvó en un aeropuerto de Australia por ser lo que él fue: un yonqui.


Stan Getz pasó algunas temporadas
en La Herradura (Granada) durante los
años sesenta, buscando otra melodía tropical que no fuera bossa, huyendo de los focos

Empezada la década de 1960, el saxofonista había saltado a la fama al ser uno de los primeros jazzmen que apoyaron al sonido de moda, la bossa nova, junto a Joâo y Astrud Gilberto y, por supuesto, Frank Sinatra. Buscando un lugar tranquilo cerca de Málaga, Getz dio con una nutrida comunidad internacional, en un terreno rocoso y fortificado que lo aislaba de las miradas de curiosos. Famosas fueron allí sus borracheras que duraban días, haciendo visible su carácter agresivo. Cuentan que en una de ellas, para poder “hacerle entrar en razón” debieron golpearle con bates de béisbol. ¿Cosa de lugareños? No creo que tuvieran esas “armas”.


La Herradura (costa granadina) presumía entonces de ser un paraíso visitado por gentes cultas que conocían a artistas como Paul y Jane Bowles (que murió en Málaga), Truman Capote o Larry MaCarthy, el fotógrafo americano que vivió y murió en este pueblo. 

Getz pasó por aquí. Sí, pero si lo hubiera hecho con Chet Baker, a lo mejor se habrían repartido las tortas entre ellos...




08 agosto 2016

RELATOS DE TIERRA Y MAR- Canción de un inmigrante


Procedente de San Petersburgo, hijo de rabino, Moishe Gershowitz alza la vista y ve maravillado la Estatua de la Libertad. Se coloca un poco más alto para tener una visión más amplia de la gran ciudad. Justo en ese instante, un golpe de aire se lleva el sombrero con la única dirección de contacto de la que disponía en Nueva York

Todo lo que tenía iba allí. El único enlace entre la vieja Europa y el Nuevo Mundo en un pequeño papel con la dirección de un tío suyo. El barco, como era habitual en esos años de finales del XIX y principios del XX, iba a rebosar.  Miles de judíos rusos y de Europa del Este como Moishe emigraron a América por las persecuciones de 1880. Ya instalado, encontró trabajo primero como mecánico y luego se quedó como pastelero. Pasado un tiempo, pensó que debía cambiar su apellido -algo que era costumbre entre los judíos que llegaron a América-  de Gershowitz por otro que sonaba parecido en inglés: Gershwin. Conoce o quizá se reencuentra con Rosa Brushkin, una joven exiliada nacida como él en San Petersburgo.


En 1898, en el modesto barrio de Brooklyn, nace Jacob Gershwine. George fue un niño travieso que vivió en las calles de una ciudad que crecía y crecía cada día con nuevos rostros y viejas historias de vidas pasadas,  en donde la supervivencia estaba a la orden del día. Se interesó pronto por la música y tuvo un par de maestros de piano. Uno de ellos era húngaro y le enseñaría arias hasta que su padre dijo basta. Ya entonces sus aptitudes con este instrumento eran únicas. Por eso en sus primeros trabajos pudo dar buena cuenta de su oído y virtuosismo a cambio de unos centavos tocando el piano en el Tin Pan Alley, lugar donde se interpretaban temas escritos por músicos un poco mayores que él y cuyos apellidos también delataban su procedencia: Irving BerlinJerome Kern o el letrista Oscar Hammerstein.

La pequeña e incipiente industria musical y del entretenimiento ocupaba edificios a ambos lados al oeste de la calle 28 con la 45. Algunas ya tenían oficinas cerca de la esquina con Broadway.


El Tin Pan Alley, "la calle de las canciones", era el punto de encuentro donde se pagaba para poder oírlas en directo, puesto que no se había inventado aún el gramófono. Aprendió pronto a incorporar a su estilo ese pulso comunicativo, espontáneo y ligero que pedían las canciones  tocadas y cantadas en público. Unos temas que eran una estimulante mezcla de gustos musicales europeos y americanos.



