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07 diciembre 2016

MEREDITH MONK On Behalf of Nature & Atlas

 MEREDITH MONK 
On Behalf of Nature 
 MEREDITH MONK ENSEMBLE
ECM New Series-oct.2016 Distrijazz


Los máximos representantes del minimalismo han recibido el reconocimiento de las Instituciones en los EEUU. El pasado año Meredith Monk (Nueva York, 1942) recibió de Barak Obama la Medalla Nacional de las Artes. Quién se lo iba a decir en 1968 cuando fundó The House, colectivo amateur que podría ser definido como compañía de danza. Su estilo se nutre de disciplinas y culturas no occidentales donde caben coreografía, imágenes, vestuario, texto declamado o cantado con acentos exóticos, pero si hay algo que realmente distingue su trabajo es el protagonismo que da a la voz y a la funcionalidad como actantes de los músicos. Su estilo aniñado, lúdico y exótico requiere de exigentes técnicas de expresión y canto, inflexiones, cantos guturales y onomatopeyas como representación de sonidos de la naturaleza. Monk ha construido un mundo propio hecho de estampas viajeras, fantasía y también compromiso con el cambio climático y el pensamiento budista en On Behalf of Nature.

Con un estilo aglutinador y de ensoñación viajera, Meredith Monk ha construido un mundo hecho de juego, viaje y fantasía, que se sigue renovando en su nuevo teatro musical On Behalf of Nature

Las obras de teatro-danza iniciales como Dolmen Music (1981) definieron un marco artístico polivalente, moderno y arcaico que partía de ideas simples que luego se fueron haciendo más complejas en la ópera Atlas (1991), para favorecer el equilibrio y encaje de fuerzas entre voces e instrumentos en Mercy (2002) e Impermanence (2008), referentes previos de este trabajo “ecológico” basado en la íntima verdad que nos vincula a la Naturaleza a distintos niveles: microscópico, vegetal, animal, acuático. 

Ayudada por la elección de un relato naturalista y por sus técnicas vocales de tierras lejanas (Mongolia, Marruecos, Laponia) se describen situaciones íntimas de la vida y también, recayendo en la instrumentación, se plantea una reflexión sobre la belleza en el arte y la naturaleza. La riqueza tímbrica y una expresividad que tiende a ser contemplativa, aunque nunca plana, discurre en un contexto fijado con elementos improvisados (decisivo John Hollenbeck en esta última etapa). 

Las voces caracterizadas en “personajes” y no en palabras dejan más espacio al material instrumental, como ensamblaje de segmentos melódico-rítmicos y para la creación de texturas. Un formato mixto de cámara (piano-teclado, arpa, percusión-vibráfono, violín, clarinetes y trompa) define esta vez una expresividad más elegíaca que repetitiva. Siguiendo un modelo de texto-diario, piezas-estados independientes completan un microcosmos que renueva el potencial evocativo de la autora. 


On Behalf of Nature










ATLAS-ópera-ballet

Haciendo uso de una construcción basada en la superposición aditiva de moldes sencillos y con ensamblaje sincopado o bien en colchón ambiental (ya en Dolmen Music era así), los acentos exóticos y las dinámicas “in crescendo” en un reducido formato de cámara han permitido a Monk describir un mundo fuera del tiempo y de la realidad, ayudada por la elección de temáticas viajeras y por técnicas vocales traídas de partes remotas del mundo. 

Este es el caso de uno de sus mejores proyectos, Atlas, teatro musical, como On Behalf of Nature de este año, que queda divido en actos (tres) y que está inspirado en el diario de la exploradora Alexandra David-Neel. Un viaje a Marruecos, que parte de los preparativos y que describe el encuentro con seres del desierto, sirve de trama a un espectáculo sincrético y evocativo. La culminación de un mundo hecho de juego y fantasía.


Atlas
Dolmen Music
Impermanence

05 diciembre 2016

ANDREW CYRILLE QUARTET The Declaration of Musical Independence

Richard Teitelbaum, Andrew Cyrille, Ben Street, Bill Frisell

The Declaration of  Musical Independence

Pese a su tono desafiante, el título de este señalado trabajo no nos sitúa frente a un manifiesto artístico, ni siquiera frente a una más de las sublevaciones que desde el propio jazz se han hecho en favor de la independencia de este término. Tampoco estamos frente a un producto rompedor que descoloque las estanterías de la historia. Resulta ambicioso, pero no es un reto experimental. Por eso es si cabe más interesante.