Se convirtió en el compositor de moda. Pasó por Broadway y luego por Hollywood. Las  canciones para los musicales eran positivas y románticas. Algunas de las más hermosas de los años 20 y 30, como I`ve got rhythm, fueron posibles gracias a su alianza con su hermano mayor Ira, excelente letrista. Los hitos de su carrera serían Rhapsody in blue y Porgy and Bess
Gershwin era consciente del potencial de la música popular, del jazz y del blues, expresión máxima de la cultura americana, pero quería aprender más. Se fue a Europa como el compositor popular más importante de América para estudiar con Ravel y Alban Berg. “¿Y usted quiere que yo le enseñe música cuando le adoran millones de personas? Enséñeme usted a mí cómo lo hace”, se dice que le preguntó Ravel. 

De su estancia en París se trajo partituras de Debussy y algunas bocinas de taxi.que introduciría en An American in Paris (1928), una pieza rebosante de color y ritmo, impredecible en el cruce de voces y cambios de registros, que se abre a la suavidad de melodías flotantes. La película Un Americano en París (1951), dirigida por Vicente Minelli, contaba como protagonista con el actor y bailarín Gene Kelly.


Demasiado rápido, demasiado bueno. Gershwin muere tempranamente en 1937 tras entrar en coma debido a un infarto cerebral. "La era del jazz", como la bautizó Scott Fitzgerald una década antes de darla por muerta en el final de El Gran Gatsby, ya pasó. Su música sigue latiendo desde el corazón de Manhattan.




05 agosto 2016

RELATOS DE TIERRA Y MAR El último blues de Cortázar

El cuento inacabado incluido en el primer tomo de las Obras Completas de Julio Cortázar sirve para cerrar la edición dedicada a sus Cuentos. En él, el escritor argentino, maestro del relato breve, vuelve a inventar situaciones que giran alrededor de personajes del mundo del jazz. La ficción sirve esta vez para perfilar la personalidad de una leyenda de la trompeta de los años 20...

Por Jesús Gonzalo

La historia está narrada en primera persona y en boca de mujer, y empieza de este modo: “Soy panameña y hace rato que vivo con Bix”, refiriéndose al legendario trompetista Bix Beiderbecke (1903-31), la respuesta blanca a Louis Armstrong.

Uno no puede por menos que sentir el palpitar del jazz en las palabras posesivas y penetrantes, en las metáforas y giros inesperados con las que Cortázar sella el vínculo entre lector y obra. Los relatos aúnan ficción y realismo, produciendo desconcierto al estar íntimamente ligados paradoja y elocuencia.

Cortázar-Bix

En Bix Biderbecke, como en El Perseguidor, texto inspirado por el también genio malogrado Charlie Parker, Cortázar sitúa la acción en un momento indefinido en la vida de este histórico trompetista de la década de 1920. El personaje principal de la mujer-amante, que señala una y otra vez que ella es panameña, intenta comprender su situación dentro del difícil comportamiento de un músico de corta vida dedicada al jazz. 

La dureza diaria que le acompaña esculpe el carácter introvertido de quien sólo encuentra alivio cuando toca: "Bix había sido, quiero decir era un hombre con problemas, aunque nadie parecía saber gran cosa de lo que le pasaba, simplemente no era feliz y aparte del jazz se la pasaba solo, con mucha gente, claro, pero solo y bebiendo cada vez más".

La protagonista narra una historia hecha de instantáneas, de retazos de una relación que se sobreentiende tiene una contraprestación que se deja sobre la mesa antes de salir. Habla de oídas, cree saber pero no sabe todo. Imagina lo que hay más allá de las paredes, viajes, orquestas, tal vez una fama efímera... Reconoce su forma de tocar cuando suena un solo en Jazz me blues: "...ese tema lo tocaron esa noche, había sido sólamente para mi, y supe que Bix me había perdonado". 