Baterista imprescindible para la evolución del jazz, Andrew Cyrille tuvo como referentes a Philly Jo Jones y a Max Roach y dio impulso y estructura rítmica a pianistas-compositores tan personales y avanzados como Cecil Taylor, Horace Tapscott o Muhal Richard Abrams, relevando a Roach en el puesto de "intelectual" de la batería. Tras el fallecimiento de Paul Motian, como se materializó en el reciente Amorphae del guitarrista Ben Monder, nadie mejor que él para, a sus 77 años, continuar en ECM como un creador que al final de su carrera ha trascendido el lenguaje de su instrumento y de la interacción.

En el libreto del disco se intenta conceptualizar, con reparos argumentales, el avance que trae Cyrille para la percusión en el jazz a través de "pulses", algo que la modernidad asumió del Minimalismo (Steve Reich) y que para el lector-oyente que conozca la larga pieza de Horace Tapscott The Dark Tree (1989, donde participa Cyrille) podrá identificar fácilmente al escuchar el pulso o patrón rítmico constante en cuya progresión se despliega estructura e intensidad. Vendría a ser -sin más- una figura renovada del swing; el aéreo y pictórico del último Motian como el asimétrico de nuestro baterista. En este sentido de técnicas de estilo, ya que ECM requiere cada vez con más frecuencia de sus servicios, si hay un continuador de Cyrille ese es Gerald Cleaver.

                                                                                                 
Baterista que define una época y marca su evolución, Andrew Cyrille tuvo como referentes a Philly Jo Jones y a Max Roach y dio impulso rítmico a pianistas tan personales y avanzados como Cecil Taylor, Horace Tapscott o Muhal Richard Abrams, ocupando  el puesto de reformador de la batería free jazz
Cyrille no se emancipa del pasado, ni de la melodía, ni del ritmo, ni de la partitura ni del diálogo compartido, aunque haga algo distinto a lo que solía, algo parecido a lo último que hacía de Motian: crear espacio. Por eso, su declaración de independencia musical le sitúa estéticamente más cerca del encuentro con Ben Monder (trabajo de planos extendidos) que del recio discurso del también reciente y recomendable Wiring, con Oliver Lake, Reggie Workman y Vijay Iyer.    

La coincidencia de dos maestros del timbre electrónico y del tratamiento del sonido en tiempo real como Frisell y Tietelbaum decantan el resultado del lado de las texturas, en un juego de ecos y pliegues deformados combinados con figuración melódica. Frisell no está aquí de invitado, 3 temas son suyos y en otros tantos comparte autoría. El acento distorsionado de su guitarra hacía tiempo que no se escuchaba, por momentos, tan turbador y sombrío como en los lejanos Where in the World? o After The Requiem de Gavin Bryars (principios de los 90).

Teitelbaum empezó a colaborar a finales de los 60 con el mundo del jazz más inquieto, el de Steve Lacy y el grupo Musica Electtronica Viva-MEV). El trabajo de este pianista provenía de la electroacústica de laboratorio que adaptaba a los teclados y a la improvisación en una actitud mitad Stockhausen mitad la incipiente improvisación libre. Precisamente con Anthony Braxton, actor clave entre experimentación y academia, dejaría tan significativo título en esta implantación tecnológica en directo como Silence/ Time Zones (Black Lion, 1969-76).

























Coltrane time (del saxofonista) abre el disco con un solo de batería de Cyrille, anunciando un terreno hecho de respiración abierta y con figuras minúsculas en expansión. Kaddish lleva el sello y firma de Frisell, él lo cita en solitario hasta que sonidos espectrales y voluminosos acaban rodeando una melodía triste e ingenua que podría pertenecer a su época en Ghost Town (2000). Say, único tema de Ben Street, nos remite en su ingravidez al trío de Frisell-Lovano-Motian y a una de sus últimas joyas evanescentes llamada Cambodia. 

Dazzilin, improvisación colectiva, es el tema más largo y queda situado en el centro. Es ejemplo de un discurso señalizado que discurre entre oleadas generadas por sobreexposiciones mientras desparece para luego volver una melodía bluegrass típica de Frisell. Herky Jerky, de Tietelbaum, aporta el único fraseo -engañosamente- jazzístico del disco, que se desdibuja tanto en ritmo como en líneas melódicas por superposiciones a destiempo. Beguin, con un sonido más naturalizado, y Song for Andre No.1, con tratamiento y base de bajo y batería sobre solo de guitarra, cierran la autoría de Frisell sellando una aportación tan decisiva como democrática. Manfred es un tema libre con nombre propio y un recorrido corto y abstracto.

The Declaration of Musical Independence aporta algo especial al jazz, se hace corto, lo que es bueno, y no pone obstáculos a una degustación sonora contemplativa, pero deja la impresión de que falta corporeidad. Es un disco singular en la carrera de todos los implicados, en especial para Cyrille, que sin Eicher como productor goza a su edad, como antes Paul Motian, de una oportunidad de crear habiéndose independizado de la necesidad de convencer.

 Player-ECMrecords-Kaddish


Andrew Cyrille: drums, percussion; Bill Frisell: guitar; Richard Teitelbaum: synthesizer, piano; Ben Street: double-bass
Grabado en Brooklyn N.Y. City, julio de 2014- ECM 2016-Distrijazz




02 diciembre 2016

ERNST REIJSEGER Voces de la Tierra


De la refinación clásica al vocablo jazzístico más libre, de los coros ancestrales de Cerdeña a la mirada naturalista de Werner Herzog, Ernst Reijseger, holandés errante de carácter abierto y viajero, lleva años interpretando el grito de África con un proyecto que conmueve y provoca una sonrisa al mismo tiempo

La música de Ernst Reijseger (Amsterdam, 1954) no puede ser acotada por estilo alguno, ni en términos jazzísticos, ni tampoco en los académicos o de cámara de los que procede un instrumento de filiación clásica como el violonchelo, instrumento que en sus manos respira libertad, inconformismo, aventura. El aficionado al jazz empezó a saber del chelo indómito de Reijseger a través de músicos americanos que llegaban a Europa para intercambiar experiencias. Desde los años 70 las agrupaciones de la singular y estimulante escena holandesa ya daban que hablar en la vanguardia. El Willem Breuker Kollektief o la ICP Orchestra eran irreverentes y virtuosas formaciones con un pie en la música popular, otra en la contemporánea y la tercera en el jazz más rompedor. La ICP era algo más radical (Jubilee Varia, 1997 hatOLOGY) y en ella podíamos encontrar tres "maestros holandeses". En el excepcional Dutch Masters (Soul Note 1987-1991) Steve Lacy y el trombonista George Lewis se reunían en Milán con una sección rítmica de sueño y pesadilla: Misha Mengelberg al piano, Reijseger al chelo y Han Bennink en la batería, una puesta a punto sin bajo de la cita previa Regeneration (Soul Note 1983). 

Situado en este espacio de relectura incisiva sobre Monk, con un pie en la figuración caprichosa y otro en la intensidad del free y la obra abierta, Reisjeger dio un pasó más hacia el lenguaje abstracto, de creación instantánea y estructuras atonales, al colaborar en Continuum (Winter & Winter) con otros dos músicos mayúsculos e innovadores: George Graewe y Gerry Hemingway. Justo este otoño entrega un nuevo trabajo The Volcano Symphony junto a una de las agrupaciones más prestigiosas de la música barroca, la española Forma Anticva.



La original exuberancia de una propuesta como ésta, que sitúa al chelo en terreno africano, recae en el equilibrio y versatilidad que éste facilita, adoptando usos que transcienden su función habitual para funcionar como guitarra, tambor o mbira 

Pero lejos de estos ámbitos, su instrumento cantó a las voces terrenales de Cerdeña (Tenore e Concordu de Orosei) en una serie publicada en el sello Winter & Winter que inició a finales de los 90. Ahí nos encontrábamos con un formato singular de coro y voz solista, la del chelo, que tenía que ver con cantos populares arcanos de la isla, basados en técnicas guturales y de armónicos  bajo un enfoque de música de cámara contemporánea con improvisación. Había una comunión de elementos en la que el chelo improvisaba sobre el coro en una expresión que sugiere un rito, algo antiguo que sonaba nuevo.

"Es un chelista magnífico que puede hacer lo que quiera. Podría tocar toda la Guerra Civil Americana si quisiera con su chelo"                    Werner Herzog
El espíritu de aventura es una condición imprescindible en todo músico inquieto. Ahora bien, nadie que se adentre en tierra africana puede ir a descubrirla sin estar preparado. Tan importante es la pericia como más incluso los acompañantes en la aventura. La unión de chelo, voz-percusión y piano, la fórmula de Ernst Reijseger-Mola Sylla-Harmen Fraanje, es un viaje cultural, emotivo y desnudo entre nuestra cultura europea y la subsahariana.