Sueña, tal vez, con ser algo más que una cara para Bix. “Yo siempre tenía un tubo de crema para curarle los labios”, dice la panameña. El abrupto final de un relato sin final deja un sabor amargo, un ruido de fondo que resuena silencioso en la habitación de arriba.


02 agosto 2016

RELATOS DE TIERRA Y MAR Murakami en la orilla


Me prestan un coche por unos días. Salgo sin rumbo por el litoral andaluz, no hay señales ni paradas. Quedo varado en la costa gaditana, cerca de Tarifa. Sorteo una carretera que se estrecha entre pinos devorados por una duna. Empieza a llover con suavidad antes de llegar a la última playa virgen...

Por Jesús Gonzalo

El acceso en pendiente hacia el mar tiene pequeños senderos que se abren paso entre frondosos cañaverales. No elijo ninguno, sólo me dejo llevar por el olor a mar. Unos minutos que se hacen más largos de lo esperado llevan hasta un punto en que la vegetación se abre. Desciendo unos metros y ahí está…


Se respira de manera distinta en un sitio virgen. Mis sentidos reciben las sensaciones de manera más clara y concentrada. Miro hacia ambos lados, no hay nadie. Escucho el viento y los pájaros

El mar está agitado pero no parece amenazador. Hay muchas algas, debe de haber estado revuelto estos días por las lluvias. Me acerco a uno de esos montículos rocosos que dibujan líneas en paralelo, extrañamente perfectas y distanciadas, como si hubieran servido en tiempos remotos para aparcar barcazas…Sigo entre las piedras con el agua a la altura de las rodillas haciendo equilibrio, esto resbala. Hay moluscos pegados a las rocas, están vivos. Y un montón de peces… Me agacho, tomo algo de agua y la huelo profundamente.

La playa continúa a la vuelta de una entrada de mar. La rebaso y descubro algo en el suelo con unos colores que no deberían estar en este lugar. Me acerco y no salgo de mi asombro. Es un libro. Lo cojo, lo miro y la sorpresa es aún mayor.



Murakami en la orilla 
"El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas"
         

¡¿Un libro de Murakami y en inglés?!  Lo habrá dejado alguien que vino a tomar el sol tranquilamente. ¿Y si lo arrojaron desde un barco? Los bordes están deshechos, esto lleva tiempo aquí. Murakami... Éste no lo he leído, pienso en un primer momento. En realidad, el escritor japonés me había decepcionado dos veces y prometí no darle ninguna oportunidad más.

En este sitio solitario, y en medio de un acontecimiento cuando menos inesperado, me asalta la sensación de ser un personaje de las novelas Murakami; "pero aquél que no es adolescente", me digo. Sigo paseando mientras intento poner en pie la historia o el clima de Tokio Blues, la primera que le leí; aunque lo suyo en estas circunstancias sería recuperar Kafka en la orilla...No lo consigo, sé que en su más famoso "best seller" hay nieve, una historia de amor con sexo explícito, un suceso trágico y personajes complicados o raritos antes que complejos. Previsible, me reafirmo, Murakami es un autor previsible. Me digo.

Murakami en el rincón del lector, juntos frente al turbulento océano. Si esto es el fin del mundo, ¿dónde está el país de las maravillas?
Sigo mi reflexión. No importa cuándo se leyera, lo que queda de una buena novela es la sensación de que se arrastra hasta tu presente. Recuerdo mis primeras lecturas sin esfuerzo. Eso no me pasa con el sobrevalorado Murakami, escritor cuyas historias revelan su misterio sin que él lo controle. Le conocí como por la anécdota de que tenía un club de jazz en Tokio y que los periódicos decían que ofrecía una estructura narrativa parecida al jazz y sus standards, porque fluía entre hallazgos inesperados y bla, bla, blá… El tema clásico de jazz After Dark fue uno de sus primeros títulos…

¿Me llevo el libro o lo dejo ahí?...No dirás que no es un acontecimiento raro encontrar un libro de Murakami en una playa y con este título…“El Fin del Mundo y el despiadado País de las Maravillas”. Levanto la cabeza y veo más adelante una silla de playa abandonada pero aún desplegada, está dentro de una especie de cueva. ¿Será del propietario de este libro?