                                        Count till zen (Winter & Winter 2015)
Invención sobre ancestros, música descarnada y veraz que ya ha alcanzado su máxima expresión en un mensaje de esperanza y llanto,  "Cuenta hasta Zen" es la culminación de una mirada profunda a África que se remonta al 2003 en Janna
Es la improvisación, nuevamente aplicada como rito y en patrones sencillos que crecen en expresión, la que permite elevar los cantos y la que al final fabrica una música veraz, alegre hasta lo infantil, triste cuando tiene que serlo y cercana en aquellos detalles pequeños pero significativos que penetran y se alojan en el corazón, a veces partiéndotelo, como hacen las sonrisas de los niños del Tercer Mundo en las fotos que no podemos mirar. Así se hace tangible un grito sordo.


"Prefiero al enemigo que no se esconde" 
Noon, tema recogido en Janna

Es una música llena de colorido y ritmo, alegre y vital pero pero también triste y quejumbrosa en los temas más lentos y oscuros. La temática ya viene marcada en Janna y la autoría recae en su mayor parte en Sylla, aunque Reijseger participa de los arreglos. Las canciones tratan de diversas cuestiones, la mayoría giran alrededor de la secuelas y diferencias que ha dejado a su paso para la cultura y la sociedad autóctona la presencia de la colonialismo francés. Por ejemplo se trata la educación del idioma o de héroes como Juana de Arco, lo que es civilizado, lo de fuera, y lo que no lo es, lo de la tierra senegalesa. También se cuentan historias de persecución y atropello a líderes religiosos alrededor de la figura de Amadou Bamba. O historias de amor imposible por el distito rango social que separa a la pareja. 


Ernst Reijseger-Mola Sylla-Harmen Fraanje

Este trío, con otros colaboradores, ha dado forma a la música escrita por el compositor holandés para el cineasta alemán Werner Herzog en obras de cine documental como Requiem for a dyning planet, The Cave of Forgotten Dreams, My Son My Son What Have Ye Done y la película de este mismo año Salt & Fire

No parece tan lejano el disco con el que inició este proyecto porque en realidad la esencia no ha cambiado. Siguen siendo tres los miembros, pero en Janna, punto de partida, el viaje a las zonas rurales del África occidental, era si cabe más profundo y desnudo, pues en la posición que de un tiempo a esta parte ocupa el piano lo hacía Serigne C.M.Gueye con las percusiones típicas de la zona del sur de Senegal. Este primer encuentro fue impactante al situar al chelo en la tierra, en el polvo de un territorio sin asfaltar, entre la desgarradora voz de Mola Sylla (que incomoda cuando alcanza el grito) y las percusiones insistentes y sencillas. 


Janna (W&W 2003), inicio del viaje cuyo título viene del nombre de la niña de la portada sostenida por un abuelo holandés

El revulsivo que dio pie a este proyecto, y del que parten no pocas composiciones originales que se completan con temas tradicionales en lengua wolof, fue Mola Sylla (Dakar, Senegal, 1956), músico senegalés asentado desde 1987 en Amsterdam cuya voz estremeció a Reijseger cuando le oyó cantar en un programa de radio. Sylla, además de voz introduce pequeños instrumentos típicos africanos, que además de adornar las melodías configuran el paisaje rural de este viaje sonoro. Pero sin duda, la fecundidad de una propuesta como ésta, que sitúa al chelo entre voces y percusiones africanas, recae en la versatilidad expresiva de éste, que adopta usos que transcienden su función habitual para funcionar como guitarra, tambor o mbira (pequeño instrumento africano de percusión metálica).

La combinación de voces y ritmos repetitivos dentro de la tradición africana parten un patrón que se amplían en las improvisaciones, que pueden alcanzar, en los temas más desconsolados y dramático empujados por trémolos con arco, una duración mayor. Percusiones pequeñas que imitan a pájaros y la presencia de la voz se adueñan de un discurso que se desarrolla de forma precisa y disciplinada, pero sin olvidar el regocijo que provoca una música desprovista de cualquier lastre intelectual.




Al violonchelo la voz le canta, le grita y consuela mientras  percusión y  también piano le incitan y arropan en un brillante  y original intercambio de voces. El instrumento de cuerda baja a la tierra, se tira al suelo, da saltos, se ensucia y juega en los charcos mientras "Cuenta hasta Zen"

                                    
Down deep (W&W 2013) es el segundo trabajo en este viaje a África. La incorporación del piano de Harmen Fraanje redefine el proyecto

El cambio cualitativo, contraste entre sonoridades africanas y armonización clásica y de jazz, llega con el pianista Harmen Fraanje (Roosendel, 1976). La idea original a trío se mantiene, pero la expresividad adquiere una dimensión refinada, culta pero adaptada a las fraseos cortos, a un toque percusivo sutil y a una construcción que usa moldes repetitivos y capacidad de acompañamiento melódico. Fraanje da clases magistrales en el conservatorio de Amsterdam y ha tocado con infinidad de grandes músicos de todas partes, del mundo del jazz  americano como de Madagascar. En la actualidad divide su trabajo entre este trío y el sexteto del contrabajista Mats Eilertsen (Rubicon, ECM 2016).

Voz que conmueve y estimula en su canto vivo, pero que también estremece cuando se alza poderosa entre el dolor y la protesta
Count till Zen, tercer y último álbum y 
posiblemente la muestra más completa de su discurso

Invención sobre ancestros, música descarnada y veraz que ya ha alcanzado su máxima expresividad en un mensaje que une esperanza y llanto, "Cuenta hasta Zen" es la culminación de una mirada profunda a África que se remonta a Janna en 2003, primer viaje de inmersión en tierras del Africa Occidental de este holandés errante que es Ernest Reijseger.


Discografía de Ernst Reijseger en Winter & Winter por Distrijazz España/Portugal
REIJSEGER-SYLLA-FRAANJE en Alternatilla Jazz en Mallorca





28 noviembre 2016

PAULINE OLIVEROS Momentos de escucha



Pauline Oliveros, pionera electrónica, compositora y acordeonista, acababa de realizar tres espectáculos titulados Four Mediations / Sound Geometrics en el Jewish Museum de Nueva York este mismo mes de noviembre. Nos dejó el pasado día 24 a los 84 años


El testigo de La Monte Young en su propuesta de un sonido meditativo y sensorialmente conectado con la idea de infinito resulta más evidente en autores como Riley, Oliveros o Palestine. Son intérpretes con mayor autonomía sobre el escenario, haciendo recaer en su discurso la función de autores-ejecutantes y en su capacidad como improvisadores. Estos autores, a diferencia de Reich, Glass, Adams o Monk, no llevaron su obra a un planteamiento escénico articulado. Su apuesta atribuye al compositor, en cierto modo, ser intérprete y gurú al mismo tiempo, o que sus instrumentos procedan de países como India, sean adaptados electrónicamente o se sirvan del espacio tanto como de la música que lo ocupa. 

El concepto room de John Cage es un laboratorio doméstico de creación y expresión. La repetición servirá de elevación espiritual como los mantras, el perfume sereno de Oriente comulga con una dimensión creativa más basada en la improvisación y el diálogo con uno mismo que en precisas reglas escritas. Esta “nueva música” que va surgiendo en la soleada California tiene curiosidad por la India, tierra espiritual e inspiradora de autores como Young o Riley. El concepto de armonía, composición e instrumentación varía hacia formas híbridas, que conjugan diálogo instrumental, tratamientos de electrónica, misticismo y arte conceptual.

Pauline Oliveros en el San Francisco Tape Center en los años 60

Algunos dicen que ella estuvo incluso antes que Riley. Pauline Oliveros (Huston 1932,  24 de noviembre de 2016) formó parte del equipo de San Francisco Tape Music Center, ciudad a la que se mudó desde Houston con 20 años. Para entender su obra hay que tener en cuenta una serie de recursos: improvisación, manipulación o conversión de instrumentos acústicos en electrónicos y uso del espacio escénico como “actor”. El eclecticismo performativo de Oliveros ha sido determinante desde mediados de los 60 en Pieces for wind octet and cash register. Pero si algo le caracteriza es el sonido y la respiración profunda (deep listening) de su acordeón, electrónicamente tratado en la importante pieza de 1988 titulada The roots of the moment. 