Murakami llega hasta el último rincón del lector, juntos frente al turbulento océano. Si esto es el fin del mundo, ¿dónde está el país de las maravillas?




28 julio 2016

RELATOS DE TIERRA Y MAR -Desde la segunda fila


El viajero del jazz empieza a entender los senderos de su nuevo destino cuando los sonidos le son favorables. Las buenas músicas son como vientos que nos empujan lejos de las limitaciones y penurias de la tierra para favorecer el vuelo. Una mirada inocente lo descubre 

Por Jesús Gonzalo

La inocencia es algo cercano y ajeno a la vez, algo que percibimos como un sentimiento profundo e irrecuperable. Un sentir que ni en una mirada introspectiva alcanzamos a palpitar su latido interior. Tiene que ser la mirada infantil la que nos rescate de la miseria cotidiana -vulgar, paranoica y violenta–en la que nos vemos inmersos. La música, arte mayor abstracto y efímero, tan sentido y penetrante como sensible debe ser la piel de quien la recibe y absorbe, es también una manifestación de inocencia, de verdad manifiesta que llega y se va, tan irrepetible como el verbo que se hace música sin anunciarse, tan pasajera e intensa como unas bellas y únicas notas improvisadas.

La inocencia y la curiosidad están ahí, en los pequeños detalles que sólo captan los ojos de esos grandes músicos que ya son ancianos y que concentran todo su saber en el menor de los frascos, o en el brillo vívido de la mirada de un niño. La inocencia le pertenece a uno, es un sentimiento puro que hace visible la transparencia perdida con la imperceptible erosión del presente.

The Dance, Marc Shagall, 1951

Ana tiene 10 años y ha encontrado en la música una ilusión que los dañados adultos convertimos en un instrumento de evasión o lucha, en una necesidad cultivada o vulgar. Ana sigue al jazz de la mano de su padre. Cuando hay un festival en verano, día tras día, haciendo cola si es preciso, encuentra su lugar preferido en la segunda fila. Desde ese privilegiado puesto saca su bloc de dibujo. En él inmortaliza a su edad una sensación que a muchos nos supera pero que para ella es pura aventura, puro aprendizaje, la esencia de las cosas. 

Sin pinceles intelectuales, sin borrones de vanidad, Ana pinta e improvisa a los músicos sin quizás saber que inmortaliza un instante irrepetible en su vida.



26 julio 2016

HAMASYAN-HENRIKSEN-AARSET-BANG Atmosphères

Tigran Hamasyan – piano
Arve Henriksen – trumpet
Eivind Aarset – guitar
Jan Bang – sampling and live electronics
Grabado en junio de 2014 en Lugano. ECM Records 2016


La primera vez que el sonido frondoso, de gran pulsión y trenzado rítmico del pianista armenio Tigran Hamasyan llegó hasta nosotros fue con el disco Red Hail. Grabado en California en 2008, ilustrado por una desafortunada portada, la música que contenía era un vigoroso y abigarrado cóctel de rock, folclore autóctono y veloces y líricas frases yuxtapuestas de voz e instrumentos. En resumen, un sonido potente y de fusión que parecía ir en paralelo al virtuoso trabajo de autores de su generación como Rudresh Mahanthappa