"La composición es improvisación congelada"
Igor Stravinsky





En ese periodo inicia una serie de espectáculos en los que profundiza en la reverberancia del espacio en el que tienen lugar. Estas experiencias contaron con el apoyo del trombonista Stuart Dempster y el vocalista electrónico Panaiotis, dando lugar a la Deep Listening Band. Oliveros ayudo a redefinir la improvisación electroacústica y facilitó la intervención en sus proyectos de músicos procedentes de distintos géneros (Primordial/ Lift, 1999). Mantuvo una intensa actividad como docente en Mills College en Oakland y en el Rensselaer Polytechnic Institute, además creó el Deep Listening Institute. Recientemente ofreció una conferencia sobre la diferencia entre "oír y escuchar".







26 noviembre 2016

BRAD MEHLDAU Una voz un eco


UNA VOZ, UN ECO

Encontrar la independencia creativa en un simple verso pianístico. Esa podría ser la frase que definiría el estilo de Brad Mehldau. Su arte y modernidad en el piano de jazz abarca el pasado abrazando el presente, desarrollando un discurso exigente y popular al mismo tiempo que esta compilación recoge en 4 cedés de conciertos en solitario 


Conocida es la ambivalencia anímica y literal de las dos manos de Brad Mehldau. De las cualidades para atrapar una sensibilidad clásica y vestirla de contemporánea habla su inventiva. Su estilo se expresa en los márgenes de la tonalidad sin hacer uso de los esquemas disonantes de otros autores del jazz contemporáneo como Keith Jarrett, Andrew Hill, Marilyn Crispell o Paul Bley. Se ha escrito mucho del legado romántico, que parece haber atemperado, del refinamiento melódico evansiano, más como un influjo emotivo que de estilo, del rico juego sincopado monkiano, que le permite perderse por vericuetos inimaginables, o de cómo puede pasar de éste al contrapunto bachiano con una naturalidad pasmosa.

La madurez interpretativa de Mehldau no ha economizado en gestos, participa de los recursos apasionados, de la herencia de los grandes pianistas de jazz y de las intrincadas líneas melódicas que cruza cuando escala en emoción. Su personalidad conjuga un hondo calado intelectual, el virtuosismo y la complicidad para describir la pasión. Posee el poder de convencer  y de seducir. Su abanico creativo, como decimos con un pie en la tradición del standard y la improvisación del jazz, otro en el mundo clásico y otro en el folk-rock y pop, se reparte en estos cuatro discos en otros tantos ejes temáticos: Dark/LightThe ConcertIntermezo/Ruckblick y E Minor/E Major.

El peso de equivalencias entre las partes del trío, con un pianismo caudaloso y pleno de ideas brotando a cada instante, pedía una conversación en solitario. La primera llegaría con Elegiac Cycle, trabajo en estudio de 1999
El arte compartido en Mehldau se ha centrado principalmente (salvo las colaboraciones con Joshua Redman, Pat Metheny, Marc Giuliana o Anne Sophie Mutter) en el formato clásico de trío según lo concibió Bill Evans. En sus primeras entregas discográficas (las demediados de los 90 para Fresh Sound) ya apuntaban una capacidad única para las transiciones lineales y el desarrollo temático con recapitulaciones. 

En el directo desde el Village Vanguard neoyorquino (The art of the trio vol. 2) se pudo calibrar el inmenso potencial expresivo del pianista junto a Jorge Rossy y Larry Grenadier. Desde entonces, el grupo sigue perteneciendo a la mejor tradición del trío, aunque el peso de equivalencias entre las partes pedía una conversación en solitario. La primera llegaría con Elegiac Cycle como trabajo en estudio con bastante pese conceptual detrás en 1999.


En Mehldau nunca cesa la refinación revestida de un sutil y cerebral color barroco. Su construcción reinventa las canciones populares al llevarlas a parajes insospechados, desnaturalizadas en su lógica gramatical pero nunca alejadas de su emoción 
  
Songs –disco angular para calibrar la evolución de su estilo– perfila de forma algo otoñal el enfoque con el que en la actualidad configura sus repertorios: estándares de jazz, clásicos de la canción y temas procedentes del pop y el rock (For all we know, Bewitched, bothered and bewildered, Exit music for a film) conjugando el presente con el pasado más remoto de la canción de jazz de Cole Porter o piezas que se remontan a principios del siglo pasado. Monk nunca se fue, aunque no se cite literalmente. 

Por parte del espacio integrado de pop y folk-rock al conpeto standard, que suele adoptar un tono de solemnidad y aristocracia fingida, además de Radiohead o Nick Drake de sus inicios, Mehldau ha ido incluyendo en su recitales a piano solo a los Beatles (Blackbird), The Verve (Bitter sweet Symphony, vídeo) a Nirvana (Smells Like Teen Spirit) y también a músicos sin catalogación posible como Paul Simon.



La primera entrega en solitario extraída de un concierto fue Live in Tokyo (2004). Con él Mehldau entra en la historia de esa clase de eventos discográficos registrados a piano solo que arrastran a un gran número de seguidores, clásicos o de jazz, como en su día lo fueron los de Keith Jarrett. Los temas propios se construyen desde modos repetitivos y se abren paso a través del cruce de líneas. Como ya señalábamos antes, hay una predilección por cierta época, los años 20 y 30 Cole Porter con stride llevado a Bach, aunque George Gerhswin sea el autor más y con Monk entre en un desafío deconstructivo de variaciones inauditas. 

En todo este tiempo, pese a abandonar el sentimiento romántico en el que flotaban sus progresiones melódicas, lo que no ha dejado de lado en solitario Mehldau, y que ya aparecía en Elegiac Cycle, es el dominio de patrones repetitivos, especulación meditativa articulada por adiciones e impulsos sensitivos

En todo este tiempo, pese a abandonar el sentimiento romántico en el que flotaban sus desarrollos y progresiones melódicas ahora más dirigidas al gospel, lo que no ha dejado de lado en solitario Mehldau, y que ya aparecía en Elegiac Cycle, es el dominio de patrones repetitivos, especulación meditativa articulada por adiciones e impulsos sensitivos.

En Mehldau nunca cesa la refinación revestida de un sutil y cerebral color barroco. Su construcción reinventa las canciones populares al llevarlas a parajes insospechados, alejadas de su lógica gramatical pero nunca de su emoción.

BRAD MEHLDAU 
TEN YEARS SOLO-LIVE


Lista de temas: DARK/LIGHT Dream Brother; Blackbird; Jigsaw Falling into Place; Meditation I – Lord Watch Over Me; And I Love Her; My Favorite Things; This Here; THE CONCERT Smells Like Teen Spirit; Waltz for J. B. ; Get Happy; I’m Old Fashioned; Teardrop; Meditation II – Love Meditation; Holland; Knives Out; INTERMEZZO/RÜCKBLICK Lost Chords; Countdown; On the Street Where You Live; Think of One; Zingaro/Paris; John Boy; Intermezzo in B-flat major, Op. 76: No. 4; Junk; Los Angeles II; Monk’s Mood; Knives Out; E MINOR/E MAJOR La Mémoire et la Mer; Hey You; Bittersweet Symphony/Waterloo Sunset; Intermezzo in E minor, Op. 119: No. 2; Interstate Love Song; God Only Knows


Brad Mehldau: piano Nonesuch Records 2015




09 noviembre 2016

M.A.P. MEZQUIDA-AURIGNAC-PRATS Un viaje anticipado al jazz del mañana




Ya venían haciendo la guerra por su cuenta, pero decidieron juntarse para ganarla. De alguna manera ya lo habían hecho, empleándose a fondo en proyectos personales o compartiendo su audacia en proyectos de terceros. Sea como fuere, el jazz español no había descubierto horizontes jazzísticos tan ilusionantes como el que los tres jóvenes integrantes de M.A.P. están regalándonos desde que decidieron contar su verdad con una misma voz colectiva. Por Pablo Sanz



Los vértices de este fogoso triángulo lo forman el saxofonista malagueño Ernesto Aurignac, el pianista menorquín Marco Mezquida y el baterísta catalán Ramon Prats, todos ellos jóvenes talentos de de un tiempo que en sus respectivos movimientos, ya se ha sugerido, son anticipo de un mañana que ya está aquí. El año pasado se descubrieron al mundo como trío de ley, estrenando oficialmente su propuesta en el Festival de Jazz de Madrid, JAZZMADRID´15, y en lo que acabó siendo un estímulo para la música de nuestro país como hacía años que no sucedía. 