El siguiente tardó en llegar. En 2015 Lyus i Luso (luz de luz) ofrecía una visión completamente distinta y suponía su aterrizaje en ECM dentro de sus New Series. Había sobradas razones para ubicarlo allí, pues se trataba de reinterpretar música sacra armenia de autores separados siglos entre sí (la iglesia armenia es una de las más antiguas del catolicismo). El interés de Manfred Eicher en esa región viene de  lejos y se refleja, por ejemplo, en las densas y depresivas publicaciones de Tigran Mansurian, y ya antes lo había puesto de manifiesto enviando a su más versátil y sólido embajador, Jan Garbarek, a participar de la música de los compositores georgianos Giya Kancheli y Jansug Kakhidze. En ese trabajo de debut para ECM New Series, Hamasyan improvisa sobre modos no jazzísticos apoyado por los tejidos vocales del coro de la capital de Armenia, Yeveran. 


Armenia y Noruega 
Hamaysan ha pasado del soplo de aire fresco enérgico, lírico y recargado de sus inicios a la liviandad de unos clichés de producción de ECM desfasados y absorbentes 

Una vez dentro de ECM llegar a la escena noruega no es difícil. Como decimos, hay precedentes de este sonido en planos atmosféricos entre los que sobrevuelan melodías de raíz folclórica realizados por Jan Garbarek en los 80 o ya a finales de los 90, aún más cerca de lo que significa esta producción, por Nils Petter Molvær. Entonces Garbarek usaba delays que prolongaban su voz, ahora la tecnología ejerce una modificación en tiempo real sobre la difusión del sonido.

La fusión con nuevas herramientas electrónicas en el jazz escandinavo tuvo su momento álgido con la publicación de trabajos como el Khmer del trompetista antes citado o los que publicaron Bugge Wesseltoft y uno de los aquí convocados, Eivind Aarset, ambos en el sello Jazzland Records. Las últimas obras en las que han intervenido músicos de esta escena para este sello han sido ejercicios frustrados por incorporar tecnología a fundamentos acústicos con impregnación de sonidos étnicos: Michel Benita este mismo año en River Silver Jon Hassell en el decepcionante Last Night the Moon Came Dropping its Clothes in the Street de 2009.


Se abusa de las capas de sonido para enmascarar la profundidad de un planteamiento melódico rico en matices tradicionales, aunque siempre apesadumbrado y aquí diluido entre "atmósferas de presión"

Atmosphères es un título sugestivo poco original, y eso mismo sucede a lo largo y ancho de un disco doble en el que sólo del segundo se pueden extraer algunos instantes de cierta trascendencia musical y de interacción de conjunto. La obra de Ligeti del mismo título escrita en los 60 del siglo pasado tuvo -y tiene aún hoy- más fundamento sobre la construcción de masas de sonido. Sobre todo cuando dejamos de por medio toda la ingente -y banal- creación que el ambient de Brian Eno ha inspirado. Justamente aquí entramos en conflicto. El coro que acompaña a Hamasyan en su disco sobre música sacra armenia genera más vida que toda la tecnología que respira este trabajo artificialmente (pero sobre todo del pasado, pese a su pulcritud). 

Se abusa de las capas de sonido para enmascarar la profundidad de un planteamiento melódico rico en matices tradicionales aunque siempre apesadumbrado y, aquí, diluido entre "atmósferas de presión". El tocar percusivamente el piano sobre las cuerdas para cubrir registros graves y crear figuras rítmicas, es decir, para introducir materia en la antimateria, no basta. Tampoco por más que las figuras agudas de la sinuosa trompeta intente trazar (los citados Jon HassellNils Petter Molvær anidan en Henriksen) senderos en la espesura. La música transcurre sin captar la atención y, por su puesto, sin llegar a rozar la emoción.

Hamaysan viaja a Noruega y se lleva a Komitas, el referente compositivo de Armenia del gusto de ECM. El pianista consiente en el tratamiento y participa de este subproducto vaporoso y efímero. El soplo de aire fresco enérgico, lírico y recargado de sus inicios cede paso a la liviandad de unos clichés de producción de ECM desfasados y absorbentes.  

ECM Records distribuido en España y Portugal por Distrijazz