Nada como su discurso, pleno de inventiva, frescura y una extraña energía improvisadora que no se sabía muy bien de dónde procedía, había generado tanta expectación y, sí, ilusión, pues desde los hallazgos de maestros icónicos recientes del género como Chano Domínguez, Jorge Pardo o Baldo Martínez nunca antes se nos había revelado un lenguaje tan definido, tan propio, tan inteligente y tan expresivo. Ahora, con ese año de fogueo a las espaldas, acaban de editar su primer disco, de título homónimo(ver más abajo), y aunque la experiencia no alcance la majestuosidad musical de sus directo , ya cabe decir que será uno de los discos de la temporada.


"El disco es como una fotografía, una primera fotografía sonora de este trío"
Marco Mezquida
En palabras de Mezquida, ese nuevo Agustí Fernández de nuestros escenarios, la grabación del disco “fue muy natural, cada uno aportó algunas ideas que visualizaba para esta formación, diversos conceptos y planteamientos compositivos o improvisatorios, que luego fueron expuestos y desarrollados de manera natural, apoyándonos en nuestras respectivas facetas de improvisadores, compositores e intérpretes”. Mezquida (Menorca, 1987), es una de las mayores sensaciones que ha tenido el piano de jazz en los últimos años.

Su autoridad expresiva ha sido reclamada por numerosos jazzistas españoles, teniendo en su haber discográfico 33 álbumes, 7 como líder o co-líder. Al igual que otros intérpretes de hoy, su pianismo tiende puentes entre los teclados de Bill Evans y Keith Jarrett, incorporando otras influencias contemporáneas como las remitidas por maestros de la talla de Agustí Fernández; todo ello se traduce en un discurso plagado de erudición y lirismo, ya que posee un fraseo melódico íntimo y poético.


"Queremos que el público viaje, sufra y sonría con nosotros"
Ernesto Aurignac
Delante de él, o mejor dicho a su lado, la voz protagonista del trío procede alto saxofonista Ernesto Aurignac (Málaga, 1982), uno de los saxofonistas más imaginativos y originales de nuestras escena, dándose a conocer al gran público incrustado en distintos proyectos del pianista Chano Domínguez, así como siendo miembro de ese cuarteto urgente que es Sindicato Ornette Coleman. Tal es su ambición jazzística que acaba de publicar su primer disco como líder, UNO, en formación de orquesta y con invitados como Perico Sambeat; lo sorprendente no es su altura de miras, sino los resultados que rubrica, firmando el que será sin duda uno de los discos del año. El malagueño acaba nuevo disco, Anunnakis, en alineación de quinteto.



La música de M.A.P. es un fogonazo de algunas de las mejores esencias de la libre improvisación jazzística, aunque en palabras del propio Aurignac sea “música verde”. “Música libre contemporánea del siglo XXI”, replica Mezquida, mientras Prats reflexiona: “Uff, ni idea. No nos lo hemos planteado... Supongo que si se habla de etiquetas, la más correcta sería Jazz. No sé si en la forma, en los temas o en la estética, pero en términos de espíritu, es jazz sin lugar a dudas”.

"La infinidad de caminos que vamos recorriendo en cada concierto y cómo abordamos cada tema en tiempo real te hace sentir que el grupo está vivo"
Ramon Prats

Ramon Prats, el tercer hombre, cuenta igualmente con una corta, pero intensa trayectoria, coincidiendo con Aurignac en Sindicato Ornette y acompañando a jazzistas como Dave Kikoski, Esperanza Spalding, Mats Gustafsson... Vestido como está de gregario, cabe reseñar su proyecto más personal, Pandora Quartet, cuya prolongación discográfica fue la gran triunfadora el año pasado en los premios que concede la Asociación de Músicos de Jazz y Música Moderna de Catalunya (AMJM). 



El baterísta tiene las cosas claras con respecto a los primeros pasos que está dando M.A.P.: “La música es quizás el arte más abstracto y por lo tanto la conexión emocional es muy subjetiva. A veces uno puede sentir ira o estar muy cansado o enfermo mientras graba una canción y no tiene porqué ser la huella emocional que tienes que percibir para disfrutar la pieza. En mi caso, no hay una huella emocional concreta. Me quedo con la sensación de fluidez. Conseguir fluidez en el discurso, no quedarse rígido o encasillarse en lo que ya sabes que funciona, buscarle la sonoridad y el discurso musical a cada tema cada vez que se toca como si fuera la primera…"


Se llaman M.A.P. y queda claro que han llegado para quedarse.

 MAP cd

REVISTA SCHERZO nº 321, septiembre 2016
Fotos para noiself por Patricio Musalem